Desde el siglo de las lucesOpinión
El movimiento estudiantil del CEU en 1986-87
El rector Carpizo y el secretario general José Narro Robles fueron decisivos para el buen puerto del conflicto

1. Las reformas aprobadas por el Consejo Universitario, el 11 y 12 de septiembre de 1968, no ponían en duda el carácter gratuito de la educación pública.
2. El pago de cuotas (por un monto de 35 pesos por inscripción semestral) no implicó la privatización de la UNAM, menos aún ideando un sistema de becas para los estudiantes con mejores calificaciones y escasos recursos.
3. El CEU derrotó a un enemigo inexistente, nadie planteó la privatización de la educación.
4. Imaginen a una jovencita de unos 16 años en los diálogos públicos entre el CEU y los representantes de la Rectoría. La niña se llama Andrea González y hubo un momento en donde abrió su libro de primaria para decir que ahí decía que la educación pública era gratuita y que, por lo tanto, no entendía cómo los señores que tenía enfrente proponían que hubiera cuotas. Digan ustedes si esto no da ternura.
5. Desde entonces a la fecha es atendible un requisito mínimo de 8 de calificación en bachillerato y con un tiempo perentorio de entre tres y cuatro años para que el alumno tuviera acceso al pase automático.
6. Los exámenes departamentales propuestos por el rector Jorge Carpizo fueron el mejor ejemplo de que las autoridades no sabían cómo modernizar a la UNAM frente a la demanda masiva de saber y de preparación para incorporarse a la oferta de trabajo. El CEU tampoco presentó una propuesta integral de reforma para tal efecto, su principal preocupación fue (y para algunos jóvenes eternos lo sigue siendo) las formas de gobierno. Hubo una fracción de estudiantes que lo hicimos, agrupados en la Corriente de la Reforma Universitaria (CRU) pero fuimos derrotados.

7. Inspirado en el Consejo Nacional de Huelga de 1968, el método de asambleas del CEU fue democrático incluso a pesar de que las prácticas reales de la política determinaban que los dirigentes principales de las tres corrientes acordaran con antelación la mayoría de las decisiones. Pero el CEU no fue democrático, como consta en el hecho de que no aceptó la proporcionalidad como método para elegir a los delegados al Congreso. La planilla que ganaba, ganaba todo. Esto en el Congreso de la Unión implicaría que Morena fuera el único partido con representación.
8. A diferencia del CNH, el CEU no tuvo enfrente a Gustavo Díaz Ordaz sino a un gobierno que respetó la autonomía y a unas autoridades universitarias que velaron por ésta y dialogaron y acordaron con la dirigencia estudiantil.
9. Los eternos jóvenes del CEU no reconocen públicamente que el rector Carpizo y el secretario general José Narro Robles, fueron decisivos para el buen puerto del conflicto que desembocó en la realización de un Congreso cuyas resoluciones serían asumidas por el C.U. Creo que ese reconocimiento es obligado, por honradez intelectual y fidelidad con la historia.
10. Narro encabezó la comisión negociadora de la rectoría, protagonizó los diálogos públicos en el auditoria Ché Guevara y aceptó que estos fueran transmitidos por Radio UNAM. El doctor Narro fue determinante para desactivar la huelga, en febrero de 1987. (Sin duda, su conocimiento de la institución lo hizo ser el mejor rector de los últimos años). Desde luego, tuvo una contraparte sensible y en los dirigentes principales del movimiento pero no quiero ni pensar lo que hubiera sucedido con un rector como Leonardo Lomelí o una secretaría general como Patricia Dávila.
11. El CEU es el movimiento social más importante de los últimos cuarenta años porque fue una expresión catártica de una sociedad lastimada por la crisis y encerrada en el presidencialismo y la tutela de un solo partido. Todo eso y más, por ejemplo, aún sin planteárselo profundizó la transición de la democracia. Pero nunca tuvo un proyecto para la reforma de la institución aunque haya a quienes no les guste leer eso y los comprendo: el CEU es lo único importante que tuvieron en su vida y por eso se sienten partícipes de una epopeya similar a la de Ulises.



