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La sucesión en la OMS

Por María Cristina Rosas ·

Si bien los ojos del mundo están puestos en la elección de la próximo o del próximo secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), quien sustituirá al portugués Antonio Guterres en el cargo a partir del 1 de enero de 2027, hay otro importante proceso sucesorio que quizá no ha tenido los reflectores del mundo, pero que es, sin lugar a dudas, crucial: la elección de la próxima o el próximo director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS) toda vez que el mandato de su actual titular, el Doctor Tedros Adhanom Gebreyesus llegará a su fin el 15 de agosto del próximo año.

Al igual que la ONU, la OMS ha estado en el ojo de la tormenta, en particular ante la pandemia del SARS-CoV2 y también, de cara a la necesidad de hacer más con menos, tras el retiro de Estados Unidos de la institución y de los fondos que solía aportar al organismo sanitario. Curiosamente Estados Unidos no se retiró de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) posiblemente por ser éste un organismo regional en que Washington es hegemónico.

El pasado 24 de septiembre venció el plazo para nominar candidatos y hasta ese momento había siete inscritos. El próximo mes de noviembre se llevará a cabo un foro en que participarán las y los candidatos y se publicarán las propuestas de cada uno de ellos para su gestión al frente de la OMS en el caso de ser electos. En enero de 2027, el Consejo Ejecutivo de la OMS votará para reducir la lista a un máximo de tres finalistas. Finalmente, en mayo de 2027, la Asamblea Mundial de la Salud elegirá por votación secreta al nuevo director general. Quien resulte favorecida/o comenzará su gestión el 16 de agosto de 2027.

¿Quiénes son las y los candidatos y quiénes los han nominado? En primer lugar se tiene a la ex ministra de salud de Catar, la Doctora Hanan Mohammed Al-Kuwari. A continuación, figura la Doctora Hanan Balkhy, postulada por Arabia Saudita y actual directora de la OMS para la Oficina del Mediterráneo Oriental. También se tiene al Doctor Hans Henri P. Kluge, belga, quien funge como director de la OMS para la Oficina Regional de Europa. Asimismo, se ha presentado la candidatura de la española María P. Neira, epidemióloga y quien tuvo a su cargo la Dirección de Salud Pública y Medio Ambiente de la OMS. El ex banquero y ministro de salud de Indonesia, Budi Gunadi Sadikin, participa igualmente en la contienda. Botsuana y Armenia postularon a Gevorg Tamamyan, quien es oncopediatra y reconocido líder académico. Finalmente, la Doctora Song Li, de la República Popular China (RP China), directora general del Departamento de Salud de la Mujer y el Niño en la Comisión Nacional de Salud de la RP China, completa la lista de candidatos.

Fuente: Statista con información de la Organización Mundial de la Salud.

Una primera observación es la ausencia de candidatas y candidatos latinoamericanos y africanas/os. Tampoco hay nadie de Estados Unidos. Trump había dicho que EEUU podría reconsiderar su permanencia en la OMS si se elegía a un ciudadano estadunidense al frente de la institución, por lo que no se descarta que Washington intervendrá en el proceso sucesorio, de manera indirecta. Lo que se aprecia más evidente es que los países que actualmente constituyen fuentes de apoyo financiero fundamental para la OMS están buscando presidir el organismo sobre la base de que “el que paga manda".

Como se puede observar en el gráfico anexo, los mayores contribuyentes financieros de la OMS no son Estados, sino, especialmente fundaciones y organismos filantrópicos, el Banco Mundial y el Banco Europeo de Inversiones. Destaca la participación de la RP China, si bien a comparación de todos los contribuyentes que figuran en el gráfico, al menos en 2024 Beijing estaba en el último lugar.

Un poco de historia

La OMS nació el 7 de abril de 1948, fecha en que entró en vigor la Constitución del organismo, misma que fue ratificada por 26 Estados miembros de la ONU en 1946. La primera Asamblea de la institución tuvo lugar en junio de 1948. Por cierto, que el 7 de abril se conmemora a nivel global el día mundial de la salud.

La OMS tiene una historia de importantes logros, pero también de críticas a su desempeño. Ha pasado de ser la principal gestora de la salud global, a convertirse en un organismo cada vez más residual frente a las acciones de otros organismos, tanto intergubernamentales como el Banco Mundial, como no gubernamentales como fundaciones que establecen ciertas directrices para la agenda global de salud.

A lo largo de 78 años, la OMS ha sido presidida por ocho titulares, de los que dos han sido mujeres -la noruega Gro Harlem Bruntland (1998-2003) y la china Margaret Chan (2007-2017)- y seis hombres -el psiquiatra canadiense Brock Chisholm (1948-1953); el especialista brasileño en salud pública y malaria Marcolino Candau (1953-1973); el danés especialista en tuberculosis, Halfdan Mahler (1973-1988); el psicofarmacólogo japonés Hiroshi Nakajima (1988-1998); el médico surcoreano Lee Jong Wook (2003-2006), quien no pudo completar su mandato debido a que sufrió una embolia cerebral y murió el 22 de mayo; y tras la controvertida gestión de Chan, llegó a la OMS el primer africano, el etíope especialista en malaria y salud comunitaria Tedros Adhanom Gebreyesus, a quien ha correspondido estar al frente del organismo en la peor de sus crisis, si bien los males de la OMS son resultado de las gestiones previas y de los aciertos y errores de sus antecesores. En este sentido han sido sobre todo asiáticos quienes han dominado la jefatura al frente del organismo -Nakajima, Wook y Chan- seguidos de dos europeos -Mahler y Brundtland-, un canadiense -Chisholm-, un latinoamericano -Candau- y un africano -Gebreyesus.

Etapas de la OMS: sus gestores

El desempeño de cada uno de los titulares de la OMS ha determinado el posicionamiento del organismo en la gestión de la salud global. Así, comenzando con Brock Chisholm, el personaje es recordado por su labor como crítico de la desinformación -¡qué bien le vendría al mundo hoy, alguien como él!-. Chisholm llegó a afirmar que Santa Claus era una ofensa contra el pensamiento racional y en otra ocasión comentó que un antropólogo cultural valía más la pena que un equipo de 100 especialistas en malaria. A Chisholm se atribuye la definición de salud, concepto que él visualizó correctamente como algo más que la ausencia de enfermedad. Él coloco a los determinantes sociales de la salud como prioritarios y consideró que era importante usar la penicilina, pero que más importante era combatir la pobreza. Bajo su mandato se dieron a conocer las Regulaciones Sanitarias Internacionales (1951) que reemplazaron a los acuerdos sanitarios preexistentes. Fue poco popular dentro y fuera de la OMS, si bien se le reconoce haber sorteado los vaivenes geopolíticos de los primeros años de la Guerra Fría. Chisholm no buscó un segundo mandato.

Por el contrario, su sucesor, el brasileño Marcolino Candau se mantuvo al frente de la OMS por cuatro períodos, de 1953 hasta 1973. Su gestión hubo de maniobrar ante el exacerbamiento de la Guerra Fría. En 1955 impulsó la erradicación de la malaria, pero el uso de DDT fue pronto considerado nocivo para la salud, y pese al apoyo inicial que recibió de Washington, hubo de abandonar esta agenda. Por ello no mostró entusiasmo en llevar a cabo una campaña para erradicar la viruela, pero de no haber sido por la insistencia de la URSS, y la decisión de poner al frente de la misma a un estadunidense, posiblemente no se habría coronado uno de los hitos de la OMS más importantes en la historia del mundo. También estando Candau al frente fue que se dio a conocer el primer Reglamento Sanitario Internacional (1969) que no sólo revisó las disposiciones del reglamento de 1951, sino que también se centró inicialmente en un grupo reducido de enfermedades (como el cólera, la peste y la fiebre amarilla), con actualizaciones parciales en 1973 y 1981.

Tras Candau llegó el danés Halfdan Mahler, quien lideró a la OMS por 15 años. Experto en tuberculosis, impulsó la primera lista de medicamentos esenciales de 1977, la declaración de «Salud para todos» (SPT) de 1978, corroboró la erradicación de la viruela en 1980 y la adopción del código sobre sucedáneos de la leche materna en 198, con Estados Unidos como único voto en contra y tras el escándalo protagonizado por Nestlé quien impulsó el consumo de leche en polvo en el continente africano, a sabiendas de la carencia de agua potable en ese lugar y de que la leche materna es prácticamente insustituible- todo ello mostrando logros que transformaron el perfil de la OMS, mientras Mahler retomaba la bandera de la medicina social de Chisholm. Dado que Mahler tenía una notable experiencia trabajando tanto para la Cruz Roja en Ecuador como en la erradicación de la tuberculosis en India, es entendible que estas experiencias permearon su sensibilidad respecto a la importancia de la medicina social. Este énfasis fue respaldado por los europeos y los países en desarrollo pero topó con pared ante Estados Unidos, para quien la salud es mayormente un negocio de farmacéuticas y hospitales.

Los encontronazos con Estados Unidos se agudizaron con motivo de la Declaración de Alma-Ata (adoptada en 1978) la que estableció que la salud es un derecho humano fundamental y define la Atención Primaria de Salud (APS) como el eje central para alcanzar la justicia social y la meta de "Salud para todos en el año 2000." Todo ello se enfrentó al enfoque selectivo de supervivencia infantil propuesto por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), bajo predominio estadunidense.

Lo anterior dio pie a una intensa pugna por el liderazgo en la salud mundial entre la OMS y el UNICEF, alentada por sus respectivos defensores. Esta rivalidad perduró durante décadas, extendiéndose hasta la actualidad; fracturó el multilateralismo y, al mismo tiempo, generó una considerable confusión en los debates nacionales sobre salud. Lo que es más: en 1985, Estados Unidos tomó la decisión de suspender sus cuotas a la OMS. Más allá de ello, Mahler también cometió errores, como cuando afirmó que el VIH/SIDA no debería ser sobredimensionado, si bien, posteriormente reconoció públicamente su error.

Etapas de la OMS: del infierno al cielo

Su sucesor fue el japonés Hiroshi Nakajima, primer asiático al frente de la institución. Heredó la agenda de lucha contra el VIH/SIDA y se confrontó con el titular del programa de la OMS, el epidemiólogo estadunidense Jonathan Mann, quien terminó renunciando al cargo en 1990. Mann encabezó la respuesta global con el VIH/SIDA pero tuvo enormes desacuerdos con Nakajima y al renunciar argumentó que la burocracia internacional y la ONU carecían de los recursos financieros y la voluntad política necesarios para encarar la magnitud de la pandemia. Para 1996, Naciones Unidas creó ONUSIDA para atender este flagelo global.

Si bien con Nakajima al frente la OMS el 17 de mayo de 1990, la Asamblea Mundial de la Salud suprimió la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales -increíblemente desde su creación hasta ese momento se consideró que era una enfermedad que requería tratamiento- la centralidad de la institución sobre la salud global declinó considerablemente. Así, cuando el Banco Mundial dio a conocer su informe de 1993 Invirtiendo en la salud, el dinero de los donantes dejó de fluir a la OMS y se destinó a los programas de salud del organismo financiero. Su reelección generó controversia porque aparentemente Japón dio contratos de investigación a 23 de los 31 miembros de la junta ejecutiva que lo apoyaron. Así, aunque logró la reelección, por 93 votos a favor fue escandaloso el número que se opuso (58). El auditor externo de la OMS renunció y la reputación del organismo quedó en entredicho.

Tuvo que llegar la noruega Gro Harlem Brundtland para enderezar el barco. Médica egresada de la Universidad de Oslo, fue la primera directora general de la OMS que ocupó antes la jefatura de gobierno de Noruega en tres ocasiones. También fue la primera mujer en estar al frente de la dirección general de la OMS. Dada la magnitud de las dificultades que enfrentaba el organismo internacional, en lugar de centrarse en reparar a la institución, dispuso acudir a fuentes de financiamiento para hacer frente a los desafíos de la salud global. Ella creó nuevos mecanismos que los donantes financiarían precisamente porque no formaban parte de la OMS. Roll Back Malaria y Stop TB eran alianzas alojadas en la OMS, pero gobernadas por sus financiadores. GAVI (2000) y el Fondo Mundial (2002) se establecieron como instituciones independientes. Muchos dirán que eso debilitó a la OMS, pero con estas acciones, Brundtland trajo de vuelta recursos que la OMS necesitaba desesperadamente para operar además de que le devolvió credibilidad a la institución.

La Doctora Brundtland es recordada como un peso pesado y una de las figuras más prominentes que han encabezado a la OMS. Llevó a cabo una reestructuración a fondo de la institución, reclutó a figuras destacadas y dirigió sus esfuerzos hacia donde estaba el dinero. Su Comisión sobre Macroeconomía y Salud permitió recuperar cierto liderazgo intelectual. Su mayor logro fue el primer tratado negociado al amparo de la Constitución de la OMS: el Convenio Marco para el Control del Tabaco, adoptado por unanimidad en 2003 pese a las intenciones de boicot de las tabacaleras.

Uno de los momentos más álgidos de su gestión fue ante la pandemia del primer coronavirus, el SARS-CoV de 2003. Fue ella quien emitió las primeras alertas de viaje por consideraciones de salud en la historia de la OMS. En primer lugar, las recomendaciones fueron contra la RP China, país al que reprochó públicamente por ocultar el SARS-CoV lo que llevó a que las autoridades del país asiático destituyeran al ministro de salud chino y al alcalde de Beijing. Posteriormente, hizo frente a la indignación de Canadá por las recomendaciones que desaconsejaban viajar a Toronto, ciudad que, fuera de Asia, fue la más golpeada por el SARS-CoV a nivel global.

Etapas de la OMS: la debacle

Brundtland no se postuló para un segundo mandato, el cual seguramente habría ganado, dado que su gestión se ganó el respeto hasta de las grandes potencias. Le sucedió el surcoreano Lee Jong Wook quien contaba con experiencia dentro de la OMS en campañas contra la lepra, la vacunación y la tuberculosis. Su breve gestión tuvo dos logros: lograr la disponibilidad de antirretrovirales para el tratamiento del VIH/SIDA y la creación del nuevo Reglamento Sanitario Internacional de 2005.

Una de las pruebas más duras de su mandato fue el tsunami del Océano Índico de 2004, que mostró dificultades internas en la OMS sobre si un organismo encargado de establecer normas debía involucrarse directamente en la ejecución de programas de emergencia de cara a fenómenos naturales y desastres. Este tema se mantiene en la agenda de la OMS y permeó al Reglamento Sanitario Internacional de 2005, el cual debe invocarse de cara no sólo a brotes infecciosos, sino a eventos de salud pública de importancia internacional, como el citado tsunami, un accidente industrial u otros eventos.

A la inesperada muerte de Wook siguió el ascenso de Margaret Chan, a quien muchos consideran la culpable del declive definitivo de la OMS. Chan había sido ministra de salud de Hong Kong durante el sacrificio masivo de aves por la gripe aviar en 1997 y la crisis del SARS en 2003, antes de ser llamada a Ginebra para ocuparse primero de temas ambientales y, posteriormente, de enfermedades transmisibles. En televisión se le vio promocionando el consumo de pollo dado que según ella “no representaba amenaza alguna” algo que muchos acusaron de falta de insensibilidad de su parte. Una investigación legislativa en Hong Kong había señalado deficiencias en su gestión durante el SARS-CoV, sin embargo, fue contratada de todos modos, tal vez porque era la única persona que realmente había tenido experiencia en la gestión de crisis de este tipo.

A ella correspondió hacer frente a la pandemia provocada por la influenza A H1N1 surgida en México en 2009. Afortunadamente el virus fue muy benigno pero los gobiernos se quedaron con almacenes llenos de vacunas y la OMS fue acusada de haber provocado una “falsa pandemia” que benefició a la industria farmacéutica. Cinco años más tarde, la organización se fue al extremo opuesto: hicieron falta mil muertes por ébola y su propagación por la región africana y el mundo para que Chan declarara una emergencia. Médicos Sin Fronteras acusó a la OMS de inacción e ineptitud: Chan es recordada como la funcionaria que aplicó aquello de “ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre” pero en sentido inverso. Aun así, tuvo logros: convirtió la cobertura sanitaria universal en la espina dorsal de la OMS, llevó la agenda sobre enfermedades no transmisibles a la Asamblea Mundial de la Salud y respaldó a los países que defendían el tratado sobre el tabaco frente a los litigios promovidos por las tabacaleras.

Tras ella llegó el primer africano a la jefatura de la OMS: el etíope Tedros Adhanom Gebreyesus. Muchos lo comparan con Gro Harlem Brundtland en el sentido de que con el currículum de un político -fue ministro de salud en su país- y el instinto de un activista, comprende que el cargo se gana y se conserva recorriendo las capitales, no los laboratorios. Para su mala suerte, le tocó estar al frente de la institución en el contexto de la peor pandemia de la era moderna: el SARS-CoV2, enfermedad causante de COVID-19.

Gebreyesus cayó en lo que se conoce en círculos diplomáticos como la «trampa Chan» a escala planetaria. Declaró la emergencia sanitaria el 30 de enero de 2020, antes de que la mayoría de los gobiernos tomaran medidas. Sin embargo, días antes había elogiado la transparencia de Beijing, y ambos hechos se utilizaron como armas para descalificaciones mutuas.

Adicionalmente a la gestión de la OMS de la pandemia, hay otros hechos que han manchado la reputación de Gebreyesus y de la institución. Una comisión independiente determinó que 21 de los 83 presuntos autores de abusos sexuales durante la respuesta al ébola en el Congo (2018-2020) eran miembros del personal de la OMS, lo que supuso el peor escándalo institucional en la historia del organismo. La respuesta fue burocráticamente correcta, pero careció, en cierto modo, de sensibilidad humana y esto dañó sensiblemente el perfil institucional.

Por si fuera poco, designó al dictador zimbabuense Robert Mugabe —entonces de 93 años— embajador de buena voluntad de la OMS para las enfermedades no transmisibles. Los críticos se preguntaron si se trataba de saldar una deuda electoral: Mugabe presidía la Unión Africana cuando el bloque respaldó a Gebreyesus frente a otros candidatos africanos para el cargo principal, sin que hubiera una verdadera competencia regional. La indignación mundial obligó a Gebreyesus a retractarse.

Y, por supuesto, el tema más desafiante es el retiro de EEUU de la OMS; anunciado en la primera administración de Trump, revertido durante el gobierno de Joe Biden, y que se hizo definitivo en el arranque de la segunda administración del controvertido republicano. A su favor se pueden citar los esfuerzos para reformar y actualizar el Reglamento Sanitario Internacional y también para crear un tratado que permita responder a futuras pandemias.

En cualquier caso, quien suceda a Gebreyesus se sacará la rifa del tigre: deberá hacer frente a la restitución de la reputación de la OMS; a la necesidad de asegurar fondos para su funcionamiento; a la promoción de la salud en tiempos de escepticismo en torno a las vacunas y la ciencia; y claro, de cara a la crisis del multilateralismo. La disputa geopolítica imperante entre EEUU y la RP China también ha impactado en la OMS. En teoría, el organismo debería ser el corazón de la diplomacia para la salud global, pero, en primer lugar, debe resolver las crisis internas que la han debilitado y fracturado. Hoy la gestión de la salud global se encuentra balcanizada, con múltiples actores que compiten por recursos e influencia, pero que dialogan poco entre sí. ¿Quién de las o los candidatos podrá llevar a buen puerto a la OMS? La moneda está en el aire.

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