Opinión

Cuando el peligro parece inofensivo

Por Alejandro Vázquez Cárdenas ·

Hay una metáfora muy útil para describir cómo las sociedades pueden caminar hacia el autoritarismo sin darse cuenta; el huevo de la serpiente. La expresión se popularizó a partir de la película El huevo de la serpiente, dirigida por Ingmar Bergman en 1977 y ambientada en el Berlín de 1923, cuando Alemania atravesaba inflación, pobreza, violencia y una profunda crisis política.

La imagen es inquietante; dentro de un huevo en apariencia frágil e insignificante ya puede distinguirse la serpiente que está por nacer. El peligro en ese momento puede no ser evidente, se incuba lentamente, y la mayoría prefiere no verlo.

La metáfora se ha utilizado desde entonces para advertir sobre el nacimiento de movimientos autoritarios, nacionalismos extremos, populismos y sistemas políticos que comienzan presentándose como soluciones a problemas reales y terminan debilitando las instituciones que deberían contenerlos.

La historia ofrece ejemplos estremecedores. La Alemania de entreguerras es el más conocido. El nazismo no llegó al poder anunciándose como una maquinaria de exterminio. Aprovechó una sociedad frustrada, empobrecida y resentida, identificó culpables, prometió recuperar la grandeza nacional y convirtió la polarización en instrumento político. Cuando muchos comprendieron la dimensión del peligro, las instituciones democráticas ya estaban profundamente debilitadas o de plano destruidas.

Algo semejante, aunque en circunstancias históricas distintas, puede analizarse en otros procesos: el fascismo italiano, diversos regímenes latinoamericanos y movimientos populistas que llegaron al poder mediante elecciones para después reducir los contrapesos institucionales.

¿Y México? Es aquí donde la metáfora merece una discusión incómoda.

El nacimiento de MORENA alrededor del liderazgo de Andrés Manuel López Obrador representó para millones de mexicanos una esperanza de cambio. El partido se constituyó formalmente como partido político en 2014 y llegó al poder federal en 2018. Hasta ahí, nada extraordinario: una democracia permite que una fuerza política nueva sustituya a los partidos tradicionales.

El problema comienza cuando el discurso político convierte permanentemente a la sociedad en "ellos contra nosotros": el pueblo contra los privilegiados, los honestos contra los corruptos, los que están con el proyecto contra quienes son presentados como adversarios del pueblo. La polarización puede ser electoralmente eficaz. Pero también puede resultar peligrosa cuando transforma cualquier crítica al gobierno en una traición.

Durante años se ofrecieron soluciones sencillas para problemas complejos: acabar con la corrupción, terminar con la violencia mediante una nueva estrategia, mejorar la salud, transformar la educación y alcanzar una prosperidad generalizada. La retórica prometía, en ocasiones bajar el cielo a la tierra.

El precio de creer: México sigue teniendo enormes problemas en seguridad, salud y educación. Las estadísticas oficiales de homicidios muestran que la violencia continúa imparable y las encuestas del INEGI mantienen la inseguridad entre las preocupaciones centrales de la población.

En salud, la transformación institucional produjo enormes expectativas pero mayores fueron sus fracasos, y en salud los fracasos se traducen en muertes.


En educación, México continúa enfrentando problemas estructurales: desigualdad, rezago, abandono escolar y resultados progresivamente peores. Ya lo vimos en la ultima prueba PISA.

La cuestión verdaderamente importante es esta: ¿el cambio prometido produjo la transformación que se ofreció? La respuesta es un rotundo no.

El mayor peligro del huevo de la serpiente no consiste solamente en que nazca la serpiente. Consiste en que, mientras crece, millones de personas la confundan con una promesa de salvación.

Votar por un demagogo no convierte automáticamente a una democracia en dictadura. Pero entregar a un líder un poder enorme, justificar sus errores por lealtad política (o por ignorancia y necedad) desacreditar sistemáticamente a quienes lo cuestionan y permitir que los contrapesos institucionales se debiliten puede crear las condiciones para algo mucho más peligroso.

La serpiente no aparece cuando rompe el cascarón. La serpiente comienza a existir desde que alguien decide que mirar el huevo con atención es innecesario.