Cinque Terre

María Cristina Rosas

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Profesora e investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

El mundo en 2015 (Tercera parte)

Canadá es un país que mucho le debe a Pierre Elliot Trudeau, ese extravagante Primer Ministro que puso al país norteamericano en el mapa mundial. Encabezó al gobierno canadiense de 1968 a 1979 y de 1980 a 1984. Admirado y odiado casi en proporciones iguales por la población, Trudeau se distinguió por impulsar el federalismo, apoyar el bilingüismo, el multiculturalismo, “repatriar” la Constitución, etcétera. Tuvo un gran protagonismo en materia de política exterior –aunque en este caso sucedió a un personaje, Lester Pearson, que ya tenía mucho camino andado en la materia. Casado con Margaret Sinclair, 29 años menor que él, procreó tres hijos, uno de ellos fallecido en una avalancha cuando practicaba alpinismo (Michael), otro que se dedica al mundo del cine y del periodismo (Alexandre), y otro más, Justin, el primogénito, quien ahora parece seguir sus pasos y funge desde el pasado 4 de noviembre de 2015 como Primer Ministro.


Las elecciones que tuvieron lugar en Canadá en 2015 fueron atípicas: las campañas políticas se prolongaron por espacio de 78 días –claro que este dato, para el público mexicano, parece risible, dado que en México se desarrollan por largo tiempo a un costo económico, político y social altísimo. Justin Trudeau, líder del Partido Liberal, vino de atrás en las preferencias electorales para imponerse al líder conservador Stephen Harper, quien había estado en el poder por espacio de una década. Harper se distinguió por su conservadurismo y la búsqueda de una relación y cooperación más estrecha con Estados Unidos. Harper impulsó a las provincias del Canadá occidental –resultado del apoyo que tradicionalmente ha recibido Québec por parte de la federación y que ha llevado a que provincias anglófonas como Alberta reclamen un trato más igualitario por parte de la federación. Retiró a Canadá del Protocolo de Kioto; basó la economía del país en la renta petrolera –lo que reportó éxitos en la medida en que los precios de los hidrocarburos se mantuvieron altos, pero cuando vino la debacle llegó también la austeridad en el gasto público-; desarrolló una política exterior cercana a Estados Unidos; impuso visas a ciudadanos mexicanos, etcétera.


En el inicio de la contienda electoral de 2015, parecía que Harper se saldría con la suya y ganaría fácilmente en los comicios. El hijo pródigo de Pierre Trudeau se veía “verde”, inocente, incapaz de competir frente a un halcón como el entonces Primer Ministro. Si bien nació en Ottawa (en la navidad de 1971) y durante su infancia acompañó a su padre a diversos eventos nacionales e internacionales de gran relevancia, lo cierto es que Justin creció fuera del ambiente político y se desempeñó por un tiempo, como profesor de francés en Vancouver. Con todo, en el anecdotario figura una visita de Estado del entonces mandatario estadunidense Richard Nixon a Canadá en abril de 1972, cuando Justin era un bebé de escasos tres meses. Se cuenta que en la cena oficial, Nixon propuso un brindis por “el futuro Primer Ministro de Canadá, Justin Trudeau”, a lo que Pierre Trudeau, respondió que si alguna vez su vástago se convertía en Primer Ministro, desearía que tuviera la gracia y las capacidades de Nixon. Hoy es sabido que, para la fortuna de Canadá y del propio Justin Trudeau, su gracia y habilidades poco tienen que ver con las de Nixon.


Justin Trudeau comenzó a acaparar los reflectores cuando su padre falleció en el año 2000 y en el funeral pronunció un bello y sentido discurso que conmovió a los canadienses. Aun así, parecía lejana la posibilidad de que Justin transitara a las altas esferas de la política canadiense. Empero, ocho años después fue electo parlamentario por el distrito de Papineau y en 2013 fue ungido como líder del Partido Liberal. Para los comicios de 2015, Justin Trudeau desarrolló una campaña con sencillez, visitando diversas comunidades, de casa en casa, ofreciendo terminar con las políticas de austeridad desarrolladas por su adversario, al igual que con la estrecha colaboración militar con Estados Unidos, por ejemplo, en los ataques aéreos contra objetivos del “Estado Islámico.” Planteó la reducción del déficit del país. En su campaña, el joven Trudeau también se comprometió a desarrollar una reforma que buscaría que la Cámara de los Comunes fuera más democrática; a contribuir a que el Senado fuera menos partidista –hoy por hoy los senadores en Canadá son designados por el gobernador general, por consejo del Primer Ministro, no electos-; y a dar todo su apoyo a las comunidades indígenas –se reunió reiteradamente con centenares de líderes de las “primeras naciones” (first nations) del país. Se manifestó a favor de proveer mayor asistencia humanitaria a los países agobiados por los conflictos y a recibir a refugiados sirios en territorio canadiense. Asimismo, está a favor de despenalizar el consumo de la marihuana –en Canadá, además, hay un partido político que desde hace mucho tiempo ha enarbolado esa propuesta- del aborto, de los derechos de los homosexuales y se define a sí mismo como “feminista” a propósito de la equidad de género entre hombres y mujeres. También manifestó que buscaría un acercamiento con México –Harper se distanció porque considera a México un “estorbo” para la relación especial que Canadá suele tener con Estados Unidos- y que encontraría la manera de poner fin al visado para que los ciudadanos mexicanos puedan ingresar al territorio canadiense sin mayores restricciones.


La victoria de Justin Trudeau en los comicios de 2015 fue arrolladora: incluso obtuvo más votos que los que estimaban los propios liberales. Así, el Partido Liberal logró la mayoría absoluta, con 184 escaños de 338 posibles. El Partido Conservador se quedó con 99 escaños, el Nuevo Partido Democrático (NDP) con 44, el Bloc Québecois con 10 y el Partido Verde con 1. Cabe destacar que la victoria de los liberales es particularmente importante considerando que en los comicios anteriores, los de 2011, apenas obtuvo 34 escaños, lo que lo colocó como la tercera fuerza electoral –es decir, un desastre, considerando la importancia de este instituto político en la historia de Canadá. Con Justin Trudeau al frente, los liberales casi sextuplicaron los escaños obtenidos cuatro años antes. Varios factores contribuyeron a la “paliza” que los liberales le propinaron a los conservadores y a los demás partidos en esta ocasión: la recesión económica –que como se sugería líneas arriba, se relaciona con la caída en los precios de los hidrocarburos, lo que le restó peso y leverage a Alberta y otras provincias anglófonas favorecidas por la gestión de Harper- y el aumento del desempleo, al igual que el encanto personal de Justin Trudeau y la frescura de su campaña.


Muchos se preguntan: ¿de tal palo tal astilla? Es difícil saberlo. Algunos temen que el hijo no esté a la altura del padre, como ocurrió, por ejemplo, en el caso de papá Bush versus baby Bush. Ciertamente las personalidades de Pierre Trudeau y de Justin Trudeau son muy distintas. El primero era un intelectual, con una recia personalidad, ideas propias y firmes convicciones. Muchos podrán querer u odiar a papá Trudeau, pero lo cierto es que su gestión como Primer Ministro marcó un antes y un después para Canadá. Su hijo Justin, en contraste, no es un intelectual, se apoya mucho en sus consejeros y asesores y se benefició sin duda de la consigna popular “ABC” (all but Conservatives o bien, todo menos los conservadores) en los comicios, lo que significa que, en términos reales, los electores no votaron a favor del joven Trudeau sino contra Harper. En cualquier caso, Justin Trudeau merece el beneficio de la duda y ya tendrá oportunidad de mostrarse como político en los siguientes meses y de probar que no sólo es una figura de muy buen ver por cierto.


La carrera por la presidencia en Estados Unidos


2016 es año electoral en la Unión Americana y por eso en 2015 diversas figuras políticas han manifestado su deseo de ser postuladas sea por el Partido Republicano o el Partido Demócrata, o por otros –o incluso, de manera independiente. En el año que recién terminó, 15 personalidades del Partido Republicano y 5 del Partido Demócrata dieron a conocer su deseo de postularse a la presidencia de Estados Unidos. Ciertamente dos figuras, una por cada uno de esos partidos, han acaparado la atención: Donald Trump, por parte de los republicanos y Hillary Clinton del lado de los demócratas. Aun así, todavía pueden pasar muchas cosas antes de las primarias.


Por el lado de los republicanos parece haber una fuerte competencia poniendo en duda las posibilidades de Trump, mientras que por el lado de los demócratas se han producido varias declinaciones que favorecen a Hillary Clinton. He aquí los hechos: en el bando demócrata, además de la ex Secretaria de Estado y ex Primera Dama, figuraban Jim Webb, ex Senador por Virginia, quien el 2 de julio dijo que buscaría la candidatura para la presidencia, pero se bajó del barco el 20 de octubre; el ex gobernador de Maryland, Martin O’Malley se postuló en mayo; el ex académico de la Universidad de Harvard, Bernie Sanders, dio a conocer sus intenciones el 30 de abril; y el ex gobernador de Rhode Island, Lincoln Chafee, también se pronunció en ese sentido el 9 de abril de 2015, para retirarse el 23 de octubre. Así que en la contienda entre los demócratas parece que la mesa está puesta a favor de Hillary Clinton, quien, como se recordará, fue precandidata en 2008, pero en esa ocasión declinó a favor de Barack Obama.


Entre los republicanos, como se decía, hay menos consenso. John Kasich, gobernador de Ohio; Chris Christie, gobernador de Nueva Jersey; Jeb Bush, ex gobernador de Florida; George Pataki, ex gobernador de Nueva York; Rick Santorum, ex senador por Pensilvania; Mike Huckabee, ex gobernador de Arkansas; Carly Fiorina, ex directora ejecutiva de Hewlett Packard –la única mujer entre los pre candidatos y que jamás ha ocupado cargo público alguno-; Ben Carson, neurocirujano retirado del Hospital Johns Hopkins; Marco Rubio, senador por Florida; Rand Paul, senador por Kentucky; y Ted Cruz, ex senador de Texas disputan al magnate Donald Trump la candidatura. Esta es la lista “corta” de aspirantes, dado que anteriormente también figuraban Scott Walker, gobernador de Wisconsin, quien el 13 de julio se apuntó, pero declinó el 21 de septiembre; Bobby Jindal, gobernador de Lousiana, hizo público su interés el 24 de junio, si bien posteriormente suspendió su campaña; Rick Perry, ex gobernador de Texas, manifestó su interés, pero se bajó de la contienda el 11 de septiembre; y Lindsey Graham, senador por Carolina del Sur, anunció en junio que buscaría la nominación, si bien más tarde se retiró. En este sentido, de los 15 aspirantes originales, sobreviven 11 y en los siguientes días y semanas la lista tendrá que acortarse con vistas al tan esperado “caucus” de Iowa del próximo 18 de enero.

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