Recomendamos: ¿Es mejor salario productivo o ingreso pasivo?, por Ricardo Pascoe Pierce

(zhuzhu/Getty Images/iStockphoto)

El incremento al salario mínimo logrado por este gobierno debe ser aplaudido. Desde hace años, diversos estudios habían demostrado que el incremento al salario mínimo sería una medida no sólo de justicia social, sino también de racionalidad económica: incrementar la capacidad económica de los trabajadores aumenta la demanda y el consumo.

Así, crecería la economía. El hecho de que el salario mínimo pasa de 88 pesos diarios a 102, abre el camino a la reducción de la brecha social en México. Aumentar el salario mínimo en 14 pesos diarios representa un incremento de casi el 15 por ciento.

Ciertamente, no es mucho dinero, convertido en salario mensual: 3 mil 060 pesos. Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), la línea de bienestar mínimo por persona es de dos mil 986 pesos al mes.

Toda esta información se compara con los apoyos que dará el gobierno federal a distintos grupos considerados vulnerables y susceptibles al apoyo gubernamental.

En primer lugar, están las personas de la tercera edad que verán duplicado su apoyo mensual, lo cual arrojará un ingreso de tres mil 400 pesos al mes por beneficiario.

En segundo lugar, el novísimo programa de este gobierno, de apoyo a jóvenes que no cuentan con un empleo y tampoco estudian, se les entregará un apoyo mensual de tres mil 600 pesos.

Entre estos dos grupos de personas –adultos mayores y jóvenes sin empleo o actividad académica— hay alrededor de diez millones de personas (casi siete millones de adultos mayores y tres millones de jóvenes). Durante la campaña, se acordarán, la consigna era: “becarios sí, sicarios no”.

De entrada, existe una contradicción entre favorecer a quienes, estrictamente hablando, no laboran, como los jóvenes o los adultos mayores, con dinero público como “estímulo” a corregir conductas o simplemente sobrevivir (tercera edad), y el salario mínimo erogado por empresas privadas a quienes laboran y producen servicios y mercancías y que es menor a lo que entrega el sector público.

En la política de salario mínimo y apoyos sociales no existe un razonamiento lógico.

El salario mínimo debiera ser mayor a los apoyos entregados a personas beneficiadas. No es debate sobre la validez de los programas sociales. Es sobre la lógica de que los programas de becas públicas sean más generosos que lo que otorga el salario mínimo a quien se esfuerza por lo menos ocho horas en un trabajo remunerado. El mensaje es equivocado.

Más información: http://bit.ly/2ByeQGP

 

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