Cinque Terre

Fernando Dworak

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Premisas sobre movilizaciones y abucheos

I. Muy poca gente, si acaso, asiste espontáneamente a un mitín político.

I.A. Un mitín que desea ser nota requiere de un esfuerzo serio de movilización.

I.B. Asistirán quienes tengan algo que ganar (presencia política, prestigio de liderazgo para aspirar a una candidatura) o algo qué perder (apoyos, fundamentalmente a través de programas sociales).

I.C. Dado que el objetivo de un mitín es mostrar músculo político y por ello a ningún partido le conviene decir abiertamente cómo lo concentran, todos dirán que su movilización es legítima y la de los demás se compone de “acarreados”.

II. El público en un mitín se deberá a quien lo moviliza.

II.A. Las masas en un mítin político se comportan como tales, especialmente cuando el líder es carismático.

II.B. Si hay una instrucción clara, se puede manipular a una masa a favor o en contra de quien diga quien tiene la capacidad de movilizar.

III. Un político de un partido distinto al que moviliza un mitín muestra ingenuidad e imprudencia si asiste a ese acto si sabe que el convocante recurre a tácticas duras.

III.A. La imprudencia es mayor si no participa en el esfuerzo de movilización para tener un público afín.

IV. En la medida que un mítin es un acto meramente simbólico y su impacto es mediático, se percibirá la capacidad de un político potencialmente expuesto al abucheo de acuerdo con la forma que asuma el reto subirse al templete.

IV.A. No asistir a un acto envía al público un mensaje de debilidad.

IV.B. El político que moviliza a un público afín puede retar a un líder que basa su legitimidad en su capacidad percibida de movilización.

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