Cinque Terre

Rubén Aguilar Valenzuela

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Consultor, profesor y articulista y exvocero presidencial

Convento de San Antonio de Padua, Durango, Durango

Durango, 1890. Al fondo la iglesia y el convento de San Antonio

Toponimia

En vasco la palabra “Durango” significa “lugar de agua”. Francisco de Ibarra, el fundador de la ciudad y primer gobernador de la Nueva Vizcaya, era de Durango, España.

Historia

Ante las dificultades entre los indígenas, que defendían sus tierras, y los colonos españoles, los franciscanos propusieron al virrey, en acuerdo con el gobernador de la Nueva Vizcaya, Francisco de Ibarra, fundar pueblos de indígenas locales con indios aliados de los españoles que venían del centro de México. La población española quedaría en otro pueblo, que sería limítrofe. Se fundan así poblaciones gemelas.

Desde Nombre de Dios, fray Diego de la Cadena y el hermano lego Lucas, que era indígena tarasco, fundan en el Valle de Guadiana, en tierras tepehuanas, el pueblo indígena de San Juan Bautista de Analco en 1558. Lo hacen con tarascos y mexicas, que venían de Zacatecas, y tepehuanes que habitaban la región. Tuvo hospital como los de Michoacán (Miguel Vallebueno Garcinava).

En 1574, en la ciudad española de Durango, vecina de San Juan Bautista de Analco, se funda el convento de San Antonio de Padua (Miguel Vallebueno Garcinava). En 1602-1605, el obispo de Guadalajara, Alonso de Mota, escribe que existe un convento con seis frailes situado en un pequeño pueblo y menciona también la existencia de un hospital (Kubler).

Fotografía de 1890

Destrucción

En 1917 el general Gabriel Gavira, gobernador interino del estado, ordena la destrucción de la iglesia y el convento. Esto en el marco de una intensa labor de “modernización” de la traza y la imagen de la ciudad, iniciada un año antes. Los principios del urbanismo sustentados por el gobernador se sintetizan en que deben ser demolidos los “vetustos edificios de detestable aspecto y ninguna utilidad pública, solares que son verdaderos muladares y focos de infección por el abandono en el que se encuentran”.

De un día para otro más de un centenar hombres, con miles de barrenos de dinamita, se dedican a destruir la iglesia, la capilla de la Tercera Orden y el convento. Los grandes bloques de piedra se tuvieron que fragmentar, y después vino la dificultad para retirarlos. Para eso se estableció una vía de ferrocarril y lograr sacar los escombros en góndolas. El espacio vacío bardeado permaneció así hasta 1957, cuando en ese lugar se construyó el multifamiliar Francisco Zarco (Enrique Mijares).

Enrique Mijares, en su texto Las huellas de Gavira en la trasformación del paisaje urbano, afirma sobre la destrucción del conjunto conventual: “El conjunto arquitectónico de los franciscanos —cuyo corredor de arquería frente al convento de San Antonio de Padua guardaba una de las esquinas de la plazuela de San Francisco, cual si de un patio urbano y donde otrora se habían mirado frente a frente los templos de San Francisco y de la Tercera Orden—, fue demolido sin miramiento. Sin tomar en cuenta los siglos de testimonio histórico que su presencia había significado para Durango”.

“De un plumazo se perdió sin remedio lo que había sido el resultado de una de las primeras y más sostenidas acciones edificadoras, cuya huella se había manifestado de manera concreta en la fisonomía arquitectónica así religiosa como civil de la ciudad. Empeño de los frailes franciscanos desde la fundación de la villa de Guadiana (…)

“Desapareció el templo de San Francisco, cuya fachada de diseño triangular, de obvia inspiración plateresca, y su torre señera, habían sido modelo permanente de alarifes y artesanos durangueños, quienes reprodujeron versiones singulares en las fachada del santuario de Guadalupe, y en la principal de catedral, y en las torres de muchos de templos durangueños en particular las que  pertenecen a la misma familia, la del templo de Santa Ana, y los dos de tres cuerpos escalonados que tiene la catedral”.

Comentario

El edificio de departamentos que se ve al fondo a la derecha es donde estaba en conjunto conventual

En algunas ciudades del país con las Leyes de Reforma se expropiaron y destruyeron conjuntos conventuales del siglo XVI para entrar en el circuito de los bienes raíces. En Durango no sucedió eso. El convento de San Antonio de Padua se conservó hasta 1917, cuando los ánimos “modernizadores” del gobernador, el general Gabriel Gavira, decidió dinamitar el conjunto. Ahí quedó un lote vacío.

Francisco de la Maza, historiador del arte colonial, reconoció que Gavira haya tirado un hotel que se construyó frente a la catedral que tapaba su fachada. El presidente Benito Juárez, de paso por la ciudad, había planteado la conveniencia de hacer esa obra. El historiador dice, en relación con la destrucción del conjunto conventual, que “en este caso se le pasó la mano estúpidamente”.

Hotel que se demolió frente a la catedral

La destrucción del convento e iglesia de San Antonio de Padua es una enorme pérdida del patrimonio monumental y artístico de Durango y de México. Hoy, como siempre lo fue, sería uno de los grandes atractivos de la ciudad. No quedó nada de la portada y de la torre porque la construcción fue dinamitada. Fue una más de las trágicas pérdidas de la riqueza arquitectónica y cultural del país.

En el ahora barrio de San Juan Bautista, donde estuvo el hospital e iglesia del siglo XVI, hay una iglesia del siglo XIX de buena factura. Se puede ver en las siguientes fotografías. La he visitado en distintas ocasiones.

San Juan Bautista de Analco

Donde en 1558 se funda el pueblo indígena de San Juan de Analco, en tierras tepehuanas, existe esta iglesia, que se supone está en el mismo lugar donde estuvo la capilla del hospital del siglo XVI. Ahora es el barrio de Analco en la ciudad de Durango, que se funda en 1563. La toponimia es “a la orilla del agua” o “al otro lado del agua”.

La actual iglesia es una construcción de finales del siglo XIX de estilo neogótico. El trabajo escultórico es del artista durangueño Benigno Montoya. El reloj estuvo antes en la catedral. Se dice que en el atrio está enterrado fray Diego de la Cadena. La construcción es buena. Destaca el trabajo de Montoya, que tiene muchas obras en la ciudad.

Interior de la iglesia

Fuentes consultadas

Notas personales.

Mijares, Enrique, Las huellas de Gavira en la trasformación del paisaje urbano, Durango, México, 2009.

Kubler, George, Arquitectura mexicana del siglo XVI, FCE, México, 1983.

Vallebueno Garcinava, Miguel y Antonio Reyes Valdez, (coords.), Patrimonio misional en el sur de la Nueva Vizcaya, INAH, México, 2009.


Twitter: @RubenAguilar

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