Cinque Terre

Alejandra Escobar

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Editora de etcétera

“Ya sé que sí aplauden”

De todo el sexenio no recuerdo un episodio más crispado entre la prensa y Enrique Peña Nieto que el “ya sé que no aplauden”. Era el 3 de febrero de 2015 y ya se había acabado la “luna de miel” entre el mexiquense, el Congreso y la sociedad (con la prensa nunca la tuvo). Ocurrieron Ayotzinapa y la Casa Blanca, y venía la fuga de Joaquín, el “Chapo” Guzmán, los tres sucesos que deterioraron al gobierno y exhibieron su ineficiente comunicación institucional.

Ese día, el Presidente nombró a Virgilio Andrade como secretario de la Función Pública y anunció medidas contra la corrupción y a favor de la transparencia, tras el escándalo de la Casa Blanca. Concluyó su discurso, agradeció y el auditorio permaneció callado: “Ya sé que no aplauden”, dijo en un tono suave, lo que en segundos se convirtió en crítica acerba. Las redes sociales estallaron, los medios lo exhibieron, las columnas hablaron y la sociedad criticó. Está claro: la prensa no está para aplaudir o convalidar el discurso del Ejecutivo.

Sin embargo, con el triunfo de Andrés Manuel López Obrador ocurre lo contrario: parte de la prensa no sólo aplaude, sino también solapa. El presidente electo parece navegar con total libertad entre los medios cuando, precisamente, es la libertad de expresión la que se encuentra en riesgo.

Aristegui, embelesada

Carmen Aristegui es una de las periodistas que se hace llamar crítica; tal vez ha sido la opositora más conocida al gobierno de Peña Nieto, pero la más blanda cuando se trata de López Obrador. Pocos son los cuestionamientos al presidente electo, y más el respaldo informativo a su agenda oficial, incluso a los agravios contra su propio gremio. Con sonrisa resplandeciente, abrió sus micrófonos para que el 17 de octubre, en su regreso a la radio, el tabasqueño transmitiera un mensaje. Claro, se trataba de su causa y de escuchar las felicitaciones que mi compañera Angélica Recillas resume en su texto que publicamos en este número de etcétera.

Aristegui, sin embargo, pasó por alto la agresión del tabasqueño contra uno de sus excompañeros, Carlos Loret de Mola: “¿Le creen ustedes a Loret? Es una volada. Hay periodistas, con todo respeto, que mienten como respiran”, dijo López Obrador el 15 de octubre. La comunicadora no polemizó. Tampoco dedicó palabras cuando el tabasqueño llamó “corazoncitos” a dos reporteras, ni mucho menos impulsó una campaña en redes cuando besó a otra reportera sin su consentimiento.

La periodista ha permanecido callada respecto a la salud del presidente electo, pero con la salud de Peña Nieto demandó una y otra vez transparencia. Asimismo, tardó seis días en hablar de la llamada “boda fifí”. Sí, hablar, mas no opinar. Mientras que con la boda de Peña, incluso seis años después de celebrada, realizó junto con Proceso, un “reportaje especial”, basado en notas de la “prensa rosa”.

En uno de los temas más importantes durante la transición, como lo es el Nuevo Aeropuerto (cuya resolución conoceremos antes de que esta revista sea impresa), el portal Aristegui Noticias fue más proclive a resaltar la defensa del equipo de transición por Santa Lucía que a exhibir las consecuencias de cancelar Texcoco.

La conductora regresó a la radio el 17 de octubre. A sus radioescuchas les dijo que se trataba de un “triunfo contra la censura”, pero hay más razones de fondo, como las expuestas por Javier Tejado Dondé en su columna del 2 de octubre. Dos elementos son clave: multas y publicidad oficial.

Grupo Radio Centro (GRC) debe 415 millones de pesos por no pagar lo ofertado cuando se licitó la tercera cadena de televisión nacional en 2015, multa que todavía puede impugnar. Además tiene abiertos tres procesos por frecuencias de radio que tampoco pagó en la pasada licitación y que le pueden costar otros siete millones de pesos en multas. Con el lopezobradorismo en el poder y su periodista favorita al aire, el consorcio más bien podría ser beneficiado.

Respecto a la publicidad oficial, señala Tejado Dondé que GRC “es altamente dependiente” de esos recursos. El año pasado, cita, “las estaciones […] recibieron […] más de 129 millones de pesos en publicidad oficial. Ahora que se ha hecho público que estos recursos irán a la baja en la siguiente administración, es evidente que Radio Centro busca hacer ‘migas’ con Andrés Manuel López Obrador al poner al aire a una personalidad que él mismo sugirió regresase a los micrófonos. La idea es no perder estos recursos que representan 13% de su venta total”.

Juan Francisco Ealy Ortiz, El Universal y su rendición ante López Obrador

Foto: María José Martínez / Cuartoscuro

“El rey ha muerto, ¡que viva el nuevo rey!”, parece ser una proclama constante del presidente de “El Gran Diario de México”, Juan Francisco Ealy Ortiz.

Entre el 1 de enero y el 10 de noviembre de 2017, de acuerdo con datos oficiales, El Universal fue el tercer diario más beneficiado con publicidad oficial luego de La Jornada y Excélsior. En total, recibió 32 millones 880 mil 994 pesos, y la crítica hacia Peña Nieto fue escasa. Ahora que sus días están contados, las primeras planas y las reverencias son para López Obrador.

El 1 de octubre, durante su discurso por el 102 aniversario de El Universal, Ealy Ortiz, el dueño del portal de noticias más visitado del país y uno de los diarios con mayores ventas, hizo un abierto llamado a apoyar a AMLO:

Indudablemente tenemos la confianza y convicción de que esta administración entrante resolverá satisfactoriamente temas prioritarios como la seguridad, alto a la violencia, corrupción, alto a la corrupción, empleo, salud y educación, reclamos que la sociedad mexicana demanda.

Aunque el episodio más cuestionado sucedió el 17 de octubre, cuando el diario decidió despedir al coeditor Jorge Ramos Pérez, luego de que el viernes anterior publicó en “Bajo Reserva” una nota sarcástica en contra del hijo de López Obrador y Beatriz Gutiérrez Müller.

La noche del 12, Müller impulsó la campaña mediática en Twitter con el hashtag #ConLosNiñosNo, como una forma de pedir a los medios respeto por la privacidad de los infantes. Periodistas, intelectuales y políticos se sumaron, y el periódico, en la misma red social, se comprometió a no manejar datos o fotografías de menores. Hasta ahí, el asunto parecía haberse resuelto con civilidad; pero transcurrieron cinco días y Ramos Pérez fue despedido, tras 20 años de trabajo.

Al día siguiente López Obrador calificó el despido como exagerado y solicitó a Ealy Ortiz reconsiderar su decisión. Dicho de otro modo, el próximo presidente del país pidió al director de un medio meditar su decisión. En un comunicado, el diario aseguró que Jorge Ramos renunció tras haber violado el código de ética referente a los menores; sin embargo, esta revista, dio cuenta de cómo ese código fue vulnerado una y otra vez con los hijos de Ricardo Anaya Cortés, sin consecuencias.

La prensa fifí

El pasado 21 de octubre, un mes antes de asumir la Presidencia, López Obrador se concedió el permiso de seguir utilizando el término “prensa fifí” para referirse aquellos intelectuales, escritores y periodistas “conservadores” –según su perspectiva– a quienes responsabiliza de promover el actual modelo económico que ha fracasado. Aunque alegó que su gobierno tiene el compromiso de ser respetuoso de la libertad de expresión, lo cierto es que califica a los periodistas de buenos y malos, denuesta cuando la crítica no le favorece y presume cuando las palabras le benefician.

Durante la transición, organizaciones civiles como Artículo 19, Periodistas de a Pie, la Red Nacional de Periodistas y Comunicación e Información de la Mujer han externado su preocupación por las expresiones y actitudes de López Obrador para descalificar a la prensa. A ello hay que sumar las demandas de respeto que también medios como etcétera y compañeros del gremio hacen desde sus espacios y en sus redes sociales.

La prensa nacional ya no está bajo sometimiento del régimen como hace 50 años. La prensa no puede ni debe ser obsequiosa con el Ejecutivo.

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