Efrén García García

¿Y ahora quién podrá defendernos?


Amorcito corazón yo tengo tentación de un peso

El 23 de octubre de 1954, Pedro Infante condujo con Sara García un maratón televisivo que duró 30 horas. Según el semanario Desde la fe, el acontecimiento permitió la recaudación de un millón 300 mil pesos que fueron utilizados “en la remodelación de la Antigua Basílica de Guadalupe a 245 años de su construcción”.

Nadie se hubiera atrevido a solicitar una auditoría o a desconfiar de tres de las principales instituciones de la época: el ídolo de Guamúchil, la Abuelita de México y la Morena del Tepeyac, aunque se tratara de administrar recursos públicos (o al menos, del público).

Han pasado 53 años y Pedro Infante ya sólo vive en el corazón de todos los mexicanos. Mientras tanto la confianza en general aún sigue ligada al carisma de los caudillos, los ídolos y las personalidades, y a lo que simbolizan.

No son monedita de oro

En junio pasado, IPSOS-BIMSA publicó en El Universal su encuesta más reciente sobre confianza en las instituciones, que arrojó los resultados que se muestran en la gráfica.

Sería bueno saber qué tanta confianza infunden en la población estas instituciones respecto de algunas personalidades reconocidas por el gran público. Por otra parte, ¿qué ha sido más exitoso para “posicionar” a las instituciones mencionadas?, ¿existe relación directa entre su inversión en publicidad y la confianza que gozan?, ¿qué tanto tiene que ver su credibilidad con la recordación de sus titulares?

Destilando amor a las instituciones

Mi hijo Fernando de seis años opina que a él le encantaría que en nuestro país nos cuidara la Liga de la justicia fundada por Superman “porque sus integrantes tienen súper poderes”.

Otro ejemplo destacable de posicionamiento institucional es el del Consejo Regulador del Tequila que sí existe en la telenovela Destilando amor, y es presentado como una organización indiscutiblemente confiable y recta. Seguramente, hace un año muy poca gente había oído sobre el CRT y menos conocía sus atributos.

Si no empezamos a ver, oír y leer en los medios muchas más “historias de éxito” relacionadas con el respeto a la ley, no tendremos nunca Estado de derecho, ni confianza en las instituciones, ni aprecio por la tolerancia o por la pluralidad y mucho menos respeto a la autoridad.

En un país con tradición autoritaria en la familia, en el trabajo y en la calle misma, introducir valores de cultura política democrática y respeto a las instituciones requiere de un esfuerzo monumental y de largo plazo en el cual los medios tienen una altísima responsabilidad.

El panorama es sombrío, sobre todo ahora que hemos visto un encontronazo histórico entre los poderes fácticos y nuestros legisladores. Ya el tiempo nos dirá quién gana la batalla… si la Liga de la justicia o el Honorable Congreso de la Unión.

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