Cinque Terre

Aurelio Contreras Moreno

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Periodista, autor de Rúbrica.

Violencia, hostigamiento y opacidad en Veracruz

La relación entre el gobierno y la prensa en sus diferentes modalidades ha transitado por senderos de oscuridad, complicidades y opacidad. La restauración a partir de 2012 del viejo régimen en México, con el regreso del PRI al poder presidencial, trajo entre otras consecuencias el cierre de espacios para la libre expresión de las ideas, que cada tanto asoma las tentaciones y vocaciones autoritarias de una clase política a la que la exigencia de rendición de cuentas y la transparencia le resultan repulsivas.

De acuerdo con el periodista español y corresponsal de guerra Francisco Rubiales, “para que no se hagan despóticos, los grandes poderes deben ser vigilados, criticados y fiscalizados por los periodistas libres”. Es así que la función primordial de los medios de comunicación, por definición y vocación, es la de servir como contrapeso del poder, como una contraloría que vigile y señale los excesos de quienes lo ejercen desde posiciones políticas o gubernamentales.

El escritor peruano y Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, definió que “el periodismo, tanto el informativo como el de opinión, es el mayor garante de la libertad, la mejor herramienta de la que una sociedad dispone para saber qué es lo que funciona mal, para promover la causa de la justicia y para mejorar la democracia”.

En ese sentido, el mismo Francisco Rubiales advierte que “cuando el poder consigue sojuzgar a la prensa, las campanas de la libertad tocan a difuntos y la democracia se viste de duelo”.

Y vaya que hay motivos para el luto. Durante años, en México muchos medios han claudicado de su misión y han ignorado su responsabilidad social, que es la de informar con veracidad y pluralidad a la sociedad, para convertirse en meros replicantes de versiones y boletines oficiales, a cambio de los jugosos convenios publicitarios que usufructúan.

Dice Luis María Ansón, miembro de la Real Academia Española de la Lengua, que “la brusquedad autoritaria se hace sutileza en las democracias, pero en ellas, el juego de la publicidad, las exclusivas, las habilidades de la banca y las empresas, los favores de los políticos, contribuyen a que, en muchas ocasiones, el periodismo se traicione a sí mismo y no cumpla con su función sustancial de informar y también de ejercer el contrapoder”.

Eso ha sido una realidad en México y particularmente en estados como Veracruz, que ha traído como consecuencia el deterioro de la calidad de los contenidos de los medios de comunicación –con poquísimas y muy honrosas excepciones–, y al mismo tiempo, el recrudecimiento del hostigamiento contra periodistas considerados incómodos, la autocensura y la ausencia de investigación periodística en las páginas de los diarios, en las frecuencias de radio y televisión y en los portales de Internet.

En los hechos, y durante años, los medios y sus dueños se convirtieron en cómplices y encubridores de corruptelas, malos manejos e incluso crímenes perpetrados desde los círculos de poder. Contribuyeron, y aún lo hacen, a profundizar la opacidad y la ausencia de rendición de cuentas que ha permitido que existan, por citar un ejemplo, “casas blancas” como la de la primera dama Angélica Rivera, o fraudes descarados al erario como los que se le han documentado profusa y puntualmente al gobierno de Javier Duarte en Veracruz. Y por ende, han sido copartícipes de la impunidad, el principal cáncer de México.

Ahora lo entendemos todo

En contraparte, la violencia contra periodistas se disparó en todo el país en los últimos años. De 2010 a la fecha, han sido asesinados 55 reporteros en México, siendo el estado de Veracruz el más letal de toda la República para el ejercicio de la labor informativa.

En los cinco años que lleva el gobierno de Duarte, se han registrado 15 homicidios y cuatro desapariciones de reporteros, y se han abierto 74 averiguaciones previas por agresiones a periodistas veracruzanos. Nada ha sido resuelto a satisfacción. Por el contrario, el gobierno estatal se ha negado sistemáticamente a investigar la labor periodística como posible causa de las agresiones y, en cambio, ha preferido criminalizar a las víctimas, culpándolas de su suerte, ligando los homicidios, sin presentar pruebas sólidas, a cuestiones pasionales, robos simples o nexos con el crimen organizado, lo que le ha valido en más de una ocasión condenas nacionales e internacionales por las condiciones de deterioro, hostigamiento y vulnerabilidad en las que los periodistas ejercen su profesión en esa entidad federativa.

A últimas fechas, con el proceso sucesorio por la gubernatura de Veracruz, Javier Duarte ha lanzado una andanada fuera de toda proporción contra los medios y los periodistas críticos, de todos aquellos que se resisten a cantarle loas a una administración que ha provocado un total deterioro de la economía y la seguridad.

El blanco más reciente y estridente de la embestida del gobierno de Javier Duarte ha sido el periódico del puerto de Veracruz, Notiver, cuya línea editorial ha sido particularmente crítica de los excesos cometidos durante éste y el anterior sexenio en el estado.

Incurriendo en una ilegalidad y faltando el respeto a su propia investidura, en su cuenta oficial de Twitter el gobernador Duarte exhibió un acta notarial de una transacción comercial entre un familiar del dueño del periódico con una empresa cuyo representante legal era, en 2010 que se efectuó la compra venta, el actual alcalde de Boca del Río, Miguel Ángel Yunes Márquez, hijo del principal adversario político del grupo gobernante en Veracruz, el diputado federal del PAN Miguel Ángel Yunes Linares.

Según Duarte y su ejército de amanuenses y textoservidores, dichos documentos “probaban” la adhesión del medio a una causa política, lo cual “explica” la línea editorial crítica a su administración. En respuesta, el dueño de Notiver, Alfonso Salces Fernández, reveló que al inicio del sexenio Duarte le ofreció un convenio por ocho millones de pesos mensuales, un avión bimotor PA24 turbo de seis plazas, un departamento en Barcelona, Santander o Madrid, así como un edificio en el puerto de Veracruz, con tal de que no le abriera espacios a Yunes Linares en el diario, lo cual, de acuerdo con el empresario periodístico, rechazó.

¿Cuántos medios sí habrán aceptado las ofertas de Duarte? Sólo hay que revisar las hemerotecas para comprobar que la gran mayoría se uniformó de manera vergonzosa con las versiones oficiales del Veracruz donde “no pasa nada”. Claro, mientras alcanzó el dinero para mantener esas relaciones de complicidad y opacidad entre prensa y gobierno.

Por eso la inversión en publicidad del gobierno de Veracruz en los medios de comunicación se clasificó y se mantiene injustificadamente como información reservada.

Hacer buen periodismo

¿Qué le queda por hacer al periodismo en medio de estas encrucijadas? Francisco Rubiales nos da una idea: “el periodismo necesita un debate profundo a nivel mundial que aclare lo que significa ser periodista y si pueden ser considerados como tales los que ejercen la profesión al margen de la independencia y de la verdad. El periodismo no puede seguir en su injusta indefinición actual, admitiendo en su seno, sin distinguirlos y en el mismo rango, a los que mueren por defender las libertades y los derechos humanos y a los que no ven otra verdad que la que proclaman sus amos”.

A su vez, el periodista y académico catalán Francesc Barata señala que “una de las vías de recuperación es el periodismo de proximidad, de calle, vinculado a los ciudadanos. Durante años se ha hecho un periodismo muy centrado en la política y eso ya no conecta con la gente. Hay que hacer un periodismo de cosas que le importen, un buen periodismo”.

Cuando se silencia a un periodista, ya sea censurándolo, obligándolo a mentir so pena de perder su trabajo o privándolo de la vida, se silencia también a la sociedad por entero, que pierde una voz que la represente y la informe. Eso también abona para la opacidad y la falta de transparencia.

 

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