Cinque Terre

Antulio Sánchez

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Periodista, ha colaborado en diversas publicaciones. Autor del libro La era de los afectos en Internet (Océano, 2001). http://antulio.blogspot.com

Videosapiens

Según el politólogo Giovanni Sartori lo que distingue al homo sapiens es la reflexión, una herramienta extraordinaria para producir abstracciones, para producir episteme y generar conocimiento e incluso fabulosa para la construcción del espacio público. Sin embargo, advierte que desde el siglo pasado, con el auge de la televisión, los seres humanos empezaron a convertirse en homo videns, en entes abocados a mirar imágenes que han terminado por estropear su capacidad cognitiva, dejando de pensar e incrementar su aptitud para atiborrarse de imágenes, que en su mayoría no se analizan y no se comprenden.

La televisión se desplaza por un andamiaje donde perdura lo fugaz, lo sintético como forma de acceder a los datos y renunciando al vínculo entre hechos y lógica, entre acontecimiento y razonamiento. En el campo informativo su dictadura del tiempo real privilegia lo transitorio y la actualidad, llevando a magnificar problemas que no merecen tener tratamiento público, o a minimizar situaciones y problemáticas relevantes para la vida en común. Aunque en otras situaciones termina por inventar problemas y marginar opiniones e ideas que pueden solucionar diversos conflictos.

Para Sartori nada es más baladí y peligroso para la mente y la reflexión que los estímulos visuales, que únicamente se dirigen a las sensaciones, haciendo que las personas sostengan una posición pasiva frente al consumo de imágenes. Esto es diferente con la lectura, pues según Sartori demanda concentración, tiempo para la reflexión y el aprendizaje. Por ese mismo esfuerzo intelectual que él le adjudica a la lectura, ésta produce aprendizaje, procesos de entrenamiento cognitivo, cuestión que en definitiva no genera la televisión.

Hay mucho de razón en lo que dice Sartori, porque mucha basura emana de la televisión. Pero tampoco podemos alabar las bondades de los libros, pues el mundo editorial es reflejo de mucho de lo que se da en la televisión: la producción de materiales anodinos. Tampoco se sostiene que con el libro le iba mejor a lo público porque antes de que apareciera la televisión o la radio no teníamos a la totalidad de las mentes humanas letradas e interesadas en las cuestiones públicas. Los libros no han sido los grandes constructores de ciudadanía como Sartori lo pondera.

En realidad la cuestión e interés por reflexionar los problemas públicos siempre ha sido algo cultivado por una minoría, las masas en lejanos tiempos, como ahora, se dedicaban a sus disímbolos menesteres. Sartori sostiene en ¿Qué es la democracia? que la comprensión de lo público es algo opuesto a las masas, su entendimiento sólo lo pueden hacer los ilustrados, los que gozan de episteme política, la élite al fin de cuentas.

Pero tal vez lo más interesante a la luz de los puntos de vista de Sartori es que hoy día ya no cabe duda que la nueva gramática de los medios digitales ha terminado por impactar el desarrollo de la televisión, como lo muestra el caso del multiafamado sitio de almacenamiento y reproducción de videos en línea, You Tube (hace poco comprado por Google) que evidencia cómo millones de personas en el planeta elaboran y manipulan sus propias narrativas audiovisuales redefiniendo el consumo de dichos materiales.

Al mismo tiempo la incesante exploración de formatos audiovisuales se abre camino y empresas como Yahoo!, Apple (vendiendo miles de películas) experimentan con estos materiales, como también sucede con algunos servicios de televisión vía IP para teléfonos móviles, o las narrativas que emprenden diversos sitios de noticias en la red, etcétera. Todo eso habla de que este mercado sufre un cambio drástico, pero que también la materia audiovisual ya es un asunto donde se entrelazan no sólo los artefactos, sino los gustos y conocimientos de los usuarios de las interfases para generar contenidos personalizados.

Lo anterior en vez de pensar que la televisión tiene un auge, en realidad denota que la misma ha perdido entre muchos sectores su poder de atracción y el mapa del consumo de materiales audiovisuales es de diversa índole y manufactura. Además, las mismas televisoras han optado por usar sus sitios en la red como medios multiplataforma, de manera que dichas interfases están lejos de lo visualizado por Sartori en el sentido que los usuarios que se acercan a estos instrumentos para nada son analfabetos digitales, pues poseen ciertas competencias para manejar las nuevas narrativas.

Así pues, en los nuevos discursos audiovisuales que ponen en marcha los videosapiens ya no está presente la clásica unilateralidad de la televisión, sino una estrategia de habilidades cognitivas que marchan de la mano de la creatividad y lo lúdico. Esas prácticas de la gestión y creación de imágenes dan paso a un ecosistema visual donde el usuario abandona su vieja y obsoleta posición frente a la pantalla y apuntan a pensar que la televisión futura puede abandonar su papel pasivo y dar vida a una verdadera interactividad.

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