Cinque Terre

Rubén Aguilar Valenzuela

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Consultor, profesor y articulista y exvocero presidencial

Vicios de la cultura política nacional

La cultura, dicen sus estudiosos, es un conjunto de “creencias” que legitiman prácticas sociales y también actitudes y valores compartidos por los integrantes de una sociedad que se transmiten de generación en generación. Destaco diez de estas actitudes o creencias referidas al mundo de la política que todavía comparten buen número de mexicanos y forman parte de la cultura política nacional.

Ellas hablan de que un grupo de políticos, líderes sociales y sectores de la población, a 200 años de la Independencia y 100 de la Revolución, que todavía no “ingresan” a la modernidad. Siguen reproduciendo una cultura que no acepta que el mundo cambió y que para estar al día hay que romper con viejos modelos y asumir los nuevos que permitan hacer frente a los retos que plantea la realidad de hoy.

1) El pasado omnipresente. Sirve para justificar y fundar cualquier cosa siempre en la defensa de intereses particulares. Se reverencia lo que dijeron los “héroes” hace 200 años como si sus dichos y propuestas fueran verdades inmutables que tienen hoy el mismo valor que en su momento. Se niega la posibilidad de cambiar y encontrar mejores respuestas a las preguntas del presente y los retos del futuro. Se vive de los mitos y se condena a todo aquel que pretenda cuestionarlos y ponerlos en duda.

2) La victimización. Los líderes políticos y sociales, también los ciudadanos, se hacen pasar como seres ofendidos y agredidos, víctimas, de los otros. Los victimarios actúan siempre como agresores que impiden la realización del proyecto de los victimados. En realidad no es así. Hay un sector de la sociedad, ésas sí víctimas reales, que establecen una relación de empatía con el victimado y se convierte en su seguidor. La víctima pasa a ser siempre, a la manera de las religiones, objeto de seguimiento y veneración.

3) La posesión de la verdad. Al victimado, es parte de su ser, se le confiere la posesión de la verdad. Su condición de “mártir” le da un estatuto moral que lo hace superior a los otros; los victimarios. Así, todo lo que dice o hace es verdad y no necesita ser justificada. Con el martirio, viene la ciencia infusa y la sabiduría. La víctima es dueño de la verdad y el victimario vive siempre en el error, pero lo puede enmendar y volver a la gracia original si ingresa al bando del mártir, para en ese momento pasar él también a ser depositario de la vera doctrina.

4) La descalificación. El diálogo que conduzca al entendimiento de las razones del otro no existe. Sería “bajarse” a su nivel y claudicar a la condición de iluminado. Lo “políticamente correcto” es señalar que el otro no merece ninguna consideración y por lo mismo debe ser denostado. Es siempre el enemigo y en esa condición no merece más que el insulto. Los adjetivos se convierten en un “arma” fundamental y los seguidores de los políticos y líderes sociales aplauden con rabia la “valentía” de su guía moral.

5) La culpa la tiene el otro. Puede tener muchos nombres (gobierno, imperialismo, burguesía, iglesia, rico, periodista, funcionario, empresario, comunista…) y es el responsable de todos los males sociales, pero también de los errores del líder. Si no existiera el otro, que siempre es “malvado”, las iniciativas y proyectos, serían posibles, pero no se alcanzan porque éste se interpone y no permite se realicen. La autocrítica o el reconocimiento de las propias fallas no caben.

6) La irresponsabilidad. El político y el líder social tienen una “misión” histórica a realizar en su vida. A ellos les toca “ser” y todo lo que hagan o dejen de hacer está justificado. Nunca se hacen cargo de sus propios actos y tampoco están obligados a dar cuenta de los mismos. Se vive en un estado de gracia permanente que los exime de la posibilidad del error. Siempre existe la posibilidad de “depositar” en el otro las deficiencias personales. Nunca hay consecuencias por lo que dice o hace.

7) La discusión sin datos. El dato duro es irrelevante. La verdad se “posee” de antemano y no requiere ser probada. El político y líder social reclaman a sus seguidores “creer” en ellos y en su “verdad” como acto de fe. Si la realidad es otra a la por ellos descrita es problema de ésta y no de ellos. Los datos sólidos siempre son “falsos” si contradicen la que ellos dicen y “verdaderos” si les dan la razón. El criterio de verdad son ellos y no hay más. Los “datos” se construyen a su antojo, para darles siempre la razón.

8) El complejo de inferioridad. El país siempre está mal y todos los otros son mejores. Se compara de manera permanente al país, pero siempre eligiendo el dato que lo pone en desventaja. Se es incapaz de reconocer lo que se ha hecho y avanzado. Hay un “gusto” en aceptarse como inferiores a los otros. Los éxitos de otros países se magnifican y se ignoran sus problemas porque aceptarlo impediría el comparativo masoquista. En la “inferioridad se sienten cómodos y se asocia, forma parte de un todo, con la victimización.

9) El todo o nada. Si uno está en posesión de la “verdad” y representa los valores e intereses más nobles y el otro vive permanentemente en el “error” y es el representante del “mal” nunca están dadas las condiciones para hablar y negociar. Sólo hay lugar para el todo o nada. Si pasa lo primero se hace de la victoria que es propia de su condición de líder “justiciero”, si pasa lo segundo siempre tiene el recurso de hacerse pasar por víctima. La lógica es la de ganar o perder y nunca se ve la posibilidad, implicaría reconocer al otro como igual, la de ganar-ganar.

10) El futuro se niega. Hay un miedo paralizante al cambio. El futuro no existe. Se vive sólo en el hoy de la queja y el pasado idealizado que siempre fue mejor. Se celebra lo que se fue, pero se niega a enfrentar lo que viene. Hacer los cambios necesarios, implica vencer mitos e inercias. El dar vueltas en círculo sin perspectiva de salida se asume como virtud y destino. Se es “fiel” a lo ya conocido y se descalifica, incluso se combate, tomar las decisiones que mueva al país y lo empujen hacia adelante.

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