Cinque Terre

Melina Alzogaray Vanella

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Melina Alzogaray Vanella Lic. en Historia. Investigadora-creativa

Una mirada a la cultura japonesa a través del cine mexicano

Sábado 10 de octubre, 14:00 horas. En la Colonia Narvarte huele a chuletas de cerdo a la naranja con mostaza y arroz, y vino tinto. La mesa está servida. Tocan el timbre, llega Juan Carlos con su pata de palo (…) El tiempo transcurre y por fin se escucha un chiflido: es Mauricio con un parche en el ojo y cara de sábado. Comenzamos por mecernos en una violeta hamaca paraguaya, nos sumergimos en el mar; invocamos a la poesía y nos disponemos a rastrear una historia acerca de cómo unos jóvenes mexicanos, de 30 años, se aventuran a explorar Japón, vacían su yo, aprenden a contemplar -con ojos orientales- “el país del origen del sol”. Finalmente, después de una expedición de cinco otoños, resuelven forjar Interior-Exterior; un documental que ilustra las principales dimensiones a tener en cuenta para comprender la profundidad de la cultura japonesa: es una invitación a desarrollar los sentidos; viajar por el espacio y el cuerpo, por el tiempo; descubrir el lenguaje; percibir la subcultura y el mundo nuclear del Japón de postguerra; incluso nos recuerda la importancia de la pornografía como parte de nuestra identidad nacional. Interior-Exterior es una experiencia y se estrena en noviembre en la Ciudad de México. Nadie emprende este camino salvo el crepúsculo del otoño.

Me gustaría que cada uno de ustedes contara cómo es que llegó a ser quién es…

Juan Carlos: Pues creo que desde chico me di cuenta rápido que no por ir a la escuela iba a llegar a algún punto y; nunca me dio miedo lo desconocido en cuanto a viajar. Viajando vi y entendí muchas cosas de fuera y por eso busco las cosas que busco en mi interior. Fácil, mira: comencé trabajando en una productora, jalando cables, yo venía llegando de la ciudad y me fui a una ranchería de 100 habitantes y ahí es donde me di cuenta que había algo mucho más grande que la Ciudad de México, y se me quitó el miedo.

Desde entonces puedo ir a donde quiera.

¿Y tú Mauri… cómo llegaste a ser quién eres?

Mauricio: Creo que por mis papás. Por vivir donde vivía cuando era chico, en Campeche, y allí estaba siempre el espíritu gitano de mi papá. Creo que soy producto de la mezcla de ellos dos; o sea, de un pensamiento “cuasi masón” de mi papá y uno muy cristiano de mi mamá, ella es pedagoga experimental. La relación que siempre tuve con el arte, la literatura, los cuentos de Horacio Quiroga, la selva, convivir siempre con un universo mágico: una ciudad amurallada llena de piratas… Y mi relación con el cine empieza también desde ahí, no en el medio tradicional pero sí en la forma de vivirlo. Y la poesía es algo que me interesó desde muy chico, tengo memoria de escribir desde los 6 años, versos a la madre y cosas así.

¿Qué es para ustedes el cine, cuál es su concepción?

Juan Carlos: Después de pensarlo mucho creo que el cine está hecho para un espacio, la proyección y el impacto te cambia porque es un elemento de comunicación muy fuerte y muy peligrosa también. Es tan impactante la repercusión en una persona que puede caer en la trampa de creer el tamaño de las cosas que ve y escucha.

Mauricio: Para mí el cine es la relación más directa que he tenido con la magia y creo que cumple una función tribal; que es la de “estar todos sentados en la oscuridad mirando el nacimiento de nuevas imágenes”. Como un fuego, pero para mí conjuga “fuego y chamán”, las dos cosas en un acto. Entonces, en ese simple acto de observar las imágenes, creo que lo que sucede en el espectador es la magia que revela otros mundos que no podemos ver o no podemos comprobar pero que sí habitan en nosotros ya que en ese acto se amplía nuestro imaginario. En ese sentido creo que el cine es un umbral entre mundos. El otro día estábamos viendo un video y a mí se me quedó grabada una frase: “Las imágenes son los vestigios de un mundo destruido y nosotros somos sus únicos discípulos”. El cine es un acto mágico y como tal tiene el poder de transformar la conciencia de todos los que están allí.

¿Y qué es lo que a ustedes los motiva a hacer cine?

Mauricio: Pues a mí… el viaje. Creo que es algo en que los dos coincidimos muy cabrón, el hecho de estar siempre descubriendo, alguna vez nos hemos planteado si realmente queremos hacer cine o es un pretexto para viajar. La frontera es muy confusa y el viaje es una adicción muy cabrona. Sobre todo porque a mí me gusta concebir la vida, pues hacerla una obra de arte. Y el viaje para mí es esculpir un rostro que puede quedar más profundo cuando estés viejo. ¿Qué más me motiva? Pues personalmente unas necesidades vitales como el de estar todo el tiempo inmerso en procesos de abstracción… es mi forma de conectarme con el mundo o de hacer un puente entre mi mundo interior y mi realidad: ustedes, la gente, mis amigos, la calle.

Juan Carlos: Bueno, justamente te decía que de repente me di cuenta que el mundo es más grande y entonces comencé a viajar mucho por todo el sur del país, tenía una frase que era “Hay que verlo todo” e iba a ver cualquier clase de película, hasta la peor. Pero entonces maduré y conocí el documental. El haber comenzado a estudiar comunicación social me metió en todos los sitios y utilizaba las imágenes para una cosa. Pero luego hubo una oportunidad, la neta, cuando viaje por primera vez a Japón y me di cuenta por qué chingados, allí sí encontré motivación, en el viaje… no hay más. ¡Es que no hay más! Indudablemente Interior-Exterior nace de una obsesión ¿Cuál es esa obsesión?

Mauricio: Para comenzar Interior-Exterior no se hace con una obsesión sino con la mezcla de muchas obsesiones. Incluso no hubiera sido posible sin “la obsesión de los artistas mismos” que por lo menos, en este caso, y por lo menos para nosotros generan un respeto profundo como el obsesionarse por la guerra de tu país durante por lo menos 50 años y ser consecuente con eso, no debe ser nada fácil. Pero en mi caso la obsesión más formal, tiene que ver con el lenguaje. A mí Interior-Exterior me llevó a una reflexión sobre el arte y el lenguaje, que fue lo que detonó el proyecto. Y tiene que ver también con el ideograma chino, con el sistema de pensamiento que se da a partir de un sistema de escritura fonético y un sistema de escritura ideo-gramático (dibujos). De hecho la pregunta que nos llevó a Japón fue: ¿este tipo de pensamiento ofrece distintos niveles de abstracción? Son dos símbolos copulando para generar una emoción compleja. En occidente que tenemos el alfabeto griego, salvo en el arte, sólo nos queda con la poesía entenderlo. En los mayas y en muchos tiempos de civilizaciones existía este tipo de representación del pensamiento; entonces básicamente la pregunta era ¿estos artistas que entienden el mundo así, qué tipo de arte crean, cuáles son los procesos mentales que se dan al interior de un individuo que concibe el mundo con un lenguaje más abstracto? Nosotros nos planteamos usar el arte como lenguaje y a partir de eso hacer un acercamiento hacia una forma distinta de plantearse una sociedad.

Juan Carlos: De plantearse la vida. Me acuerdo cuando vine de Oaxaca y este guey me invita a hacer este proyecto. La verdad jamás podría haber imaginado que iba a suceder. Para mí fue un reto muy grande porque mi formación es de administrador y no hay nada más en el planeta que la administración japonesa. Lo curioso es que un día fui a la embajada de Japón con el agregado cultural que era un japonés a toda madre, y yo llegué con el proyecto súper bien escrito y él me dice: -muy bien, te felicito. ¿Pero dónde está?- y yo -¿Cómo?- y él- ¿Dónde está güey, dónde está esta madre? ¡No la veo!- y yo- Es que le estoy diciendo que vamos a ir a filmar- me dice- ¿Tú eres tigre, verdad? ¿Y dónde está el tigre, güey?- Y eso me picó mucho, entendí en ese momento qué son estos cabrones, se prueban a sí mismos muy rigurosamente y quise competir (risa siniestra), quise darles pelea. Y la verdad es que estuvo chido, porque si bien yo en mi cabeza genero un sistema exactamente igual al de esos cabrones; pues ya en la práctica entra el sabor latino. Pero igualmente todo lo que humanamente se podía hacer, se hizo. Esa fue mi obsesión.

¿Y entonces cómo es que Interior Exterior llegó a ser lo que es?

Mauricio: Puta, pues con un chingo de pelea, fue bien difícil porque cada uno tenía una idea de cómo hacer las cosas y teníamos un chingo de fe y confianza y mucha seguridad, que es nuestro defecto y nuestra virtud: creo que si no hubiera habido ese arrojo no hubiéramos terminado. Fue un proceso muy largo y creo que eso fue determinante para. En este círculo hay una necesidad de validación del yo constantemente, sobre todo en una sociedad capitalista y mexicana, en el mundo del arte y del cine, la gente está muy ávida de exhibirse y en ese caso fue completamente al revés, nosotros queríamos mostrarlos a ellos, a la cultura japonesa. En los procesos largos tú cambias, y en el resultado se ve la transformación de un proceso de vida.

Juan Carlos: Es que la filosofía nace del diálogo, el entendimiento del mundo nace de allí.

Mauricio: Y entonces tuvimos que andar todos los caminos posibles para encontrarla. Y como teníamos una propuesta muy extraña nos preguntaban si lo íbamos a mostrar en museos, en el cine o en la calle. Y nosotros queríamos mostrarlo en todos lados.

Juan Carlos: De hecho cuando nos dimos cuenta de ello, fue cuando nos liberamos. ¡Vamos a hacer lo que queramos! Allí viene la “evangelización del proyecto”.

Mauricio: Lo interesante del documental para mí, son las preguntas que arroja, que abre un espacio de reflexión. Y si el trabajo lo detona cumplió nuestros objetivos. Nuestro reto final fue crear a partir de la abstracción en el pensamiento japonés, crear con toda esta información un lenguaje poético y emotivo y con toda esta abstracción algo muy emocional. No qué se entienda, qué se viva. Llegó este pensamiento a mí y me tocó traducir a estos japoneses.


¿Por qué Japón?

Mauricio: Lo que determinó que fuera Japón fue un libro de Einsteteyn sobre el lenguaje y el cine. Él reflexiona sobre su viaje a Japón y queda impresionado por la cultura representacional japonesa y entonces explica la existencia de los ideogramas copulativos para representar algo que es técnicamente irrepresentable. Este señor es el padre del lenguaje en el cine, y en el cine el montaje es lenguaje: la yuxtaposición de las imágenes, lo que lo eleva a un nivel de lenguaje, porque antes sólo son representaciones. Los grandes maestros del cine son los que reforman el lenguaje del cine: Histchkok, Tarkovsky, Kurosawa, Kubrick, Herzog… hay un chingo. La cuestión es que este güey al ir a Japón se da cuenta que ellos han inventado otra forma de comunicación, entiende que el haiku es montaje, y es entonces la base del cine.

Juan Carlos: “Nadie emprende este camino salvo el crepúsculo del otoño”, con ese haiku nos presentamos ante uno de los artistas japonéses entrevistado, y de hecho todos los viajes que hicimos a Japón fueron siempre en otoño.

¿Qué es lo que quisieron decir con Interior-Exterior?

Juan Carlos: Ese fue motivo de muchas batallas pero justamente cuando discutíamos el final que ya estaba montado, pensábamos: -¿será o no será?-. Y la verdad es que toda la información que recibes en la película es difícil digerirla en una hora y media. Creo que si al terminar, te parás con una sensación de “movimiento”, ya está logrado nuestro mensaje.

Mauricio: Los conceptos que explica el documental hacen pensar sobre ideales estéticos y los estados de belleza están relacionados directamente con estados de libertad del individuo. Entonces, si una sociedad no se pregunta sobre sus ideales estéticos hay un problema de identidad y eso sin duda tiene que arrojarte a lo más profundo sobre ti mismo. Y obliga a preguntarse si se tienen claros los ideales de belleza o se están importando. Eso es como la racionalización de la poesía, un símbolo de calvicie en una civilización, o de pubertad.

¿Y tú Mauricio, como director, cuáles fueron los principales desafíos que t uviste que sortear?

Mauricio: Mi ego. Yo iba contra la película todo el tiempo… mi caos. Aunque yo no sé si soy el director como tal, no trabajamos así. Yo voy y me comporto como un niño caprichoso que quiere sus imágenes y hace lo que sea por conseguirlo: a veces seduce y a veces grita. Y estoy a mi lado con otros amigos que no hacen cine sino que están locos y lo hacemos mal. El principal reto como director fue tratar de asumirme como tal. Pregúntame en 5 años y ya te podré decir si soy director.

¿Cómo productor Juan, cuáles fueron tus desafíos?

Juan Carlos: Él ya dijo algo de los desafíos (risas). Mi parte es “ir a la tiendita y comprar los materiales”. Creo que mi mayor desafío y lo que más me hizo crecer fue cambiar mi concepción rígida de “cómo hacer las cosas”. En algún punto me quebré absolutamente y tuve flexibilidad, esa fue una lucha muy personal. Aceptar mi soberbia. Porque lo de los caprichos… el arte es caprichoso… ¡Así que no hay pedo!

¿Y cuán cerca pudieron llegar de lo que querían?

Juan Carlos: Se tiraron muchas ideas y si bien no llevamos a cabo todas las que quisimos, llegó un punto en que la producción era ilógica. Por ejemplo tuvimos la oportunidad de entrevistar a Araki pero puso la condición de que invitáramos la peda y era muy caro, no podíamos, pues no hay los recursos y no lo hicimos. No pasa nada.

Mauricio: Fue muy extraño saber que yo no soy nadie y tengo una idea que me permitió abrir una puerta a lo que la gente llamaba “primer mundo” o algo muy lejano y es el ejemplo de que una buena idea te lleva a todos lados. Como entrevistar al arquitecto japonés más importante del siglo XX, nada más ni nada menos, sus edificios van a ser ruinas desde donde se va poder reconstruir el pensamiento japonés en un milenio, eso es lo valioso, y en el futuro probablemente esos edificios estén bajo el mar pero van a sobrevivir. Que alguien de ese tamaño por el sentido de las preguntas que le estás haciendo, por tu presencia y energía acceda a colaborar y a brindarse todo, no es cualquier cosa. O la entrevista con la maestra que ofrece la concepción femenina del espacio. A mí por lo menos como director me deja hinchado de vida.

¿Qué significa para unos cineastas hacer su primer largometraje?

Juan Carlos: Lo que más gusto me da, es que la que sigue va a quedar chingona. Yo creo que vamos a ser muy felices haciéndola. Aprendimos mucho, hay muchas cosas que ya no vamos a hacer, otras que sí. Lo más chingón de haber terminado uno, es que podemos hacer más.

¿Por qué el título Interior-Exterior?

Mauricio: Por la respiración, por ese ejercicio que significa inhalar y exhalar, la manera en que el ser interior se expande en el espacio abierto. Es una puja entre estímulos internos y concepciones externas. Es muy genérico, podría haber sido otro nombre pero se lo pusimos y así se fue conformando.

¿Creen que pertenecen a una generación, podrían definirla?

Mauricio: Pues sí y no. Desde la parte más optimista creo que pertenezco a una generación de güeyes muy “copados”-en términos argentinos-, muy revolucionarios; y no sé si tiene que ver con una cosa generacional o de identidad nacional. Veo cosas interesantes que me vuelan la cabeza y cosas muy aburridas. Pero también veo un momento histórico muy cabrón y el lugar donde me tocó estar; y nos guste o no: pertenecemos a una generación. Por tanto lo que hagamos con el arte va a determinar muchas cosas de los próximos 30 años en México.

¿Creen que son unos visionarios?

Mauricio: ¿Nosotros…?. ¡A huevo! Somos unos comedores de hongos (risas) ¿Visionarios? Pues sí, la neta sí. No como tales, pero si nos gusta la idea del pirataje en el mar abierto. El espíritu del pirata y del visionario no es una respuesta; sino que es una actitud, en ese sentido sí, la actitud de siempre querer avanzar y conocer qué es lo que hay más allá…

¿Por qué creen que el cine es el arte más popular?

Mauricio: Porque es un entretenimiento muy cabrón, tiene que ver con aquello de que es un acto mágico, creo que es un lenguaje muy primitivo… Es un ritual al que la gente se entrega, un ritual distorsionado en contenido y en muchas formas patéticas como el que “te atiendan”. Pero lo profundo de eso es la inmersión sucesiva de imágenes al subconsciente y el estado de receptividad que tienes ahí.

Juan Carlos: Cuando vas al cine estás entregado, disponible, vendido.

El cine está compuesto de varios elementos: guión, imagen, sonido, foto, etcétera. ¿Cuál de estos elementos predomina?

Mauricio y Juan Carlos: (A coro) El sonido.

Mauricio: Porque el sonido es una experiencia que no alcanzas a racionalizar, somos “criaturas de ver”, a las imágenes las podemos ver y estar relacionados con ellas, pero tenemos prejuicios sobre las imágenes, son muy determinantes. Sin embargo el sonido -como estamos tan preocupados por usar una parte solamente del cerebro- sigue siendo completamente emocional y entonces los estados que alcanzas no son procesados. Y hago hincapié en el sonido por la poca importancia que se le considera: 80% imagen y 20% sonido; y esa es una de las concepciones que me interesa mover porque el cine no es una narración. El cine se tiene que plantear más allá de una narrativa convencional, es una experiencia que te permite estar en otros estados y entonces debería valerse de sus recursos más potentes y el sonido es muy definitivo. Como el mantra final de Interior-Exterior. Lo hacemos como un experimento que le permita a la gente acercarse a un estado de trance. El cine como “experiencia total” debería lograr que el sonido se vuelva imagen y la imagen sonido.

Estos elementos de los cuales hablamos, en su conjunción generan un lenguaje cinematográfico. ¿Creen que el cine mexicano tiene un lenguaje propio, un lenguaje en formación o es una burda imitación de otros estereotipos?

Juan Carlos: En su mayoría sí es una burda imitación, que en realidad no es una imitación, es una aspiración. Mauricio: Forma parte de esos valores de la vida moderna que es “la aspiración a ser” y estar sostenido en un estado de estatus que te lleva a una frustración. Y entonces los cineastas de México quieren “ser algo”, siendo optimista encuentras un montón de expresiones bien auténticas pero no están cerca de los reflectores. Tiene que ver con el modelo y la estructura cultural que determina qué tipo de cine se enseña en las escuelas de cine, de las cuales se gradúan 12 personas por año. Y también tiene que ver en cómo se determinan los apoyos al cine.

Juan Carlos: Me acuerdo de Herzog cuando dio su discurso en la Universidad de Guadalajara y dijo: “Para que el cine mexicano funcione, tiene que alejarse del modelo Hollywoodense y empezar a hacer sus propias historias, de otra forma está perdido.” Y la gran mayoría están queriendo hacer “cine a lo Hollywood”, mira las ficciones. Y esa es la imaginación de los cineastas, yo no digo que sean incapaces -ese es otro tema- sino que hay un poco de confusión, nada más.

Mauricio: Sin embargo yo también encuentro muchas joyas como la película de Pedro González Rubio: “Alamar”; sientes que allí hay una búsqueda, allí hay un estilo distinto de hacer cine. Y otras que son francamente una tomada de pelo. El cine no es sobre historias, el cine es sobre miradas y esa es una diferencia muy cabrona. Y en vez de estimular el desarrollo de una mirada distinta, lo que único que hacen es sostener una estructura probada.

Juan Carlos: Por eso aquí nos decían: -Muy buena tu idea pero, dónde está México?-. Porque lo fácil es hablar de México pero por qué no hablar del mundo o de lo que sea!

Para finalizar, ¿cómo creen que será el cine del futuro?

Juan Carlos: Si yo no sé cómo va a ser “mi cine” en el futuro, cómo saber cómo será el de los demás. No somos viejos, somos jóvenes, pero los chavos ya están completamente en la digitalización, y esa madre es peligrosa: les hace perder el rumbo de lo importante. Piensan que por tener una buena cámara harán buen cine.

Mauricio: Vean a David Linch! el cine con celular no es cine. Bueno sí es cine, pero no. Hay que cargar la cámara como un hombre que trabaja en la construcción. La fotografía yo la entiendo como un desarrollo tecnológico natural de la obsesión del hombre por capturar el tiempo y el espacio, el hombre está tan obsesionado con eso que utiliza su pensamiento para desarrollar una tecnología al servicio de su obsesión. Pero no hay que olvidar que logra este proceso a partir de concepciones de alquimia, magia y tecnología. La fotografía esconde fuertes procesos alquímicos, literalmente es la copia de un proceso de transformación energética, es pintar con luz, obtienes un negativo de la imagen de la realidad, no obtienes la realidad. Más bien obtienes “lo que la realidad no está mostrando”, obtienes lo que un rostro refleja de luz y es capaz de quemar en un sustento químico, y al revertir eso -en otro proceso químico- emerge la imagen. Y ese entendimiento se está perdiendo, la gente está pensando solamente en las imágenes, consumiendo imágenes, construyendo imágenes sin pensar en ese proceso. Cuando se pierda ese proceso -en 500 años- va a ser inimaginable reconstruir, va a perderse ese misterio. La imagen va a volverse Dios y va a perderse la magia. Yo no sé cómo va a ser el cine, pero si podemos dar cuenta de algunas inercias de consumo y de narrativas que nos permite proyectar el futuro sólo mirando hacia atrás, entonces ésta es una etapa muy fértil y muy riesgosa, de hecho ya es siniestro.

¿Cómo es su mundo interior?

Juan Carlos: ¡Órale, que pregunta! (Espacio de un prolongado silencio) Ya me lo pensé. Mira güerita, no sé bien cómo responder eso pero ahorita cuando me preguntaste se me vino a la mente el momento cuando leo. Pienso que mi mundo interior es como un libro, y bien novelesco.

Mauricio: Es muy complejo, porque es responder desde la parte más íntima, más vulnerable: desde el enamoramiento infantil, desde el estado de lujuria paternal, la búsqueda obsesiva de un estado poético, la búsqueda de intoxicación, la rebeldía constante, la utopía como un estado de andar. Es esa idea de que el tiempo corre realmente hacia atrás y que estamos configurando apenas un rostro de nosotros mismos. Creo que yo podría hablar un chingo sobre eso, pero no sería tan potente como si no estuviera y alguien tendría acceso a mí espacio vital -me parece que eso no tendría que suceder nunca porque es muy peligroso. Pero ahí podrías entender una parte, pero imagínate que entender el mundo interior de una persona te puede llevar una vida y luego darte cuenta que estuviste confundido. Es cómo estar buscando ese claro en el bosque que nunca vas a encontrar, esa obsesión de la ciencia de buscar siempre una gota de mercurio en un lago.

Me gustaría pensar que mi mundo interior -que tengo muchos- me gustaría abrirlo sólo a pocas personas, casi quea muy pocas, casi que podría que pensar que una. Y la otra es el trabajo, creo que el trabajo va a terminar hablando por mí. Porque Interior-Exterior es una cosa, ni siquiera sé si sea de lo que más orgullosos nos sentimos profesionalmente, es un reto. Pero hay otras cosas que nos hacen sentir bien vitales y a mí me gustaría que se viera “un bien conjunto” que demuestren al final esto de lo que hablábamos: un negativo de la vida que le corresponde a cada persona revelar.

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