Cinque Terre

Marco Levario Turcott

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Director de etcétera

Un voto en favor de la izquierda

La entrevista de Ariel Ruíz a Carlos Illades, que publicamos en este número, afianza nuestra convicción no solo de que la izquierda es un pilar central de la transición y la consolidación democrática mexicana sino que, tal como plantea Illades, desde ese campo ideológico puede haber una revisión autocrítica que lo renueve en planteamientos programáticos.

Para desmenuzar las dimensiones de un esfuerzo político de ese tamaño vale la pena aludir a las izquierdas, es decir, al campo policromático desde donde se gestan aspiraciones de equidad e igualdad social. En consecuencia nadie, en el nombre de lo que sea, puede erigirse como su auténtico representante.

Hablamos entonces de la izquierda capaz de valorar su centralidad en la transición y consolidación democrática. Por ello se comprende a sí misma como parte del intercambio público y no como el todo, lo cual le significa mirar a los otros que sostienen planteamientos e intereses distintos e incluso contrastantes desde la perspectiva de construir acuerdos. En esa óptica, por cierto, la izquierda podría desechar la primitiva concepción de que entenderse con el adversario es un acto de traición. Por ello, valoramos el aporte que el PRD ha hecho en la ruta de reformas en que se halla el país. Su contribución a la reforma de la radiodifusión y las telecomunicaciones fue decisiva.

La izquierda tiene severos problemas cuando se entiende como la sola encarnación de “los valores o la defensa de la patria”. De esta manera se extravía en frases generales cuando no demagógicas, además de ubicarse a la deriva de los pactos entre los actores políticos que de todos modos ocurren (y qué bueno, en el terreno de la política son de lo más natural tal actitud puede subrayar su “pureza” pero sobre todo deviene ineficaz, un actor testimonal que no presenta ni pone en juego propuestas sino solo protestas. Por ello es que coincidimos en más de un sentido con las consideraciones del diputado Fernando Belaunzarán hechas en la charla con Ruth Esparza Carvajal.

Los editores de esta revista consideramos que las posturas de Illades y Belaunzarán soportan la necesidad de una discusión intensa y franca desde el campo de las izquierdas, con la mira de traducirlas en prácticas e ideas programáticas (lo que incluso les permitiría diferenciarse entre sí más allá de las descalificaciones). Como dice el autor de “La inteligencia rebelde”, la izquierda hizo un aporte intelectual fundamental en el siglo XX mexicano y buena parte de su contribución aún es vigente. En suma, durante 2014 esperamos algidez en el debate incluso entre las izquierdas mismas y en esa dinámica esperamos que, desde su propia tradición, tal y como plantean los dos personajes entrevistados, ese referente al que nos adherimos salga fortalecido.

Votamos, entonces, en favor de la izquierda moderna que no se autoconsuma en los traumas de las derrotas electorales (o que en sus cuestionamientos a los resultados de las urnas no teja su único capital) sino que valore sus propios avances en esa misma ruta, la electoral, como oportunidad para incidir en los procesamientos públicos que soporten el desarrollo de la economía y las finanzas, del empleo y la educación, y sea garante de derechos clave así como de la generación de otros tantos derechos circunscritos a las minorias, al aborto o a la legalización de la mariguana, por ejemplo. Si hay una conjura que explica la marginalidad de Morena es aquella fraguada desde ese mismo movimiento para no salir de su ostracismo.

Si la caída del Muro de Berlín o los fracasados (y traumáticos) intentos socialistas en Europa del este y América Latina han significado la pérdida de referentes, creemos que vale la pena derribar desde la izquierda nuestros propios muros: emprendamos la denuncia de la antidemocracia suceda en el lugar que sea (en Cuba o en España, en Venezuela o en Rusia antepongamos las libertades. En ese camino construyamos la urdimbre intelectual suficiente para participar de un aporte civilizatorio que consolide los valores de la democracia y establezca la posibilidad de una ruta distinta a la emprendida por el llamado neoliberalismo. En México ya será un avance comprender que tal esfuerzo no dependa de un caudillo.

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