Cinque Terre

Salvador Quiauhtlazollin.

Un sexenio de rock en México: 1982-1987

Hace un cuarto de siglo, inició el sexenio de Miguel de la Madrid Hurtado, calificado por muchos de “gris”. Disiento de este calificativo. Veamos: en dicho sexenio una pujante sociedad civil tomó su lugar, las fuerzas políticas se redefinieron, la lucha estudiantil y social triunfó, dos veces se saltó el escollo de crisis económicas bestiales (en 82 y 87), y dentro del gabinete hubo hombres (pocos) que aún creían en el proyecto nacional. Sin embargo, para los jóvenes fue un sexenio de incomprensión, cerrazón y represión. Y eso lo sufrieron al doble los seguidores del rock y los que se identificaban con las causas populares, como el que esto escribe, en ese entonces un escuincle chilango y clasemediero muy consentido.

El presente texto lo escribí a inicios de junio de 1988, estudiando en la Facultad de Derecho. Lo hice en los tiempos libres que me dejaba la campaña cardenista. El lector verá que tiene un tono localista, ingenuo y subjetivo, pero no quise modificar su sentido, y se presenta prácticamente tal cual, con sólo algunos cambios sintácticos. También dejé las citas de entrada y salida de cada año: la lírica potente de una canción representativa. Cierto, se nota la furia y la depresión adolescente, pero eso le dota de cierta candidez.

Una advertencia: a muchos les parecerán ciertas citas musicales anacrónicas. Pero hay que recordar que en ese entonces (y ahora, pese al optimismo calderonista), México pertenecía al Cuarto Mundo, y los discos nos llegaban con un año de retraso, si es que nos llegaban. Muchos de mis puntos de vista han cambiado (por ejemplo, ahora Thriller me parece un discazo y las Flans encantadoras). También hice cambios en mi vida que jamás me imaginaría (fui VJ del Magic). Pero como anoté anteriormente, no quise modificar mi rabia existencial.

Como podrá ver el lector, respecto al rock mucho, muchísimo, ha cambiado: los conciertos son constantes, los discos fáciles de conseguir (aunque estúpidamente caros), la represión ha refinado sus técnicas y después de que el video mató a la estrella de radio, la red y el iPod mataron al video. Pero la constante, desde hace 25 años, es la extrema jodidez de este país.

Bienvenidos, hijos del rock and roll: el De Lorean alcanzó las 88 millas por hora, y hemos regresado dos décadas y media al pasado. La aguja ha tocado el acetato. Escuchemos….

1982: The heat of the moment

And now you find yourself in 82

The disco hot foot’s hold the jump

For you

You can’t concern yourself with bigger things

You catch and pull a ride on the dragon’s wings.

Cause it’s the heat of the moment…

Asia

Pongámonos en ambiente. Se están viviendo los últimos momentos de auge de la música disco. Travolta es un perfecto desconocido y en las discotecas los acetatos de Donna Summer se entelarañan. Cierto es que todavía algunos chavos bailaban esta música, pero no eran los fresas que se la reventaban en el Quetzal (la zonarrosesca disco preferida por la juniorcracia post lopezportillista), sino la muchachada de colonias populares, que con el tiempo conformaron las huestes del sonido Polymarchs (“el reducto mas naco de los nacos, o sea ¿no?”).

La situación económica es crítica. Mientras un señor defiende el peso como un perro, nosotros defendemos también, con raquíticos resultados, a la manifestación de energía juvenil más fregona del siglo: el rock. La defensa era contra todos los que pretendían acabar con el rocanrolito, desde las autoridades hasta el mismo diablo (fuera de desmadre: yo enfrenté una estúpida campaña que pretendía la existencia de satanismo en el rock. Mis discos de Beatles y Queen fueron secuestrados, por mi mamá [asidua fan de Nuestro hogar], que prometió devolvérmelos cuando se aclarara cómo el Chamuco se había posesionado de los acetatos y ejercía su influencia sobre la inocente mente de los jóvenes. Después de mucho forcejear [¡soy satanista!, ¡soy satanista!] y sin averiguar si Lucifer era o no autor de las canciones, recuperé A night at the opera y Revolver. In nomine patri, filli et spiritum sancti, amén).

En 82 se hace conciencia del concepto banda (aunque la banda jamás se ha considerado a sí misma ni consciente, ni concepto, ni jaladas por el estilo). En efecto, la banda encuentra que no todo es el desmadriux ni el chemo: la onda, el verdadero refine, está en la unión y la organización, en sentir el apoyo de un grupo que lo mismo esta presente en el agandalle, tomando chelas, ligando morras, cascareando, y a veces (muy a veces), estudiando y trabajando. Definitivamente la banda no nació para dar lástima, la banda, como inconformidad concreta, lastima.

El acervo fílmico se pierde irresponsablemente en el incendio de la Cineteca (adiós adorada copia del Monterrey Pop la fresada, siempre a la moda, utiliza (más que usar) playeras de rayitas horizontales y pantalones de mezclilla de muy visible “marca” (incluso el diseñador Sergio Valente se avienta el puntacho de poner en su logotipo un retrato de los usuarios de sus jeans). “No one like You” pega duro en la radio y los Scorpions nos ayudan grueso para olvidar que ya nos saquearon, pero que no nos volverán a saquear.

Los cafés donde se podía escuchar rock prácticamente se han desaparecido, los tres o cuatro que sobreviven lo hacen bajo constante zozobra; las autoridades, que aún no se recuperan de la impresión de ese fatídico 17 de febrero (qué pena, justo ahora que estábamos acostumbrándonos a administrar la abundancia), no cejan en su empeño reprimir y mediatizar todo lo que huela a juventud que esté diciendo-hacien-do-algofuera-del-CREA.

El rock se refugia en el hoyo fonqui que como ataúd blindado sirve de refugio a quienes todavía quieren oír al Three souls in my mind, a los viejos Dug dugs, a los Nacientes rupestres o a Naftalina.

En la radio (FM, por supuesto), la W de Luján empezó a meter buen rock muy en serio mientras la AM

se mantuvo en su estulticia habitual y estática de la que apenas comenzó a salir en 87. Se vuelve a oír a la ruquísima Steve Miller Band tocando Abracadabra a ritmo de mago, el ojo en el cielo de Alan Parsons observa lujuriosamente a Blondie dejando de romper corazones y cediéndole su sitio a la feminista pégame con tu mejor tiro Pat Benatar.

Billy Joel se mantuvo en su querido “Allentown” bajo presión,Boy George pregunta si verdaderamente quieren lastimarlo, Led Zeppelin epiloga su carrera con Coda y los Rolling se encienden. ¿Lo no apto para menores de 1982? ¡Asia!

¿El rock nacional? En el hoyo, al igual que el país y un ex presidente.

Yo tocaba con los Sinners del Ritmo

Luego anduve de mojado

Pero ya soy gente seria, con casa y familia

Y hasta estoy pagando un refrigerador.

Naftalina

1983: Don’t let it end; I’m wrapped around your finger

I am the Modern Man

With this guitar in hand

I’ll do my best and try

… Keep it alive

… Keep it alive

… Keep it alive…

Don’t let in end…

Styx

La bandera de México ardía, sus cenizas flotaban en el Azteca sobre las cabezas de los fanáticos que veían frustradas las esperanzas que Televisa les avivó (“si México gana por diferencia de dos goles, pasamos a la siguiente ronda”), al golear Escocia a la selección juvenil. Mientras la pérdida de un juego por la pérdida de la Selección Juvenil se convertía en tragedia nacional (aun más que el rostizamiento de las ricas piernas de unas chamaconas por efectos de globos de helio prendidos por irresponsabilidad el rock pasaba por un periodo de tranquilidad (si es que puede haber tranquilidad en el rock).

La crisis se expande, aunque sus efectos todavía no se dejan sentir en una exagerada inflación, la renovación moral avanza, se juzga a Díaz Serrano y se gira orden de aprehensión contra Durazo. Los cafés dejan de ser molestados por las autoridades y truenan por falta de iniciativa, el hoyo fonqui sigue siendo el mejor sitio para disfrutar del rock (pues prácticamente es el único), y algunos grupos como Botellita de Jerez y Las insólitas imágenes de Aurora se animan a consolidarse. La banda toma cada vez más fuerza, los Panchitos hicieron suya la atención de la opinión pública, los dragones se multiplicaron en las esquinas y la fresada vivió a través de Cablevisión el boom del videoclip.

En el cine se estrenó comercialmente Pink Floyd The Wall de Alan Parker, con el tronadero hasta los que no se dieron su toque se sintieron confortablemente insensibles.

A Coyoacán llegaron los tanques y ¡uh! los Rolling Stones. Sus Satánicas Majestades filmaron en México el bélico video para promover “Undercover of The night”, y mientras en las cárceles de Sudamérica la lengua opositora de 100 mil desaparecidos era cortada por la policía del sexo; en otro sitio el sedicente periodista Mick Jagger era ejecutado cruentamente por el guerrillero Keith Richards:

1983: Heard the screams of Centre 42

Loud enough to bust your brains out

The opposition tongue is cut in two

Keep of the streets because you’re in danger

One hundred thousand disparus

Lost in the jails of South America

Cuddle ups tight, cuddle baby

Keep it all out of sight

Undercover of The night

Rolling Stones

El video fue finalmente prohibido en la MTV por su alto contenido de violencia, pero por lo menos nos permitió oler y palpar a los Rolling y repudiar conjuntamente la invasión yanqui a Granada.

En la ciudad las fiestas se multiplican en razón inversa a la que se cierran discotecas. En éstas últimas, la fresada, ya vestida con ropa “Aca” (favor de agregar una N al principio) meneábase al ritmo de: “Hey, Mickey, I can’t take my eyes of You, I’m hungry like a wolf and The kid is not my son!…”. Realmente nunca han tenido buen gusto los fresas en lo que bailan.

Pero que hubo cosas que valieron bastante la pena, ni duda. Mientras los fans de Radio Felicidad escuchaban la fase escuincla de Luis Miguel (en el día) o de Parchís (en la noche) o algo igual de vacío, los rockeros escuchaban a Toto y las fabulosas “África” y “Roxana” que llegaban con un año de retraso, a la J. Geils Band en concierto, el Let’s dance de David Bowie, el hombre que cayó a la tierra (por cierto, un video desprendido de este álbum, “China girl”, fue prohibido en EU, y por un milagro inexplicable lo vimos en la televisión mexicana). Asia volvió con “Don’t cry” (rola clase Alpha dedicada a…) y “The smile has left your eyes” (el video de esta canción tuvo suficiente cursilería para hacerme llorar), The final cut de Pink Floyd (we don’t need no education) rompe conciencias con un regresivo resumen de la Guerra de las Malvinas, y Yes (sí, Yes), regresa con “Dueño de un corazón solitario” (siempre preferible a un corazón roto).

¿La neta de 83? Sin duda alguna Synchronicity de Police, el mejor disco del primer lustro de los 80.

Synchronicity es la vida adolescente, o la adolescencia de la vida de esta década.

Devil and the deep blue sea behind me

Vanish in the air you’ll never find me

I will turn your face to alabaster

Then you will find your servant is your master,

And you’ll be wrapped around my finger…..

Police

1984: We’re not gonna take it (that Authority song)

We’re got the right to choose and

There ain’t no way we’ll lose it

This is our life, power that is just

Don’t pick our destiny cause

You don’t know us, you don’t belong

We’re not gonna take it

No, we ain’t gonna take it

We’re not gonna take it anymore.

Twisted Sister

Las fiestas fueron en 1984 el lugar común para disfrutar del rock. De manera rápida que se aceleraba la crisis, la separación tácita y contundente entre clases se hacía más notoria. El hoyo fonqui se transforma (o termina de transformarse) en hoyo punk, la banda se anima a salir de las colonias populares y hace de la cuidad su territorio. Televisa se dedica a engrandecer la figura de Michael Jackson, mientras la radio no deja de joder con sus canciones (en la ya desaparecida Pantera pasaban cada media hora una canción del bastardo negro blanqueado, prácticamente todo el nefasto Thriller y además los números de cuando en cuando era un chavito de nariz chata que todavía no soñaba en traicionar al black is beautiful).

Desde A toda música y Video rock pudimos ver la explosión del videoclip con un año de retraso, pero verla al fin y al cabo. Algo de lo que pasó de la caja idiota al recuerdo: Génesis pasaba pobreza en “That’s all”, Queen regresaba a la Metrópolis de Fritz Lang, Paul McCartney fumaba en las trincheras la pipa de la paz, David Lee Roth saltaba en un video que sorprendía por su baratura y además por su excelente factura, además de contar con la mejor caracterización de niño tarado por parte del niño genio, Eddie Van Halen. Wham! Bailaba con luces ultravioletas, Bruce Sprinsgteen lo hacía en la oscuridad, Wang Chung en un elegante salón y Elton John prefería la Costa Azul desde donde gritaba I’m still standing. Duran Duran hace el mejor video en concierto (The Reflex), “Come Dancing” de The Kinks es la rola más nostálgica, las GoGo’s son encantadoras y el video de Ghostbusters resulta más emocionante que la película. Entre todos los videos, el mejor del año fue sin duda You might think de The Cars. La clase media, como se dijo, encontró en las fiestas el lugar ideal para escuchar el rock. No pasaba semana sin que el sábado fuera de reventón, sábado en la noche hecha para rocanrolear, todos como huracán.

En 84 el metal pegó duro, desde rolas ultra prendedoras como “Cum on feel the noize” (Quiet Riot destrozando la vieja rola de Slade) que tuvo la suficiente fuerza para no salir durante un año de la lista de diez preferidas de La Pantera, pasando por “We’re not gonna take it” (la de aquel video en el que el chavito transformado en Dee Snider tiene el buen tino de romperle la madre a su padre por sus jaladeces autoritarias) en donde se resume el vacío discurso de resentimiento de los chavos de las prepas particulares; Pyromania gusta sin justificar su celebridad y por último, lo mejor del metal del año: Love at first sting de Scorpions (and I’m still loving You, blue).

Otra invasión (nefasta) del año, que no pasó de treinta segundos de popularidad fue el breakdance. Pandillas gandallas cambiaron las madrizas habituales (las de la Secundaria 51 se ponían de ambiente) por el breakin’. Aunque los chavos bailaban disco y no tenían la capacidad de apreciar a Kraftwerk en su dimensión de grupazo (era simplemente el baile de la escoba), pronto se vio que fuera de formar un corrillo en las fiestas, de azotarse en los parques y de organizar cadenas eléctricas, el break pasaría rápido.

En junio comenzó el proyecto más padre de la radio en México: Rock 101. Ya Víctor Manuel Luján había puesto rock y más rock en la W, pero no había logrado concretizarse una propuesta como la que ha conseguido Luis Gerardo Salas en 101. Al principio la estación parecía desorientada y se sentía que pronto iba a caer en lo mismo (quemaban a Culture Club y a Ray Parker Jr.), pero con el tiempo fue madurando, eliminando basurita y metiendo clásicos del rock (¡Carajo! ¡¿Hace cuántos años que no escuchábamos a Jimmy Hendrix en la radio?!). Varios eran los atractivos de la estación: aprovechaban muy bien el boom del rock en inglés en México y quemaba lo mejor de éste, suprimían los banales y ultra censurados noticieros del NRM, tenían a su servicio la chingona voz de Federico Lira (a mi gusto, mucho más flexible que la de Luján), buen sentido del humor (“Madonna y su estilo pop pero con gracia. “Like a virgin”, como una…este… como nueva”) y sobretodo entusiasmo.

La estación se ha seguido superando, sus competidores no le hacen mella porque los negros del corazón reconocen lo bueno: al momento de escribir esta crónica chata y egocéntrica estamos disfrutando del especial cuatro años de música Rock 101: I want a new drug….

“Everybody cut footloose”, y sigue el reventón del 84, hasta que fue un 19 de noviembre cuando empezaba a amanecer, se oyó un fuerte estallido que hizo a la tierra estremecer, y el reventón en serio fue en San Juanico. La base de operaciones fue la Basílica, familias enteras desamparadas, miles de personas aprovisionando a los miles de damnificados, una primera movilización solidaria, la incapacidad del gobierno del Distrito Federal, noticias espeluznantes, cuerpos carbonizados, y el relato del desastre en una rola del Tri. Chistes y más (“¿cómo llevarías a veinte niños a San Juanico en un bocho? Pues en el cenicero…”) y la conciencia en la gente de que ALGO empezaba a germinarse. ALGO.

El año se despide con una iniciativa de Bob Geldof: Do they know it’s Christmas?, y el drama ecológicopolítico de Etiopía, como el Deep Purple, tocando a nuestra puerta trasera. Entra 1985, el año absoluto.

They like to get you in a compromising position

Yeah, they like to get there and smile in your

face

They think they’re so cute when they got you in

that condition

But I think it’s a total disgrace

And I Say: I fight authority, authority always

wins…

John Cougar Mellencap

1985 Primera Parte: ¡Relax! There’s good Rockin`

at Midnight.

Relax, don’t do it

When you want to go to do it

Relax, don’t do it

When you want to come.

Frankie goes to Hollywood

La visión subjetiva con que velozmente cruzamos este sexenio de penuria, se encuentra ante el año clave. Para el que esto escribe, 85 fue el año de lo mejor y de lo peor.

Para el rock, 85 fue el año del boom absoluto: arañó el Nóbel, salvo (muy parcialmente) a Etiopía, dominó todo un ambiente, consumió corazones, innovó, se ensanchó, produjo en gran cantidad, en

fin, 85 fue el año.

La discusión política se ciñe a la deuda: ¿pagamos o no pagamos? Para los grupos de rock mexicanos: ¿tocamos o no tocamos? Antes de que respondieran, Rock 101 les echó la mano la mano y programó a los Clips, Naftalina, Ritmo Peligroso, Kenny y los Eléctricos y al Tri de Lora. La expresión unánime: ¡No-lo-creorock- mexicano-en-la-radio! Para el Tri termina una larga historia y comienza otra. El caso es que Charlie se quedó con el Three Souls, y pese o gracias a eso, la alineación Labastida-Lora-Mancera-Soto saca Simplemente, el álbum de rock mexicano más trascendente de los 80. Otro disco interesante fue el de Botellita de Jerez. Tan divertido resultó éste que se escuchó el día del examen de admisión de la Ibero, única cafetería con universidad que había en la Campestre. Hay que reconocer que los pirrurris promovieron buenas tocadas: Insólitas Imágenes, Mask, Clips; además del concurso de las camisetas mojadas cada fin de mes en la cafeta, divertidos tiempos contemplando a las fresas tetonas del sur.

1985 no puede describirse de acuerdo a las usuales divisiones temporales. Para este año, las fechas se resumen en canciones:

“Stranger in town”. Los chavos banda vivieron San Juanico. Ahora viven más las razzias, la marginación, la ausencia de oportunidades. Faltan recursos, el país se empobrece, pese a la dolariza que ha metido Caro Quintero. En Mixcoac, en el Centro, en Santa Fe, la banda empieza a manifestar su organización. Pronto llegará el momento.

“Welcome to the pleasure dome”. La radio no se da abasto para programar tanta buena música. Claro, en la AM se sigue escuchando la tradicional mierda comercial que siempre han programado, pero en la

FM las cosas cambian. Presionada por Rock 101 (que está pasando sus mejores momentos) la W enfoca sus baterías a mejorar el material. El mariscal Luján dispara duro a The Honeydrippers, la de dos minutos, a la media noche a Iron Maiden, pone la cascada voz de Robert Plant junto a la potencia de Dio y el típico requinto de John Fogerty. Y el rock gay de Frankie Goes to Hollywood pega fuerte. Bienvenidos al domo del placer y de las locuras desorbitadas.

“Money for nothing”. Los videos, pasados sin tacañerías, por Televisa (una de cal), nos dejan cada día mas estúpidos, cada vez son mejores, increíblemente buenos. Así, el vocalista del grupo A-ha lleva a su novia a pasear dentro de una historieta, Sting se rodea de las imágenes mágicas de sus jazzistas, Roe Speedwagon manda al infierno a un chavo desmadroso, Don Henley playea con chicos del verano, y Phil Collins satiriza a cuantos puede, incluyendo a David Lee Roth y sus calientes chicas de California.

En Video rock de media noche, conducido por Elsita Quiero Saavedra, vimos videos clasificados C: Peter Wolf se cachondea a una puta en un cuarto de hotel, y los de Frankie sienten el placer en el domo, y después reciben su relax cálido al ser besados de manera furiosa por sus impulsivos admiradores durante un concierto.

Dos videos repiquetean en la memoria: el nauseabundo “We are the world” (¿Cómo justificar que se junten Ray Charles, Bruce Springsteen, Stevie Wonder y Bob Dylan con Lionel Richie y Michael Jackson?…el hambre de notoriedad es canija), que se pasó hasta el cansancio; y el excelentemente rompe madres video de los Dire Straits, “Money for nothing (and my chicks for free)”.

Este video merece varios comentarios. Aquí, los cien mil dólares no fueron para nothing, sino para un alucine computarizado de efectos visuales que apoyaron a la rola más prendedora del 85. Tienen razón los Dire, yo, como el maestro Knopfler, mejor hubiera aprendido a tocar la guitarra o los tambores, no importa que terminara como el jotito, con arete y maquillaje, pero millonario y con jet propio. De todas formas, pocos en México supieron interpretar la lírica del albumzazo Brothers in arms, y como siempre, se dejaron llevar más por lo movidito y armónico de las rolas. Un desperdicio.

“Like a Virgin”. Surgir como nuevo símbolo, cambiar formas de vestirse, pintarse y hacer el amor. De tener unos quince admiradores en México (yo, uno de esos pocos), Madonna pasó de la modelo desprecia chicanitos de “Borderline” a ser el símbolo sexual fresón del 85.

Ya la Cindy Lauper había gritado en 84 que las yuppies just want to have fun (traducido en fuck), y en 85 Madonna descara las aspiraciones de la yuppie nacional (la que estudia en prepa 5, se toma una cuba en Tiffany’s y sueña con celebrar su cumpleaños en la Casa Morada): ser una material girl inmersa in to the groove pseudo fresa de vestirse a la moda, conseguirse un novio de la high y odiar a papá, porque la tiene viviendo en una unidad habitacional.

Pero Madonna no es una yuppie, Madonna es una reina, no una Marilyn, pero sí una nena buenísima que nos calentó hasta la erección el día de la premiación de MTV, cuando arrastró la cauda nupcial por todo el escenario y dejó al descubierto un sugestivo liguero blanco. Y también está Madonna desnuda en Playboy, una invitación al onanismo desenfrenado y al cunnilingus inalcanzable y placentero. Una delicia.

“Me quieres cotorrear”. En 85, por fin un proyecto comercial para el rock nacional: Comrock llegó a la fiesta, y aunque vio al público besándose con otros, emprendió un programa de promoción para los rockeros mexicanos. Salieron Juntos por el rock de Kenny, los discos de Casino Shangai y Ramsés, se apoyo al Tri y a Taxi, pero aun así el rock made in México no halló su momento, ni lo hallará en todo el sexenio. Fueron interesantes los intentos de video de Kenny y de Ritmo Peligroso; pese a su regular factura, se llevaron de calle a los videos (de alguna forma hay que llamar esos mini churros) que transmitía el canal 2 (¿Qué se puede pensar de una Juan Gabriel que canta Querida entre velitas para imitar a Police?).

“Don’t you (forget about me)”. Para cerrar, Live Aid. Y decir Live Aid es decir el conciertazo, el éxtasis, la maravilla, la Gran Chingonería del 85. A pesar de lo poco que se transmitió en México, de la pésima conducción (regándola feamente, Luján), y de los comerciales; Live Aid fue un evento que conmovió el corazón de cualquier rocker. Se vio de todo: el new wave de Ultravox, The Cars, Simple Minds, Duran Duran, Power Station, Spandau Ballet; la pesadez de Black Sabbath (con la voz de Ozzie una efímera reunificación de The Who, los requintos de Santana, las arrugas de los Beach Boys, el levante grueso de Queen (¿no que no les gustó “Radio Gaga”? la elocuencia de Eric Clapton; la elegancia de David Bowie; el neo idealismo musical de los Thompson Twins; la cachondería de Madonna; los lentes de Elton John; el talento de Sting; la magia de los Dire Straits; la magnífica actuación de U2; “Let it be” por Paul McCartney; un faje delicioso entre Tina Turner y Mick Jagger; This is your Woodstock dijo Joan Baez, y el momento sublime en que Phil Collins anunció a Mr. Jimmy Page, Mr. Robert Plant y Mr. John Paul Jones: ¡Led Zeppelin! Y a todo mundo se le cayeron los calzones. El Collins y Tony Thompson se murieron en la bataca sin alcanzar al Bonzo; a Bob Geldof, el organizador, lo llevaron en hombros McCartney y Bowie; en Filadelfia cerró (¡rápido, híncate!) Bob Dylan acompañado por Ron Wood y una sombra de sí mismo llamada Keith Richards; a Lionel Richie no lo invitaron, pero de puro coraje se presentó y canto la nefasta “We are the world”.

Terminó Live Aid, una manita para Etiopía, y se cierra un ciclo padrísimo para el rock y para mi vida.

Have you heard the news?

There’s good rockin’ at midnight

Oh hold my baby all my might

Have you heard the news?

There’s good rockin’ at midnight

Oh hold my baby all my might

What a wonderful time we had tonight

Hey, hey, there’s good rockin at midnight.

The Honeydrippers

1985 Segunda Parte:

Things can only get better, we built this city.

We’re not scared to lose it all

Security throws through the wall

Future dreams we have to realize

A thousand skeptic hands

Won’t keep us from the things we plan

Unless we’re clinging to the things we prize

And do you feet scared-I do

But I won’t stop and falter

And if we threw it all away

Things can only get better.

Howard Jones

Agosto fue un mes de represión para el rock. Las camionetas blancas llegaron al Museo del Chopo y arrasaron con el tianguis rockero cultural. Hubo madriza y los choperos decidieron moverse al parque de Santa María la Redonda, donde aguantaron unas semanas.

Septiembre se ahoga en comentarios. Basta recordar el olor a cadáver (inolvidable) y la sensación de no me quiten el piso, para volver a vivir esos días de muerte del terremoto. No volveremos a ver en el rock a miles de valedores, y recordaremos siempre las ruinas, los muertos, la solidaridad y el nuevo momento. México volvió a nacer a partir de septiembre del 85, no vale la pena aquí hacer más notas de las experiencias que todos hemos guardado en la memoria. A las 7:19 de un 19 de septiembre, todo cambió.

De algo nos sirvió el terremoto. Nos dimos cuenta de una cosa: somos muy chingones, prácticamente salvamos a México, y a pesar de la falta de huevos de los altos mandos del país, dimos al mundo muestra de que, verdaderamente, como México no hay dos, para fortuna o para desgracia de la humanidad.

Dejando la divagación de “We are the champions” a un lado, pasemos a otro rock. La fresada, en vista de que su ropita se había ensuciado con el polvo levantado por los edificios colapsados (neologismo intrascendente), decide cambiar su indumentaria por suetercitos, pantalones de pincitas, lentes oscuros y cero calcetines (no se les vayan a calentar las patas). Ya ataviados, organizan un cóctel en el Magic donde los chavos de la Anáhuac se hacen de fondos para los nuevos desheredados: los damnificados.

Otros fresitas se hacen de la medalla 19 de septiembre (que presumirán en Harvard) y se aprestan a ganar posiciones y presidencias de sociedades espurias en sus escuelas. Para que vean que de todo hay en la mermelada del Señor.

El rock no muere con el terremoto, pero se desmoviliza. Fuera de tocadas para apoyar a las costureras y damnificados, se perdió algo de presencia: los rockeros del Chopo se establecen en un estacionamiento de Sadi Carnot y la radio empieza a notar la baja en el boom rockero. Para cerrar el año: noches alucinadas en CU con todo y quema del burro tocada de Botellita de Jerez y elecciones de Suciedades de Alumnos, y finalmente, un peliculón: Volver al futuro; y todos los chavitos de Prepa fuimos Marty McFly.

It’s just another Sunday

In a tired old street

The police have got to the choke hold on

And we just lost the beat.

We built this city on rock and roll.

Starship

 

1986: All I need is miracle! Bring me the higher love!

You never know what you’ve got ‘til it’s gone

If I ever catch up with you

I’m gonna love you for the rest of your life

All I need is a miracle, all I need is you (all I need

is a miracle)

All I need is a miracle, all I need is you (all I need

is a miracle)

All I need is a miracle, all I need is you

Mike And The Mechanics

1986 es un año frustrante para el rock. Mientras los pamboleros de siempre disfrutaron de un mundial

celebrado sobre ruinas, los rockeros vimos venirse abajo las ilusiones de grandes conciertos.

En enero fue el Friendship de Acapulco. Un fracaso. Lo más divertido del concierto fue la carga de la policía montada sobre el público, por lo demás, el espectáculo resultó decepcionante. Ni a golpes llegó eso a ser un Avándaro. La raza fue engañada (cambio de escenario, confiscación de cámaras y grabadoras, artistas inexistentes, etc. el Tri fue lo único más o menos; King Cobra y Quiet Riot estuvieron de risa y las autoridades municipales de Acapulco demostraron que la mierda no sólo está en la bahía, sino también en sus cabezas.

Unos días antes de que comenzara el Mundial, fue cancelado un concierto que prometía: Blue Öyster Cult. El caso es que se hizo una intensa campaña publicitaria a través de Rock 101, se vendieron los boletos, se preparó el foro en el Palacio de los Deportes, todo estaba listo y ¡zaz!, el imbécil delegado de Iztacalco (o de por ahí) llama un día antes del concierto para cancelar su realización. Los chavos del Blue pasaron una noche en vela en México, y los rockeros comprobamos, una vez más, lo ojeéis y cerradas de nuestras autoridades.

La raza repudió en mayo a los gringos por su actitud tan metiche, y luego se volcó a celebrar los triunfos de la ratonil Selección Mexicana durante el Mundial. Las víctimas fueron los héroes patrios en sus estatuas y los automovilistas ingenuos que se acercaron a los festejantes.

Para el rock se abren nuevos lugares y se regeneranotros olvidados. Varios grupos surgidos durante la llamarada de petate de Comrock desaparecen, pero otros se consolidan fuertemente.

El disco de rock nacional más fregón vuelve a ser uno del Tri (Hecho en México). Las rolas ahora reflejan una inconsistencia que les da el sabor de la frescura, y por fin alguien exhorta a la banda a bajarse del FZ- 10. La banda, que encontró su momento completo durante los sismos de 85, empieza ahora a procurarse lo que antes las autoridades le negaban: educación y recreación. Sobre todo en Santa Fe, organizaron en sus colonias centros de apoyo, pero eso no impidió que el número de subempleados creciera en las esquinas.

El museo del Chopo no volvió a ver en su calle a los rockeros del tianguis cultural. Éstos dejaron el estacionamiento y se fueron a la calle de Oyamel, donde las broncas se redujeron hasta meses después, cuando fueron desalojados, ahora por pandilleros.

Para cerrar esta crónica incompleta del 86, hay que citar los mejores discos y videos. El video de Wang Chung “Everybody have fun tonight” movió tanto las imágenes que produjo paros cardíacos (en serio, por eso lo prohibieron en los EU), Paul Simon expolia música africana y es substituido en su propio video por Chevy Chase, y el mejor video del año y de la década es “Sledgehammer” del maestro Peter Gabriel, derivado de su fantástico álbum So, sin duda el más rompe madres del 86 y uno de los mejores discos del siglo 20, una obra que escuchamos y escuchamos y escuchamos…. Steve Winwood demuestra una vez más que es un ángel sobre la Tierra. Todos nos unimos al frente anti Apartheid formado por rappers y rockers: Sun City, y en noviembre surge el todopoderoso CEU, iniciándose el invierno estudiantil mexicano. El rock estará presente en las movilizaciones.

Things look so bad everywhere

In this whole World, what’s fair?

We walk blind and we try to see

Falling behind in what could be

Bring me the higher love

Where’s that higher love I keep thinking of?

Steve Winwood

1987: With or without you: Sufre mamón, devuélveme a mi chica.

¡Por fin! En 1987 parece que se van a abrir las puertas al rock en español. Cierto, pero sólo fue el rock ibérico y argentino.

Es cierto que ya anteriormente se había programado a Alaska y Dinarama (ni tú, ni madres, pueden cambiarme), y que las Flans habían pegado grueso entre la fresada. Pero a ninguno de estos subproductos de la estulticia se les podía llamar rock. Entonces: ¿Qué? Pues llegan los españoles de Radio Futura, Alarma, Rosendo, Orquesta Mondragón, Olé Olé, etc., así como los argentinos de los Enanitos Muerdes, el Sida Etéreo (parodias cortesía de Alain Derbez), Miguel Mateos y otros etcéteras igual de chafas (Charly García llegó después). Al rock nacional se le dan pequeñas concesiones y eso es aprovechado por grupitos como Tenmichiche o Fandango para promocionarse como “rock”.

“Mírala, mírala, mírala, mírala… la puerta de la

UNAM”, y el mexicano es el único movimiento estudiantil en el mundo que le gana a las autoridades. Es cierto que las manifestaciones impresionaron (con todo y Maldita Vecindad tocando con fuerza) y que la organización fue excelente: El Congreso es casi un hecho que empieza a consumarse el 3 de diciembre. Los prepotentes de siempre en CU (léase autoridades universitarias) tienen que apechugar a fuerza la democracia. El sonido en el movimiento es el rock. La lista de tocadas en la huelga es larga, basta saber que los rockeros solidarios estuvieron hombro con hombro con los estudiantes.

La anarcosicodelia celebra los 20 años del Sgt. Peppers Lonely Hearts Club Band. Hubo varios conciertos, pero no fueron todos los que pudieron haber sido. Silvio Rodríguez impresionó por sus orquestaciones pero no por su filin, Radio Futura suena mejor en disco y el Timbirichazo fue algo de antología. La actuación de Eugenia León en el festival del CEU resultó deslucida y, en general, el aspecto de “en directo” fue más bien en alterno.

Las Flans, niñas ricas que les cantan a las niñas pobres, sacan un álbum tímido que causa envidia porsus orquestaciones. Otra niña rica que se hace pasar por pobre y que se llama Cecilia Toussaint, trata de llegarle a la banda a través de las rolas de Jaime López y la música de Arpía. El Tri se convence del poder de la producción y saca en Niño sin amor, una obra bastante más cuidada que las anteriores, pero por ese mismo hecho, carente de espontaneidad (excepto por los albures de Lora al principio del disco).

El que esto escribe vive unos meses en EU y le toca ver el lanzamiento en supermercado de la novedad tecnológica que se abarata: el CD, principalmente del grupo irlandés U2 (el fabuloso y trascendente The Joshua Three). También recordamos a Starship (“Nothing gonna stop us now”), los cocteles de Panorama 101 y la lista de los 100 mejores álbumes del rock: (ahí les van mis cinco preferidos: Sgt. Peppers, Abbey Road, So de Peter Gabriel, Misplaced Childhood de Marillion y Brothers in Arms de los Dire). Los videos han desaparecido prácticamente de la tele, y se repiten incesantemente los de hace tres años.

El año cierra con cambios políticos importantes para el país. Hay candidatos, y pronto comenzará la batalla por la presidencia. Y el rock nacional, poco a poquito empieza a salir del hoyo.

Voy a vengarme de ese marica.

Voy a llenarle el cuello de polvos pica-pica.

Sufre mamón, devuélveme a mi chica

O te retorcerás entre polvos pica-pica

Hombres G

 

1988: ¡Bienvenidos! ¡Bienvenidos!

¡Buenas noches, bienvenidos hijos de México!

¡Os saludan los aliados de la noche!

¡Sois en verdad de puta madre!

¡Habéis dado una muestra de civismo increíble!

Así, completamente anonadado por el ambiente, gritaba Miguel Ríos en ese gigantesco y ultra padrísimo concierto en la Plaza México. Y había razón para ello: pese al intenso aguacero la gente no se movió de su silla. La primera estrella apareció a las 19:40 y a las 20:00 exactamente, comenzó el encantamiento del rock hispano. De verdad, en México hay hambre de conciertos.

Curiosamente, en este recital se vio lo que ya casi es un hecho: la evolución de la banda. Los que entramos con el portazo y la banda que entró después, se portó y nos portamos, verdaderamente, a la altura (lo más que hicimos fue derribar las grandes letras de unicel que adornaban la plaza y saltarnos al ruedo), correspondiendo los actos animalescos a los miembros de seguridad (los tiras se alivianaron, lo que sea de cada quien). Esperamos que en el futuro se repitan eventos como éstos, y que las autoridades tomen en cuenta que en este conciertazo no hubo un sólo hecho grave de violencia y que en cambio, con Flans y Timbiriche, los del SEMEFO trabajan horas extras.

Al concluir el primer concurso de Rock en tu Idioma (que pretendía darle una manita a grupos mexicanos en el ambiente, y así aprovechar el boom del rock en español) fue notorio algo que muchos, aún no quieren ver: en cuestión de rock, México está como Salinas de Gortari: apenas entrando a la modernidad. Esto es fatal para muchos grupos, pues lógicamente los muchachos argentinos y españoles que han asimilado el significativo de las ondas modernas y postmodernas, se los comen crudos. Si los Amantes de Lola se avientan una tocada, irá a verlos su manager y cuatro gatos, pero ¿qué tal si vienen los Hombres Gay o cualquier otra estupidez por el estilo? Lleno completo y no por su calidad, sino por su aparato (publicitario, se entiende).

Un signo alentador en 88 es un poco el retorno del inglés, el idioma original del rock. No tengo nada en contra del rock en español, salvo que en la mayoría de los casos es un asco, con sus excepciones, que se escuchan poco. Por lo pronto, en la radio se escucha de nuevo a INXS y algunas cosillas retrasadas del 87 como The Cure y lo ultimo de Sting, además de Icehouse y al veterano Eric Carmen regresando por más.

El balance del sexenio es desfavorable para los jóvenes y provechoso para el rock. Como joven siento y palpo la mala situación que el gobierno de Miguel de la Madrid nos ha dejado. Con el Pacto no suben el precio de los discos…. ¡Me vale madres! Realmente es más preocupante la falta de oportunidades que veo hacia el futuro.

Si el balance del rock puede considerarse bueno, eso no es obra ni consecuencia de la tolerancia del régimen, sino de la lucha por espacios. La batalla democrática que se libra en estos momentos, da signos alentadores y repercutirá en la guerra por el rock, que no ha ganado todavía, pero ahí va. El rock nacional saldrá adelante, pero no por los niños bonitos del pop, sino por los veteranazos que desde hace años se fletan en los cafés y en los hoyos.

Para concluir, el grito de siempre: ¡Que viva el rock and roll!

Cuando me muera y me tengan que enterrar

Quiero que sea con una de tus fotografías

Para que no me dé miedo estar abajo

Para que no se me olvide cómo es tu cara

Para imaginar que estoy dormido

Y sentirme un poquito vivo…

¡Mátenme por que me muero!

¡Mátenme por que no puedo!

Caifanes

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