Cinque Terre

Marco Levario Turcott

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Director de etcétera

Un reconocimiento al IFE

En el caballete de la democracia mexicana, al filo de las cinco de la tarde del lunes 2 de julio se puede hacer el trazo de una jornada electoral exitosa, al menos en estas lineas rectoras:

1) La ley electoral mostró su pertinencia. Aunque prácticamente desde su creación la reforma respectiva de 2007 estuvo expuesta a intensos cuestionamientos, las contiendas de 2009 y 2012 han sido más equitativas respecto de procesos anteriores. Por ejemplo, la propaganda en radio y televisión no se determinó por el dinero ni el aporte financiero de la esfera privada. Más allá de posibles enmiendas a la norma, me parece que este es un criterio legal que debe prevalecer. Pero además hay que resaltar que la mecánica electoral operó con éxito y que, a diferencia de 2006, el Conteo Rápido del IFE y el PREP nos permitieron saber a las 11:15 de la noche del 1 de julio quién ganó la Presidencia de la República.

2) Tenemos un árbitro confiable. No obstante el desgaste al que estuvo expuesto el IFE por las críticas a la reforma electoral y su modelo de comunicación, el 1 de julio la autoridad dio una muestra palmaria de funcionamiento eficaz que garantiza equidad en las contiendas y resultados prontos y sujetos al escrutinio público. El contexto más favorable para la denuncia sin sustento de posibilidades de fraude se halla en desacreditar al árbitro con señalamientos distorsionados y eso lo comprendieron buena parte de los medios al aproximarse las votaciones; ojalá que prevalezca tal actitud y no sea renovada con la mira de trastocar la ley electoral en sus aspectos sustanciales.

Estoy seguro de lo bien que hace a la democracia si en los medios de comuncación priva el reconocimiento a lo que ha hecho el Instituto Federal Electoral.

3) Están delimitados los cauces para evaluar irregularidades. Como advirtió el 1 de julio la consejera Macarita Elizondo, ningún proceso de este tipo se encuentra exento de anomalías y para documentar sus quejas y denuncias están los conductos a que las partes interesadas pueden recurrir a efectos de que la autoridad resuelva. Hasta el momento, sin embargo, no puede decirse que éstas hubieran sido de tal magnitud como para alterar el resultado en las urnas.

4) A juzgar por el desarrollo de la jornada electoral y la participación ciudadana, se puede decir que fue una fiesta cívica. No abundo en datos pues lo hace en estás mismas páginas la citada consejera Macarita Elizondo, solo subrayo en que fueron instaladas casi la totalidad de las casillas y que el nivel de participación fue del 63%, uno de los más altos en la historia. Agrego además que es alentadora la movilización social que se dio, en el marco de estas campañas, en especial, el movimiento conocido como #YoSoy132 porque dio al intercambio público mayor intensidad y demandó respuestas más claras a las que acostumbran discursos tradicionales tan llenos de generalidades y retórica.

5) La voluntad ciudadana se refleja nítidamente en los resultados. Sin dejar de comprender las anomalías que se dieron e incluso a reserva de pormenorizar en el análisis que redunde en mayores niveles de equidad, el resultado en las urnas no es sustancialmente cuestionado y ello no es poca cosa para los antecedentes que al respecto hay en el país. La credibilidad en los datos fue el soporte que permitió que dos de los cuatro candidatos aceptaran el veredicto, el mismo 1 de julio, en una muestra de civilidad que le hace mucho bien a la cultura política mexicana. Incluso, en el caso del llamado candidato de las izquierdas hay que subrayar su disposición por atenerse a los tiempos que marca la ley para reconocer o no su derrota frente al aspirante del PRI. Andrés Manuel López Obrador dijo el lunes dos de julio que esperará a la realización de los cómputos distritales y que luego acudirá a las instancias legales para documentar anomalías. Para decirlo de otro modo, las inconformidades tienen un espacio legal para ser dirimidas y eso que se escribe fácil puede patentar su relevancia al constatar que no hay enfrentamientos de proporciones mayores, como los hubo en 2006.

6) La civilidad política. Como ocurrió con la primera alternancia presidencial en 2000, ahora la autoridad se ciñó a los tiempos marcados por ella misma para salir, en cadena nacional, a informar, primero, que el proceso transcurrió en calma, sin mayores incidentes y, luego, a las 11:45 de la noche, a notificar los resultados del PREP para el que, en días previos, la UNAM había disipado cualquier duda respecto a aquel mítico, o sea inexistente algoritmo capaz de modificar el sentido de los votos. El rigor científico del PREP por un lado, y las actas de escrutinio en las manos de los partidos políticos permitió, como dije, que Josefina Vázquez Mota aceptara que las tendencias no le favorecían (y lo mismo hizo minutos después Gabriel Quadri). Pero sobre todo, sobre esa base el presidente Felipe Calderón, también frente a los medios de comunicación, reconoció el triunfo del candidato del PRI. Nada menos que esa es una apretada reseña de algo que comprende la democracia como lo es la alternancia en el poder presidencial sin mayores trompicones y en un espacio de civilidad alentador. Todo parece indicar que no viviremos el trauma postelectoral de 2006.

7) Las redes sociales tuvieron importancia. En estas páginas Sergio Octavio Contreras ofrece una pormenorizada reflexión sobre la relevancia de aquellos espacios de comunicación e interacción que, durante los meses previos a la jornada electoral, muchos valoraron desde ópticas extremas, lo mismo para cifrar ahí las expectativas de un poderoso e inmediato cambio social que para soslayarlas a tal grado de creer o hacer como si no existieran. Más allá de ese juego maniqueo, el espacio digital llegó¡ para quedarse como parte del debate público mexicano y sus alcances serán más sólidos, como afirma Contreras, en la medida en que se ensanchen esos espacios al mismo tiempo que mejore la calidad democrática porque es notoría la pobreza informativa y de interacción al abundar insultos más que argumentos o seres inventados, en no pocas ocasiones, y no ciudadanos de carne y hueso.

8) Las encuestas deben ser reguladas con mayor rigor y ser sujetas del escrutinio público. Los trabajos demoscópicos, claro, son herramientas útiles para captar un instante de las expectativas ciudadanas y sus datos no sólo resultan esenciales para conocer percepciones sino para delimitar estrategias de campaña; esos son sus alcances porque, como se sabe, no preven ni pueden hacerlo, resultados electorales. Con todo, creo que vale la pena admitir que han devenido también en instrumentos para la propaganda y por ello deben acotarse en el sentido de exigirles a sus hacedores mayor rigor en sus mediciones o al menos que hagan pública su metodología para que luego, expliquen qué sucedió entre sus proyeccciones y lo que realmente ocurrió. Páginas más adelante el lector encontrará una argumentación exhaustiva sobre el tema. No es creíble, por ejemplo, que el 24 de junio pasado la encuesta de Milenio GEA/ ISA hubiera dado 18 puntos de ventaja a Enrique Peña Nieto sobre Andrés Manuel López Obrador cuando, en realidad, la diferencia fue apenas cercana a la mitad de esos números. Aquel día, por cierto, el periodista Ciro Gómez Leyva asumió la responsabilidad de cotejar las cifras de GEA/ISA, que respaldaron Milenio diario y Milenio Televisión, con lo que ocurriera en las urnas. Hasta el momento de entregar estas líneas para su impresión no han tenido explicación alguna las audiencias de esos medios (para quien esto escribe, no es creíble que la gran diferencia entre esa encuesta y los resultados de las elecciones se deba al número de indecisos). Junto con ello, es oportuno reconocer que hubo trabajos como los de la empresa Covarrubias que fueron más apegados a lo sucedido el 1 de julio.

9) La campaña electoral implicó fuertes cuestionamientos a los medios de comunicación. Sin duda que, junto con la necesidad de reglamentar el gasto de publicidad oficial, uno de los saldos favorables de este proceso es la demanda de que haya mayor calidad en los contenidos informativos de los medios de comunicación y también porque se diversifique su oferta. Los directivos de las empresas mediáticas harán su propio balance aunque desde ahora puede decirse que el periodismo de facción de cualquier orden sufrió el duro cuestionamiento de sus audiencias, en particular, la televisión, por lo que espero que esto redunde en mayor calidad informativa. Con todo y la labor de autocrítica que hagan los medios parece claro que estamos en una ruta para que se diversifique la oferta en el orden de los medios de radiodifusión.

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