Cinque Terre

Rubén Aguilar Valenzuela

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Consultor, profesor y articulista y exvocero presidencial

Un balance de la estrategia electoral

La estrategia general de los candidatos fue la campaña positiva, con dosis muy menor de negativa. Esto los obligó a formular un proyecto realista del cual derivaran propuestas factibles que respondieran a la expectativa ciudadana. Los candidatos entendieron los nuevos tiempos y se propusieron responder a ellos. En general los medios también comprendieron la nueva realidad y se esforzaron en documentar las propuestas de los candidatos y también en distanciarse, unos más que otros, del periodismo “amarillista” y “escandaloso”.

Enrique Peña Nieto

El candidato del PRI y el PVEM arrancó con una clara ventaja sobre sus adversarios. El centro de la estrategia que diseñaron sus asesores fue mantener al candidato en una “zona de confort” y no arriesgarlo de manera innecesaria. Se evitó al máximo la confrontación con el gobierno y con los otros candidatos. El equipo de campaña vio que no les daba puntos atacar al Presidente. Estudios señalan que los electores tienden a solidarizarse con el gobernante cuando se le ataca, incluso entre aquellos que no están de acuerdo con él, pero no tienen preferencia por ningún partido. La estrategia del candidato contempló también un trabajo intenso al interior del partido y una atención puntual a los cuadros de base. Es una estructura que funciona con disciplina y orden, a la manera de los viejos partidos del socialismo real, es muy efectiva y explica en buena medida los triunfos del PRI en 21 de los 32 estados del país. Desde el arranque quedó claro que mientras no se perdieran puntos en la intención de votos no habría ningún cambio en la estrategia. El candidato a lo largo de las semanas en ningún momento se vio obligado a arriesgar y nunca, por lo mismo, dejó la “zona de confort” que le ofreció estar siempre arriba en todas las encuestas.

Josefina Vázquez Mota

La candidata del PAN continuó la estrategia con que ganó la contienda interna. Se mantuvo siempre en el marco de un discurso que evitó definiciones. Su habilidad para comunicarse le permitió tener buena presencia en medios, pero se veía que le resultaba más relevante la forma que el contenido. El acceso a los medios no se tradujo en la posibilidad de fijar agenda y tampoco en modificar la intención del voto. A lo largo de la campaña no asumió plenamente la “continuidad”, se definió como “diferente” pero nunca se deslindó del Presidente, que tenía bajos niveles de aceptación. En un tema tan crucial como la lucha contra el narcotráfico, que cada vez tiene más detractores, sostuvo que continuaría con la estrategia que ha dado muestras de ser un fracaso. Intentó colocar “nuevos” temas que despertaron cierto interés, pero no se sostuvo en ellos. Un elemento que pesó en su contra fue la constitución del equipo que se vio inexperto e incapaz, siempre rebasado por la realidad y las circunstancias. Hay que añadir que nunca se pudieron resolver las disputas internas del partido y que el equipo de campaña era ajeno a la candidata y muy cercano al presidente Calderón.

Los números de las encuestas planteaban la necesidad de arriesgar, pero la candidata nunca lo hizo y mantuvo su estrategia a pesar de que no ofrecía la posibilidad de revertir las tendencias electorales. Queda la impresión de que la candidata y su equipo nunca encontraron la manera de salirse del mismo círculo que ellos crearon y al que se aferraron.

Andrés Manuel López Obrador

El candidato del PRD, PT y MC realizó un cambio radical de estrategia con relación a la de 2006. De ser agresivo y descalificar las instituciones pasó a ser un candidato que proponía la construcción de una “república del amor”. Hizo también presente a su familia, que estuvo ausente en la contienda pasada. A lo largo de la campaña evitó discursos estridentes e insultos personales, que utilizó en 2006, y también privilegió el encuentro con empresarios. Se propuso “borrar” la imagen negativa que se había hecho a partir de su reacción a la derrota cuando ganó Calderón. Otro elemento de la estrategia fue anunciar quiénes integrarían su gabinete con el propósito de ofrecer seguridad a sus votantes de que en caso de ganar en su gobierno no estarían personajes del PRD identificados como violentos y con gran descredito entre los electores. En esa misma línea se dio la “reconciliación” con Cuauhtémoc Cárdenas a quien cuando asumió la jefatura de gobierno de la Ciudad de México golpeó sistemáticamente, a pesar de que nunca hubiera alcanzado esa posición sin su apoyo. La nueva estrategia le permitió reducir los negativos que registraban todas las encuestas. Alo largo de la contienda sumó puntos, pero no le resultaron suficientes para ganar. En los días de campaña nunca se salió del esquema trazado y cuando por error o desesperación cayó en comentarios agresivos de inmediato caía sus preferencias electorales y él, entonces, corregía y volvía al libreto previamente acordado.

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