Cinque Terre

Irasema Rodríguez

The New York Times, Slim y el gobierno mexicano

“Es obvio, desde el momento en que nos conocimos, que Slim era verdaderamente leal al Times… Slim es un hombre de negocios muy astuto que comprende las grandes marcas… y muestra un profundo entendimiento del papel que las noticias, la información y la educación tienen en nuestra sociedad mundial interconectada… Carlos sabe muy bien cuánto una persona con coraje, determinación y visión puede alcanzar. Y me alegro que él traiga esos atributos a The New York Times“.

Eso fue lo que escribió el 30 de abril de 2009 el entonces director del diario, Arthur Sulzberger, con motivo de la lista que la revista Time integró con los nombres de los 100 personajes más influyentes en ese año.

En aquel tiempo, Carlos Slim Helú tenía el 6.4% de las acciones del diario estadounidense, que en semanas recientes cobró una especial relevancia en la agenda política de México al poner al descubierto una serie de propiedades adquiridas a través de esquemas poco transparentes por prominentes personajes de diversas ámbitos y nacionalidades. Entre los personajes señalados se encuentra el ex gobernador de Oaxaca, José Murat Casab, quien también fuera coordinador del Consejo Rector del Pacto por México, impulsor de las denominadas reformas estructurales, una de ellas, la de telecomunicaciones, que implica la dilución de los monopolios de radiodifusión y de telefonía fija y móvil, lo cual afectó seriamente los intereses del ingeniero.

Virajes y misiles

Con una gran precisión, la información publicada el pasado 7 de febrero en el prestigiado rotativo llegó a México en momentos en que el tema de la corrupción está más vigente que nunca, gracias a sucesivos escándalos sobre adquisiciones de residencias y magnas obras fallidas, develados por medios nacionales y extranjeros, estos últimos muy incisivos en sus cuestionamientos hacia la administración de Enrique Peña Nieto, algunos con un viraje digno de llamar la atención.

Un ejemplo es sin duda The New York Times, el cual desde el pasado 15 de enero tiene como mayor accionista individual a Carlos Slim, por lo que en diversos foros surgió la duda sobre su posible influencia en la política editorial del diario.

De barón ladrón a salvador

De acuerdo con el investigador Marco Lara Klahr en su libro “Diarismo”, no es gratuita la reputación de The New York Times como “la Biblia del periodismo en el mundo”, toda vez que sus páginas resumen más de medio siglo de historia mundial. El autor enumera destacados acontecimientos que el diario ha cubierto con sus propios reporteros, como ningún otro medio lo ha hecho. También subraya que el rotativo ha enfrentado un mercado noticioso crecientemente complejo, y en diversas coyunturas, la censura, pero también ha sucumbido ante su propia tentación de mentir, exagerar u omitir, para posicionarse ante los lectores.

Sobre esa base pueden entenderse virajes como este: Antes de la participación financiera del presidente de Grupo Carso en el diario neoyorkino, podían leerse textos como el escrito por Elisabeth Malkin el 28 de junio de 2007:

“Carlos Slim Helú puede ser el hombre más rico del mundo. Y en México, donde decenas de millones de personas viven en la pobreza aparentemente insoluble, esa distinción ha causado irritación. Debido a que la distribución del ingreso en México es severamente sesgada, Slim ha llegado a personificar la pequeña élite que controla vastos sectores de la economía…El gobernador del Banco de México ha criticado el control de Telmex, argumentando que se ha frenado la competitividad del país”

Luego el 27 de agosto de 2007, el articulista Eduardo Porter fue aún más duro con el dueño de Teléfonos de México:

“Como un barón ladrón -u oligarca ruso, o ejecutivo de Enron- Slim trae a la mente las palabras de Honoré de Balzac: el pecado de Slim, si no técnicamente criminal, es como “Detrás de cada gran fortuna hay un crimen”. la de Rockefeller, el pecado del monopolista. En 1990, el gobierno del presidente Carlos Salinas de Gortari vendió a su amigo Slim la compañía telefónica nacional de México, Telmex, junto con un compromiso de facto para mantener su monopolio durante años. Luego se otorgó a Telmex la única licencia móvil en todo el país… El estilo de Slim de la acumulación de la riqueza no es raro en el México moderno. De la televisión a las tortillas, vastas franjas de la economía mexicana son controlados por monopolios u oligopolios… Eso es lo más difícil de tragar para un mexicano”

Como muchas empresas en el mundo, The New York Times resintió los efectos de la crisis económica mundial en 2008; la baja en sus ingresos publicitarios, entre otros factores, provocaron que el precio de sus acciones cayera hasta en 70%, además de que arrastraba una deuda por mil 100 millones de dólares. Sin embargo, la noche del 19 de enero de 2009 fue difundido el boletín que informaba que New York Times Company llegaba a acuerdos por 250 millones de dólares con Banco Inbursa e Inmobiliaria Carso a una tasa de interés del 14%, operación que le permitió a Slim a hacerse de control del 6.4% de las acciones, con la opción de llegar hasta un 17% en cuanto ejerciera las garantías del préstamo efectuado. El empresario mexicano entró al rescate del diario y aseguró una posición importante dentro del mismo.

 

Ya con Slim como accionista, el 15 de febrero de 2009 apareció en The New York Times la crónica de un encuentro que éste tuvo con periodistas 2008. El trabajo firmado por Mark Lacey, periodista de The Guardian, destaca:

“Carlos Slim Helú estaba claramente molesto. Había invitado a decenas de correponsales extranjeros a almorzar un día el otoño pasado y, después de muchas preguntas acerca de las tendencias de negocios, un periodista lo presionó sobre cómo se sentía al ser un multimillonario en un país en el que muchas personas luchan para salir adelante… Slim, el hombre más rico de México y ahora un importante accionista y acreedor de The New York Times, tiene una compleja relación con los medios de comunicación. Invierte dinero en una serie de empresas de televisión y periódicos y dice que ve un futuro brillante para las empresas de medios de comunicación que se adaptan. Pero cuando los medios centran su atención en él, a veces da la impresión de que él quiere que lo dejen solo para hacer más dinero en paz”.

El 8 de mayo de 2011, el entonces presidente Felipe Calderón promulgó la Ley Federal de Competencia Económica, cuya finalidad era combatir a los monopolios en México. The New York Times, a través de Elisabeth Malkin publicó el reporte México arremete contra un titán en Telecom, en el cual estableció que después de años de inacción, las autoridades mexicanas por fin estaban dispuestas a desafiar a Slim y cumplir su compromiso de proporcionar un entorno más competitivo en las telecomunicaciones. Se refirió no solo a la promulgación de la mencionada ley, sino a la multa por 12 mil millones de pesos que la Comisión Federal de Competencia impuso a Telcel y al revés que la Suprema Corte dio a las empresas de Slim, que buscaban combatir en tribunales las tarifas más bajas de sus competidores.

Mientras en México Slim enfrentaba los primeros intentos gubernamentales de acotar su poder en las telecomunicaciones, en el exterior, entre el 15 y 16 de agosto, adquirió 838 mil 850 acciones de The New York Times Company a un costo de 5.7 millones de dólares. De acuerdo con información de la Comisión de Valores e Intercambio de los Estados Unidos (SEC, por sus siglas en inglés) y consignada por el portal ruedadelafortuna.com.mx, del académico Francisco Vidal Bonifaz, la participación de Slim Helú y su familia en el consorcio quedaba como se ve en el cuadro:

El plazo al que se refiere el punto 2 del cuadro se cumplió y desde el 15 de enero de este año Slimes el mayor accionista individual del diario, con el 17%, al ejercer totalmente las opciones para adquirir 15 millones 900 mil acciones Clase A a un precio de 6.3572 dólares por acción.

Trato diferenciado

Desde la llegada de Slim a The New York Times a la fecha, en medios nacionales e internacionales se habla sobre su posible influencia en el terreno editorial. Aunque el propio empresario ha dicho que su participación es meramente financiera, la duda se hace presente ante los cambios que el rotativo ha tenido en su tratamiento periodístico sobre acontecimientos recientes en México y otros más, relacionados con su ahora accionista mayoritario.

El 3 de julio de 2012 The New York Times publicó un texto firmado por el entonces presidente electo, Enrique Peña Nieto, titulado “Próximo capítulo de México”, donde expone a grandes rasgos su plan de gobierno que incluye reformas en los ámbitos económico y de seguridad, fundamentalmente.

El 31 de marzo del 2013, en su editorial principal, se leía: “El nuevo presidente de México, Enrique Peña Nieto, ha propuesto reformas que podrían hacer que las industrias monopólicas como las telecomunicaciones sean más competitivas, reforzar la producción de petróleo y mejorar las finanzas del gobierno. Las propuestas son encomiables y podrían transformar la economía de México. Pero el éxito no está garantizado”.

Transcurrido el 2013 y casi el primer semestre del 2014, cuando en México estaba vigente el debate sobre la reforma en telecomunicaciones, que impone restricciones a la participación de las empresas de Slim en el mercado de la televisión y limita su gran poder en la telefonía, The New York Times publicó bajo la firma de Francisco Goldman un acre artículo donde, entre otros puntos, menciona que la reforma telecom fue hecha para beneficiar a Televisa y acabar con las libertades en Internet. Califica al presidente Peña Nieto como alguien políticamente insignificante al servicio de los poderes establecidos dentro del PRI, y que parece tan ausente, que algunos han especulado que está gravemente enfermo. Critica la portada “Saving México” dedicada al mandatario en febrero de 2014 por Time y se pregunta: “¿Quién salvará a México? No los políticos, la policía o las élites codiciosas”. Ese fue el primer golpe espectacular del diario neoyorkino contra la administración Peña Nieto.

Pero entre otros golpes más, el mayor de todos llegó a las tres semanas de que Slim se convirtiera en socio mayoritario del periódico. El 7 de febrero salió a la luz la primera parte del reportaje “Torres de secrecía”, hecho por las reporteras Louise Story y Stephanie Saul, quienes, durante más de un año investigaron la compra de exclusivas propiedades en la Torre Time Warner de Nueva York, así como en otros estados de la Unión Americana, por parte de empresarios y personajes del espectáculo, el deporte y la política, en su mayoría de nacionalidad extranjera.

Con un sólido soporte documental, The New York Times describe cómo la mayor parte de estos inmuebles se adquirieron a través de empresas fantasma, como un mecanismo para tratar de encubrir al verdadero dueño de la propiedad. En la segunda parte del serial, publicada el 11 de febrero, se detalla que uno de los compradores de estos bienes es el exgobernador de Oaxaca, José Murat Casab y dos de sus hijos, quienes en total tienen seis propiedades en Estados Unidos. Aunque se establece claramente que Murat no ha sido objeto de ninguna investigación judicial por parte de autoridades estadounidenses por la adquisición de los inmuebles, la amplia difusión que este trabajo periodístico tuvo en medios mexicanos, lo convirtió en un auténtico escándalo político al estar en el candelero el debate sobre el combate a la corrupción y ser Murat Casab un hombre cercano a Peña Nieto y el principal operador de sus reformas, de las cuales la energética y la de telecomunicaciones fueron las más controvertidas.

The New York Times también ha mostrado un trato diferenciado hacia la información alusiva a su accionista individual mayoritario. Por ejemplo una búsqueda en su sección financiera de todo 2014 y hasta enero del presente año, no arroja una sola referencia sobre la concentración irregular de Telmex y Dish y las multas que el Instituto Federal de Telecomunicaciones impuso a ambas empresas por este motivo; menos ha registrado el riesgo de que ambas empresas pierdan su concesión por mentir a la autoridad.

Por otra parte, el pasado 27 de enero la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos (FTC, por sus siglas en inglés), impuso una multa por 40 millones de dólares a la empresa TracFone Wireless, una unidad de América Móvil cuyo propietario es Slim. La sanción obedeció a que la compañía engañó a sus clientes acerca de los planes de datos ilimitados a los que luego les reducía la velocidad, una práctica conocida en inglés como throttling (estrangulación). The New York Times, solo reprodujo un día después el comunicado de la FTC, donde se informa de la resolución y un escueto pronunciamiento de la empresa multada, en el que ofrece llegar a un acuerdo amistoso con los afectados y dice expresamente que no hará más comentarios al respecto. No menciona el nombre del ingeniero.

 

Otros desencuentros

The New York Times no es el único medio extranjero que ha modificado su visión sobre el gobierno de Peña Nieto, más allá de registrar los difíciles sucesos que han marcado a Méxicoen los últimos meses. The Wall Street Journal publicó el 18 de agosto de 2014 una entrevista a Enrique Peña Nieto de su corresponsal en México, David Luhnow, quien destacó:

“El presidente Enrique Peña Nieto, en sus primeros 18 meses en el poder, puso fin a años de estancamiento al lograr la aprobación de propuestas ambiciosas que muchos consideraban imposibles… Las reformas, que incluyen 85 cambios a la Constitución, están dirigidas, entre otras cosas, a modificar el sistema tributario, mejorar el sistema educativo del país al exigir que el poderoso sindicato de maestros asuma su responsabilidad y aumentar la competencia en gran parte de la economía dominada por individuos poderosos como Carlos Slim, el hombre más rico del mundo”.

Casi cuatro meses después, el 11 de diciembre, ese mismo diario reveló que el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, adquirió una casa en Malinalco, Estado de México, con un valor de 7 y medio millones de pesos cuando aún no era servidor público. Se detalla que el inmueble fue comprado a Grupo Higa, consorcio favorecido con diversas obras desde la gestión de Enrique Peña Nieto como gobernador del Estado de México. El reportaje fue reproducido en primera plana en Reforma, el cual mantiene un acuerdo con el rotativo estadounidense para la difusión de contenidos. El 20 de enero de 2015, The Wall Street Journal dio a conocer que el Presidente compró en 2005 una casa en Ixtapan de la Sal a una empresa propiedad de Roberto San Román, a quien después también favoreció con diversos contratos. Reforma, reprodujo la investigación al día siguiente.

Estos escándalos se sumaban al ya vigente desde el 9 de septiembre de 2014 cuando el portal Aristegui Noticias difundió los pormenores de la compra de la llamada “Casa blanca”, mansión propiedad de Angélica Rivera. Cabe recordar que dicha información fue consignada simultáneamente por además de Reforma, Proceso, La Jornada y El Universal, además The Wall Street Journal y The New York Times, entre otros, cuando el Presidente se disponía a realizar una gira internacional en medio de la crisis de Ayotzinapa y solo unos días después de que el gobierno diera marcha atrás en la adjudicación del proyecto de tren rápido México Querétaro al consorcio China Railways.

La visión que sobre México tenía el semanario inglés The Economist también sufrió una gran transformación. El 24 de noviembre de 2012, poco antes de que Peña Nieto tomara posesión como Presidente, la publicación detalló en un reporte sus perspectivas económicas, políticas y sociales sobre el país; desde su óptica, había elementos que permitían anticipar que los próximos años representarían un periodo de muchas oportunidades que el nuevo gobierno estaba obligado a aprovechar. Su optimismo era tal, que el periodista León Krauze publicó cinco días más tarde en el sitio de Internet de Letras Libres un texto titulado “La Herejía de The Economist”, donde se anticipaba a los cuestionamientos que surgirían entre las voces “políticamente correctas” por el hecho de que un medio tan prestigiado se atreviera a elogiar el rumbo del país.

Todavía el 9 de agosto de 2014, The Economist difundió el artículo “Enrique Peña Nieto ha logrado mucho. Ahora su gobierno necesita mantener el impulso”, donde destaca los que considera los primeros resultados de las grandes reformas emprendidas por su administración, una de ellas la de telecomunicaciones, que llevaron al hombre más rico del mundo a anunciar la venta de activos de América Móvil que hasta entonces había mantenido el monopolio de la telefonía en el país.

Pero todo cambió y hoy en día, ya es mítico el editorial “El pantano mexicano” del 24 de enero de 2015. En él se afirma que el gobierno mexicano está manchado por el escándalo al ser parte de la corrupción cuyo combate es un discurso en el que nadie cree. Cuestiona también su pasividad ante el resurgimiento de la violencia tras los hechos en que desaparecieron 43 estudiantes en Guerrero. “El presidente no entiende que no entiende”, frase clave del texto, se convirtió en tendencia en las redes sociales.

El 21 de marzo de 2013, El País, en donde Slim tiene una participación de poco más del 3%, publica su editorial “México gana”, en el que señala que el mandatario había sorprendido con una batería de reformas que tocan el nervio económico y político del país y constituían “la llave para el despegue”. Las primeras señales del viraje comenzaron el 9 de julio de 2014; en un artículo firmado por Jan Martínez Ahrens, se menciona que el multimillonario Slim se vio obligado a desmembrar su imperio por presión de Peña Nieto, a la vez que sus representantes legales calificaron la reforma en telecomunicaciones como confiscatoria, excesiva e inconstitucional.

El rotativo hispano es uno de los medios extranjeros que ha dado una cobertura más profusa y crítica a la masacre de Iguala y dentro de la misma, destaca el editorial “México horrorizado”, del 16 de octubre de 2014, donde apunta que la venenosa connivencia del poder político con el narcotráfico y las autoridades encargadas de la seguridad, es un mal que aqueja la imagen de México y su estabilidad donde de nada sirven los esfuerzos reformadores si no se ataja una situación de violencia intolerable.

Los intereses de los medios

Se ha discutido mucho sobre el papel de los medios ante el poder político y sus intereses al difundir cierta información. El profesor chileno Raúl Sohr, en su libro Historia y poder de la prensa, está convencido de que los medios son parte de las estructuras del poder y como tales reflejan sus ambigüedades, pugnas y debates; pero hay otras voces como la del periodista Jorge Zepeda Patterson, quien considera que son posibles los proyectos editoriales independientes, incluso en países como México, donde por muchos años la prensa estuvo sometida al poder a través de presiones económicas.

En Estados Unidos es posible acceder a la información sobre la composición de las empresas de comunicación y sus finanzas pero en México esto no sucede. Francisco Vidal Bonifaz, en su texto “Los dueños del cuarto poder” y su sitio de internet ruedadelafortuna.org.mx, ha sido de los pocos investigadores que se han ocupado de documentar las entrañas económicas de los medios en nuestro país, no sin advertir de las dificultades que ha enfrentado para conseguir los datos. En México aún no es posible conocer cuáles son los nexos financieros de Slim en medios como Reforma, Proceso, La Jornada o MVS, que como etcétera documentó durante la discusión de las reformas en telecomunicaciones, dieron una cobertura totalmente favorable al ingeniero.

La medios en el mundo se rigen bajo lo que Niklas Luhmann define como la teoría de la tematización, esto es, que en función de su propia dinámica editorial e intereses políticos y económicos, definen qué, cómo y cuándo publicar los temas y cómo encauzar sus efectos en la vida política. Es una circunstancia completamente normal: son empresarios y actores políticos y como tales, protegen esos intereses.

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