Joyeria de plata mexicana para cautivar

Leyla Méndez

Tesoros del Registro Civil: Caricaturistas

El estudio de la caricatura en México ha sido del interés tanto de escritores, historiadores, como de los propios caricaturistas contemporáneos; su objetivo se centra en recuperar el legado de sus antecesores y darle sentido a esa actividad periodística. Tenemos, por ejemplo, los diarios de la primera mitad del siglo XIX, que se fundaron a la par del Movimiento de Independencia de 1810, con viñetas que cuestionaban la hegemonía de la Corona española, esto dará inicio a la producción de las primeras imágenes que con los años se convertirían en obras maestras del periodismo gráfico. La impronta independentista y liberal en el periodismo, teniendo como artífices a José Joaquín Fernández de Lizardi, Francisco Zarco, Guillermo Prieto o Andrés Quintana Roo, tuvo siempre la visión de hacer de esta actividad el recuento histórico en el momento que ocurrían los acontecimientos ya sea, tanto en los pronunciamientos, escritos, noticias o crónicas, como en los dibujos y cartones de la época.

La mayoría de los dibujantes crecieron al día, como autodidactas o con formación generacional del oficio. En la plenitud del Porfiriato y con la fundación de la Academia de San Carlos de la Universidad Nacional, muchos caricaturistas adquirieron las diversas técnicas. Es visible en sus trabajos, la educación formal en el uso del color, la composición, la perspectiva, el cuadro académico proveniente de la pintura del renacimiento, las técnicas de producción gráfica como la litografía o cromolitografía, pero lo más importante fue su formación social a partir del movimiento pre-revolucionario y de la misma Revolución de 1910.

La generación de caricaturistas de principios de siglo XX fue, sin duda, el referente con el que cuentan ahora los moneros para continuar con la interpretación de nuestra sociedad. La caricatura es sutileza, es síntesis, es sensibilidad inaudita, es percepción analítica, es crítica feroz pero, sobre todo, es talento sin cuestión. Es por ello que en el marco de los festejos del Bicentenario de la Independencia, Centenario de la Revolución y 150 aniversario del Registro Civil, el Gobierno del Distrito Federal, a través de la Consejería Jurídica del Distrito Federal, decidió dar a conocer el trabajo histórico de la institución pública que otorga identidad a los habitantes de la Ciudad de México y a través de un serial de publicaciones denominadas Tesoros del Registro Civil, recuperar la trayectoria histórica tanto del Registro Civil como de los no anónimos, de nombre y apellido, entre ellos, los caricaturistas.

Se había contemplado en un primer momento hacer un libro de periodistas, pero la idea no cristalizaba. La tarea era titánica y justamente en medio de la celebración, a casi ya un año, tuvimos un encuentro producto del azar y, valga la pena mencionar, se hizo de manera virtual -como se hacen ahora las relaciones sociales- y, posteriormente, cara a cara, con Agustín Sánchez González.

Con el platicamos mucho y de muchos temas. Al final de la conversación propuso realizar una investigación para hacer un libro en el contexto de los festejos. Como especialista en el tema, Agustín tiene relación con “Trizas” y de manera coordinada con el Museo de la Caricatura, y de algunos medios de comunicación como El Universal y El Economista emprendimos la tarea; contamos con el aporte desinteresado del monero “Patricio” y del hijo de Don Ernesto García Cabral, -gran caricaturista de mediados del Siglo XX-. El resultado fue un libro de 104 páginas, todas a color con papel couché semi mate y una textura que semeja al terciopelo; suave y delicioso. Tesoros del Registro Civil: Caricaturistas, es una vuelta al pasado, es además, la coincidencia con el tiempo que por generaciones vimos pasar a un país, nuestro México, en diversos procesos políticos y sociales no concluidos; pero también es un guiño a nuestra infancia a través de la historieta, las tiras cómicas o los pequeños gags que nos hacían reír en nuestro tiempo libre. Con una secuencia cronológica, de acuerdo con la inscripción del acta de nacimiento, matrimonio y defunción, Tesoros del Registro Civil: Caricaturistas, en el diseño de cada uno de los caricaturistas se incluye el documento original para ver de cerca los datos de su identidad; el nombre de sus padres o de sus abuelos; los testigos del acto civil; las enfermedades de la defunción; la actividad de la pareja en el caso del matrimonio o en algunos casos la inscripción del divorcio deseado por las partes: triste final de una relación que consigue otro futuro. En el libro, encontramos a 48 moneros de tres generaciones. Los del siglo XIX, los del siglo XX y los que viven en el siglo XXI. No son todos los caricaturistas del país, faltaron muchos y lamentamos no haberlos incluido, algunos porque su inscripción civil no estaba en el Distrito Federal y otros por razones personales prefirieron no hacerlo. El viaje a la memoria inicia con un acta de defunción del pionero de la caricatura en México, Napoleón Constantino Escalante y Riego, quien muere el 21 de octubre de 1868 dejando su creación en los periódicos El Sombrero y El Impolítico; asimismo, fue fundador del periódico La Orquesta, en 1861. El redactor del periódico El Siglo XIX, Hilarión Frías y Soto, lo consideraba como”… el detalle de lo sublime”.

También destacan, José de Jesús de los Ángeles Tiburcio Alamilla y Cortés, mejor conocido como “Alamilla”, quien publicó en revistas impresas por Don Irineo Paz, abuelo del escritor Octavio Paz; Jesús Martínez Carreón, quien trabajó en El Hijo del Ahuizote y fue arrestado en octubre de 1906 al descubrirse que en su imprenta se publicaba el periódico La Revolución Social, visión crítica al Porfirismo; Santiago Hernández quien nació en 1832 y participó activamente en la defensa del Castillo de Chapultepec e ilustró las novelas de Vicente Riva Palacio. Con una estética costumbrista, Carlos Alcalde Alserreca participó en revistas como Mundo Mágico y diarios como El Popular y El Heraldo, también ilustrador de cuentos como Pulgarcito. En su anónima estancia en la Escuela Nacional Preparatoria,

Francisco Zubieta Valdéz dibujaba las portadas del periódico El Chisme en la transición al siglo XX. Sorpresivamente, José Guadalupe Posada, José Clemente Orozco, Miguel Covarrubias, Roberto Montenegro -conocidos como grabadores y pintores, respectivamente-, Alberto Isaac, cineasta independiente, o Germán Julio Malvido, arquitecto tuvieron también como oficio la caricatura. La mayoría de los moneros frente al poder, han cuestionado su actuación, como son los casos de Eduardo Gómez y Sánchez; Luis Fernando Enríquez Rocha; José Carlos Inclán Herrera; Alfredo Tomás Guasp Alpuche; Pedro Sol; José Luis Perujo Roncal; Rafael Barajas “El Fisgón”; Clemente Islas Allende; José Luis Diego Hernández y Ocampo “Trizas”; Carlos Neve; Antonio Helguera; Patricio; Bulmaro Castellanos -quien en el proceso de realización del libro se enteró que era divorciado-; Gabriel Vargas; Alberto Huichi; Ángel Zamarripa Landi “Fa-Cha”; Alejo Vázquez Lira; Antonio Arias Bernal “El brigadier”; Alberto Beltrán -heredero histórico del Taller de Gráfica Popular-, y el propio Ángel Rueda han puesto de manifiesto su astucia y agudeza en la representación de las imágenes. Contrario a lo que pudiéramos pensar, el retrato también ha sido una de las vertientes que los moneros han explorado, como oficio de pintor, representan con gran ingenio y arrojo en el trazo a diversos sujetos públicos, en Tesoros del Registro Civil: Caricaturistas, Luis Tonatiuh Carreño Limón muestra un retrato de Miguel de Cervantes Saavedra con estética renacentista; Alejandro Pérez Basurto “Apebas” hace un John Lennon con la destreza de la mano que guía el lápiz creando los rasgos inconfundibles del gran “Músico de Liverpool”, y finalmente David Carrillo González presenta a José Stalin, para muchos olvidado.

El libro presenta la mirada de las mujeres de Guadalupe Rosas, egresada de la Escuela Nacional de Artes Plásticas, se muestra una catrina que llena de color y de alegría al mítico personaje en la vida, después de la muerte; por otra parte se presenta el talento de Cintia Bolio, quien fue educada en la Escuela de Iniciación Artística del INBA -de donde fue expulsada por caricaturizar a su maestro de artes plásticas-. Ambas tienen su propio estilo y reivindican una actividad de ser moneras en donde la mayoría son creadores masculinos, pero ellas emprenden diversas actividades ya sea en la difusión de la cultura o en la vanguardia tecnológica, atreviéndose a utilizar medios alternativos para la promoción de su obra.

En el recuerdo de nuestra niñez y de otros, su adolescencia, queda el legado de Hugo Tilghman Díaz: Mamerto y sus Conocencias, de 1927, imbricación de los tipos sociales rurales en la ciudad. En la historieta no podemos evitar nombrar al controvertido niño precoz, el negrito Memin Pinguín de Sixto Burgos o la historia -casi en estudio sociológico- de la Ciudad de México vista a través de la vecindad del callejón del cuajo y La Familia Burrón, de Gabriel Vargas. Cada domingo se podían leer en tiras cómicas las aventuras del antihéroe de Chicarrin de Armando Guerrero Edwards y con José Enrique Heras que además de ser un gran diseñador -diagramó los gráficos de la linea 3 del metro- publicaba sus “monitos” en el periódico El Día, en los que planteaba su cuestionamiento a la crisis económica del país. Por su parte, las caricaturas de don Ernesto García Cabral, el “Chango Cabral”, son un icono para la cinematografía de los años 30 y 40, pues muchas de sus obras fueron utilizadas en los carteles promocionales. Su aparición en el libro de Tesoros cobra gran revuelo, primero porque los derechos de la obra son del hijo y representaba un gran desafío para su cesión, pero una vez que se inició la relación, sólo se vio contribución y buena voluntad para el proyecto. Realizar un libro fue un gran reto, por una parte los recursos limitados y el equipo mínimo de operación humana para su elaboración y por otro la producción de los materiales de investigación e iconográficos en un cortísimo tiempo. En simultáneas siempre trabajamos con todo el equipo, la estrecha y constante relación con el diseñador derivó en profunda amistad, donde los códigos de lo que se quiere hacer en la producción de un libro se leen y se entienden como si tuviéramos una vida compartida. Luis Miguel Aguilar Aceves con muchos años de experiencia en el diseño, además del diagramado y de escuchar las observaciones de la edición le debemos el resultado de la impresión que tanto ha gustado.

Luis Armando Suárez, editor chiapaneco, con quien tuvimos largas sesiones -muy divertidas- de corrección de estilo, le debo mi interés metódico de no dejar ni una palabra sin revisión; el equipo de relaciones públicas, Iram Pérez y Tania Viramontes, lograron la armonía y las buenas relaciones con los caricaturistas vivos y los periódicos El Universal y El Economista; la operación administrativa, también de suma importancia, fue coordinada por Francisco Huerta Barrón y ejecutada por su equipo; y claro está, se reconoce el trabajo de modernización y de digitalización de actas por parte del Registro Civil a cargo de Hegel Cortés; agradecemos el trabajo de buscar las actas de los caricaturistas bajo la supervisión de Tania Vargas, Jorge Flores y Alejandro Villalba. Agradezco profundamente a Leticia Bonifaz, quien propuso la concepción del proyecto editorial y la oportuna posibilidad de darle un vuelco a mi vida que en ese momento sostenía con ahínco el cabildeo en encuentros, reuniones, acuerdos, desayunos, comidas, cenas y una vida social sin descanso con los diputados de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal. Los Tesoros del Registro Civil, no me cabe duda tienen un fin social, podrán ser consultados en todas en las bibliotecas de la Ciudad por niños y jóvenes principalmente.

Agradecemos a Paco Ignacio Taibo II, la sesión de las viñetas de su padre, Francisco Ignacio Taibo Lavilla, Paco Taibo I (escritor, cinéfilo, dramaturgo, hombre del renacimiento en pleno siglo XX). También agradezco a Paloma Saiz Tejero que con su pasión por la promoción editorial hizo que el encuentro con Agustín Sánchez se hiciera posible. Cerramos la edición de con un Gato Culto y un libro que suena con una campana: Tan, Tan.

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