Premio Nacional de Protección Nacional
Cinque Terre

Alberto Monroy

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Tendremos la primera elección del siglo sin una opción de izquierda

Las izquierdas en México siempre han tenido que lidiar con la paradoja de que el grupo en el poder, desde el triunfo de la Revolución de 1917, se apropió de la marca y, en gran medida, cooptó (por la buena o por la mala) a casi todas sus expresiones.

Destacada y significativamente, fueron comunistas, anarquistas y socialcristianos (en México, curiosamente alineados a la derecha del espectro) casi los únicos que no se subieron al carro triunfante de la Constitución de 1917. Conforme la Revolución se estabilizó y congeló en Estado (el Maximato: no uno progresista y de izquierda, hay que decirlo), las expresiones populares de izquierda comenzaron a poblar los espacios alrededor del aparato estatal.

Pero es de nuevo el sorprendentemente elástico Estado surgido de la Revolución (mediante el ascenso al poder de Lázaro Cárdenas y su iniciativa del Plan Sexenal) el que recluta el nuevo esfuerzo de movimiento popular (la CGOCM de Lombardo Toledano; el movimiento obrero y campesino más profundo de nuestra historia), para refundar el PRN de Calles (espacio de caudillos militares) y construir el PRM (de sectores corporativos), es decir el Estado/Partidazo que dominó México (aún con altibajos y cruentos combates aislados en la parte baja de la pirámide) los siguientes años del siglo.

Esa trayectoria tan peculiar hizo que nuestras izquierdas no sistémicas se establecieran con la marca de la insignificancia numérica (con la probable excepción del PCM de 1938-1940, que acarició la Secretaria de Organización de la CGOCM/CTM, si bien por razones de unidad y concordia aceptó ceder el cargo al líder de los lecheros: el hoy célebre Fidel Velázquez). De todas formas, Lombardo y los comunistas fueron expulsados pocos años después cuando se crea el PRI: uno se dirigió a una especie de oposición legal no competitiva (el PPS), mientras que el PCM fue enviado a la clandestinidad hasta la reforma de 1977.

Luego de las cada vez más frecuentes y costosas rebeliones en la base de la pirámide (la de médicos y maestros y la campesina de los años 50, la estudiantil de los 60, la guerrillera de los 70), y con una creciente fuerza electoral del PAN, el sistema inicia un tímido proceso de reformas electorales que abren la competencia política legal y crean un círculo virtuoso de reproducción y fortalecimiento de hábitos y culturas democráticos… Se trató de un proceso largo y lleno de altibajos, pero generó la base política y legal de la actual situación política del país: elecciones profesionales y creíbles, partidos con presencia electoral y alta competencia regional y nacional.

En ese contexto, para la elección de 1988, la salida de la Corriente Democratizadora del PRI abrió una coyuntura única para la izquierda no sistémica (que tras una larga y complicada trayectoria había podido construir un partido, el PMS, que por primera vez aspiraba a alcanzar los dos dígitos en las elecciones). Ambas expresiones unidas podrían ser una opción realmente competitiva, pensábamos muchos en ese momento. Yo era dirigente del CEU y de acuerdo con nuestra posición, éste no podía ni debía incorporarse a la lucha partidista; sin embargo, por su cuenta y fuera de la organización estudiantil, algunos compañeros dieron el salto al formar el MAS (Movimiento Al Socialismo), que junto con los hasta entonces partidos satélites (PARM y PPS) lanzaron la candidatura presidencial de Cuauhtémoc Cárdenas.

Unos meses después, Heberto Castillo declina a la candidatura del PMS en favor de Cárdenas y el FDN adquiere el ímpetu y la energía que hicieron esa coyuntura tan significativa para la historia moderna del país. El PRI gana de panzazo con una cuestionadísima elección, y surge la oportunidad de convertir al Frente en partido político.

La insurgencia electoral de 1988 dio pie a la creación del PRD en 1989: Nunca he sido perredista, pero saludé con optimismo la creación del partido; veía en esa fusión la posibilidad de que las izquierdas no sistémicas superaran su gran problema político (la marginalidad e insignificancia electoral) e ideológico (el dogmatismo anacrónico de su irresuelta herencia socialista). Además pensaba que al recio pragmatismo del nacionalismo revolucionario que se salía del PRI ante el viraje neoliberal de los 80, le iba a ser muy saludable confrontarse y convivir con las nuevas tendencias de la izquierda mundial (derechos humanos, minorías sexuales, ecología, etcétera).

Y pese a momentos brillantes durante casi 30 años (hechos meritorios que no pueden tirarse por la borda), en términos de cultura política y ética de la función pública, lo que predominó en el PRD fue la fusión de lo peor de ambas tradiciones: el atraso, el patrimonialismo, la corrupción, el oportunismo y la intolerancia, la disciplina al cacique carismático y el ataque a la disidencia interna, el clientelismo, el corporativismo y la cooptación…

Recuerdo una visita a mi escuela (Economía) en Ciudad Universitaria, y otras más del segmento “grillo” (Filosofía, Políticas, Ciencias), poco después de la elección de 1997; había en el ambiente una euforia contenida, una especie de alta expectativa disfrazada de duda optimista. Inclusive para grupos y tendencias lejanas a los equipos ganadores de las primeras elecciones del DF, el gobierno de Cárdenas en la capital era visto como algo que realmente podría cambiar las cosas.

Y no dudo que en ese ambiente ya pululaba el segmento que simplemente, como dice el viejo refrán priista, sentía que por fin le había hecho justicia la Revolución y solamente pensaban en prebendas y negocios… Por desgracia hubo de tocho morocho y ambas culturas se apoderaron de espacios públicos desde el día uno del nuevo experimento.

Y si por accidente alguien piensa de esta descripción que la dicotomía era entre nobles izquierdistas y corruptos expriistas, déjenme aclararles que no fue así. Si algo prueba contundentemente la historia del PRD es que la corrupción sí es un problema cultural profundo; y que no hacerse cargo de ello nos ha llevado al estado actual de bancarrota moral.

Luego de la salida de Morena y tras la elección de 2015, resultó evidente que el PRD debía refundarse y en agosto de 2016 dejó ir la oportunidad pues eso representaban @zoerobledo, @RiosPiterJaguar, @Beatriz_Mojica y @ferbelaunzaran; fue la última llamada para convertirse en un partido de causas y proyectos, y dejar de lado su ruta autodestructiva de corrientes y caciques carismáticos.

Luego está el equívoco del Pacto por México; cuando en 2012 los partidos de oposición (con una sorprendente madurez) entendieron que se podían y debían construir consensos en temas fundamentales, PAN y PRD no pudieron deshacerse de ese cáncer de la política mexicana, signo del atraso y el prejuicio: “la negociación es claudicación”.

De ese modo, les cedieron a sus críticos internos (y externos) una legitimidad absurda al no reivindicar como propios los beneficios derivados de esos acuerdos, que además permitieron detener una inaceptable parálisis legislativa de 21 años. Como en toda democracia civilizada, los partidos deben alcanzar compromisos sin dejar de manifestar y luchar por sus diferencias.

El gobierno de Peña entendió que también le convenía construir acuerdos en asuntos clave como educación, transparencia, reforma política, política fiscal, energéticos y telecomunicaciones, aunque ello pusiera en riesgo o vulnerase intereses de poderes fácticos aliados a su gobierno, como el SNTE, Slim o Televisa.

La ventana de oportunidad para procesar estas reformas se vio cortada de tajo a los dos años por tres factores independientes: el escándalo de corrupción por la casa blanca de la esposa del Presidente, fuente permanente de revelaciones y escándalos de usos indebidos y abusos en el manejo del erario; la reforma energética, que pese a poner las cosas como en la ley Cárdenas de 1940 fue demasiado para la tradición y la historia del PRD, que se salió del Pacto; y el asesinato de los normalistas en Iguala, que puso al PRD y a AMLO en el filo de la sospecha, y arrinconó al gobierno en una serie interminable de acusaciones e insinuaciones de todo tipo y talante.

Y en ese punto, la descalificación del Pacto adquirió carta de legitimidad y se volvió diluvio, recurso propagandístico, y herramienta de debilitamiento de las instituciones políticas, no de su necesaria reforma. Tanto en el PAN como en el PRD, las direcciones se volvieron rehenes del discurso anti-Pacto de sus enemigos internos y externos.

Raúl Trejo decía en 2015:

“Era natural que, por ejemplo, los rivales de dirigentes como Jesús Zambrano y Carlos Navarrete dentro de su propio partido quisieran descalificarlos diciendo que se entregaron al gobierno cuando suscribieron el Pacto. No pocos de quienes propalaron esa versión se marcharon a Morena o lo harán en algún momento. Pero en vez de afianzarse como una opción competente para propiciar reformas y, al mismo tiempo, seguir siendo opositora, esos dirigentes se abstuvieron de reclamar el capital político que les correspondía por tales cambios. […] Más aún: al dar la espalda a esas y otras reformas, los partidos de oposición contribuyeron a restarles base social”. (http://www.cronica.com.mx/notas/2015/912895.html#)

 

 

Para este año, las tendencias centrífugas desatadas por la Presidencia de Trump, el gasolinazo y el afianzamiento de AMLO como opción de alternancia para varios actores y factores de poder real que hasta ahora le habían hecho el feo, está literalmente torpedeando la línea de flotación de un PRD cada vez más deteriorado y ensimismado. Y la cauda de deserciones, individuales o de facción, a veces tiene la apariencia de una estampida.

 

El saldo neto de esta historia es que, por primera vez en el siglo, no tendremos una opción de izquierda en las elecciones de 2018: competirán el PRI actual, el PAN y el PRI eceheverrista-JoLoPista representado por Morena… El proyecto perredista tendrá si acaso un papel apenas testimonial, o de socio menor de una coalición.

 

 

Alimañas

 

La decisión de los árbitros del futbol mexicano de irse a paro hasta que los dos jugadores que los agredieron fueran sancionados con un año de suspensión, como era debido, nos muestra que aún en algo tan frívolo como el deporte de las patadas, hay un creciente desdén y desinterés por las reglas y la autoridad establecida para hacerlas prevalecer… Ese es un signo peligroso para la sociedad.

 

Apenas se constituye Delfina Gómez como candidata de Morena al gobierno del Edomex, y el líder de ese partido, en lugar de criticar al puntero del PRI, dijo que demandará una investigación judicial contra la aspirante panista, Josefina Vázquez, por supuestos fondos públicos en su Fundación “Juntos Podemos”. ¿Tendremos una nueva edición de la estrategia PRI-Mor inaugurada en Veracruz y usada exitosamente en Oaxaca?

 

Sobre la decisión de un juez de declarar inconstitucional la aplicación de foto multas en la Ciudad de México, conviene aclarar que dicha sentencia no es extensiva al resto de los automovilistas, pues estos tendrían que iniciar su propio procedimiento de amparo.

 

Los padres de los normalistas asesinados en Ayotzinapa en 2014 por el narco se han dejado manipular desde entonces por la CETEG, la CNTE y otras faunas regionales para extorsionar al gobierno y empujar su agenda política… El hecho de que uno de ellos haya interpelado a AMLO en Nueva York no cambia nada, aunque el pejismo lo quiera presentar como un villano.

 

Dicho lo cual, debe subrayarse que la cantaleta de “fue el Estado” era en buena medida una gran coartada adoptada entusiastamente por AMLO y el PRD, entre otras razones, para no tener que explicar sus muy cuestionables y sospechosas relaciones con Aguirre, Mazón y Abarca, personajes claves en la tragedia. Eso también es innegable y sigue sin ser cabalmente esclarecido.

 

Por más maniobras de distracción que Donald Trump ha realizado para evadir la atención de su conexión rusa, la investigación prosigue. El inicio de un procedimiento camaral ya se asoma en el horizonte. De muy poco le sirvió acusar a Obama de espionaje telefónico, y a la larga esa imprudencia le puede salir muy cara.

 

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