Julio Valdivia Silva

¿Te imaginas viviendo en Marte?

Entrevista a un buscador de vida en el planeta rojo

Nos conocimos en una fiesta. Él bailaba cumbia colombiana en medio de la pista, danzaba con su pantalón de mezclilla, su camisa y sus anteojos de científico loco. Entre mezcal y tequila, yo me acerqué a preguntarle si era cierto aquél rumor de que trabajaba en la NASA viajando a otros planetas por medio de un androide. Desde sus lentes espaciales me dijo que sí y le propuse hacer una entrevista.

Julio es un médico peruano de 35 años y trabaja en la NASA para el proyecto Curiosity así como también investiga acerca de los efectos que el espacio tiene sobre el cáncer y su tratamiento.

Julio ingresó en la Facultad de Ingeniería Mecánica pero luego de un año se postuló en la Facultad de Medicina donde creyó encontrar otras formas de desarrollar su curiosidad. A partir de la Medicina Clínica y Quirúrgica y de la vida asistencial, incursionó en cuestiones de DD.HH en salud, y se formó en los campos de la Inmunología y la Biología Molecular. Integró varios grupos de jóvenes con similares intereses que ya tienen 15 años de formados en Perú. Estos grupos lo hicieron conocido en diversos ámbitos de la investigación local y le permitieron conocer a gente de otras latitudes.

Investigadores de la NASA y la UNAM conocieron su trabajo cuando los apoyó en Perú durante una incursión que ellos realizaban por desiertos peruanos y chilenos que tienen características similares a Marte. Sin pensar y sin planear, el trabajo de hacer lo que realmente le gustaba se convirtió en un punto de partida que lo encaminó en lo que él llama un “fantástico sendero de 8 años fuera de casa” donde se sumergió en campos de la ciencia que nunca podría haber imaginado habitar tan intensamente.

Hoy vive en México y tiene sueños marcianos. Se dedica al intentar comprender qué es la vida y en qué medida existe fuera de la Tierra. Julio me recuerda la ambición insaciable de la raza humana. Nuestra genética nos impulsa hacia el sol, nos eleva hacia afuera. Deseo irresistible por colonizar, por dejar una pisada en Marte.

Antes de comenzar le confieso que estoy llena de prejuicios, no sé nada sobre alienígenas. No me simpatiza la NASA. Ya me aburrieron las películas gringas que fantasean con el aterrizaje de naves espaciales en Nueva York. Pero al igual que él, mi curiosidad es mi brújula. ¿Será Julio un extraterrestre encubierto?

¿Julio, cómo llegaste a ser quien eres?

Es una pregunta difícil de responder porque siempre me veo como alguien que aún no está listo para todo lo que me gustaría ser, de manera que la pregunta que generalmente me hago es: ¿qué debo hacer para ser quien quiero ser? La respuesta siempre es simple, alguien que y aporte en el entendimiento del cáncer, no para ser famoso o ganar premios, sino para apoyar a gente como mi madre que falleció sin tener las oportunidades que creo todos merecen sin importar el dinero que tengas. Cuando hago un punto de corte, veo hacia el pasado y hacia el futuro un camino muy largo, cuyo recorrido muchas veces me motiva o desmotiva por todo lo que conlleva y porque hasta ahora ha significado muchos desafíos personales y sacrificios.

Creo que al igual que todas las personas, soy un producto de la gran cantidad de vivencias, estímulos y enseñanzas desde mi niñez que lograron inculcar en mí el amor por la ciencia y la medicina. Creo que un punto inicial es el hecho de haber nacido en el seno de un hogar de padres a quienes les gustaba la lectura, una mamá profesora de primaria y un padre dedicado a la lengua y literatura, profesor de secundaria y además abogado. El apoyo de ellos a lo largo de mi vida encendió, creo yo, la curiosidad como parte activa de mi vida cotidiana. Realmente, la curiosidad por entender las cosas me llevó a dilemas e indecisiones porque quería conocer todas las opciones en la misma magnitud.

Es así que llegué a México, donde me dediqué a la Astrobiología tratando de entender qué es la vida, si hay vida fuera de la Tierra y/o hacia dónde evoluciona. Como puede suponerse, estas preguntas no pueden ser resueltas solo por una de manera que debía haber una relación con muchas otras ciencias, por lo que tuve que aprender mucho más de química, geología, geoquímica, física, etcétera. Adicionalmente, mi vida médica no podía quedarse estática, así que en otro instituto de investigación de manera voluntaria y a veces secreta me dediqué a estudiar la inmunología del cáncer. Todo esto finalmente permitió que me graduara en estas áreas de la ciencia y que llegara luego de una dura aplicación a la NASA en EU. Allá conocí gente increíble, ingresé a diferentes proyectos que tienen que ver con la misión que está actualmente en Marte, el MSL, cuyo robot explorador se llama “Curiosity”. También ingrese al programa de Singularity University que está en NASA Park, que me abrió los ojos en cuestiones del avance tecnológico y la posibilidad de mejorar la vida de la gente. Participé en proyectos de células madre y regeneración de tejidos en microgravedad, que me dieron enfoques diferentes para el cáncer. Ahora regresé a México un tiempo, porque no puedo ser yo si no me alimento periódicamente del calor latino. Si finalmente tengo que poner el nombre al motor que me hace avanzar sin duda es mi madre y el deseo de hacer algo diferente para gente que como ella no tuvo oportunidad.

¿Qué crees que es la ciencia? ¿Cuál es su naturaleza?

Creo que definir la ciencia y su naturaleza son temas que van más allá de unas cuantas líneas que mi incompleta percepción pueda darte. Sin embargo coincido con que la ciencia es un gran conjunto de conocimientos obtenido mediante una secuencia lógica y sistematizada de procedimientos racionales, objetivos y verificables conocidos como método científico. Estos conocimientos se obtienen de la naturaleza y ayudan a formar una construcción conceptual de la realidad. Por tanto su naturaleza está inmersa en la misma realidad y como el hombre la descubre y describe con el método (la investigación científica). La ciencia solo avanza con la investigación, que a su vez incrementa más el conjunto conocimientos. Esto hará que mientras más avanza la ciencia los conocimientos de la realidad serán más profundos, amplios y exactos; por tanto cambia, es dinámica, y nunca se detiene. Obviamente, por ser un acto humano hay también errores, los cuales a su vez se van corrigiendo. Como una breve conclusión podrá decir que la ciencia es la herramienta del hombre para dominar la naturaleza y mejorar la sociedad, incrementa nuestra inteligencia, nos da disciplina y libera nuestra mente.

¿En qué sentido la ciencia libera tu mente?

La mayoría de nuestros actos a lo largo de la vida cambian constantemente porque adquirimos experiencia y patrones sociales que guían todo nuestro pensar y actuar. En esta adquisición de “madurez” perdemos algunas características innatas con las que nacemos, y no porque esté mal, sino porque sin darnos cuenta nos dejamos abrumar con el trabajo y preocupaciones que nos hacen más monótonos y súper especialistas en campos definidos. Así, una característica que perdemos muchos es la “curiosidad” lo que involucra perder la sintonía con nuestros sentidos. En general solo asociamos “la curiosidad” con los niños, o con las señoras (o señores) chismosas que quieren saber la vida ajena de las personas, pero no nos ponemos a pensar que esta característica es la que nos permitió supervivir. En realidad los actos curiosos también pueden ser peligrosos, pero así aprendemos y así descubrimos. Por eso, la ciencia requiere de curiosos que de manera paulatina estén dispuestos a ser una especie de niño-grande, que a su vez se permitan elucubrar nuevas ideas y captar detalles únicos que los convierten en un tipo de “artista” que plasman su realidad en una obra maestra mental.

De esta manera los científicos podemos ver una planta, una roca o lo que sea con una visión diferente, ¿porqué, para qué, que hay detrás, cómo, cuándo?, y con diferentes preguntas que hacen en tu cabeza soñar con respuestas y buscar la manera de encontrarlas. Tu mente deja de estar en una jaula llamada “cotidianidad” para estar libre en un mundo donde todas las cosas te maravillan con sus miles de matices cambiantes y con sus incógnitas infinitas mientras más te acercas. Te aseguro que quien ama la ciencia tiene una mente libre de prejuicios y lo que es mejor, tiene una mente que acepta¡ los cambios.

¿Podrías explicarme brevemente cómo comenzó la vida?

Estoy seguro de que si supiera la respuesta, sería el científico loco más envidiado de la comarca, ya que para entender cómo empezó tendría que tener la respuesta a una pregunta anterior a esa: ¿qué es la vida?. Y aquí sí me meto en líos porque tendría que discutir desde temas teológicos y metafísicos hasta múltiples definiciones de cada área de la ciencia. Por ello es que mucha gente dedicada a este campo unió fuerzas y formo una disciplina conocida como “astrobiología o exobiología”, la cual une varios campos de la ciencia con el fin de responder estas preguntas. Y así, en ésta búsqueda constante de definiciones, muchos sugieren que debemos referirnos en la investigación como la existencia de seres vivos y no como la existencia de vida, ya que de esta manera podemos evaluar su inicio buscando los requisitos indispensables para que puedan existir. De esta manera, para que existan los seres vivos (o la vida) se requieren tres factores fundamentales que son siempre las constantes: agua líquida (porque solo en este estado, el agua puede ser usada por las células), materia orgánica (la vida como la conocemos se construye de carbono orgánico, que es el ladrillo de todas las moléculas) y energía (que mantiene todo en movimiento y permite reacciones importantes). Luego la vida debió comenzar cuando estos tres requisitos estaban presentes y son justamente lo que todas las agencias espaciales buscan en el Universo, que estos factores coexistan o que hayan coexistido en algún punto de la historia. Así -en un evento afortunado y con un tiempo apropiado y desconocido para que todo interaccione- que puede haber durado muy pocos cientos de años o miles de miles de años, apareció la primera protocélula capaz de reproducirse y transmitir información a sus hijas. A partir de ese magnífico momento la vida se arraigó de nuestro planeta Tierra, que es todavía la única fuente de vida que conocemos, creciendo y diversificándose hasta alcanzar formas muy complejas que conocemos ahora.

¿Y en qué medida la diversidad de seres vivos que habitan en la Tierra es una señal para medir la vida en otros planetas?

Te aseguro que en gran medida. Seguramente habrás escuchado decir que las leyes de la física y la química son universales; esto puede sonar atrevido pero muchas evidencias lo demuestran. Los astrónomos ven que las muy lejanas estrellas y planetas cumplen leyes físicas que en nuestro sistema solar y en nuestro cotidiano se dan, químicos planetarios y sondas en otras lunas lejanas muestran que las reacciones químicas siguen leyes que también se dan en la Tierra y se pueden explicar. Pero ¿podemos decir que la biología es universal? Obviamente la respuesta es un NO rotundo, ya que la Tierra es hasta ahora nuestra única fuente de seres vivos. Sin embargo, dado que tenemos leyes físicas y químicas aparentemente universales, la vida como tal o los seres vivos tuvieron que ser formados por esas leyes que naturalmente buscaban su equilibrio (lo que los científicos conocemos como un equilibrio termodinámico). Por tanto, es lógico pensar que la vida siguió un camino natural para su formación y este camino podría ser tomado en múltiples lugares del universo.

Dada esta breve introducción concluimos que no tenemos nada mejor como parámetro inicial que nuestro bello planeta, donde los seres vivos han llegado a colonizar completamente. Realmente, la vida se encuentra en lugares insospechados y extremos como el fondo marino, desiertos hiperáridos, en áreas con altas temperaturas cercana a volcanes, o muy bajas como en el hielo de la Antártida, con alta radiación, con altas presiones, sin oxigeno, dentro de rocas, etcétera. Así, usando este inmenso conocimiento de diversidad podemos extrapolar y buscar zonas similares en otros planetas que son potencialmente interesantes para albergar seres vivos similares. Esto no quiere decir que nos limitemos a pensar que la vida extraterrestre podría tener iguales características moleculares a las nuestras, pero lo que creemos es que éstas serian solamente “nuevas adaptaciones” a diversos ambientes en lugar de tener átomos diferentes y/o desconocidos. Obviamente, no estoy cerrado a ninguna posibilidad, pero para ello la evidencia es importante.

En este sentido y según tus investigaciones… ¿Podrías explicarme en qué se parecen el desierto de Atacama y Marte?

Para entender la respuesta déjame comentarte brevemente algunas etapas de la historia de Marte y la Tierra. Hace aproximadamente 4 mil 500 millones de años se originó nuestro Sistema Solar y por ende los planetas rocosos o denominados tipo Tierra (Mercurio, Venus, Tierra y Marte) se fueron formando muy rápido alrededor de nuestra estrella (el Sol). Estos planetas debido a que son más densos por el tipo de átomos que tienen, mayormente metálicos (Hierro, Níquel, etcétera), se quedaron más cerca del sol mientras que los mas gaseosos (menos densos) se alejaron y formaron los planetas enormes que conocemos (Saturno, Júpiter, Urano y Neptuno). Lo interesante de todo es que tanto Marte como la Tierra comenzaron a tener una historia geológica y atmosférica similar presentando volcanes y agua líquida, lo cual ha sido muchas veces corroborado y demostrado por las diversas misiones a Marte. Un ejemplo es la presencia del volcán más grande del Sistema Solar que se encuentra en Marte, el denominado Monte Olimpo, o la presencia de canales y minerales que sólo pudieron haberse formado en la presencia de agua.

Sin embargo, por algún proceso aún desconocido entre los 3.5 y 3 mil millones de años atrás (quizá un impacto de un asteroide o un cometa muy grande) el planeta Marte pierde su atmósfera y campo magnético ocasionando la pérdida del agua de la superficie; es decir, al no tener una capa protectora (la magnetosfera) de las oleadas continuas de partículas que vienen del Sol (el viento solar) el planeta empezó a ser literalmente barrido y a deshidratarse convirtiéndose luego de miles años en el desierto frío y congelado que hoy conocemos. En la Tierra en cambio, a los 3 mil 500 millones de años tenemos los primeros fósiles de bacterias provenientes de microorganismos complejos llamadas cianobacterias, trayendo la lección de que la vida debió originarse mucho tiempo antes de esta fecha.

Ahora, si la Tierra y Marte tenían características similares hasta ese momento, es lógico pensar que cuando en Marte se inicia la deshidratación (acidificación para darle el término exacto) pudieron haber existido diversos organismos vivos en ese planeta.

Aquí en la Tierra hay un lugar increíble, donde procesos de gran pérdida de agua están ocurriendo desde hace 20 millones de años. Este lugar que es único, cubre gran parte de la costa sudamericana y se llama comúnmente como desierto de Atacama. Es importante aclarar que no es todo el desierto donde se dan este tipo de procesos, sino en áreas especificas donde el aporte de agua es mínimo y/o que por sus características geomorfológicas, geoquímicas, físicas y otras climatológicas brindan interesantes similitudes a un Marte de más 3 mil 500 millones de años atrás.

Por ejemplo, estas zonas tienen lluvias de 1 mm al año, gran fluctuación de temperaturas, gran cantidad de oxidantes en el suelo que responden de manera muy similar a los resultados que tuvieron las naves Vikingo en Marte a fines de los setentas, minerales volcánicos, sales, la más baja cantidad de material orgánico, ausencia de vida macroscópica, paisajes exóticos formados por el viento, etcétera.

Obviamente no vamos a esperar que Atacama sea Marte, sin embargo este desierto es un excelente “análogo marciano” para tratar de entender como los microorganismos, de existir, pudieron sobrevivir a esta pérdida de agua, saber donde se escondieron y que mecanismos emplearon, o quizás nos pueda dar más lecciones de procesos no biológicos en casi ausencia de agua que podemos extrapolar para entender Marte.

También hay otros diversos análogos a Marte en la Tierra, justamente imitando una o unas pocas características a algún momento de la historia planetaria; por ejemplo los Valles secos de la Antártida imitan al Marte actual, un suelo congelado y con aparente ausencia de vida; Río Tinto en España imita áreas de un Marte antiguo con ríos ácidos donde minerales pesados abundan; Mojave en EU presenta rocas basálticas que son la estructura más abundante de Marte, etcétera.

¿Julio qué aportan las investigaciones de la NASA en la mejora de la vida de la gente en nuestro mundo?

El aporte de NASA desde su fundación en 1958 ha sido inmenso. Realmente te aseguro que muchas cosas que nosotros utilizamos cotidianamente y que no damos importancia fueron diseñadas primero para la exploración espacial y/o para la supervivencia de los astronautas. Cerca de 2 mil empresas salieron de los llamados “spinoffs” o subproductos de tecnología diseñada y desarrollada en NASA, que pueden ser fácilmente identificados haciendo una búsqueda rápida en Internet. Te puedo asegurar que te llevarás más de una sorpresa. Por ejemplo, los pañales desechables, las herramientas inalámbricas, detectores de humos, códigos de barras, el sistema de posicionamiento global (GPS), la mamografía, materiales para hacer cateterismo cardíaco, zapatos ortopédicos, termogramas, el espectrómetro de masas, el tubo de pasta dental, monitores cardíacos, materiales ligeros como el kevlar y el teflón, nuevas técnicas de tratamiento de agua, lentes de contacto, etcétera; son pocos entre la inmensidad de aportes a nuestra vida cotidiana. Por tanto, además de brindar conocimientos y satisfacer el “apetito explorador” la NASA, nos da constantemente herramientas que mejoran nuestra calidad de vida día con día.

Por otro lado, quisiera comentar algo importante acerca del aporte de las agencias espaciales. En esferas gubernamentales de Latinoamérica se ve a una agencia espacial como un ente secundario y no apto para países como los nuestros que tienen necesidades más básicas que atender, sin embargo este es un gran error porque además de que una agencia de este tipo crea tecnología y desarrollo, nos brinda seguridad y protección. Imagina si existiera una catástrofe como un terremoto. ¿Quiénes crees serían nuestros ojos para determinar supervivientes, zonas destruidas o zonas donde se debe actuar más o menos rápido? La respuesta es obvia: los satélites. Y estos son quizás una de las cosas más importantes que la NASA y la exploración espacial nos ha dado. No esperemos pararnos en un árbol y ver desde allí las áreas afectadas por esta catástrofe, seamos realistas y hagamos entender que los beneficios son grandes y constantes. Problemas de pobreza y podrían ser resueltos, o al menos enfrentados de otra manera, si conocemos mejor todas esas zonas aisladas donde mucha gente está olvidada como es el caso de las Cordilleras o zonas inmersas en la profundidad de la selva.

Personalmente no estoy muy feliz con el invento de los pañales desechables que tardan cerca de 500 años en desintegrarse. ¿Me pregunto en qué proporción la basura espacial producida por dichas investigaciones afecta a la salud de la tierra?

Creo que es importante diferenciar algunas cosas. La investigación que se hace del espacio es más antigua que la presencia de basura espacial, de manera que estos o desperdicios son producto de algunos de los medios que utiliza el hombre para explorar el espacio y no de la investigación del espacio. Todos los subproductos e investigaciones de los que te hablé antes no generan basura y más bien aportan importantes conceptos que permiten entender y cuidar a nuestro planeta. Un ejemplo positivo de ello es la fotografía que tomaron las naves Apolo de la Tierra. Esa foto de nuestro “Planeta Azul” dio un gran impacto social y ecológico que movilizo gente las décadas de los 60 y 70s en pro del cuidado del ambiente. Ahora, con respecto a la basura espacial, que son los restos de satélites, cohetes y otros materiales producto de las misiones, definitivamente son un riesgo y un peligro más para futuras exploraciones espaciales que para la salud de nuestro planeta. El problema de la basura espacial es que son fragmentos (incluso de centímetros) que van a alta velocidad y cuando colisionan entre ellos se fragmentan aun más y son realmente unos proyectiles que podrían perforar otros satélites e incluso ser un grave peligro para nuestra Estación Espacial Internacional.

Pero en cuestión de probabilidades un satélite o un objeto es un punto en el espacio y para que sea impactado es muy difícil. Ahora, si estos objetos cayeran a la Tierra casi en su totalidad serían incinerados y la probabilidad de que lleguen a la superficie es casi cero. El riesgo puede aumentar si los objetos son grandes, como satélites completos o como los tanques de propulsión de los ex transbordadores espaciales. Aunque no podemos controlar el lugar de caída, generalmente las trayectorias son medianamente calculadas y buscan que estos restos caigan en el océano donde después son recuperados casi en su totalidad. En el caso de que otros satélites u objetos cayeran al continente existen tratados de cooperación donde los gobiernos que enviaron esos objetos se hacen responsables de la limpieza y los daños ocasionados.

Aunque no soy un experto en esto, sí estoy de acuerdo con el hecho de que es un problema serio que puede llegar a agravarse, sin embargo también estoy seguro que cada vez nuestra tecnología va a permitir procesos de reciclamiento o nuevas formas de lanzamientos que produzcan menos basura. Finalmente, el espacio nos está enseñando muchas cosas que estamos aplicando en la Tierra, incluso investigaciones mías en cáncer han mostrado resultados prometedores donde la microgravedad detiene su crecimiento, y aunque no es correcto solucionar un problema creando otro, debemos también reconocer que tenemos tanta comunicación y tecnología gracias a nuestra aventura en el espacio.

¿Cuáles son los avances en los estudios del cáncer que se han logrado a partir de las investigaciones espaciales?

El estudio del cáncer es desde hace mucho tiempo uno de los campos más importantes en la biología y la medicina por obvias razones, es una importante causa de muerte en el mundo y trae consigo muchísimo sufrimiento incluso a la familia; sin embargo los enfoques que se le han dado a la enfermedad, y que algunos todavía los siguen utilizando, han sido a mi punto de vista muy reduccionistas. Esto es porque muchos colegas médicos e investigadores en cáncer se han circunscrito a la idea de que cualquier tumor canceroso es un conjunto de células que luego de haber sufrido mutaciones genéticas que no pueden ser reparadas y que a su vez las hacen resistentes a la muerte, entran en un estado de alta proliferación haciéndolas agresivas a tal punto que cuando son muchas en número requieren mayor cantidad de nutrientes y oxígeno invadiendo nuevos órganos distantes en un proceso llamado metástasis (que finalmente es la causa más importante de muerte por esta enfermedad). Aunque este hecho no deja de ser verdad, la visión es reduccionista porque ve a la célula cancerosa como la única mala de la película y por tal motivo los estudios se centran en querer matarla y en tratar de ver qué genes son los mutados, y como ya te habrás dado cuenta, esto ha ayudado a entender la enfermedad pero no de manera muy eficaz.

Hace aproximadamente una década los investigadores se dieron cuenta de algo muy lógico: la célula cancerosa siempre está acompañada de células sanas del tejido circundante, de células de nuestro sistema inmune que tratan de matarlas, de células endoteliales que forman vasos sanguíneos, constituyendo una especie de comunidad o microambiente que es más complejo que un grupo de invasoras malvadas con genes mutados.

Así, el término de “microambiente tumoral” surge como una visión más global que muestra cómo las interacciones dentro de esa comunidad son las que dirigen la progresión del tumor muchas veces independientemente de la genética inicial de las células cancerosas. Lo más interesante es que esta regulación podría estar también sujeta a esferas más allá del individuo, es decir a nuestro entorno.

Recientemente junto con el doctor David Lavan, un investigador colega y amigo de la Universidad Autónoma de Madrid, encontramos que la micro gravedad, por ejemplo la que se encuentra en la Estación Espacial Internacional, tenía efectos interesantes en las células cancerosas. Fue muy alentador ver que cuando eran sometidas a esta condición, muchas de ellas dejaban de crecer de manera irreversible, y dejaban de tener características de agresividad. Era como que regresaran su estado “maligno”.

Dado que la vida ha evolucionado en la Tierra donde siempre ha existido la gravedad como una constante, es sorprendente pensar la existencia de genes que sean sensibles a la ondas gravitacionales y más aun que éstos tengan un efecto selectivo sobre determinados tipos de células. Todo esto no significa que tengamos que enviar a todos los pacientes con cáncer al espacio, sino que al parecer el espacio es el que nos está enseñando lecciones importantes como la de saber qué genes “mutados o no” tenemos que frenar aquí en la Tierra, simulando el efecto que esa “condición de microgravedad” ejerce en las células cancerosas. Si te habrás dado cuenta, estos hechos juntan dos campos que aparentemente no tenían nada que ver: el espacio y el cáncer. Esto es lo que hace que la ciencia sea maravillosa.

Y regresando al futuro… ¿Qué piensas del proyecto MARS ONE de realizar un reality show para llevar en el 2023 gente al planeta rojo?

Tengo algunas dudas con respecto a su viabilidad. Estoy muy de acuerdo que la tecnología es exponencial y que elhombre en poco tiempo ha logrado cosas increíbles, sin embargo hablar de un viaje de cerca de nueve meses y hacer una colonia en Marte de aquí a 10 años es otra cosa. Algo que me puso a tomar en serio el proyecto fue el hecho de que dentro de su grupo de asesores hay investigadores muy serios, como mi ex jefe el Dr. Chris McKay. El es un creyente en temas de terraformación y colonización de Marte, pero junto con él también sabemos que para llevar una colonia hay muchos puntos vitales que no vi bien desarrollados en la página de la convocatoria.

Para empezar aunque tengamos la tecnología para llegar a ese planeta y tengamos un buen conocimiento de lo que encontraremos allá, no dicen nada acerca de los problemas de salud que tendrán los astronautas antes de poder siquiera acercarse al destino, ya que parecen olvidar que los humanos tienen graves problemas con daños irreversibles si pasan más de tres meses en el espacio. Esperar un viaje de 9 meses y luego permanecer toda una vida a una gravedad de 1/3, sabiendo que no hay ningún experimento biológico realizado a la fecha con esa magnitud de gravedad, creo sería un suicidio colectivo. Yo personalmente creo que sí haremos una colonia en Marte, el hombre logra retos que parecen imposibles, pero creo que este proyecto debe tener un poco más de evidencia científica que o simplemente será un reality show pero con un final dramático.

¿Y tú, Julio, cómo te imaginas que se daría en un futuro la “humanización” (o colonización) de Marte?

Marte es un planeta desértico, frío y congelado desde hace casi 3 millones de años y debido a la ausencia de un campo magnético sería muy difícil pensar en volverlo como la Tierra. Sin embargo, hay investigadores que sí piensan en esta posibilidad y le llaman a este proceso como la “terraformación de Marte”. Aunque suene algo de ciencia ficción este proceso consistiría en ir introduciendo al planeta microorganismos que sean capaces de soportar estas condiciones y que con el paso del tiempo cambien el ambiente y permitan introducir paulatinamente nuevos organismos hasta llegar a poner algunas especies de plantas. Todo esto acompañado de algún gas invernadero muy denso que al menos dure unos mil años (antes de ser barrido por el viento solar) para que el agua se descongele y pueda ser utilizada en su metabolismo.

Hay gente que ya propone especies de bacterias e incluso el tipo de gas que podría ser liberado para calentar el planeta, pero todo ésto aún se encuentra en hipótesis. Quizá los primeros pasos serían enviar robots que inicien la construcción de estas bases de manera que sean un soporte vital importante cuando lleguen los nuevos colonos humanos. En este punto retomo lo que comente, en tu pregunta anterior, debemos conocer más de la biología en estas condiciones porque seguramente también los colonos humanos querrán tener marcianitos y en este campo aun no conocemos nada.

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