Cinque Terre

Fedro Carlos Guillén

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Narrador, ensayista y divulgador de la ciencia.

Son influyentes: #ladytelmex

Las redes sociales, ese gran ojo que todo lo consigna, se han dado a la a veces penosa tarea, de captar momentos privados que nunca debieron hacerse públicos. Recordemos aquel video de la señora madre de Lucero bailando provocativamente para ser expuesta de una manera vergonzosa. Aunque, hay que decirlo, en algunas ocasiones tienen un efecto virtuoso dado que dan cuenta de abusos, actos de corrupción o prepotencia. Este último caso ha sido comentado múltiples veces a través de dos videos emblemáticos, el primero es el de las tristemente célebres “Ladys de Polanco”, un par de señoritas que aparentemente se bebieron hasta el aguarrás y al ser detenidas por la policía se dedicaron con la consistencia de un taladro a agredirlos y mentarles la madre hasta que se cansaron, sin que las fuerzas del orden supieran qué hacer. Luego (o antes, no recuerdo) se documentó el caso de un animal de nombre Miguel Sacal que ante una reacción inocua de un empleado lo atacó a telefonazos de la manera más impune posible. Ambos casos fueron virales y dejaron constancia de que si uno es idiota debe de andarse con cuidado.

El caso más reciente, de la señora Denise Dresser, si bien tiene puntos de contacto es completamente diferente ya que, como veremos, es un mensaje dirigido con plena conciencia a miles de destinatarios. Se sabe que la dama en cuestión pertenece a esta nueva generación de opinadores medianamente lúcidos que han emergido de entidades académicas y han dado el salto a los medios para ser lo que crípticamente se llama “líderes de opinión”.

Hasta ahí nada mal, el problema es que la plataforma que les dan los medios frecuentemente les confiere una sensación de poder completamente idiota que recuerda vagamente al chayote priísta. Veamos, estaba yo hace unos días sentado sin hacerle daño a nadie cuando mi amigo, el periodista Juan Carlos Romero, retuiteó el siguiente texto de la señora Dresser: “Oye @Telmexsoluciona cuando vienes a arreglar mi internet que lleva 2 dias sin funcionar, Reporte 16330742. O quieren otro artículo vs Slim?” Más allá de la piedad que uno debe tener con la ortografía me pareció ligeramente increíble que alguien en pleno uso de facultades pusiera una cosa así. Después de todo las redes sociales son también territorio fértil para imposturas, así que esperé cauteloso alguna confirmación que llegó en forma del siguiente tuit de doña Denise: “Sí soy #ladytelmex y sigo sin internet al igual q millones q ya pagaron por un servicio y no lo tienen. Sùmate y exige un buen servicio”.

Por supuesto el mundo se le vino encima, ya que es por completo arrogante y prepotente asumir que un artículo es una honda que uno enarbola para dar solución a un servicio doméstico. Imaginé en ese momento al ingeniero Slim pidiendo asilo en una embajada de Europa del este, aterrado ante la posibilidad de que su imperio se venga abajo ante el filo de la pluma de la señora Dresser. Evidentemente llama la atención la importancia que se asigna una opinadora y la forma en la que cree que su poder infinito le sirve para lanzar como amenaza… ¿un artículo? A mí me enseñaron que cuando uno se equivoca lo más sensato es aceptarlo de inmediato y sin reservas, recuerden el buen control de daños de López Dóriga con “juayderito”. Sin embargo, esta mujer, por lo visto una guerrera, no se rindió y remató (asumo que asumiéndose irónica sin mucho éxito) con el texto siguiente:

“Una disculpa a quienes tienen mucho internet y poco sentido del humor. Para todos los demás #ladytelmex les hace el paro con el Sr. Slim.”

Yo francamente no quiero que nadie me haga un paro con el señor Slim y sí espero que las motivaciones para opinar dejen de ser amenazas o prácticamente extorsiones (aunque en este caso inocuas). Mi personal consejo a la señora Dresser lo emití humildemente sugiriéndole “Oiga mejor diga que la hackearon”, por supuesto mi consejo cayó en saco roto. Ese saco que por lo visto el día que la señora Dresser comprendió que era mundialmente famosa y su pluma en lugar de tinta destila megatones.

Pobre.

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