Cinque Terre

Sergio Octavio Contreras

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Doctor en Ciencia Política. Comunicólogo y master en sociedad de la información por la @UOCuniversitat. Profesor universitario. Consultor y conferencista en redes sociodigitales. Twitter: @Ciberpensador

Sociedad red

Crisis y movilización social

A lo largo de la historia humana diversos campos teóricos consideran a la comunicación como un elemento fundamental para que la sociedad se organice y se apropie de diversas formas culturales. En la actualidad, durante periodos de crisis políticas, democráticas y mediáticas, las emergentes herramientas de comunicación digital reconfiguran las formas tradicionales de organización. Ahora los grupos sociales conectados en redes se estructuran a partir de medios tecnológicos.

La Sociedad Red o Network Society es un concepto utilizado dentro de la sociología para caracterizar a los fenómenos tecnológicos y sus impactos sobre campos políticos, económicos, culturales, etcétera. Desde su apertura al uso social en 1993, Internet se convirtió en la columna vertebral de este cambio tecnológico.

Los orígenes del término se remontan a Georg Simmel y su aportación sobre la organización dentro del capitalismo industrial (Scott y Davis, 2003). Sin embargo el concepto fue acuñado en 1991 por Jan Van Dijk en su libro La Sociedad Red. Mediante redes, la comunicación a través de dispositivos tecnológicos puede cambiar a la sociedad (Hiltz y Turoff, 1999), también puede generar nuevas estructuras y actividades humanas a partir de la electricidad (Castells, 2002) e incluso construir comunidades, espacios laborales y hábitos individuales (Wellman, 2001).

En la llamada Era de la Información, las movilizaciones y protestas civiles han encontrado variadas formas de participación por encima de las fronteras territoriales, convirtiendo en algunos casos los problemas locales en asuntos globales que trascienden a la proximidad comunitaria.

Como ejemplo podemos señalar los movimientos sociales encabezados por nativos y migrantes digitales contra todo tipo de sistemas establecidos, desde regímenes autoritarios (como ocurrió desde finales de 2010 en Medio Oriente) hasta asuntos inmorales (como el “linchamiento” virtual a políticos, comediantes, deportistas o artistas que han infringido normas sociales).

Las revueltas en la zona arábica, que terminaron durante 2011 con sistemas políticos en Egipto, Libia y Túnez; las protestas contra asuntos locales, regionales o globales en países europeos como España, Inglaterra, Francia, Alemania o Portugal; o las manifestaciones civiles en varias ciudades de Estados Unidos bajo signos de una “cultura red” en Twitter como #Occupy, #Indignados o #Democraciarealya, han estado vinculados a dos factores: resortes sociales de inconformidad y unión tecnológica.

En México, durante las elecciones de julio de 2012 para renovar la Presidencia de la República, se registró un movimiento construido en redes: #YoSoy132. La política tradicional transitó a los espacios virtuales. Las posturas ideológicas, el desencanto civil y el fanatismo irracional sobre el sistema democrático derivaron en luchas en Internet, marchas por avenidas, quema de vehículos y hasta riñas campales entre miembros de partidos, simpatizantes y ciudadanos apartidistas.

Desde una perspectiva determinista los cambios tecnológicos parecen generar revoluciones sociales (White 1967; Marx, 1979; Winner 1979 y 1987; Mumford, 1998). Ante esta postura teórica, debemos considerar también el constructivismo tecnológico: no es el determinismo, sino la apropiación individual del artefacto lo que puede generar cambios en las estructuras sociales (Hughes, 1983; Bijker y Pinch, 1987; Latour, 2008).

En la integración tecnológica, grupos sociales desarrollan novedosas acciones en red que pueden aparecer en forma espontánea u organizada, pero siempre a partir de un estado de crisis. Aquí podemos incluir guerras reales que ahora se llevan al ciberespacio, donde hackers (especialistas en comunicación y redes) realizan ataques mediante nuevas técnicas de guerrilla conocidas como enjambre o swarming. La cultura del hacktivismo se ha convertido en la última década en una innovadora forma de protesta política y en un importante actor dentro de los movimientos sociales (Jordan y Taylor, 2004).

Grupos de hackers han organizado a través de sus propias redes cibermovimientos para apoyar causas sociales, distribuir contenidos gratuitos, “desbloquear” dispositivos, crear herramientas y aplicaciones para el dominio público, además de encabezar “rebeliones digitales” cuando alguna empresa o gobierno intenta apropiarse o dominar parte de Internet y principalmente, cuando se pone en riesgo la libertad que ofrece esta tecnología a los usuarios.

En la actualidad el grupo ciberactivista más conocido a nivel global es Anonymous (anónimos), seudónimo empleado por una comunidad de especialistas en tecnología que surgieron de la plataforma de entretenimiento www.4chan.org. Sin embargo 2008, la “legión chan” se convirtió en Anonymous con el fin de realizarprotestas contra aquellas formas de poder que atenten contra los derechos civiles.

Comunicación global

En el último medio siglo, la sociedad y los países ya no viven al margen de los demás gobiernos, ahora los territorios cerrados y las fronteras físicas se desvanecen. Esta globalidad lleva a la sociedad civil a ubicarse como una posible sociedad mundial, plural y diversa, que no se encuentra condensada ni tampoco determinada por la tradicional política del Estado-Nacional (Beck, 1998).

En la globalidad, aparecen nuevas relaciones de la sociedad civil con el Estado y el mercado, identificadas por tres factores: el familiar, el de los movimientos civiles y el de la comunicación pública (Cohen y Arato, 2000).

La mundialización de la sociedad también globaliza a los grupos locales y a las clases sociales (Ianni, 1999), a los movimientos civiles, a las ideologías, a las utopías y hasta los partidos políticos. Lo global altera los procesos de dominación y apropiación de la riqueza, agudiza la desigualdad y detona en todo el mundo movimientos étnicos, culturales, religiosos, etcétera. Las inconformidades civiles pueden llegar a tener un alcance político en algunos rincones del planeta cuando se trata de temas de interés común (George, 2002).

Los movimientos sociales registrados a lo largo de la historia moderna surgieron en gran cantidad de casos, con la intención de desarticular las formas de dominación y establecer nuevos sistemas de igualdad. Por lo tanto las protestas registradas en la sociedad contemporánea pueden ir más allá de los intereses de un grupo de presión política (Touraine, 1997). Para John Keane la aparición de organizaciones no gubernamentales (ONG) que operan a nivel global y que no se encuentran establecidas físicamente en ningún país, pero que se ocupan de temas que afectan a todo el planeta como la pobreza, la fabricación de armas, la hambruna o el medio ambiente, parecen constituir una nueva estructura humana: la sociedad civil global (Keane, 2003). La nueva tecnología da la posibilidad de estructurar una sociedad más global a partir de la comunicación.

A partir del 2004 Internet posibilitó una mayor participación social a través de la llamada Web 2.0, que permite a los cibernautas el diseño de contenidos: wikis, blogs, redes sociales digitales, servicio de almacenamiento de datos, construcción de canales de imágenes como YouTube o el trabajo colaborativo en contenidos abiertos, como Wikipedia.

Mediante la comunicación 2.0 se han registrado en el mundo variadas formas de organización civil contra las instituciones que sostienen el modelo económico y político global (Held y McGrew, 2003). Gran parte de las inconformidades pueden surgir de la problemática del barrio, de las zonas rurales, o de los espacios marginados en las ciudades (Estrada, 2011).

La horizontalidad

Durante el siglo XX la penetración de los medios de comunicación tradicionales consolidó la comunicación social y convirtió a los espectadores en individuos masificados (Horton y Hoult, 1992). La radio, la televisión, el cine y la prensa dominaron la comunicación social en el último siglo, proporcionando al espectador no sólo noticias, sino también parámetros de interpretación (Wolf, 1987; Eco, 1998). La masificación de la comunicación posibilitó el establecimiento de mecanismos de control informativo mediante la verticalidad de los contenidos sin la posibilidad de retroalimentación.

En los albores del siglo XXI, el paradigma de la Sociedad de la Información o Sociedad de la Información y el Conocimiento, está transformando la comunicación vertical tradicional. Las recientes formas de interacción humana se caracterizan por el uso de las llamadas Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC). En el campo comunicativo contemporáneo existen ilimitadas formas de relación entre las personas que logran mantener contacto con sus semejantes desde una gran variedad de conexiones de sitios locales hacia formas no locales, generando una trasnacionalidad y desterritorialización de los movimientos sociales (Tilly, 2003).

A través de la sociedad conectada por Internet, según Cohen y Rai, se tienen registrados seis grandes movimientos globales que surgen a partir de diversos estados de crisis: ecologistas, pacifistas, religiosos, sindicales, feministas y defensores de derechos civiles (Cohen y Rai, 2000).

Internet es una tecnología utilizada por diversos grupos sociales que participan políticamente en diversas esferas, incluyendo los procesos electorales (Castells, 1997). La red proporciona un canal horizontal de comunicación, destacando datos políticos relevantes, los secretos pueden ser descubiertos y sus usos tienden a profundizar la crisis de legitimidad política a partir de escándalos, en lugar de reforzar los sistemas democráticos existentes.

Estudios realizados en 25 países europeos durante recientes cambios en sus sistemas de gobiernos, demostraron que a mayor penetración de Internet entre la población, aumenta el consumo de información de carácter electoral, en detrimento de canales tradicionales de comunicación como la radio o la televisión (Lusoli, 2005).

Ante la crisis de la comunicación vertical como mecanismo de control informativo, debemos ubicar el concepto de control social como parte del mantenimiento del orden establecido por parte de los grupos de poder económico, político, coercitivo y simbólico (Weber, 1944; Giddens, 2006).

Libertad y Control

Si bien el formato congresista de la función política y las estructuras públicas han variado poco con la tecnología, los hallazgos prueban que parte de la esfera pública y del espacio físico de la ciudad han sufrido alteraciones más profundas a partir de que el individuo en la red es capaz de construir sus propios escenarios de comunicación interpersonal, grupal o social.

La vida humana está regulada por normas sociales y morales, las cuales pueden llegar a ser un factor que restringe las libertades, incluyendo la libertad de Internet, como ocurrió en las protestas políticas a través de Yahoo (Goldsmith y Wu, 2008). En estos casos se pueden ubicar censuras que van desde leyes de seguridad como las “antiterroristas” que promueve Estados Unidos o las leyes de protección del “Estado de Derecho”, como ocurrió en Venezuela en 2010. Tan sólo en el último año, han sido promovidas a nivel global y local, diversas leyes que intentan regular parte de la tecnología horizontal que utiliza la Sociedad Red. Por ejemplo, las iniciativas:

– PIPA (Protect IP Act)

– ACTA (Anti-Counterfeiting Trade Agreement)

– Ley Sinde (España):

– Ley Lleras (Colombia)

– Ley Döring (México)

– Ley de Seguridad (Gran Bretaña)

– Ley Anti-Hacking (Comisión Europea)

Sin embargo, además de los intereses políticos, la red enfrenta en la actualidad a un feroz enemigo que se sostiene con dinero: el poder económico.

Un ejemplo reciente: el 11 de julio de 2012, el gobierno de México firmó con Japón el Anti-Counterfeiting Trade Agreement (ACTA) o también conocido como Acuerdo Comercial contra la Falsificación. La aceptación de este pacto por parte de la administración federal contempla la puesta en marcha de mecanismos que vulneran la libertad de los cibernautas y el desarrollo tecnológico.

El ACTA mexicana integra sanciones contra los usuarios que compartan o hagan uso de contenidos por los cuales no pagaron previamente. Las infracciones van desde el bloqueo de páginas de Internet, pasando por multas económicas y hasta la cárcel. Las penas dependerán de la demanda interpuesta por la empresa productora o el autor, y del daño ocasionado a su propiedad privada.

Otro caso reciente es el cierre a principios de 2012 de Megaupload, sitio que almacenaba millones de archivos colocados por los internautas para compartirlos en forma gratuita con la comunidad en red. El servicio fue creado en 2005 en la ciudad de Hong Kong pero ante demandas por parte de un grupo de empresas cinematográficas, la Oficina Federal de Investigación de Estados Unidos (FBI), bloqueó el sitio el 19 de enero y arrestó a sus directivos, acusándolos de generar ilegalmente 175 millones de dólares y provocar 500 millones de dólares en pérdidas por derechos de autor.

Ante este panorama, los principales argumentos que utiliza el poder político y económico para intentar regular la red se pueden enmarcar en tres hipótesis:

1.Seguridad nacional: bajo la premisa de “terrorismo” se criminalizan actividades que van desde acciones de ciberactivistas en Estados Unidos, hasta el uso de la red para difundir mentiras que pongan en “riesgo” a la población (como ocurrió con la reforma penal del 2011 en el estado de Veracruz, México).

2.Delito cibernético: ideas que abarcan el robo de identidad, el ataque digital a servidores, computadoras o sistemas financieros tanto de la iniciativa privada como del gobierno, el “robo” de datos públicos y de la “vida privada” hasta la “crítica” a figuras o instituciones políticas (en China está prohibido “hablar mal” en blogs y redes sociales del Partido Comunista) o burlarse de símbolos religiosos.

En julio de 2012 comenzó a registrarse un nuevo escándalo enmarcado dentro del fanatismo religioso, la difusión de las primeras imágenes a través Internet de la película norteamericana Innocence of Muslims (“La inocencia de los musulmanes”). A principios de septiembre, la cinta fue doblada a la lengua árabe y colocada en un fragmento de 14 minutos en YouTube. La irritación por la cinta generó protestas callejeras, violencia civil, reacciones de gobiernos e incluso la incursión de grupos armados en la embajada de Estados Unidos en Libia, muriendo tres diplomáticos y el embajador Christopher Stevens.

3.Delito económico: normas que buscan proteger principalmente la acumulación de capital y la propiedad privada, al considerar que por culpa de la libertad que existe en la red sus negocios pierden ingresos que afectan sus finanzas internas. Dichas infracciones van desde la copia digital de un libro hasta el ver una película por Internet. Basta recordar las demandas contra los creadores de The Pirate Bay y la reciente cancelación del servicio de descargas de archivos gratuitos por parte de Fileserver y Wupload.

Conclusiones

El modelo de comunicación que constituyó la Industria Cultural durante el siglo XX permitió a quienes controlaban el flujo informativo, establecer mecanismos verticales de comunicación. Con las nuevas formas de comunicación digital a través de redes, parte de los grupos conectados a Internet tiene la posibilidad de hilvanar mensajes horizontales y expandir movilizaciones en red en determinados periodos de crisis.

No sólo las instituciones públicas del Estado y las formas de poder económicas parecen recibir los efectos de la sociedad conectada por la tecnología, sino también los conglomerados mediáticos o monopolios enfrentan crisis de credibilidad producto de la comunicación en red. Los recientes cambios sociales registrados en varias partes del mundo aparecieron en momentos de crisis política y económica. En la naciente era digital, la nueva tecnología se está configurando en un poderoso medio social a través del cual se pueden canalizar todo tipo de indignaciones humanas.

Referencias

1.Beck, Ulrich. (1998) ¿Qué es la globalización?, Falacias del globalismo, respuestas a la globalización. México: Paidós.

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3.Bijker, W., Hughes, T. y Pinch, T. (1987). The social construction of technological systems: nee directions in the sociology and history of technology. The MIT Press: Cambridge, Massachusetts.

4.Cohen, Jean I. y Arato Andrew. (2000). Sociedad civil y teoría política. México: Fondo de Cultura Económica.

5.Cohen, Robin y Rai, Shirin. (2000). Global social movements. London: The Atholne Press.

6.Dijk, Jan Van (1999). The Network Society. SAGE Publications: Thousand Oaks

7.Estrada Saavedra, Marco. (2011). Protesta Social. México: El Colegio de México.

8.Giddens, Anthony (2006). La constitución de la sociedad. Buenos Aires: Amorroutu.

9.Goldsmith, Jack y Wu, Tim. (2008). Who Controls the Internet? Illusions of a Borderless World. Oxford: Oxford University Press.

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11.Horton y Hunt. (1992). Sociología. México: Mc Graw- Hill.

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16.Latour, Bruno (2008). Re-ensamblar lo social. Una introducción a la teoría del actor-red. Editorial Manantial: Buenos Aires.

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18.Marx, Karl (1979). El capital, crítica de la economía política, Tomo 1. Fondo de Cultura Económica: México.

19.Mumford, Lewis (1998). Técnica y civilización. Alianza Editorial: España.

20.Scott, Richard y Davis Gerald (2003). Networks in and around organizations. Organizations and organizing. Pearson Prentice Hall: New Jersey.

21.Starr, Roxanne y Murray, Turoff (1993). The network nation: human communication via computer. MIT Press: Massachusetts

22.Tilly, Charles (2004). Social Movements, 1768-2004. Columbia: Paradigm Publishers.

23.Touraine, Alain. (1997) ¿Podremos vivir juntos?. México: Fondo de Cultura Económica.

24.Weber, Max (1944). Economía y sociedad. México: Fondo de Cultura Económica.

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26.White, Lynn (1967). Tecnología medieval y cambio social. Buenos Aires: Paidós.

27.Winner, L. (1987). La ballena y el reactor. Barcelona: Gedisa.

28.Winner, L. (1979). Tecnología Autónoma. La técnica incontrolada como objetivo del pensamiento. Barcelona. Gustavo Gili

29.Wolf, Mauro. (1987). La investigación de la comunicación de masas. Barcelona: Paidós.

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