Sobresaturación y homogeneidad, otras formas de desinformación

Opinión

Hace cuatro años, Iván Schuliaquer (en una entrevista para el libro El poder de los medios), cuestionó a Pablo Boczkowski, profesor de Estudios de la Comunicación de la Universidad Northwestern de Chicago, el hecho de que “cerca de 90 %de las noticias de los sitios web se escriban en menos de media hora”; Boczkowski respondió:

 

Un periodista de un diario en 1990 tenía la expectativa de cubrir una noticia por día. En la Web, se busca que publiquen 7 u 8 al día. Y que, además, cuando se trata de noticias en curso, las puedan actualizar. Entonces, no da el tiempo para producir datos. Genera lo que en Francia llaman ‘periodismo sedentario’: el periodista cada vez sale menos de la redacción. Mira al planeta desde ahí. Es como si estuviera en la torre de control de un aeropuerto, donde ve cómo llegan y salen los aviones a través de los radares. Los periodistas tienen grandes radares que les dicen por dónde anda el mundo. Eso permite aumentar el volumen, pero tiene efectos sobre la calidad del contenido.

 

Por ello, Ignacio Ramonet (en Medios, poder y contrapoder) señala que la idea “de plazo” ha desaparecido en la información contemporánea: “la velocidad máxima es la inmediatez”; eso, por supuesto, influye en la calidad de la información, porque si el periodista era

 

“analista de un periodo”, éste ha desaparecido,

 

ya no es analista, indica Ramonet,

 

sino “inmedialista” y:

 

El inmedialista no puede analizar porque para analizar se necesita un tiempo y, si ese tiempo ha desaparecido, no hay análisis. Entonces el conjunto de una información se ve arrastrado por una aceleración general que hace que, aunque la velocidad intrínseca de cada medio no sea la misma, en realidad todos los medios se van a organizar en función de la velocidad dominante, que es la inmediatez, y que globalmente es la de Internet. Pero también puede ser la de la radio de información continua o la del canal de televisión de información continua.

 

Esta obsesión por la urgencia o la inmediatez, ha hecho olvidar a los medios tradicionales su lucha por ser diferenciado ante el lector por sus logros en la consecución de la primicia o el reportaje original; ahora, en la carrera contra la competencia, compiten todos al mismo tiempo, dice Pascual Serrano en su libro mencionado:

 

Todos quieren explotar la misma supuesta noticia convencidos de que quien no la atienda quedará descolgado del pelotón. De forma que, aunque en un momento determinado estén sucediendo en el mundo varios acontecimientos, todos los medios estarán volcados en el mismo. Por eso durante una semana una crisis de hambre en África ocupa la portada de los periódicos y abre informativos de televisión, y a la semana siguiente desaparece de la actualidad, como si el hambre en ese país también hubiera desaparecido.

 

Esa falta de tiempo y esa creencia de que, si no se tiene la nota el lector irá a otro medio, provoca un empequeñecimiento de la diversidad de medios, señala Pablo Boczkowski, y genera que, al final, todos tengan lo mismo, que la agenda de medios se empobrezca y se aleje del usuario. Añade que hay otra idea equivocada en los periodistas, quienes consideran que “las noticias las tienen todos, no diferenciamos en la mirada”, sin embargo, explica:

 

En el análisis se ve que las miradas se parecen cada vez más. Y es lógico porque todo el tiempo se observan los unos a los otros y los estudios sociales sobre las ocupaciones –no solo sobre el periodismo– marcan que cuanto más conocimiento tiene uno de lo que hacen los otros, más convergencia hay hacia la media.

 

Boczkowski propone un remedio, utópicamente, dice, que para combatir la homogeneización, quizá los medios “en lugar de querer saber lo que hacen los otros todo el tiempo, sean mucho más ignorantes de lo que hacen sus competidores”.

 

Se habla de la crisis de los medios; se culpa mucho al poder de censura de un gobierno, y se omite o silencia una causa grave de esa crisis: la censura del propio medio. Con la penetración de los medios en la red, la publicidad que obtenían los medios tradicionales se ha venido abajo, por eso se explota la información que un medio poderoso pudo costear o se maximizan los escándalos locales. Se prescinde de personal capaz por quienes sepan pescar en la red notas atractivas o se estimula la información declarativa (se considera que más del 80% de la información publicada proviene de declaraciones).

 

Un medio, para que se considere profesional debe ser ético, y eso incluye seguir las normas del periodismo y los códigos deontológicos. Ese tipo de información, cuya “virtud” es la inmediatez, debe ser proscrita. Si a un medio le importa sobrevivir y ser apreciado debe invertir en la investigación, en el análisis y la interpretación; a menos que lo único que le importe es la mercancía en que convierte a la noticia o que esté coludido con intereses que pretenden desinformar.

 

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