Irma Carolina Valadez Calderón

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Reportera de etcétera.

Series de TV

24

Hace cincuenta años la comunidad ítaloamericana de Estados Unidos, encabezada por Frank Sinatra, estaba molesta por la imagen negativa que, según su parecer, daba de ellos la serie de televisión Los intocables. Ahora se necesita ser un neófito en esos temas para pensar así o decirse ofendido porque a un alguien, aunque sea su jefe, le digan Elliot Ness.

Hace treinta años la inquietud multitudinaria era otra: ¿Quién mató a J. R. Ewing, el mítico personaje de Dallas? Y aunque el misterio no se ha develado al paso del tiempo hay que admitir que la pasión, como sucede con el amor en las series y en la vida real, bajó de intensidad. Y de público también: esa es una pregunta que, si acaso, ahora sólo se hacen desde los cuarentones para arriba.

Otro asunto es lo que pasó en los noventa, cuando millones de norteamericanos, al mirar Al ala oeste de la Casa Blanca, moldearon a su propio candidato virtual a la Presidencia de aquella nación, como lo hicieron también a principios de los dos mil, al delinear en Palmer, a través de 24, al primer mandatario negro de la nación americana, por lo que no es descabellado que haya a quien le preocupe la posibilidad de que Obama tenga el mismo destino que el delimitado por aquel guión televisivo. En todo caso, lo que sí se sabe es que Jack Bauer no existe.

Una historia interminable
Las sagas televisivas están entre las ofertas contemporáneas que más audiencias captan. Y las razones son múltiples. Se pueden rastrear desde la recreación de la historia y pasar por la fantasía de la magia y los monstruos hasta la expresión realista de las convulsiones modernas como el terrorismo, las epidemias o las identidades generacionales y hasta de género, con todas las dudas e incertidumbres por las que atraviesan en la actualidad. Lo cierto es que, para decirlo con Abdessmed Salí, las series, se han convertido en el gran fenómeno de masas del nuevo milenio. Y su éxito tal vez radica, como dice Álvaro Cueva, en que estamos hablando de productos de muy buena calidad que se consumen, en general, en poco tiempo, con la idea sustancial, agregamos nosotros, de que el público se identifica con esas historias.

Las series son una de las alternativas más socorridas para el entretenimiento. Así ha sucedido desde que se crearon hasta la época actual, claro está, con distintos altibajos en el transcurrir del tiempo. Este es un vistazo somero. Así es que disculpe el lector si escapan de la talla de Señorita Cometa o Ultraman, Mis adorables sobrinos, Mi oso y yo y tantas otras. Los editores de etcétera prometen una revisión pormenorizada de cada una en los siguientes números.

Una de vaqueros
Durante los años cincuenta, el Western fue preeminente en las pantallas estadounidenses. Es el primer recurso temático empleado por las series al
hacer una especie de réplica a la oferta del celuloide de la época, con la consecuencia de ampliar la impronta del american way of life. Se comprende: en aquel periodo es justamente cuando la televisión comenzó a tener el alcance masivo que le conoceríamos y, en consecuencia, no poseía los recursos de los que ahora dispone.

Son los días y los años de Bonanza, una de las primeras series emitidas a color y una de las mejor acogidas por la audiencia. En ésta se mostraba la vida de la familia Cartwright, integrada por un padre viudo y sus tres hijos, todos de esposas distintas. En esta década también tuvieron impacto las aventuras de Maverick y el vaquero Josh Randall, protagonista de la serie Wanted: Dead or Alive, un caza recompensas de buen corazón que destinaba la mitad de sus ganancias a obras de caridad. Pero a principios de la década, una mujer cambió el rumbo de las series al crear uno de los géneros más socorridos por su industria: el sitcom o comedias de situación. Yo amo a Lucy fue la primera en su tipo. Desde entonces, la oposición de caracteres y los malentendidos entre los personajes se hicieron presentes en las décadas posteriores.

Sin duda, aquellos fueron los primeros visos de una industria prometedora tanto en la promoción de los valores estadounidenses que han logrado eslabonar con otros en diversas regiones, como en las enormes ganancias económicas que arroja.

De hechizos y cosas raras
Frente a un muy prometedor mercado potencial, a principios de los sesenta, los creadores de las series comenzaron a explorar nuevos géneros que permitieran incrementar audiencias y, por supuesto, los dividendos financieros. Fue entonces cuando la sitcom se consolidó, las historias de ciencia ficción tomaron fuerza y los espías iniciaron la construcción de su imperio. El lugar de los vaqueros lo ocuparon familias de monstruos y hechiceras. Como explica Eusebio Arias en su libro series de TV Ciencia Ficción, Terror y Fantasías, lo que nosotros conocemos como telecomedias se desarrollaron hasta extremos inimaginables (como en) Embrujada y Mi bella genio, La Familia Munster y Los Addams.

De todas éstas, según Sahali, fue Hechizada (Embrujada), la que tuvo mayor éxito, sólo después de la ya mencionada Bonanza. Fue tal el impacto del personaje principal de la serie, Samantha Stevens, la joven que al mover la punta de la nariz lograba sus hechizos, que un número considerable de norteamericanas nacidas durante aquella época recibieron el nombre de Samantha.

Mi bella genio

Por esos años, continua Eusebio Arias, nace la primera Era Dorada del género de ciencia ficción; la mejor exponente es Viaje a las estrellas. Y aunque en sus primeras emisiones, el público norteamericano no se interesó por la comunidad de científicos y despreció a los diplomáticos que exploraban el universo, la serie sobrevivió gracias a sus pocos pero fieles fanáticos que atiborraron de cartas las oficinas de la NBC para exigir la permanencia de la saga y el respeto del género que en ese entonces era considerado como menor. Así pasó en dos ocasiones.

El éxito para Viaje a las estrellas llegaría años después, según Sahali, de la mano no de un productor o un director de renombre, sino de un astronauta. Neil Armstrong puso el pie sobre la luna y la ciencia ficción comenzó a granjearse el favor del gran público (&) hasta el punto de convertirla en un icono de la cultura popular estadounidense. Mientras eso ocurría, Combate se habría paso entre las series más vistas.





Basada en la Segunda Guerra Mundial, Combate es sin duda la serie bélica por excelencia. Estuvo al aire casi seis años, más que cualquier otra de su tipo. Fue la primera que retrató el horror de la guerra. Esa lucha entre soldados franceses y alemanes, ofreció una forma distinta de entender las conflagraciones al enfatizar en los avatares de aquellos que vivían en el frente de batalla, a veces sin novedad a veces con la inevitable angustia que provoca la cercanía de la muerte. Combate allanó el camino para futuras producciones.

Splatt, Pow, Bam, Zlonk y otros misterios
En un libro que ahora confecciona, pronto Román Gubern expondrá el significado de onomatopeyas como las que hizo memorables Batman durante los sesenta. Ahora podemos decir que, al menos ésas, son tan entrañables como los golpes propinados y recibidos por el dúo dinámico.

Entonces Superman andaba de capa caída. Y es que si hubo un superhéroe que conquistara los sesenta ese fue, sin duda, el encapotado junto con su inseparable Robín. Es el dúo dinámico, defensor del bien que enfrenta con apabullante seriedad las situaciones más absurdas. Pero más allá de las aventuras, junto con el ambiente sicalíptico en el que se desplegaban, los paladines de la justicia siempre saldrían triunfantes. Batman destacó por su formato narrativo tan lleno de ironía.

Luego, en los años setentas, habría otro tipo de héroes, éstos menos sofisticados y mundanos: los sencillos pero no menos interesantes detectives. Fue entonces cuando el género policíaco se adueñó de la oferta. Son los años de Columbo (&) McMillan y su esposa, Kojac, Banacek, Ironside (aunque comenzaron a emitirse en los sesenta) Baretta, Cannon, McCloud, Harry O, Las calles de San Francisco, La mujer policía, detalla Eusebio Arias. Fueron los años de Starky y Hutch, Los Ángeles de Charly, Hart y Hart, Banyon, CHIPs y Misión Imposible.

El investigador de la U de G, Guillermo Orozco Gómez, advierte que lo policiaco siempre ha sido un tema que convoca audiencia, desde que comenzó la televisión. Ya sean sobre detectives, abogados y juicios. Ejemplo de ello es, como ya se dijo, Columbo, el detective que enfundado en una gabardina desaliñada y montado sobre un Peugeot 403, permaneció en el gusto popular durante más de 20 años. El actor Peter Falk, quien en un inicio no estaba muy interesado en interpretar al teniente Columbo, ni tarde ni perezoso aceptó la oferta de participar asiduamente luego de enterarse de los altos niveles de audiencia que se registraron en 1968 con el estreno del primer episodio Diagnóstico: Asesinato. A partir de ahí, la permanencia de la serie podría compararse con el ave fénix. Durante los primeros diez años, fue transmitida de manera ininterrumpida, luego salió del aire a finales de los setentas, regresó en los ochentas, se mantuvo en los noventas y acabó en 2003. No debemos sorprendernos si pronto surge de entre sus cenizas.

La que no resucitó ni al tercer día fue Misión Imposible. Se trató de una serie extremadamente cara, al grado de que su compañía productora quebró. Además la cadena televisiva se vio en un dilema religioso: Steven Hill, el actor principal, quien daba vida Dan Briggs, jefe de la agencia IMF, era judío practicante. Eso significó que los viernes parara de trabajar a las cinco de la tarde, y que se ausentara durante todas las festividades religiosas que dictaba su credo. Al final el actor pasó desapercibido en la serie que supuestamente protagonizaba. Así que la cadena prescindió de sus servicios.

Un disparo en el espejo y el regreso del Trek
En los ochentas el éxito lo tuvo Dallas. Particularmente un episodio, lo cual no es menor si recordamos que la serie duró más de diez años en el gusto de la gente. Al término de la tercera temporada, millones de estadounidenses se quedaron esperando la resolución del supuesto crimen de J.R Ewing, el personaje principal.

La noche en que Dallas regresó (&), el 76% de la audiencia (estadounidense) aguardaba expectante la solución del misterio, narra Sahali, en series de culto. El otro Hollywood. Pero la trama concluyó en 1991 sin revelar si el protagonista se suicidó o disparó sobre un espejo. A la fecha, el asunto aún es motivo de debates entre los fanáticos de la serie.

Pero el odio, el amor, la tragedia y la intriga también existieron en Autopsia hacia el cielo, El precio del deber, Luz de luna y Dinastía, nacida a partir del éxito de la ya mencionada Dallas. También el género de acción y las temáticas juveniles encontraron espacio durante esa década. Además, Eusebio Arias ubica en los ochenta, la segunda época dorada del género de ciencia ficción. Es cuando surge V, serie que narra la resistencia humana ante el control de una raza de reptiles con afanes de conquistar el planeta Tierra.

Los dukes de Hazzard

En esa época también resurge Viaje a las Estrellas, con Star Trek: la nueva generación. Arrancó un proyecto que, según los trekkies (fanáticos de la serie), no iba funcionar porque los actores eran otros, y habían desaparecido los viejos personajes: Kirk, Spock, Bones&¡Por todos los cielos, ni siquiera era la misma nave!.

La serie duró siete temporadas. A partir de la tercera fue uno de los programas más vistos de la televisión, además capturó la atención del filón más buscado por los anunciantes: el de los hombres de entre 18 y 49 años de edad.

La explosión narrativa
Durante los noventa ocurre un cambio narrativo. Los creadores desechan los estereotipos: las familias adorables, los monstruos y marcianos o los jóvenes simpáticos. La atención se centra en las vivencias humanas. Así, la comedia de situación reinante fue Friends. Presenta las turbulencias de un grupo de treintañeros. Seis amigos que afrontan problemáticas que van desde la preocupación de algunas mujeres a quedarse solteronas, hasta el descubrimiento de tener una esposa lesbiana o la prestación del vientre materno para resguardar el crecimiento de hijos ajenos.

Las sagas policíacas dejan de mostrar historias de los polis, y amplían nuestro vocabulario legal con series como La Ley y el Orden. Mientras, las historias médicas irrumpen con fuerza, al permitir que el televidente se adentre en esa área, donde en el mundo real suele leerse un letrero con la frase: Prohibido el acceso, sólo personal médico. Las series juveniles también se transformaron, sus tramas abarcaron temas como el sexo y uso de drogas.

Los tiempos habían cambiado
Fue tal el impacto de estas nuevas líneas narrativas que incluso la Casa Blanca se interesó. Según explica Abdessamed Sahali, el gobierno norteamericano encabezado en aquel entonces por William Clinton destinó en 1997 mil millones de dólares para una campaña contra el consumo de estupefacientes. Al principio, los mensajes eran transmitidos a través de cortes comerciales, pero al paso del tiempo,se abrió paso a un nuevo contrato, (&) que cambiaba el tiempo de emisión publicitaria, por ciertos cambios en los guiones de las series de mayor audiencia. Así pasó con Urgencias Médicas, Chicago Hope y Beverly Hills, 90210.

Heroes

Sin embargo, los guiones de la Casa Blanca no fueron los únicos de los noventa, pues en esa década se inaugura un nuevo género: el extraño, con dos de las series más emblemáticas: Picos Gemelos y Expedientes Secretos X. La primera, creada y dirigida por el cineasta David Lynch, narra las investigaciones para dilucidar el asesinato de una joven llamada Laura Palmer. Según Sahali, en su primera temporada, la historia se convirtió en un fenómeno mediático sin precedentes: 35 millones de estadounidenses llegaron a ver simultáneamente un episodio de Picos Gemelos.

Por su parte, Eusebio Arias, explica como otros prefirieron descubrir los misterios que guardaban los Expedientes Secretos X, al considerarla como la serie más emblemática de los noventa, un fenómeno de culto sólo comparable al Trek (Viaje a las estrellas).

Escaparate de profesiones
Hace más de un año, la revista británica Empire enlistó las que consideró las 50 series más emblemáticas de todos los tiempos. La publicación destinó 20 espacios a sagas producidas a partir de 2000, es decir el 40% del total. En los primeros lugares destacan Lost y su oferta interactiva, que ocupó el quinto lugar, seguida de 24 con su transmisión en tiempo real; ésta se quedó en el sexto sitio. Por su parte, Time colocó a esas series entre las 100 mejores de todos los tiempos. Sin duda, para atraer a la audiencia, las temáticas que aborda el nuevo milenio muestran realidades más específicas y recursos más diversificados.

La oferta actual es tan basta que hay series para todos los gustos. Por ejemplo, las hay de corte bélico como Over There, una historia que, según Sahali, se arriesga a mostrar algo que nunca aparecerá en los telediarios: la muerte de soldados americanos (lo que jamás habría ocurrido en Combate, por ejemplo). Dr. House rompe con la imagen almibarada y políticamente correcta que ha tenido la profesión médica en la televisión. En A dos metros bajo tierra, un muertero o embalsamador se enrola en un folletín existencialista, en el que, a partir de uno de los tabúes de la sociedad occidental, la muerte, se evoca justo todo lo contrario. Pero no sólo eso, la sociedad actual interesada por la apariencia, también da cabida a una serie sobre cirujanos plásticos, como se ve en Nip/Tuck. Las historias de mujeres muestran un mundo de deseos insatisfechos en el que tienen cabida todas las clases sociales, como en Esposas desesperadas.

X Files

Además se rompe con el mito de la caja tonta en Roma por primera vez, educación y espectáculo iban de la mano. Los ñoños echan mano de sus conocimientos y una calculadora para resolver casos judiciales, como en Numb3rs. Mientras que una médium colabora con un fiscal para esclarecer casos a través de su contacto con los muertos. Los superhéroes dejan atrás las licras y son considerados mutantes, fenómenos de feria o representantes de un nuevo paso en la evolución humana, como en Héroes.

Y esto es sólo por nombrar algunas.

¿La serie interminable?
¿Hacia dónde se dirigen esos programas?, ¿cómo van a ser consumidas esas historias? Para el investigador Orozco Gómez, las series norteamericanas están en auge, han diversificado sus temáticas y están abordando temas importantes que antes eran tabúes muy fuertes para la televisión, y lo hacen cada vez mejor, pero asegura que seguirán siendo para un público reducido. Álvaro Cueva, por su parte, señala que las series son uno de los formatos con más posibilidades de crecer en los próximos años. Todas las series van a estar en la posibilidad de que tú la veas cuando quieras, como quieras y donde quieras, en tu Ipod, en tu computadora, en tu celular, el día que se te antoje.

Esperemos que el desarrollo tecnológico, la diversificación temática y la calidad visual y estética de las series abonen un futuro aún prometedor para ellas y, sobre todo, para que las audiencias tengan más y mejores opciones para enredar o desenredar o evadir o enfrentar su vida, aunque sea simbólicamente, con las historias y los personajes de sus historias.

Los dividendos
Abdessamed Sahali cuenta cómo es que con un presupuesto ridículo de 2.2 millones de dólares se rodaron los primeros dos episodios de 24. Relata que fue el ingenio de su director, Stephen Hopkins, quien convirtió esas carencias en un ejercicio de estilo. Un ejemplo: usó la cámara al hombro en lugar de soportarla por trípodes, rieles o incluso grúas. Al cabo de diez episodios, Fox produjo la primera temporada de 24.

Otras producciones gozaron de grandes presupuestos. Tal es el caso de Roma, donde la inversión inicial fue de 100 millones de dólares. Pero, al paso del tiempo, la gran producción necesitaría más. Al final de la temporada, el alto costo de los decorados y el sueldo de las cuatro mil personas que trabajaron en el proyecto, duplicó la inversión, por lo que se planteó la posibilidad de cancelar la serie. Pero los fanáticos no lo permitieron y la cadena pensó en nuevas temporadas lo que, a la postre, fue imposible ya que el fuego consumió buena parte de los estudios.

Sobre los ingresos, otro ejemplo: MASH. En 1983, la primera serie mencionada, emblema de la generación hippie, daría fin a las peripecias de un equipo de médicos militares a través de un capítulo final que duraría dos horas y medias. Los directivos de la cadena vendieron cada bloque publicitario de 30 segundos en 450 mil dólares. Los espectadores fueron más de 125 millones. La derrama económica alcanza a los actores. El caso más famoso es el de los protagonistas de Friends. Este grupo de amigos concluyó, casi al final de la sexta temporada, que merecía ganar más, por lo que solicitaron un aumento de sueldo a la NBC y así pasaron de los 125 mil dólares por episodio, a los 750 mil. Durante las temporadas 9 y 10 su sueldo fue de 1 millón de dólares por episodio.

Series de estancia corta
Hay series de vida corta, de no más de una temporada. Tal es el caso de Girls Club (2002) transmitido sólo en dos ocasiones, y de las comedias de situación The Building (1993) y Julie (1992), con cinco y seis episodios respectivamente. De la comedia Cinco Razones, cuya temporada constaba de siete capítulos, sólo se trasmitió uno. Otras, como Profit, fueron enterradas vivas. En ella se narra la historia de un empleado en una empresa multinacional que está dispuesto a cualquier cosa con tal de prosperar. La serie sólo se transmitió en cuatro ocasiones. Fue un detalle lo que eliminó a Profit de la pantalla: Jim Profit se abalanzó sobre una mujer que acababa de entrar en su despacho, la abrazó con pasión y, pasados unos segundos, dejó caer un nada inocente hola mamá, explica Sahali. Las quejas de las madres de familia no se hicieron esperar, por lo que la serie pasó a formar parte del cementerio audiovisual.

Fuentes: The Internet Movie Database; Wikipedia; Revista en línea TIME; Revista en línea Empire; Series de culto.El otro Hollywood, de Abdessamed Salí; Series de culto de TV de Ciencia-Ficción, Terror y Fantasía, de Eusebio Arias.

Las más longevas
Pocas son las series que mantienen cautivo al público durante varios años. Con un listado de 355 series televisivas estadounidenses reunido a través de diversas fuentes bibliográficas y electrónicas, se identificaron algunas de las más largas.

Por episodios, el primer lugar es del vampiro Barnabás y sus aventuras con monstruos de la serie de terror Dark Shadows, con mil 225. Le sigue La caldera del diablo, con 514. Luego Bonanza con 430 episodios. En cuarto lugar está La ley y el orden con 393 capítulos y, en el quinto sitio, reposa J.R Ewing con Dallas, que tiene 357 episodios.

Si hablamos de temporadas, las posiciones cambian. Aunque las series suelen ser transmitidas cada semana, algunas aparecen asiduamente o de forma esporádica. Bajo esta circunstancia, La ley y el orden ocupa el primer puesto con 17 temporadas. Después se ubica Sala de Urgencias con 15 y 330 capítulos. En el tercer puesto está Dallas con 14 temporadas. Luego Columbo con 12 pero tan sólo 69 capítulos. El quinto puesto podría estar ocupado por Cheers y Frasier, ambas con 11 temporadas, pero con 273 y 264 episodios, respectivamente.

Fuente: The Internet Movie Database; Wikipedia; Revista en línea TIME; Revista en línea Empire; Series de culto. El otro Hollywood, de Abdessamed Salí y Series de culto de TV de Ciencia-Ficción, Terror y Fantasía, de Eusebio Arias.

Como un grito en la selva
Cuando los editores de etcétera me mostraron el texto de Irma y luego me encargaron unas líneas sobre las series de televisión que más recuerdo, no pude si no deplorar varias omisiones de ese trabajo. Sentí como si no fuera el dueño de mi infancia y de pronto, frente al teclado, alguien le arrancara pedacitos. No la culpo, sin embargo, entiendo los problemas de juventud de Irma y los límites de espacio que le impusieron Echo de menos, por ejemplo, una reseña más amplia de Batman y una lectura de las historias que presenciamos. No sé si hayan sido una parodia o el retrato insulso de la forma en cómo se veía entonces a un héroe (siempre el más listo) luchando contra los malvados, (eternamente bobos). Entiendo que quizá por delimitaciones de género o por cierto aroma políticamente correcto, no se hubiera mencionado siquiera a Gatúbela, aquella morenaza de fuego con la que muchos jóvenes experimentamos las primeras tentaciones de la piel. Entre otros ángeles como ése, y hasta con la justificación de que no todos los héroes son hombres, al menos se pudo mencionar por encima a La mujer biónica o a La mujer maravilla.

Con todo, hay que dejar registro siquiera del Super Agente 86 y de Skippy, por citar algunos imprescindibles, entre los que cabe también El hombre nuclear o Goldar. Pero por Dios, entre todas esas no debe faltar Tarzán en la serie protagonizada por Ron Ely. Hablo de series casi todas producidas en los sesentas pero cuando la niñez de quien escribe eran vigentes en los setentas, como El llanero solitario que salía en el canal 5, igual que El auto increíble o Hawai cinco cero. Ya se hablará en otro momento, según me dicen los editores, de las producciones mexicanas como Los Beverly de Peralvillo o la malograda Familia Burrón, entre otras series de manufactura mexicana.

Creo que esas series son algo así como las madres de las que ahora vemos y vale la pena rendirles tributo. Claro está que no desde la nostalgia nada más, sino desde una mirada que reconozca que al menos en los actuales contenidos sí hay un sentido de búsqueda por ofrecer novedosas e impactantes historias. Sin duda, son las que el día de mañana alguien recordará como un cacho de infancia y juventud que, de todos modos, ya se habrá ido.

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