Cinque Terre

Luis Castrillón-RST

Escritor

Sensacionalismo cool

Si de seguir la corriente actual de algunas redacciones periodísticas se tratara, el titular de este artículo podría ser: “Entérate cómo algunos periódicos te engañan cuando…”, “Esta es una historia con un título que no podrás olvidar”, “Te decimos 21 maneras de evitar ser engañado…”, o incluso yendo al extremo: “Todo lo que leerás a continuación cambiará tu manera de ver el mundo”.

Navegar en Internet, principalmente a través del sharing continuo de datos e información dispersa en medios sociales como Facebook y Twitter, y encontrarse con títulos que buscan lograr un arrebato de curiosidad en menos de cinco segundos en la mente de un usuario de la web es algo que puede considerarse normal, una tendencia contemporánea.

El intercambio de enlaces y la ilusión de crear comunidad en derredor vía la compartición de contenidos amenos es una forma de interactuar en la red que los editores de sitios de información abierta y de entretenimiento como Buzzfeed, Upsocl y similares tienen muy clara. Tan es así que tienen fórmulas específicas para buscar contenidos y redactar titulares.

Con base en sus objetivos: hacer negocios y entretener, el asunto está zanjado y nada más hay que decir. De eso se trata entretener, de apelar a la sensibilidad, al humor, al morbo, la sátira, la crítica leve, e incluso el escarnio y la ridiculización. La utilidad de los contenidos es lo de menos, incluso cuando se trata de “soluciones” y “fórmulas” para distintos tipos de problemas y afecciones de la vida humana actual.

El problema está cuando la fórmula invade otros espacios y, con el pretexto de atraer lectores para que también tengan acceso a información útil, se recurre al uso de lenguaje engañoso para tener atención. Algo así como una tramposa seducción justificada por un alto interés cívico de mantener a la sociedad informada y entretenida al mismo tiempo.

En alguna ocasión, antes de vender al gigante corporativo America On Line (AOL) su periódico, Arianna Huffington, directora y fundadora del Huffington Post, defendió al medio de quienes criticaban su tendencia de agregador de información generada por otros y la publicación de información “poco seria” o light.

Su argumento fue que ese tipo de contenidos ampliaba los diversos perfiles de sus lectores y por ende atraía más público a su medio, que si bien llegaba por la búsqueda directa o porque le recomendaban ese tipo de información, también podía consumir información más útil a través de reportajes generados por el propio “Huff” o entender hechos relevantes a través de los analistas que ahí publican.

En síntesis: periodismo light como aderezo de periodismo duro y puro.

Sin embargo, la editora dejó algo muy claro: una cosa era hacer un cool hunting (búsqueda de información amena y de interés general) y otra generar clickbaits (carnada para clicks en enlaces).

En ese sentido, el periódico nacido en la web que ha llegado a convertirse en modelo para cientos de publicaciones en Internet, tenía en ese entonces en su línea editorial algo bien claro: se trataba de una combinación de contenidos, no de una fórmula engañosa a través del lenguaje.

En esencia, no de lo que cada día vemos con mayor frecuencia en sitios web de medios informativos: titulares atractivos, seductores, abiertos a distintas interpretaciones y que en ocasiones son versiones exageradas de loque se describe a continuación. Más bien se trata de encabezados sensacionalistas, pero sin aquella carga tradicional que el sensacionalismo periodístico de buen cuño siempre ha poseído: una brutal descarga de realidad.

Tal ha sido la magnitud de esta tendencia que hasta El Deforma, el sitio web de noticias falsas y satíricas jugó con el tema en una publicación en la que sarcásticamente exponía el temor que esa forma de titular y escribir notas creaba entre algunos “lectores”, y la confianza de estos mismos en que eran casos aislados y que no ocurrirían más.

Pero lo de El Deforma es una broma. La realidad puede ser más impactante -recurriendo a la tendencia descrita. Vale citar simplemente dos ejemplos seleccionados entre una larga lista de hallazgos en los últimos seis meses, pero cuya línea posee una transparencia casi descarada de jugar con el lenguaje para, mañosamente, atraer lectores:

“Fundación de Slim, el hombre más rico del mundo, niega ayuda para bebé enfermo”.

“Encuentran a Bob Esponja en la garganta de un niño”.

Es cierto que ambas notas informativas tenían un carácter de realidad. En la primera se refería el caso de un recién nacido con una enfermedad cuya curación ascendía a 400 mil dólares y cuyos padres habían solicitado apoyo para costearla a la Fundación mencionada. Es verdad que se les negó, aunque las razones no se exponen; la nota no lleva respuesta alguna de la Fundación Slim.

Es innegable que poner el apellido Slim de inmediato atrae la atención y genera el efecto deseado: apelar al morbo basado en que el tipo “más rico del mundo” no pueda quitarse unos cuantos miles de dólares de sus ganancias para ayudar a la familia. Algo así como “no quiso”. ¿Es eso verdad, fue él directamente quien lo negó? ¿las directrices para autorizar la entrega de un apoyo económico las estableció Carlos Slim Helú personalmente?

En el segundo caso, que por casi tres días fue la nota más leída en el periódico que la publicó, el chiste se cuenta solo. El titular parece incluso el título de un capítulo del personaje de dibujos animados. Al igual que la nota anterior, no se falta a la verdad: una doctora encontró un arete con la figurilla de Bob Esponja en la garganta de un menor que lo tragó.

El hecho de por sí tiene su gracia, el encabezado lo ratifica y jugando un poco con el lenguaje, el objetivo se logra: miles de visitas que luego se convertirán en puntos a favor durante una negociación con posibles compradores de espacios publicitarios en el sitio.

Como tales ejemplos sobran en un paseo por los encabezados de todo tipo de medios informativos en México, desde los más tradicionales hasta los más nuevos surgidos con la irrupción del periodismo en Internet en territorio nacional.

La tendencia revela no solo un interés explícito en poner por encima del modelo periodístico el modelo de negocios, también muestra un elemento que debería ser más tomado en cuenta: el público, los consumidores de medios informativos, está ávido de historias; anda en la búsqueda de que le cuenten cosas, que las maticen y las hagan amenas. Algo que puede hacerse sin necesidad de un lenguaje engañoso. Con información, con datos y con un lenguaje preciso, de alto nivel descriptivo.

Claro, es más fácil escribir una línea o dos que puedan ser lo suficientemente atractivas que una crónica completa o un reportaje bien documentado y narrado de forma que no se pierda el interés durante su lectura por la gran cantidad de información que pueda incluir. Es más fácil ser sensacionalista, así y es más fácil ser cool.

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