Verónica Díaz

Reportera

¿Santo y Blue Demon vs. la piratería?

 

Foto: Jessica Rinaldi/Reuters

Nosotros empezamos con esto y ahora resulta que este trabajo, por muchos años artesanal, es piratería, ¿por qué?.

La señora Genoveva se pregunta con la indignación de quien ve descalificado el trabajo con el que ha vivido y sostenido a su familia. Desde hace 20 años se dedica a la confección y venta de máscaras con el puesto que monta puntualmente todos los días de función, a un costado de la Arena México.

Mís tíos se han dedicado a esto desde hace 30 años y me cuentan que antes los luchadores eran diferentes, que El Santo por ejemplo, se daba sus vueltas por acá y preguntaba ´¿no traes una máscara de las mías porque ahora no traigo?´, se les daba y se iban tranquilos.

Ahora insiste, no falta el luchador que viene a reclamar, a decirnos que no tenemos derecho a vender sus productos. Dice que algunos de quienes personalmente le han reprochado son Warrior, Mil Máscaras, Blue Demon Jr. y El Hijo del Santo.

Mientras doña Genoveva no halla respuesta a su por qué, casi todos los luchadores han encontrado un público y una oportunidad de negocio ahí donde las ventas de ésta y otros comerciantes del mismo giro bajan estrepitosamente: en la comercialización de todo lo aledaño a su nombre como marca registrada.

Hoy, casi todas las figuras de la lucha libre son ya marcas registradas, muchos de ellos cuentan con sus propias empresas o líneas de negocio y algunos otros, como los hijos del Perro Aguayo están en busca de su nicho de mercado.

Según han comentado ellos mismos actualmente se alistan para lanzar un ambicioso proyecto tentativamente llamado Los perros del mal que, además de contemplar la comercialización de la marca a través de diferentes productos, se propone la creación de una empresa de lucha libre alterna a las dos ya existentes, con el objeto de atraer y brindar oportunidades a talentos jóvenes.

Blue Demon Jr., y El Hijo del Santo son quizá las dos marcas más exitosas en este mercado, no sólo porque son herederos de una marca con fuerza propia. No todos los seguidores de este deporte-espectáculo están de acuerdo, pero hay quienes opinan que estos luchadores han reconocido oportunamente sus tiempos y han aprovechado los nuevos caminos de su marca.

Raúl Criollo, quien por años se ha dedicado a investigar la lucha libre mexicana a punto de publicar ¡Quiero ver sangre!, historia gráfica del cine de luchadores, junto con José Návar y Rafael Aviña, opina que sólo era cuestión de tiempo para que llegara esta nueva fase de la lucha libre.

El éxito en estos casos va de la mano de la tradición. Santo y Blue Demon son emblemas de la lucha libre, el cine mexicano y la cultura popular mexicana. Todo junto y nunca revuelto. Los herederos han sido responsables de esa incógnita con todas sus implicaciones. Han entendido los nuevos tiempos y dieron el paso importante para la diversificación de contenidos y mercados hacia Internet, la televisión, el cine, los cómics, la radio o las nuevas publicaciones.

Son luchadores pero también empresarios. Producen sus propias cosas y se mueven con la libertad que les otorga su prestigio, no sólo el que sus padres les heredaron, sino el que ellos mismo se han ganado. Más allá de que sus mentores hayan forjado una tradición en torno a los personajes, los juniors han estado a la altura de las exigencias.

Foto: Cuartoscuro/Carlos Tischler

Explica que en el terreno estrictamente luchístico nadie les cuestiona, por el contrario: la crítica coincide en que técnicamente no les falta nada e incluso han superado lo que sus padres lograron en el ring. Puede ser discutible, pero no hay duda que ellos hacen cosas más peligrosas hoy día.

Blue Demon Jr., comparte la idea, sobre todo porque junto con su esposa fue descubriendo esta oportunidad poco a poco; su proyecto no fue diseñado desde la óptica empresarial como sucedió con El Hijo del Santo.
El éxito que hemos tenido dice el luchador azul desde Miami a punto de iniciar una gira por Europa se debe a que somos una marca viviente, somos símbolos, iconos, somos parte de una leyenda urbana.

Para nosotros todo empezó como un juego entre mi esposa y yo haciendo playeras de manera muy casera. Al ver que la piratería estaba vendiendo cosas que ni siquiera existían, pues nos dimos cuenta que había un mercado, un público que había que abordar; qué mejor que con cosas originales.

Al margen de la agria polémica que este luchador sostiene con uno de sus hermanos sobre la legitimidad de su nombre, Blue Demon Jr. ha cosechado éxito como marca registrada, cuenta con cuatro tiendas ya, una en Guadalajara y dos en la ciudad de México, una de éstas es galería.

La cuarta de ellas es virtual (www.bluedemonjr.com) y ahí se encuentra un nutrido catálogo que va de playeras y máscaras, a gorras, toallas, zapatos, hebillas de cinturones, joyería, distintos tipos de playeras, pañoletas, corbatas, bolsas. Una amplia gama de productos oficiales que nadie más que Demon Jr. y su esposa diseñan.

Demon está dispuesto a colocar su marca de tal modo que a manera de franquicia ofrece lo que denomina la sesión de licencia para poder vender sus productos.

 

Foto: Cuartoscuro/Germán Romero

Si bien casi todos los luchadores han registrado su nombre como marca registrada, no todos han alcanzado el ansiado merchandising. Investigador y colaborador de varios medios de comunicación, José Navar opina: El deporte siempre ha sido un negocio. Cuando a alguien se le ocurrió vender playeras originales de soccer o americano se volvió un gran negocio. Luego vinieron las gorras, chamarras y un largo etcétera, con logotipos originales de patrocinadores.

Sí, muchos han registrado sus nombres pero muy pocos han hecho, ya no se diga el negocio de su vida, sino el negocio. Es, efectivamente como una marca registrada: una cosa es Santo, El enmascarado de plata y otra El Hijo del Santo.

El negocio
El caso emblemático en este negocio es, sin duda, El Hijo del Santo, que además ha procurado la conquista de otros públicos, nuevos fans de la lucha libre aunque no hayan estado nunca ante la imponente figura de un ring. El luchador, en un viaje entre Madrid y Londres, ciudades donde probablemente abrirá una tienda con sus productos, hace un alto para conversar con etcétera.

Paso a paso fueron dándose las cosas. Lo primero que empecé a notar es que mucha gente usaba la imagen de mi papá y la imagen de El Hijo del Santo sin ningún permiso. Entonces, empecé a mencionar que no era nombre del dominio público, que era un personaje con dueño y que estaba registrado, veía pues cómo vendían playeras y algunas cosas en los tianguis, pero honestamente de muy mala calidad.

Decidimos, mi equipo de trabajo y yo, empezar a legalizar esto como una marca. Esto fue hace aproximadamente cinco años, luego fabricamos playeras y máscaras con una mejor calidad y nos dimos cuenta que el público aceptaba muy bien la ropa.

En ese corto periodo la marca de este luchador se ha colocado en diferentes nichos. Todo comenzó con una cafetería boutique en la que comercializa su línea de souvenirs: máscaras, muñecos, playeras, gorras, películas, cómics, joyería, mochilas y una carta de alimentos y café:

La marca inició en mi tienda, en la colonia Condesa con todo este trabajo de llevar al personaje fuera de las revistas de lucha libre, lo que a la postre atrajo a la gente en el extranjero, en este caso a Cartoon Network, que idearon una caricatura Santo contra los clones, con esos mismos diseñadores creó Santología, una línea de ropa de El hijo del Santo que solamente se distribuye en Sears.

Poner la tienda en la Condesa no es una casualidad, se buscó una colonia donde hubiera mucho turismo, una colonia nice, bonita donde hubiera un ambiente así, para los mexicanos y los extranjeros del cafecito, la librería, la boutique. Eso le dio otro nivel a la tienda, no por menospreciar otros lugares, pero bueno, no, a lo mejor no pensaba yo irme a ciudad Nezahualcóyotl; quería algo accesible pero algo bonito, un lugar bien, dice.

Recuerda este luchador que a su padre le faltó la asesoría necesaria para registrar su nombre y para controlar un poco los productos que se vendían alrededor de él. Sin embargo, de algún modo yo estoy haciendo lo que él deseaba, porque hizo mucho pero quería más.

Parte de este trabajo ha sido enaltecer la lucha libre, quitar el mito de que es solamente para hombres o para gente sin educación, qué sé yo. Hace años empecé a invitar a diferentes personalidades a la arena para que me vieran trabajar. Invité a Paty Chapoy, a Gustavo Adolfo Infante, a Jorge Ortiz de Pinedo, a Ricardo Rocha, Yolanda Andrade.

Esta última, por ejemplo, durante su estancia en el reality show de Televisa Big Brother portó varias playeras de El Hijo del Santo y actualmente Raúl Araiza, en la telenovela Un gancho al corazón, hace lo mismo.
Hoy te puedo decir que mi ropa se la pone toda la gente, tanto gente que va a las arenas, gente muy aficionada, como gente que lo hace porque se ve bien, porque la ropa es bonita.

El Hijo del Santo explica que su marca no es una franquicia: No hemos querido hacerlo así porque pensamos que al hacerlo de ese modo se empieza a llenar de tiendas todos los lugares. Decidimos que las tiendas que se abran tendrán que ser de nosotros para tener el cuidado de que realmente se manejen como nosotros queremos.

Lo naco es chido
Todavía no hay cifras espectaculares que ilustren sobre este merchandising oficial luchístico. El Hijo del Santo lo dice así: No podría comparar lo que se obtienen por la venta de productos con lo que se obtiene por luchar. Es diferente porque es otro tipo de negocio, pero va por muy buen camino.

Sin embargo, el clásico recita que para muestra un botón: una playera oficial en la tienda de El Hijo del Santo como mínimo cuesta 260 pesos; en la tienda de Blue Demon hasta 200 pesos, y en los puestos aledaños a la Arena México, el promedio es de 80 pesos. Los diseños son parecidos y, como dice Pepe Návar, en algunos casos, los llamados piratas mejoran el producto.

En cuanto a las máscaras, las oficiales pueden costar 450 o 600 pesos según del luchador al que pertenezcan así como el diseño y la tela, mientras
que las que vende doña Genoveva cuestan 150, 100, 50 y hasta 20 pesos. Lo que venden es la marca porque ni siquiera están mejor hechas, por lo menos las que yo he visto, dice la vendedora.

En 1999 dice José Návar le compré dos máscaras originales de El Santo al señor Martínez (Deportes Martínez la normal que usaba Rodolfo Guzmán Huerta, de seda, y una de lujo de tela metálica. Me salieron casi en mil pesos las dos, súper bien hechas (a la medida (y con marca registrada), pero he comprado muchas afuera de la Arena México, más baratas y también muy bien hechas. En ambos casos (original y a granel) no te garantizan que, al ponértela, seas, por ejemplo, el Dr. Wagner, lo cual es una lástima.

Lo indiscutible aquí es que hoy los luchadores atraen a diferentes públicos como en el caso de Karla Cisneros, de 19 años de edad, que está de visita y de compras en la tienda de El Hijo del Santo. Nunca ha presenciado una sola lucha y no tiene pensado asistir a una.

Vine a comprar una playera porque se la vi a una amiga y me gustó mucho, pero de ningún modo iría a la Arena (México): me pone nerviosa y no lo disfrutaría, creo. Prefiero ver por la tele algunas cosas, aunque en general, no sé, no me gusta mucho ese mundo.

Será que, como dijeran hace años los integrantes de Botellita de Jerez lo naco es chido, por lo pronto hasta Blue Demon Jr. tiene una línea de playeras denominada naco.

Quien sabe añade Návar si lo naco siga siendo chido, pero una cosa es segura, al amparo de lo que dijo una vez Sergio Arau, muchos niños bien creen que con usar algún producto de marca del Santito o de Demon Jr., ya la hicieron, y nada más no. Son públicos muy diferentes: una cosa es ver la lucha libre en la tele y otra es estar en la arena.

Criollo argumenta que ésta es una polémica añeja, pero coincide en algo: En una arena están todos los Méxicos posibles, pero es verdad que la raíz de la lucha es popular. Hoy lo que ocurre es que los famosos van a la arena a ser vistos. Los públicos ya no son tan diferentes, porque la lucha vive una tercera época de oro, de manera que la puedes ver en absolutamente todo.

Está en la publicidad del metro, las telenovelas, los videoclips, los cómics, etcétera. El mismo grupo de amigos que va al Estadio Azteca va después a la Arena México. El público se ha uniformado más, pero los estrellatos sí son diferentes. Los actores y los luchadores, son vistos desde otra óptica como figuras públicas, aunque los puedas ver juntos en las publicaciones de espectáculos. Hay quien nunca ha estado en una arena y porta playeras de los luchadores, pero son los menos.

Inevitablemente, esta diversificación de públicos y, sobre todo, este merchandising con el registro de marca ha colocado a los vendedores de productos de hace años en una categoría en la que ellos se sienten violentados: piratas.

Yo no los llamaría así. Para mí son como promotores culturales, gracias a ellos y a los que venden toda clase de parafernalia luchística afuera de las arenas, es que los luchadores se han hecho famosos. Dime de quién compras una máscara y te diré quien eres.

Otro vendedor de los alrededores de la Arena México, no dio su nombre pero con un humor negro sentenció: Yo ya voy de salida del negocio y de
aquí, no soy una persona con mucha instrucción y menos de negocios, pero nadie me da atole con el dedo. Muchos, muchos años he sido espectador de la lucha libre y conocí a muchos de los grandes luchadores.

Sé que cuando a Blue Demon le preguntaban sobre nosotros los vendedores, cuando le decían que nosotros nos aprovechábamos de sus nombres para vivir, él contestaba ´y qué le voy a quitar yo a esa gente´. En cambio hoy, hay hijos de… esos luchadores que no te firman la máscara si no es oficial. ¿Cómo se le llama a eso? No es más que codicia, avaricia, ambición. Y eso, precisamente, es lo que mueve los engranajes del negocio de hoy día. Nada más.

El Hijo del Santo, al respecto, dice que eso es falso, que él sí firma todo tipo de máscaras:

Por un lado, nosotros estamos haciendo productos al alcance de todo el público. Pero tampoco es cierto que no firmo, son comentarios de gente que siempre busca algo para criticar, yo firmo todo lo que la gente me da, pero también les pido que entiendan que la piratería es negativa. La gente lo ha entendido y lo ha tomado con respeto.

Espero acota Criollo que no venga la aberración de incautar la mercancía de los vendedores bajo la premisa de que lucran contra la propiedad intelectual. Está bien proteger derechos y creativos, pero en el momento en que alguien no pueda hacer artesanías porque un vivo ya registró el concepto artesanía, todo se lo llevó el diablo.

Los mascareros, jugueteros, escultores, los creadores de pines y llaveros, los serigrafistas de playeras y todos los que hacen objetos en torno a la lucha continúan una tradición desde que esto existe. No debe desaparecer. Estoy de acuerdo en que no se roben elementos ofíciales de línea comercial, pero ellos crean sus propios diseños sobre productos.

Mina de oro
Nunca olvidaré algo que me dijo mi padre antes de morir: que El Santo era un personaje muy noble, si lo cuidaba me daría muchas cosas además de la lucha libre. Con el tiempo lo he ido descubriendo, es cierto, dice El Hijo del Santo quien dice que él sólo comercializa su nombre no el de su papá y que, si así fuera, no tiene nada de malo.

Indudablemente el padre sabía lo que decía y se adelantó a su tiempo con el consejo, pues poco a poco los luchadores buscan hacer su propia ronchita al amparo de su nombre y, en su caso, de su máscara. Hace poco, por ejemplo, Solar inauguró su propia tienda en Luis Moya 116, mientras que unos pasos adelante (Luis Moya 73), y ya desde hace varios años se encuentra la tortería de Súper Astro, cuyo plato fuerte es una torta que lleva su propio nombre.

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