Cinque Terre

Fernando Belaunzarán

[email protected]

Diputado federal por el Partido de la Revolución Democrática

Réplica, sectarismo y el derecho de mentir

 

Las descaradas falsedades de Enrique Galván Ochoa

La neutralidad noticiosa es, en el mejor de los casos, una ilusión y, en el peor, una coartada. Pero eso no absuelve los excesos de cierta prensa militante que sacrifica rigor -e incluso pudor- periodístico en favor de la franca y vulgar propaganda. Eso se verifica en la línea editorial, en los encabezados, en las fotos, en las caricaturas y, por supuesto, en los “analistas”. Estos últimos tienen un margen de maniobra mayor, pues el espacio de la opinión es inmenso; pero incluso ahí pueden rebasarse los límites, a pesar de ser amplios y flexibles. Un claro ejemplo de ello lo podemos encontrar en el columnista de La Jornada, Enrique Galván Ochoa.

El periodista Galván tiene todo el derecho a sostener y promover las tesis de su obradorismo confeso, como cualquiera a controvertirlas -eso no está a discusión-; pero otra cosa son sus lamentables desplantes sectarios y, peor aún, sus descaradas mentiras.

Se promueve la transparencia cuando se difunde cómo votan los legisladores. Pero es otra cosa si así se encabeza: “Los perredistas de Peña Nieto”, tal y como lo hizo Enrique Galván tras la votación de la reforma educativa.1 La información cede su lugar al juicio sumario y la hoguera moral, tan socorrida durante el estalinismo, llama al linchamiento y escarnio contra aquellos que votaron en favor de ella. Poco importa al columnista que lo votado coincida con lo establecido en el punto 216 de la plataforma

electoral que enarbolaron López Obrador y los partidos que lo postularon en 2012, el cual establece a la evaluación para educandos, maestros, sistemas educativos y establecimientos escolares “como instrumento de corrección de las desigualdades y método para la elevación constante de la calidad de la educación”.

Morena quiere su registro a costa de los votos del PRD y por eso su obsesiva intención de demonizar a dicho partido con el estigma de la “traición”. El sectarismo como estrategia electoral. Nadie se hace cargo de las consecuencias, que supongo indeseables para sus promotores, como son la promoción del fanatismo y la intolerancia que se expresan con violencia verbal, amenazas, calumnias y descalificación moral de cualquier atisbo de discrepancia de la ortodoxia pejista, amplificadas en las redes sociales.

En ese sentido, resulta paradigmático lo ocurrido con una réplica en el programa de radio de Carmen Aristegui en MVS, en el cual colabora como analista Galván Ochoa. Éste, en su comentario del 18 de marzo pasado, culpó de la aprobación de la reforma energética a Cuauhtémoc Cárdenas por su “débil oposición” y al PRD por votar “a favor de la privatización”. La primera es una opinión muy cuestionable y, desde mi punto de vista, insostenible, pero opinión al fin. La otra es una burda mentira que puede corroborarse con mucha facilidad, pues las votaciones son públicas y accesibles por Internet.

Aristegui concedió la réplica y un servidor hizo las aclaraciones pertinentes, dejando en claro la disposición para dialogar con el periodista. Enrique Galván Ochoa optó por no responder absolutamente nada, a pesar de que entró al aire inmediatamente después. Tuvo que ser la propia Carmen Aristegui, citando a una agencia de noticias, quien dejara en claro que ningún legislador del PRD votó en favor de la reforma energética.

A nadie sorprende que en el periódico que se autodefine como “democrático”, pero que censura a sus columnistas, tengan poco aprecio por los derechos de los lectores, como el de réplica, máxime cuando se ha vuelto un notorio instrumento de propaganda del pejismo, chavismo y, si nos atenemos a sus primeras planas, también del peñismo. Lo relevante, me parece, está en otra parte que ya he mencionado: el resurgimiento del sectarismo.

La reacción que hubo en redes sociales por el desplante de Galván Ochoa al optar por el mutis ante la réplica fue por demás sintomático. No obstante que había quedado claro que el periodista había mentido, que la información auténtica es corroborable y que éste se había rehusado a hacerse cargo de sus palabras y, por mínima ética periodística, reconocer su error, llegó una legión de cuentas tuiteras a respaldarlo, como si la verdad se definiera por mayoría de trolles. Si la realidad no coincide con la propaganda obradorista, peor para la realidad; la causa otorga derecho para mentir.

El mismo 18 de marzo, y en el mismo programa, Andrés Manuel López Obrador volvió a utilizar la desafortunada y descontextualizada frase de Melchor Ocampo: “los moderados no son sino conservadores más despiertos”. El péndulo que lo llevó a plantear La República Amorosa ahora va hacia el otro extremo. Ahora no quiere incluir sino contrastar con los que han osado, ¡oh dios!, negociar y acordar con otras fuerzas políticas y con el gobierno.

Imposible no pensar en la ultra del CGH, movimiento que mantuvo cerrada la UNAM por casi un año en 1999-2000. Recuerdo un debate en el Auditorio Che Guevara, hoy privatizado por un grupo que también dice ser la auténtica y verdadera izquierda, en el que los extremistas acusaban a los maestros eméritos Adolfo Sánchez Vázquez, Luis Villoro, Alfredo López Austin y Manuel Peimbert de “moderados” por plantear una salida pacífica y negociada con las autoridades, misma que mantenía la gratuidad -origen del conflicto- y convocaba a un Congreso Universitario. En una escena tan cómica como patética, uno de los activistas espetó a Sánchez Vázquez: “Usted es un marxista pequeño burgués”. Desplantes como éste son comunes en las redes sociales por parte de quienes jocosamente llamo “yihad pejista”.

El sectarismo es altamente pernicioso. El único remedio eficaz contra éste es la promoción de valores democráticos: diálogo, inclusión, tolerancia. El peor error sería hacer concesiones al atraso y no enfrentar al fanatismo que persigue a la disidencia. Aquel movimiento universitario es una buena lección. Si se deja crecer a la ultra, ésta acaba por asumir el control.

Imágenes de Jesús Saldivar

Nota:

1La Jornada, 9 de septiembre de 2013

Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password