Joyeria de plata mexicana para cautivar
Cinque Terre

Vania Maldonado

Escritora

Rap: mi límite es el cielo

La vida no trae instructivo. No contamos con los obstáculos o los cambios en el camino. Aún así, ¿alguna vez han tenido un sueño?

Conocí al Homie y sus amigos, que en un tiempo se dedicaron a vivir en las calles y pisaron el reclusorio. Hoy tienen otras aptitudes, talento, creatividad; pero ante todo metas y se esfuerzan, se apoyan entre ellos. Son raperos cholos.

El rap, recitación rítmica de rimas y juegos de palabras, tiene sus propios rasgos en cada país o continente. Existen por ejemplo el rap rasta o reggae, el rap hardcore que habla de la vida, el rap gansta que rima sobre drogas y armas, o el rap comercial. Éste es rap cholo.

Y el Homie canta:

“Hoy nadie me detiene porque brilla mi talento, yo estoy convencido que nací para esto. A la gente que me escucha de veras les agradezco, yo no sería nada sin el apoyo del ghetto. También le agradezco a quienes dudaron, porque fueron el motor para demostrar lo contrario. Recuerdo que mi hermana se burló, cuando le dije mis sueños, vivir de una libreta por favor no seas ingenuo.

“¡Pero mire, sí se puede, luchar por lo que quieres, porque triunfos y fracasos son parte de la vida! Yo pagué con creces, hoy la vida me debe, le pasaré las cuentas y cobraré mis intereses. Desde morro la sufrí, pero no pueden parar mi corazón, las cicatrices en mi cara demuestran que vengo de donde el respeto se gana o se muere en el intento”.

El rap surge en los barrios negros y latinos de Nueva York en la década de los setenta. Desde allí se lanzó al mundo. En las primeras presentaciones de grupos de rap, el estilo se sustentaba en las músicas de un Disc Jockey que, utilizando algunas canciones y empleando cortes y mezclas, lograba una composición que funcionaba como fondo sonoro para que pudiese rapear un MC (Microphone Controler, el que controla el micrófono) o varios intérpretes al mismo tiempo, como explica la página raperos.com.

Hay diversas opiniones acerca de este género musical, desde que es violento y misógino hasta que es una manera sana y libre de expresar sentimientos y pensamientos. El Homie tiene diez años en sus intentos de aportar episodios de su paso por la vida a la gente que lo escucha, aunque haya poco dinero para promoverse.

El rap, aunque muchas opiniones discrepan de esta visión, también es arte. Son pedazos de sus vidas, los comparten sin reticencia y llegan a las entrañas.

Requiere de un proceso creativo, en el cual se plasma alegría, dolor, muerte; construyen crónicas con música que relatan en cada interpretación.

Mr. Homie es una identidad que recorre no solo la ciudad, sino también varios estados de la república. Cree en lo que escribe y hace. El escenario es parte de él, es a donde sube a gritarles a todos quién es hoy.

En sus inicios sabía que tenía talento para escribir, hasta que un amigo lo ayudó para que comenzara a grabar. Iba hasta Coacalco, le llevaba como tres horas llegar ahí. De alguna forma tenía que empezar. Después conoció los programas para hacer pistas y poco a poco aprendió solo.

Fue difícil al principio, hacía su música en casetes, hasta que después hubo más recursos. Afirma: “el camino fue largo, estuve en la cárcel, salí y empecé de nuevo, unas puertas se abrían y otras cerraban. Nos unimos más personas hasta formar Kalpolteteo familia, palabra que significa ‘Dioses del barrio’.

“Todos los días hay que escribir, mejorar el flow, pegarle dos o tres horas diarias, escuchar diferentes beats. Es la disciplina que requiere hacer rap”.

¿Por qué rap?

“Cuando yo tenía catorce años mataron a la chica que yo amaba. Ella era Natalia. Quise hacerle algo especialy diferente, así que le escribí una canción, la primera: ‘No te olvidaré’. Jamás pensé dedicarme a esto, era la necesidad de plasmar mi dolor, le gustó a la gente y desde ahí ya no paré”.

El nombre de Mr. Homie “me lo puso una chava, me dijo que me parecía a uno de los muñequitos que también se llaman así. Son coleccionables y emblemáticos de la cultura chola”.

La primera vez que subió a un escenario “fue en un aniversario de mi barrio; Franco MC y yo empezamos un grupo, lo llamábamos ‘La última sesión’. Aunque fuimos bien ensayados, los nervios de la primera vez nos tenían agu%u0308itados; pero cuando la gente levantó las manos fue como cuando la chica de tus sueños acepta ser tu novia. El miedo lo convertimos en energía. Al bajar del escenario nos pidieron fotos y videos, es una experiencia que jamás olvidaré, porque ahí me di cuenta de que podía hacer algo mejor de mi vida”.

Por eso “escribo basado en experiencias personales, en las llamadas cosas buenas y malas. Principalmente pretendo que la gente sepa que no ha sido fácil y no lo será nunca. Les dejo un mensaje abierto, ellos sabrán cómo lo interpretan, la vida tiene altas y bajas y es lo que quiero transmitir por medio de mis letras”.

El rap, ¿violento y misógino?

“El rap es un medio de expresión en general. Depende de cada rapero. Es cierto que en ocasiones habla de alcohol, drogas, mujeres y violencia, pero también toca temas sociales, la vida diaria. Muchos lo desacreditan, pero al escuchar detenidamente sus letras no todo denigra a la mujer o enaltece a la violencia. Porque cuando cantan al dolor, al amor, ves que lo han vivido. Las personas son violentas, no la música, y cada quien toma el mensaje como mejor le convenga”.

Pero, ¿qué tan difícil es escalar en un ambiente en el que jóvenes como el Homie no tienen las posibilidades suficientes?

“Es muy complicado, más cuando no hay solidaridad entre la gente del gremio. Desde 2003, cuando empecé, me cerraron muchas puertas, tuve que trabajar duro, aferrarme, no tomar esto como un juego, para crear música de calidad. Hacerte de un nombre es lo menos sencillo, pero lo he logrado”, dice el Homie.

El apoyo entre ellos es evidente: sus largas horas juntos cuando viajan y el que con sus propias manos hayan construido y pintado un cuarto pequeño. Ellos mismos edificaron su estudio de grabación, su sueño. Aquí nada es en charola de plata.

Una forma de vida

“Hoy rapear es mi forma de vivir, es un empleo, una carrera. Éste es mi sustento, por eso le pongo tanto empeño. Mis amigos tienen carreras u otras formas de ganarse la vida, yo solo tengo el micrófono y mi creatividad para ser alguien. Ser rapero es el mejor juego, el mejor trabajo”.

Por eso, cuando “escucho que cantan una letra que yo escribí siento que estoy en el lugar correcto a pesar de mis errores. El haber estado en las esquinas drogado, el haber pisado la cárcel y salirme del fondo de la tierra me motiva a que me escuchen. Es como digo en una de mis letras ‘sigo brillando desde el suelo como una moneda de a diez'”.

No hace falta un gran escenario o producciones ostentosas para brillar. Vienen del barrio, como muchos dirían, han crecido con bajos recursos pero el hambre no los asusta, ellos siguen tomando el micrófono para platicar sus historias y lo difíciles que han sido. Es cuestión de trabajo, de ir a donde te requieran así te paguen tres pesos, aquí no hay magia, es sacrificio.

Y como dice este rapero: “soy ambicioso y no por dinero. Le demuestro a quienes no creyeron en mí que mi límite es el cielo”.

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