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Radiografía de un millennial

Andrew: Creo que cualquier persona podría considerar el convertirse en el mejor músico del siglo XXI como el concepto de éxito. Jim (el papá de Andrew): Morir en la bancarrota, borracho y lleno de heroína a los 34 no es exactamente mi concepto sobre el éxito.

Andrew: Preferiría morir borracho, en la bancarrota, a los 34 y que la gente hablara de mí a la hora de la cena, que vivir como rico y sobrio hasta los 90 y que nadie recordara quien fui. Whiplash

Los mileniales son una generación que ha crecido bajo la lupa de las pantallas, los medios y el escrutinio público, al tiempo que viven aislados en busca de atención.

El milenial no es propiamente un narcisista que espera petrificarse como la imagen de Narciso, es un asistente al espejo de la red en busca de respuesta, en una nueva forma de intimidad pública, sin secreto, que mitiga la soledad en lugar de provocarla. Sin embargo, somos otros los que hacemos el retrato, los que dibujamos desde nuestra perspectiva lo que imaginamos de dicha generación.

Por mi trabajo, trato con ellos cotidianamente; por mi posición generacional, me toca ser madre de dos; por ello y aprovechando las vacaciones, me puse a conversar con un milenial, un alumno al que admiro y que guarda la suficiente distancia como para dejarse retratar de propia palabra a partir de textos compartidos. Así que decidí escribir junto con Omar Osorio un diálogo en red. Ambos apreciamos mucho la literatura, el cine y las series de televisión y yo, como el profesor protagonista de la película francesa “Dans la maison”, que se sorprende con la escritura de un alumno, cuando Omar acudió a mis clases me sorprendió su claridad e ingenio al escribir, así que era el candidato perfecto para hacer una radiografía milenial.

De verdad, ¿es distinto el mundo para un millennial que para mí por ejemplo?

Creo que es difícil tratar de describir a un millennial por el rango de edad. Desde mi punto de vista, los millennials somos todos aquellos que nacimos y hemos crecido en el mundo de las posibilidades.

Nacimos casi al mismo tiempo que Internet. El mismo Internet que primeramente se inventó como una red militar de comunicaciones y que fuimos convirtiendo en nuestra fuente principal de conocimiento, entretenimiento y centro social.

Veo a los millenials como la generación de las posibilidades ilimitadas porque, nuestra vida digital nos permite estar en contacto con cualquier persona, ordenar comida de cualquier restaurante con unos cuantos taps de teléfono, compartir fotografías desde cualquier parte del mundo y aprender literalmente a hacer cualquier cosa por medio de algún video.

Esto también es un arma de doble filo que jamás en la historia de la humanidad ha tenido precedentes. Nuestros dispositivos también nos deshumanizan, nos aíslan, y nos recuerdan constantemente todas las cosas que nos gustaría ser y tener algún día; miles de cosas que probablemente nunca llegaremos a lograr si nos quedamos quietos porque el asentarse significaría renunciar al resto de esas posibilidades.

¿Me llama mucho la atención la idea del selfie, aunque veo que realmente tú casi no tienes? ¿Crees como Paula Sibilia que se trata más de una llamada de atención que de una expresión narcisista?

En 2014, durante la ceremonia de los Oscar, se capturó la selfie que se volvería el tuit más retuiteado de la historia. Incluía a las celebridades más icónicas del momento en un retrato casi perfecto que parecía improvisado (que no lo fue en absoluto, se rumora que Samsung pagó más de 20 millones de dólares para que se tomara esa fotografía con uno de sus teléfonos). http://bit.ly/1 dRK33g

Aunque todos tomábamos selfies desde antes de ese momento, y Oxford ya había incluido la palabra selfie en el diccionario desde un año antes, esta fotografía la popularizó. Los fabricantes de celulares comenzaron a darle más importancia a la cámara frontal de sus teléfonos mejorándola en cada nueva interación y redes sociales como Snapchat comenzaron a migrar hacia un paradigma de “comparte lo que estás haciendo en este momento”.

De hecho Snapchat ya sacó sus lentes para tomar imágenes al momento.

Dos de los niveles de la pirámide de las necesidades humanas de Maslow tienen que ver con el reconocimiento y la afiliación, y la selfie podría ser de manera muy inocente, la respuesta a esa necesidad de ser reconocidos por los demás.

Me gusta la idea extrema que presenta uno de los capítulos de “Black Mirror” (2016) que establece una sociedad donde obtienes validación personal a través de calificaciones que te dan otras personas. Mientras más estrellas tengas, más respetado eres y admirado por los demás; y el tener menos estrellas, te condena a la infelicidad. En mi caso tal vez estoy alejado del estándar de las selfies, pero no porque no me importe la validación de los demás, sino porque normalmente soy yo el que está detrás de la cámara orquestando la escena.

¿Crees en la división de generaciones?

Todavía recuerdo cuando vi “Whiplash” (2013) por primera vez. El solo de batería de la escena final, lleno de furia y pasión, me dejaron al borde de mi asiento. La fracción de segundo en la que se asoma la sonrisa de aprobación del fascista director musical interpretado por J.K. Simmons por el solo de batería de Andrew (Miles Teller) me dejó atónito y satisfecho.

Las luces se encendieron y las discusiones sobre la película irrumpieron en la sala de cine, pronto me di cuenta de que la película que yo había visto no era la misma película que había visto mi mamá, ni ninguno de los “adultos” dentro de la sala. Solo mi hermana y yo compartimos una mirada de complicidad.

Creo que el tema de la película expresa y exagera muy bien la brecha generacional que existe al menos entre los millennials y otras generaciones. Las prioridades de la mayoría han cambiado. Uno ya no se casa a los 20 para salirse de su casa, se inventaron los divorcios express para los que no pueden con un “para siempre” y la cultura del Internet nos ha vuelto la generación que más prisa tiene por conseguir el éxito que ninguna otra.

Whiplash” me puso a bailar, no así “La La Land”. Recuerdo cómo retumbaban los tambores en mi corazón y en mi cuerpo al tiempo que sufría con la crueldad de ese profesor que en nada se parece a mí. Me encantó el enfrentamiento generacional, el idealismo del protagonista y claro la forma en que mi generación queda anulada entre el profesor Boomer y el alumno milenial. A ti te gustó mucho “La La Land”, recuerdo que me dijiste que expresaba muy bien al mundo milenial ¿por qué?

La La Land” es una película casi impecable en todos sentidos, pero lo que me parece que la hace especial es que la historia es lo suficientemente simple como para que su mensaje conecte con el espectador de muchas formas, libre a la interpretación. No he encontrado hasta ahora dos personas que puedan explicar las acciones de los personajes principales de la misma forma. Siempre hay pequeñas variaciones y creo que Damien Chazelle logra dejar a la mitad del camino a sus personajes para que nosotros los tomemos por el resto del mismo y los hagamos nuestros. Nada de eso sería posible si la historia no fuera honesta consigo misma.

Me parece que hay algo muy íntimo de la vida de Damien Chazelle (director de “La La Land” y “Whiplash”) dentro de los guiones de sus películas. En varias ocasiones ha mencionado que “Whiplash” es prácticamente autobiográfica y “La La Land” una obsesión de más de seis años. Después de estudiar sus películas uno se pregunta si la razón por la que han sido tan exitosas con los millennials es porque Chazelle es uno de nosotros.

A mi parecer, Damien Chazelle es uno de los primeros autores millennials de películas de gran presupuesto que comenzarán a surgir en poco tiempo. Los temas que toca en sus historias están llenos de ideas de trabajo duro al punto de la obsesión, sacrificio, amor melancólico y la búsqueda del lugar de uno mismo en el mundo. Todos estos temas se relacionan perfectamente con nuestro contexto latente, donde hay que hacer hasta lo imposible para distinguirse en un mundo tan conectado, y donde a diferencia de generaciones pasadas, primero hay que encontrarse a uno mismo antes de buscar el amor.

¿El cine es la narrativa que mejor expresa su espíritu?

La experiencia del cine sigue ocupando un lugar importante en generación. Mientras creciamos, el género de superhéroes nació con Spider-Man (2002) y sigue en apogeo. Se crearon los “universos compartidos” entre las series de televisión, películas, libros y hasta parques de diversiones.

Coincido en que se hizo más frecuente la experiencia transmediática o intertextual, pero ya en mi época podías ver a “Los Picapedra” entrar al mundo narrativo de “Los Supersónicos”. Y el asombro nos hace olvidar que si hoy “Los Simpsons” nos escandalizan, la familia de las cavernas era también una propuesta muy vanguardista.

Estas fuertes conexiones entre todos los medios narrativos son el resultado de la gran cantidad de contenido que consumimos. La explosión de nuevos medios que Internet fue abriendo, permitió que nuestra generación se volviera mucho más rápida en el consumo de lo visual; lo que a su vez llevó a la demanda de más contenido y conectó narrativas y medios entre sí.

Este círculo es explicado por el personaje de Leonardo DiCaprio en “Inception” (2010), la inspiración a veces se siente como si en vez de crear algo lo estuvieras descubriendo. Todo es tan rápido que el cine y los nuevos medios narrativos se van retroalimentando entre sí.

Aun así, pienso que la gran pantalla sigue ocupando un lugar especial en nuestra generación. El cine refleja a la sociedad y la sociedad es el reflejo del cine que hemos visto.

Aparentemente no soy el único que piensa así; “A Pervert’s Guide to Ideology” (2013), en palabras simples, es un documental que explica el proceso por el que la sociedad adopta una ideología. Lo curioso, es que el instrumento que se utiliza para explicar este proceso es el cine.

Es inteligente y amena la manera en que Sophie Fiennes nos lleva de la mano junto con Slavoj Žižek por los escenarios de algunas de las películas más icónicas de la historia. A través de las analogías cinematográficas de este filósofo y psicoanalista, podemos ver con diferentes filtros las ideas que explican nuestro comportamiento como consumidores de ideologías. Nadie se salva de ser analizado: religión, economía, el Estado, la fuerza militar, etcétera. Es sin duda, un gran ejemplo del ciclo del cine al que me refiero.

Slavoj Žižek se ha vuelto uno de mis líderes de opinión, disfruté mucho su documental y ahora leo uno de sus libros. Tanto él como Jaco Van Dormel son dos Gen. X que admiro y considero que han abonado a la narrativa contemporánea. Me encantó “Mr. Nobody” y aunque tú y yo somos de distintas sociedades (ja, ja, no, esa es canción de Selena) distintas generaciones, compartimos el gusto por las películas laberínticas como la de “Inception”. Creo que son narrativas muy de estética milenial, es decir tramas complejas y exigentes para los expertos mediáticos como ustedes que han aprendido a decodificarlos ¿Qué opinas?

Concuerdo mucho con el interés por las narrativas intrínsecas y complejas que se pueden disfrutar en muchos niveles, las películas que exigen de la conjunción de tu razonamiento lógico y emocional son en mi opinión de las que más se disfrutan. “Inception”, por ejemplo, nos cuenta una historia compleja a través de un punto de vista emocional; esto requiere de toda nuestra atención: nuestro pensamiento lógico tratando de ir a la par con las reglas propias del mundo del sueño, y nuestro pensamiento emocional al tanto del desarrollo de los personajes.

Por otro lado, respecto a “Mr. Nobody” en específico, creo que el uso de la mecánica cuántica (tema complejo) en la historia sirve como vehículo de entrega del tema principal que aborda, explicada por su protagonista: “No le tengo miedo a morir, le tengo miedo a no haberme sentido lo suficientemente vivo”.

Nemo Nobody, a mi parecer, es un don nadie, petrificado por el terror a tomar una decisión, sin poder desarrollar una personalidad propia por el miedo a vivir, a equivocarse, y a sufrir. Y aunque pareciera que se toma el tiempo de tomar sus propias decisiones, es a final de cuentas su entorno el que lo moldea de forma reactiva.

Claro, su nombre lo delata Nemo es nadie en griego y Nobody…

En su documental, Slavoj Žižek habla de esta patología social originada a finales de los 80, causada por el bombardeo diario de anuncios que nos dicen que deberíamos disfrutar más la vida, esforzarnos menos y que no tiene nada de malo sucumbir a nuestros deseos consumistas “de vez en cuando” (incluso aunque sea todos los días).

Para los millennials, esta ideología logra filtrarse por todos lados, especialmente en las redes sociales, donde los depredadores saben que la mejor manera de llegarle a su público es por medio de la venta indirecta: los “influenciadores” que no venden marcas, sino estilos de vida.

Es curioso, lo que más me gustó fue la conclusión de que, al final, cualquier elección de vida hubiera tenido sentido, es decir, la película nos habla de la identidad, de un niño que sueña su futuro o de un viejo que recuerda su pasado; de las múltiples elecciones que dibujan vidas diferentes y, el espectador deberá elegir qué le hace sentido. En mi caso la resonancia queda del lado de que, a pesar de que es evidente que una de las posibles vidas de Nemo Nobody es mejor que las demás, su mente siempre hubiera encontrado en todas el significado vital. Eso me da consuelo.

Veo que todos los jóvenes están obsesionados con la serie “13 Reasons Why”, ¿por qué?

Creo que “13 Reasons Why” (2017) retrata el misterioso mundo de los adolescentes desde un punto de vista casi verosímil. Siempre ha existido una brecha de comunicación entre generaciones, pareciera que los adultos y los adolescentes viven en mundos separados. Los teléfonos celulares, las redes sociales, e Internet en general han permitido que la brecha se haga más grande.

Gracias a que la privacidad es selectiva, es solo cuando un escándalo logra salir a la luz que los padres pueden tener una pequeña mirada de lo que sucede en ese otro mundo de la preparatoria. Lo vemos por todos lados, nadie cree capaz a su hijo(a) de algún acto caótico hasta que éste lo comete.

Hay que ser muy objetivos con los puntos de vista que toman los personajes respecto a la muerte de Hannah (la chica fallecida) y las acciones previas que conllevan a este evento. Aunque la serie gira en torno al suicidio del personaje femenino principal, lo que prevalece a través de toda la historia (y es, a mi parecer, el problema más latente del ensamble de adolescentes) es el machismo al que están expuestos y que tristemente se ha convertido en el status quo en el mundo real.

Tristemente, no todo para nuestra generación ha cambiado. Hacen falta heroínas que nos ayuden a establecer un nuevo paradigma al que nuestra generación pueda voltear a ver en su propio reflejo cuando lo necesite.

He vivido en carne propia la tragedia del suicidio adolescente, en lo familiar y en lo profesional. Creo que la serie retrata muy bien que no es predecible o no existe un estereotipo que nos permita pronosticar quién cometerá un acto tan atroz. Creo que refleja muy bien que el adolescente en la actualidad es un ser muy impulsivo; muy abandonado. Queda clara la falta de comunicación con el mundo de sus padres y maestros. Desde luego me impresiona la violencia sexual y la hostilidad hacia la mujer, pero no es privativa, los hombres de la serie sufren su cuota. Me quedo como conclusión que la materia más importante en la formación educativa es la educación emocional y estamos como país haciendo muy poco por eso.

¿Viste “The Brand New Testament”? ¿Qué pasa con la idea de Dios en tu generación?

La película me pareció una buena comedia con una cinematografía muy bella, creo que es muy difícil explorar el tema de la religión de manera satírica sin herir sensibilidades y “The Brand New Testament” logra brillar en varios momentos de su historia.

Ahora, hablando de Dios, lo primero que me viene a la mente es American Gods, una novela de Neil Gaiman (y próximamente una serie), que toma ideas prestadas de la mitología japonesa y griega para ubicarnos en un mundo en el que existen dioses por el simple hecho de que las personas decidimos creer en ellos. Durante el transcurso del tiempo, cuando la gente deja de creer en un dios, este comienza a perder sus poderes y desvanecerse. Así pues, en la época moderna, los dioses más poderosos son aquellos representados por la tecnología, el Internet, los medios de comunicación y transporte, etcétera.

La metáfora que Neil Gaiman establece para crear su mundo me parece una buena forma de relacionarlo con el mundo millennial. Hay quienes dicen que para nosotros Dios está muerto, pero más que eso, creo que mi generación se está obligando a cambiar su propia forma de verlo.

¿Rezan los millennials?

¡Creo que esta es la pregunta más difícil! No podría hablar jamás por la mayoría sin traicionar mi propio principio de “hechos antes que opiniones”. Sin embargo, aunque no es un tema que discuta a menudo con otras personas de mi generación, pienso que el sentido de pertenencia espiritual es una de las búsquedas que más hemos olvidado en general, aunque también he conocido a otros con principios muy fuertes. En ese sentido, ¡creo que hay de todo!

Concluyo este diálogo con la propuesta de comenzar de forma más frecuente y en cualquier medio un diálogo cercano, creo que hoy la edad no nos aleja o nos acerca, nos aproximan los intereses y la necesidad por tender puentes entre una visión y otra de los seres que habitamos este planeta.

Aunque en la radiografía hayamos tenido que usar pinzas para dividir generaciones, no creo ni por un segundo que esto sea el factor más importante en nuestra organización social, como bien dices, una visión compartida debe ser el denominador común para convivir y por supuesto colaborar como en nuestro caso. Te agradezco Regina, por la invitación a escribir de nuevo.

 

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