Cinque Terre

Orquídea Fong

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Periodista/comunicóloga egresada de la UNAM.

Radio UNAM y su renuncia a la ética

SAÚL LÓPEZ / CUARTOSCURO.COM

En diciembre de 2016, el escritor Benito Taibo asumió la dirección de Radio UNAM, en sustitución de Renato Dávalos. Ha pasado un poco más de un año, en el que se han registrado cambios de forma y fondo.

Encuentro buenas propuestas radiofónicas recientes, como la serie “Radio UNAM: Voz de las Mujeres”, producida por Silvia Cruz. Se ha conservado y fortalecido la presencia de las distintas dependencias universitarias, por medio de programas unitarios y cápsulas informativas. El sitio web ha mejorado, pero aún no es lo que debiera. Y a juzgar por el material online, el trabajo de digitalización del acervo de la fonoteca no ha avanzado.

Durante 2017 el trabajo de la emisora tuvo como eje la celebración de su 80 aniversario, que se cumplió el 14 de junio. Considero que el trabajo propuesto por los colaboradores es de alta calidad y muy emotivo. Me conmovió especialmente el anecdotario que publicó la revista de Radio UNAM, Rúbrica.

En su momento, señalamos que la octava década sorprendía a Radio UNAM sin una política de comunicación clara, sin código de ética y sin un defensor de las audiencias. El primer punto no se ha cubierto, los dos últimos sí, lo cual nos alegra. No obstante, la falta de una política de comunicación impacta profundamente en el actuar ético de la estación y puede anular el avance que las otras dos acciones representan.

Por un lado, aplaudo la elaboración y difusión del Código de ética de Radio y TV UNAM, que se puede consultar en la página de Difusión Cultural UNAM. También, el nombramiento (luego de un incomprensible retraso de varias administraciones) de un defensor de las audiencias, hecho en junio de 2016.

@radiounam

Por otro, me alarma –debo decirlo– la aparición de un elemento inédito en la programación: una especie de deslinde de responsabilidades que, bajo la supuesta defensa de la libertad de expresión, no es más que una excusa para no controlar los contenidos que se difunden.

El deslinde

Al inicio de los programas en vivo (Primer Movimiento, Resistencia Modulada, Goya Deportivo, entre otros), puede escucharse la siguiente grabación:

“Radio UNAM es un medio que promueve  la libertad de expresión en un marco crítico y respetuoso. Los comentarios expresados a lo largo de su programación reflejan la opinión de quien los emite, más no de la radiodifusora”.

Este deslinde me parece sumamente grave por su ambigüedad. Porque no deja en claro hasta qué punto la UNAM cuida ese marco de respeto que dice valorar y hasta qué punto se lavará las manos si algo grave sucede, como ya ha sucedido.

Esta toma de postura se da en el mismo año de la crisis de imagen más grave que ha tenido la estación: el comportamiento de Marcelino Perelló ante los micrófonos universitarios.

Renuncia a la responsabilidad

Promover la libertad de expresión, por supuesto, es un alto valor. La crítica y el respeto, también. La parte cuestionable de la declaración es la relativa a la declinación de la responsabilidad de lo que se diga al aire. Es una transgresión de la ética de los medios de comunicación.

“El director de una publicación periódica debe responder por los contenidos cuando estos violan los derechos de las personas. De esta afirmación se desprende que ninguna publicación tiene patente para hacer daño y que la libertad de expresión no legitima publicaciones que hacen daño a individuos o grupos de personas”, señala la experta en ética de la comunicación Mónica Figueras Maz en su ensayo El tratamiento informativo de los grupos socialmente desfavorecidos (2012).

Dichos parámetros éticos se aplican, naturalmente, al director de una radiodifusora o canal de televisión.

Poco tiempo después de tomar posesión, a Benito Taibo le estalló en las manos el escándalo de Perelló (“sin verga no hay violación”, dijo). Se recordará que las escandalosas declaraciones del conductor, ya fallecido, crearon tal reacción en redes sociales y medios de comunicación que Taibo se vio obligado a cancelar el programa que conducía quien fuera su estimado amigo.

En su momento, informamos además de que esta periodista fue insultada por Perelló por medio de los micrófonos de Radio UNAM. Al hacerlo, señalamos que la responsabilidad plena (ética y legal) era de la emisora y por extensión, de la UNAM.

Nunca recibimos respuesta en ningún sentido de parte de las autoridades universitarias. Ninguna autoridad indagó al respecto. Mucho menos se disculparon.

Código de ética

A pesar de que es obvio, es indispensable repetir las veces que sean necesarias que la libertad de expresión tiene un límite. Esto no ha quedado claro para muchos. La libertad de expresión no ampara insultos, difamaciones ni comentarios que vulneren a otras personas o a grupos desprotegidos.

“Al director [de un medio de comunicación] le corresponde también una vigilancia sobre los contenidos. En el caso de una publicación calumniosa u ofensiva, de contenidos racistas o discriminatorios, el medio deberá responder, ante la justicia si fuere el caso y ante los lectores en todos los casos”, dice Mónica Figueras.

Así, por ejemplo, quien “opine” que a las mujeres les gusta ser violadas, sostiene un punto de vista que un medio de comunicación no puede amparar bajo el concepto de “libertad de expresión”. La libertad de expresión no puede ser completa. Debe tener restricciones.

En este sentido, Radio UNAM tiene una grave confusión, y así lo ha demostrado mediante la conducta de Benito Taibo, mediante la declaración que he citado y mediante lo establecido en el código de ética que la rige.

Dice el código que uno de los valores de la estación es la libertad de expresión, entendida como “libertad para expresar y difundir ideas, opiniones y mensajes a través de los diversos soportes mediáticos ya sea en audio, imagen, prensa o formatos multimedia. La información y los puntos de vista se manifestarán sin restricción”.

En otro punto agrega que “en el contenido y en la programación siempre se respetará la vida privada y la dignidad humana de acuerdo a lo establecido en la normatividad nacional”, postura totalmente correcta.

¿En dónde reside el extravío ético? En la confusa noción de libertad de expresión que se deriva del contraste entre la conducta de Benito Taibo ante lo ocurrido con Perelló, la declinación de responsabilidad que se transmite al aire y lo establecido en el código de ética.

De manera preocupante se desprende que, para las autoridades de Radio UNAM, promover la libertad de expresión pasa por un dejar hacer y dejar pasar lo que se diga al aire (“sin restricción”) con una vaga esperanza de que los que hagan uso de los micrófonos se comporten con respeto, puesto que no hay lineamientos claros que acoten los posibles excesos.

 @radiounam

Así, ante una posible transgresión del código de ética, la responsabilidad quedaría únicamente en la persona al frente del micrófono, pero no en la emisora, que así se protege de cualquier reclamo social o legal.

¿Qué sigue entonces?

Yo diría que el paso siguiente que debe tomar la administración de Taibo es elaborar una política de comunicación concreta que sirva para controlar que los contenidos y opiniones vertidas al aire no transgredan, como dice el código, la dignidad y la vida privada de las personas.

Es muy fácil establecer conceptos generales, pero ¿cómo se aterriza ese deber ser? ¿Qué se va a considerar un atentado contra la vida privada o la dignidad? ¿En dónde está el límite?

Si hubo quien consideró que decir que “sin verga no hay violación” era una “opinión” permisible desde la libertad de expresión, entonces, es evidente que faltan definiciones claras. Y falta que quienes dirigen los medios, en este caso, Benito Taibo, asuman su responsabilidad ética.

Es inadmisible que quien dirige un medio de comunicación se deslinde de las faltas éticas de sus colaboradores. De acuerdo con Mónica Figueras, quienes escriben u opinan en un medio tienen el deber de contar con preparación técnica y formación ética. Si un conductor o colaborador no está capacitado técnica y éticamente para estar ante un micrófono, la responsabilidad primaria es de quien lo dejó ocupar ese espacio.

“Puesto que se trata de medios de amplia difusión, la responsabilidad por su poder recae sobre cuantos escriben en ellos y, especialmente en sus directores”, dice Figueras.

Así, cuando se señala, por medio del deslinde que he citado, que lo que se diga no refleja la opinión de la emisora, la actual administración de Radio UNAM está renunciando a uno de sus deberes: cuidar que se cumpla el propio código de ética que asegura defender.

Acepto que no es nada sencillo. Requiere un ejercicio de análisis y definición que la administración de Benito Taibo no se quiere tomar el trabajo de realizar. Es más fácil proclamar: “lo que se diga, no es mi culpa”.

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