Cinque Terre

Orquídea Fong

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Periodista/comunicóloga egresada de la UNAM.

Radio UNAM, entre Chamizo y Dávalos

De manera constante, aunque no suficiente, en años y meses pasados se ha publicado acerca de la crisis de Radio UNAM, señaladamente a partir de la administración de Fernando Chamizo, quien fuera director durante siete años, hasta abril del 2015. Dicha crisis no tiene visos de resolverse bajo la dirección, a cargo de Renato Dávalos, aunque los motivos son diferentes.


 


Si por un lado a Chamizo se le acusó de manera insistente de abuso de autoridad, de Dávalos no hay queja respecto a sus modales, pero se mantiene absolutamente distante. Si Chamizo quitó toda importancia a la faceta informativa (particularmente luego de la muerte de Miguel Ángel Granados Chapa) al eliminar los noticieros, Dávalos exagera al darle demasiada preeminencia con cortes noticiosos cada hora que impiden programar obras musicales largas, como sinfonías y óperas.


 


Si Chamizo prácticamente dejó de programar música antigua, del romanticismo, barroca e impresionista, para centrarse en la música contemporánea, en la administración de Dávalos la música contemporánea ha dejado de programarse por completo, quedando restringida al programa “Hacia una nueva música”, de Ana Lara, de larga existencia. Pero hay ciertas coincidencias entre las administraciones de ambos, por cierto, buenos amigos. Los dos directores quebraron, a su modo, lo que por décadas fue la columna vertebral de la estación: la programación musical, verdadera misión establecida por el primer director: Alejandro Gómez Arias.


 


Ambos directores han dado espacio indebido a colaboradores inexpertos. Voces inmaduras, jóvenes que no saben de radio universitaria, productores que quieren imitar los formatos de la radio comercial y sobre todo: preocuparse en primer lugar por elevar la cantidad de escuchas, en lugar de mantenerse fieles a la naturaleza de la emisora, creada como un servicio de la Universidad a su comunidad y a la sociedad.


 


Bajo ambas administraciones, además, la precariedad laboral era y es lo cotidiano. Bajos sueldos, pocas plazas, trabajo por honorarios incluso para personas que llevan 20 años o más colaborando con la emisora y cómo no, falta de respeto al trabajo de los demás.


 


Ambos directores también tuvieron en absoluto abandono a la AM, frecuencia que en meses pasados salió del aire por problemas técnicos –no durante un ratito, como es tradición–, sino por semanas. Para Fernando hamizo la AM fue el cuarto de los triques de la emisora, usándola para viejas retransmisiones de programas que la audiencia ha exigido que permanezcan. Dávalos no ha hecho nada aún por mejorar los contenidos de la AM.


 


El sesgo de Chamizo


Con Fernando Chamizo desaparecieron los tres conciertos diarios que se transmitían de lunes a viernes y la ópera dominical, la cual, fiel a la “hora de la ópera” a nivel mundial, se programaba a partir de las cinco de la tarde. No eliminó el concierto de la OFUNAM de los domingos a mediodía porque existe un convenio a un nivel que le superaba. Le dio más juego a la música contemporánea, lo que en principio es aplaudible, pero lo hizo de manera desequilibrada, olvidando siglos de tradición musical que Radio UNAM se enorgullecía en difundir.


 


Fuentes consultadas por etcétera señalaron que Chamizo mostraba un afán de renovación que dejó frutos, como el programa “Resistencias”. Sin embargo, como es bien sabido, en su afán de cambio omitió negociar con dos partes afectadas: colaboradores y audiencias. Se impuso, sencillamente, lo que a la larga le costó el puesto. Como sabrán quienes sean viejos escuchas, las piezas musicales en Radio UNAM (óperas, canciones, lieds, sinfonías), eran siempre presentadas enumerando nombre, autor, fecha de creación, intérprete y director. El escucha recibía información valiosa para apreciar la obra. Esta presentación a veces venía grabada en la cinta que contenía la obra, y cuando no, la presentaba el locutor en cabina.


Chamizo despreciaba la necesidad de presentar la obra. “La música habla por sí misma, ¿para qué presentarla?”, dijo alguna vez a Manuel Díaz Suástegui, exproductor y exjefe de programación de la emisora, entrevistado para esta nota. Con esto mostró su desprecio –que no desconocimiento– al lenguaje radiofónico y al papel de servicio que Radio UNAM debe cumplir.


 


La programación musical no desapareció, como habrá podido constatar cualquier escucha, pero perdió contexto, equilibrio, estructura y misión. Además, como hemos dicho, Chamizo desapareció los noticiarios, los cuales de todos modos, se habían sostenido a duras penas durante administraciones anteriores. La muerte de Granados Chapa dejó un vacío imposible de llenar, luego de 18 años de trabajo periodístico impecable.


 


En la faceta positiva, Chamizo propuso la creación de un centro de formación radiofónica dentro de Radio UNAM, proyecto para formar locutores, guionistas, productores y musicalizadores, a cargo de la destacada experta en radio Martha Romo, la productora de aquella entrañable serie de los 80: “De puntitas”, actuada por Emilio Ebergenyi. Este proyecto quedó en nada al salir Chamizo.


 


El sesgo de Dávalos


“Renato Dávalos llegó con la encomienda del Rector de reforzar la parte informativa, que era inexistente”, dice nuestra fuente, que pidió el anonimato.


 


Para ello, trajo con él un equipo de trabajo totalmente nuevo “proveniente de la radio comercial, sin ninguna experiencia en radio universitaria, y que además llegó con la espada desenvainada”, agregó.


 


De no tener espacios noticiosos, ahora Radio UNAM pasó al exceso, ya que tiene cortes informativos cada hora, “mal hechos, gritados, con voces lamentables”, dijo nuestro entrevistado. Estos cortes impiden programar obras largas, como mencionamos arriba, y de esta forma se debe restringir la programación musical a obras de cámara, canciones, arias y no mucho más.


 


Es equivocado e impracticable buscar que Radio UNAM sea líder en noticieros, porque “no tenemos los recursos de las radios comerciales, no tenemos corresponsales, reporteros ni helicópteros”, no es ahí donde debemos figurar, dijo. Es jugarle a la “radio comercial, pero pobre”, juzgó. Además, Dávalos ha alentado que la estación se llene de “frescura” mediante jóvenes con formación de la radio comercial que difunden slogans deplorables como: “Radio UNAM, clásicamente patriota”, poniéndola a un milímetro de convertirse, en identidad sonora, en la Ke Buena.


 


Bajo la administración del nuevo director, la maestra Martha Romo fue orillada a renunciar, al cancelarse el proyecto del centro de formación radiofónica y pedirle que cumpliera horas de oficina comunes sin tener trabajo


asignado. La vieja estrategia de la congeladora, también preferida de Chamizo.


 


¿A dónde?


La tragedia de Radio UNAM es que nunca ha sido vista con la importancia debida por las autoridades universitarias. No la han usado como un canal de comunicación social potente, para darle voz a la máxima casa de estudios. Se ha dicho en broma que si quieres saber algo de la UNAM, sintonices Opus 94, y es cierto. Comunicados de prensa, actividades culturales, vida universitaria, que debieran ser preeminentes, se difunden mal, poco o a destiempo y esto se debe a la deficiente vinculación interna.


 


Algunos dicen que se debe a que abandonó su sede original, en Ciudad Universitaria y que eso hace que se le perciba lejana.


 


Pero lo cierto es que ha sido botín de un funcionario tras otro, con mayor o menor fortuna. Ha habido directores grandiosos, medianos y terribles. Chamizo, a mi modo de ver, está entre estos últimos y sobre Dávalos aún es pronto para pronunciarse de manera definitiva, pero lo que hemos oído al momento no es alentador.


 


 

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