Cinque Terre

Mónica Mendoza Madrigal

Investigadora asociada del Centro de Investigación en Comunicación Aplicada y doctorante en Investigación de la Comunicación en la Universidad Anáhuac Norte.

Radio Teocelo

Este texto se publicó originalmente 13 de marzo de 2017

De aprendices de brujos a pioneros de la comunicación comunitaria

La evolución que se vive en materia de medios de comunicación debido a los avances en tecnología, es vertiginosa. Avanza de tal manera, que en buena medida parecería que supera la capacidad humana de procesamiento de la información que proporciona.

Sin embargo, en plena era digital, cuando hay tal variedad de recursos informativos como igual número de versiones sobre los hechos que nos ocupan, la discusión cada vez más se centra no en el avance de la tecnología, sino en identificar si la información que a través de ella se difunde es verídica, confiable y más aún, si responde a las necesidades informativas de las audiencias a las que sirve.

Y es que pareciera que la distancia que separa al ciudadano de los medios de comunicación, se hace cada vez más grande, al punto de que pese a la enorme variedad de recursos informativos disponibles, los contenidos cada vez se alejan más de criterios éticos, democráticos y ciudadanos.

De hecho, existe una discusión en el plano académico sobre si Internet y las redes sociales están verdaderamente cumpliendo con el añejo sueño de democratizar la información o no.

Y aunque existe la idea compartida de que la gran cantidad de voces que se comunican a través de las redes sociales son en sí mismas la muestra más clara de lo democráticas que éstas resultan, algunos de los argumentos que ponen en duda esto parten de la premisa de que el número de personas con acceso a la Internet y de manera más específica a las redes sociales, no son mayoría, a lo que se suma la creciente oleada de manejadores de redes que de manera perversa, siembran y diseminan temas con los que los usuarios se enganchan, sin que su multiplicidad de opiniones –reales o no– se traduzcan en comportamientos específicos afuera de la escena digital.

Este texto busca centrar la discusión en que las posibilidades de lograr una comunicación ciudadana que sea más democrática no son exclusivas del uso de un recurso tecnológico específico, sino que está vinculada con el espíritu que impulsa a la creación y uso que se dé al medio.

Un ejemplo de esto es Radio Teocelo, que desde hace 52 años opera en la región de Teocelo, Veracruz –muy cerca de Xalapa–. Esta zona dedicada a la producción de café, se ve afectada por la pobreza y ante la crisis que impacta a ese cultivo, ha crecido en la cantidad de población que ha emigrado hacia EU.

Como parte de la investigación que para tesis doctoral realiza quien esto escribe, se han efectuado algunas visitas a las instalaciones de la radio y se entrevistó a dos de sus actuales directivos: Elfego Riveros y Reyna Melchor.

La conversación con ellos aporta elementos para el análisis de lo que son los medios comunitarios. De manera exclusiva se comparte con etcétera extractos de la misma, en adición al compromiso de la publicación que durante tanto tiempo ha brindado espacio a la lucha que las radios comunitarias tienen en México.

Una historia contada en tres momentos

La iniciativa de un grupo de notables de la comunidad por contribuir al desarrollo y la mejora de la calidad de vida de la población de Teocelo, llevó a que en los 60 del siglo pasado se iniciara con una biblioteca, luego con una caja de ahorro popular –que opera hasta el día de hoy– y luego con un periódico, medio que no prosperó debido fundamentalmente al analfabetismo de los habitantes de la zona, por lo que finalmente se optó por instalar una estación de radio, como un medio de vinculación social.

Fue así como aquel grupo de pioneros –encabezados por Antonio Homero Jiménez García– decidieron “meterse de brujos, sin saber de hierbas” motivados por la intuición y las recomendaciones que de oídas recibian, solicitaron el permiso oficial para operar.

Radio Teocelo vive su primera etapa, de 1965 a 1979, con una estación de corte cultural que transmitía desde el baño de las instalaciones de la caja popular y sin una programación definida, experimentando un proceso que Elfego Riveros describe como “heroico”. La estación tuvo reiteradas interrupciones en su señal derivado de las precarias condiciones en que funcionaba y que era operado por el Centro de Promoción Social y Cultural AC, mejor conocido como Ceprosoc.

Esas interrupciones provocaron la puesta en riesgo del permiso otorgado por la SCT, posibilidad que era muy grave dado que se trataba en ese momento de la única radio con autorización gubernamental.

Así es como se tiende un puente de acercamiento con Radio Huayacocotla, que comenzó a operar en 1965, siempre cobijados por la Compañía de Jesús y por la Universidad Iberoamericana –perteneciente a la red de las radiodifusoras de inspiración cristiana que en toda América Latina tuvo una gran acogida en esos años–. Hasta el día de hoy opera a través de una asociación civil denominada Fomento Cultural Educativo, suscribiendo un convenio de colaboración que representa la segunda etapa en la vida de Radio Teocelo.

A partir del convenio con Fomento Cultural es que se construye una programación más cercana a los intereses ciudadanos, próxima a lo que ellos llaman radio popular, logrando más avances en ese período de cinco años que todo lo logrado en los años anteriores.

La posibilidad que les otorga la radio para denunciar los temas anómalos de la localidad, que busca incidir en la calidad de vida de los habitantes de la comunidad, propicia que ciertos actores políticos evidencien su molestia y la expresen, presionando a Ceprosoc. Esto da lugar a la ruptura de los jóvenes que de manera voluntaria se suman para dar vida a Radio Teocelo con sus benefactores, dando inicio a la tercera etapa de vida de la radiodifusora, que surge a partir de la constitución de la Asociación Veracruzana de Comunicadores Populares (Avercop), actual permisionaria.

De esta manera en 52 años de vida, Radio Teocelo ha transitado de ser cultural, a popular y comunitaria.

La pequeña gran diferencia

Radio Teocelo es una estación excepcional en Veracruz –estado pionero en la radiodifusión en México– pues es la única radio comunitaria con auténtica vocación ciudadana, ya que las otras dos que existen en la entidad funcionan mediante un esquema distinto. Radio Huayacocotla –como ya se mencionó– opera a través de Fomento Cultural y con el cobijo de los jesuitas, mientras que Radio Zongolica es una estación indigenista, que por ello recibe presupuesto oficial.

Un debate de enorme interés es el que lleva a redefinir el concepto de lo que son los medios públicos, ya que en teoría, estos deberían englobar a todos aquellos que no persiguen fines de lucro, aunque en la realidad los medios comunitarios no pertenecen a este denominativo, ya que no reciben ningún recurso proveniente del Estado, mientras que los llamados medios públicos, sí.

Radio Teocelo transita hacia lo que será su cuarta etapa, que les permita lograr la reconversión digital y hacer el relevo generacional, aunque en este momento el mayor reto lo representan sin duda los recursos económicos que se necesitan para sustituir los equipos analógicos con los que opera hasta el día de hoy. Son propietarios de un enorme archivo con la memoria auditiva de más de 50 años de la historia de su comunidad. Para la sustitución de equipos, la nueva legislación se quedó muy corta, pues al clasificarles como “concesión comunitaria, de uso social comunitario”, se les impide comercializar sus contenidos y desde luego, no pueden obtener presupuesto público, por lo que sus fuentes de financiamiento siguen siendo los recursos provenientes del voluntariado y de otras actividades como por ejemplo, el club de amigos.

Para quienes pudieran pensar que este tipo de radiodifusoras están condenadas a desaparecer por la competencia mediática, en Teocelo conviven desde hace décadas las frecuencias comunitarias y las estaciones comerciales, repartiéndose y compartiendo incluso a una audiencia que encuentra en cada medio una oferta claramente diferenciada.

Elfego Riveros lo explica con mucha claridad. Dice que ellos gozan de la aceptación del público por sus contenidos, no sólo informativos, sino incluso musicales. Señala que han debido establecer el punto de equilibrio “entre ser sinfonola o tocadiscos”. Se trata de lograr que la radio sea útil a la comunidad; alegre pero que también, quite “vendas de los ojos”. Consideran que su misión es que a través de su programación se otorgue el derecho a saber, el derecho a preguntar, el derecho a comunicar, teniendo claro que su tarea no es que la radio “resuelva los problemas, sino que acompañe a la ciudadanía en la resolución de los mismos”.

Aunque la cifra de radios comunitarias en México no es muy clara, Elfego Riveros reconoce la existencia de 48 y comenta que en donde más están surgiendo es en Oaxaca, por la pluralidad que existe en ese estado con el cual Radio Teocelo tiene cerca de 17 años de colaborar en forma periódica para la formación de comunicadores con este enfoque.

Esta labor de seguir sembrando es parte del compromiso social de quienes colaboran en las radios comunitarias, sin embargo, para Riveros la mayor enseñanza que el camino de Radio Teocelo le ha brindado y que ahora él comparte con muchos otros, es trabajar en la “gestión, instalación y operación y en ese orden, porque se ha empezado al revés, se ha empezado con instalarla, ponerla al aire y después ver todo hacia atrás” y –asegura– así no funciona.

Así los medios de comunicación coexisten. Ningún avance tecnológico es sustitutivo del otro, porque no hay homogeneidad en las formas en que una audiencia accede a los medios, sino que lo hace desde su realidad y con las condiciones que su entorno le permite.

Claro que hay quienes hacen ciudadanía en las redes sociales, pero hay otras formas posibles de ejercerla tendiendo al compromiso con la comunidad y Radio Teocelo es un ejemplo de ello.

 

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