Cinque Terre

Emiliano López Rascón

Productor de Radio y Artista Sonoro

Radio 13: ¿tiene futuro la Amplitud Modulada?

No, ciertamente; pero está presente. El pasado no pasa del todo en el México de las modernidades en gerundio. Dura como un hueso.

Hace unas semanas Radio Trece anunció que suspendía transmisiones por los 1290 Khz de AM argumentando la incosteabilidad de continuar en esa banda y esperando que el IFT le otorgue una concesión en la FM. El concesionario argumenta que lleva varios años gestionando ese espacio y que técnicamente está demostrado por la señal misma de Radio Ibero en el 90.9 (Radio UAM sería otro caso) que perfectamente pueden insertarse nuevas estaciones cada 400khz en la FM sin interferir con las otras. Tiene razón y agregaríamos que ello sin impedir su uso como portadoras de señal digital mediante el sistema Hibrido Digital o IBOC adoptado en México.

El anuncio fue prácticamente simultáneo al del fallecimiento de Jacobo Zabludovsky. La muerte del símbolo de toda una etapa del periodismo y de la cultura nacional contagió al desplegado con una resonancia de clausura histórica, de conmocionada conciencia nacional: así como Jacobo y su tiempo, la AM ha expirado. Descanse en paz. Nosotros resucitaremos a los tres o los trece días en el reino de la FM, cuando el IFT nos haga justicia. Mientras tanto estaremos en modo purgatorio en Internet. Recen por nuestro espectro.

Capeada en esa solemnidad de novenario poco se advirtió en la opinión pública la realidad documentada de que el empresario Carlos Quiñones, el concesionario, arrastra desde hace tiempo fuertes pasivos en su cadena de estaciones, algunos de los cuales ya hicieron crisis como en Hermosillo donde ya tuvo a bien trenzarse bonito con el líder de la CIRT del estado, quien da todas las trazas de ser un sinvergüenza. Acá y allá, Quiñones, debe al fisco, hipotecas, cuotas, liquidaciones, demandas y otros vencimientos, varios de los cuales podrían ser aliviados si el estado lo rescata mediante pautados de publicidad, crédito o exenciones fiscales; pero especialmente si obtiene la concesión de una FM con una contraprestación barata. De lo contrario, al igual que Gutiérrez Vivó y Javier Moreno Valle en sus respectivos naufragios dejarán a su suerte y sin pagos a buena parte de su personal, especialmente los más vulnerables. Con sus propias palabras en el noticiario de Gomez Leyva: a los “pesados” ya les pagó, es decir: a Abraham Zablodowsky, Javier Solórzano, etcétera ¿Y los ligeros? Los empleados, reporteros, productores, guionistas… ¿que naden a la costa o esperen al rescate del gobierno?

Recurrentemente estos problemas económicos y empresariales han estado en el fondo de muchas confrontaciones del periodismo electrónico con el poder y aunque aquí no ha sido ni parece que vaya a ser el caso, desde este ángulo el apagón unilateral de Radio 13 aparenta una especie de bancarrota técnica, sin serlo legalmente. Una estrategia de crisálida para salir de la crisis. Presionar al Estado, en este caso representado por el IFT, para estabilizar las finanzas de la empresa sin sacrificar las personales y de los principales directivos de la cadena. Persuadidos por el desplegado del empresario, asistiríamos entonces al cumplimiento de la sentencia: la obsolescencia de la AM ha sido lenta y zigzagueante; pero ahora parece consumada, al menos como negocio. Y efectivamente: los anunciantes ya no ven ahí rentabilidad. Para sus asfixiantes la banda está muerta.

O no: pudiera ser que como muchas cosas en la patria la AM ahí anda: cascabeleando, pero coleteando, bajo el estigma de lo caduco, placas con la silueta de carcacha, con repuestos adaptados porque ya no hay refacciones. Anda como ha andado hace ya tiempo: con la molduras descoloridas por sucesivas resolanas, con los marcadores fijados hace décadas en su último registro, ya sin importarle las revoluciones por minuto o el límite de velocidad porque de todas maneras no lo alcanzaría. Por lo mismo y más: la AM es un sólido vehículo privilegiado de la nostalgia, sentimiento al que no se debe menospreciar. Es el último asidero del pasajero que todavía son muchos, aunque no tengan ya poder adquisitivo como para merecer las atenciones de un spot y los que lo tienen ya vivieron lo suficiente para no creerle a cualquier merolico de call center. Han alcanzado un estatus envidiable: la mercadotecnia los liberó. Ya no son target.

Pero, ¿qué tiene de malo la AM en realidad? ¿Cuáles son su limitaciones técnicas? Hay que mencionar de entrada que muchas tienen raíces basadas en convenciones y desarrollos técnico-empresariales, más que en limitaciones propiamente físicas, fechadas concretamente en las regulaciones de la FCC en 1962 cuando se fijaron parámetros para fabricantes y concesionarios, como el de no permitir las transmisiones estereofónicas para darle impulso a la FM mediante su exclusividad. Esta condición impuesta por convención mas que por necesidad fue desafiado en los ochentas por Radio Mil que emitió en estéreo varios años. Se dice que se oye mal, que es audio con baja calidad. Pero no tan baja como los mp3 mal comprimidos usados por los reporteros y productores de la mayoría de las estaciones quienes habitualmente carecen de los mínimos conocimientos técnicos de grabación, edición y procesamiento de audio. Pero la principal característica que la ubica en el rango de la baja fidelidad, también determinada más por regulaciones que por las leyes naturales es su sonido sensiblemente opaco y al mismo tiempo delgado, donde se pierden las frecuencias bajas y altas de la gama audible en la señal transmitida. Su cualidad es más cercana a la señal de una línea telefónica que la de un disco compacto, apta sin duda para la transmisión hablada; pero con muchas limitaciones para la música. En Estados Unidos se identificaba a la AM como Talk Radio.

Acá es muy distinto: irónicamente, la mayor parte de la programación nacional actual de AM es musical no solo por la resistencia popular e idiosincrática, sino porque es más barata que la radio hablada. La otra razón es causa y consecuencia, técnica y económica: los contenidos musicales de las emisoras son de géneros y catálogos de producciones discográficas que coinciden con su época de auge. Por un lado fueron producidas originalmente para ese medio y esa fidelidad sonora, se oyen como siempre se oyeron, y por el otro actualmente son catálogos clásicos cuyos derechos de transmisión son mucho más baratos que los éxitos recién producidos.

Para efectos prácticos la AM muere lento, pero seguro. Y aquí se añaden razones propiamente electromagnéticas pues aunque la AM pudiera incluso portar señal digital tipo IBOC, lo cierto es que consumiría 10 veces más energía que la FM y sus receptores no soportan la miniaturización. Además la onda media es mucho más susceptible de interferencia electromagnética por otros emisores que se han incrementado exponencialmente en las últimas décadas, incluso por el incremento de radiaciones UV debidas al adelgazamiento de la capa de Ozono.

Por todas partes se cantan, pues, los epitafios de la AM mientras sus emisoras conviven en un mercado de podcasts, radio satelital, radios en línea, permisionadas y concesionadas en FM, algunas como las del IMER e Imagen en radio híbrida digital (HD) es decir: donde el pasado y el futuro se comprimen en el presente lo mismo que los autos híbridos ya circulan por las mismas calles que aun recorren los trolebuses prehistóricos, cafeteras con ruedas y peseras que ya no cobran un peso, ni lo valen. Por ahora en el valle de México, con el IFT haciendo eco a la mezquindad y conservadurismo de los concesionarios, la FM mantiene la holgura de los 800khz de distancia entre emisora (con las ya mencionadas excepciones) dicen que para evitar la interferencia; pero no dicen en qué: en sus facturaciones.

En la esquina de Ángel Urraza y Adolfo Prieto se lee una manta con otra plegaria para liberar a Radio Educación del karma de los 1060 kilohercios y poder así reencarnar en la casta de los megahercios. Mientras tanto, sobre la misma calle de Adolfo Prieto, unas 15 cuadras al norte en Radio UNAM curiosamente la apuesta parece a contrapelo: el fortalecimiento de la oferta programática en el 860 khz y la compra de un nuevo transmisor como un eje estratégico de la administración emergente de Fernando Escalante para sacar del coma a Radio UNAM después del radiocidio en grado de tentativa perpetrado por su antecesor.

Ciertamente hablamos de un medio público y no de un negocio así que la discriminación de los anunciantes no es aquí un factor de peso. También es cierto que la AM se niega a morir y posee una declinante pero aferrada audiencia generacional, aunque ¿ya de plano como para desafiar un proceso en el que hay consenso de los expertos en considerar como irreversible? Una de las muchas virtudes de la radio de financiamiento público es que sus audiencias son “cualitativas” y sus auditorías de chocolate por lo que resultan a menudo experimentales más allá de sus propuestas propiamente estéticas o de producción. De otra manera no contaríamos con tales variables independientes de las condiciones del mercado; sino abiertas al azar. En una de esas…

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