Cinque Terre

Iván de la Torre

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Egresado de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de la Pampa, Argentina

¿Quién dijo que me fui si siempre estoy volviendo?

En 1975, los integrantes de Led Zeppelin (Robert Plant, Jimmy Page, John Paul Jones y John Bonham) estaban decididos a grabar un disco que consolidara su posición como la mejor banda del mundo.

Aunque en “Led Zeppelin IV” (1971) la banda encontró el equilibrio perfecto para mostrar su versatilidad, ofreciendo una generosa muestra de todos los registros que manejaban (desde el folk introspectivo de “Going to California” al rock básico de “Black Dog”, pasando por el tono fantástico de “Stairway to Heaven” o la épica tomada de Tolkien en “The Battle of Evermore”), Jimmy Page, fundador y líder del grupo, quería que su sexto disco fuera una obra indiscutible, tan redonda y perfecta como el “Sargent Pepper” de los Beatles o “Pet Sound” de los Beach Boys, una sucesión de canciones que ningún crítico (en especial los de la revista Rolling Stone, que habían atacado sus trabajos anteriores afirmando que estaban llenos de “indulgencia y limitaciones”) pudiera ignorar o despreciar.

Lanzado como un álbum doble en 1975, “Physical Graffity” se convirtió -cumpliendo las altas expectativas de Page- en la obra icónica de la banda, con quince temas que recorrían todos los géneros, del blues al folk, con el instrumental “Bron-Yr-Aur” funcionando claramente como separador entre una primera parte, orientada hacia el rock clásico, y una segunda, más experimental y barroca, donde aparecen joyas como la atípica –pero bellísima- canción country “Down by the Seaside”.

El propio Page fue quien mejor definió la capacidad del grupo para cambiar de estilo, pasando en un mismo disco de crudas metáforas sexuales (“Tu tarta de crema, lo declaro, es dulce y bonita / Me gusta tu tarta de crema”) a intemporales fábulas ecológicas (“Parado junto a la luz del fuego y la luz púrpura de la luna, escucho la llamada de los ríos… / Y nuestro tiempo se acaba, la llama de la vela se extingue / Si pudiéramos juntar las manos, si pudiéramos juntar las manos…”): “A veces éramos maleducados e indecentes, pero otras éramos delicados y hermosos”.

El eje del disco es “Kashmir”, el tema que sintetiza las búsquedas musicales y espirituales de la banda combinando ritmos árabes e hindúes; según Plant: “es la mejor canción de Led Zeppelin porque expresa los viajes y exploraciones que hicimos Page y yo hacía lugares desconocidos, lejos de los caminos más trillados”.

Desde su lanzamiento, “Physical Graffity” se convirtió en un disco adorado tanto por los aficionados (más de dieciséis millones de copias vendidas) como por los músicos (desde los Foo Fighters hasta Christina Aguilera), sin embargo, cuando Page escucho lo mal que sonaban las canciones en MP3 decidió remasterizarlo para devolverle su brillo original: “faltaban muchas texturas. Toda la belleza de Led Zeppelin, su aire, esos instrumentos por aquí y por allá, estaba completamente destruido”.

El resultado fue un nuevo “Physical Graffity” con siete canciones inéditas donde destacan las mezclas originales de “In my time of dying” y “House of the holy” y puede disfrutarse la primera versión de “Trampled under foot” (bautizada originalmente “Brandy & Coke”) junto a “Kashmir” con acompañamiento orquestal.

Este relanzamiento -al cumplirse cuarenta años de la grabación original- permite a los seguidores de la banda espiar el laboratorio donde cuatro músicos ingleses menores de treinta años construyeron algunas de las canciones más hermosas del siglo XX; y a las nuevas generaciones decidir si fue acertada la definición de Steve Pond sobre el grupo: “Led Zeppelin es la última banda de los sesenta y la primera de los setenta”

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