Cinque Terre

Iván de la Torre

[email protected]

Egresado de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de la Pampa, Argentina

Queríamos tanto a Bryce: plagiario


1. Breve historia de (alg)un(os) plagio(s)

Según el diario El Mundo, todo comenzó el 21 de marzo de 2007 con un correo electrónico anónimo denunciando a Bryce Echenique; la realidad, sin embargo, es mucho más casual: el 25 de junio de 2006, uno de los lectores del libro inédito de Herbert Morote lo llamó para decirle que el artículo “La educación en ruinas” publicado ese mismo día en El Comercio por Bryce Echenique “es enormemente parecido a tu texto, Herbert”.

Tres días después, Echenique aclaró que “debido a la excepcional extensión del artículo que publiqué el 25.06.06, no se haya publicado la nota (…) en que debí agradecer al señor Herbert Morote el manuscrito que me envió desde España, titulado ‘Pero… ¿tiene el Perú salvación?’, en que se aborda extensamente el tema de la educación, y que me fue de gran utilidad en la redacción de mi artículo”.

Morote no creyó la justificación y declaró: “Mi texto no ha sido de ‘gran utilidad’. Simplemente, lo ha plagiado”, Echenique le respondió con un comunicado de prensa que negaba la “infame acusación”: “Creo tener un estilo literario lo suficientemente propio como para que cualquier lector atento aprecie si hubo o no plagio textual, como irresponsablemente se ha afirmado. He publicado 24 libros (…) prueba más que suficiente de que puedo escribir por mí mismo”.

Morote entonces hizo una denuncia ante la Indecopi, institución que controla la propiedad intelectual en Perú, aclarando que retiraría los cargos sólo si recibía disculpas públicas. Echenique no se disculpó.

A pesar de todas estas idas y vueltas, la explosión mediática comenzó con la carta que el ex embajador Oswaldo de Rivero envió a El Comercio el 20 de marzo de 2007, denunciando a Bryce Echenique por reproducir su artículo “Potencias sin poder”: “Este articulo escribió De Rivero es un plagio total de un artículo mío, con nada menos que el mismo título, que fue publicado en el número 153 de marzo-abril de 2005 de la revista Quehacer, de Desco. Les envío una copia del artículo de Bryce y del original, para que comparen los textos. Verán que han sido sorprendidos con un plagio inaceptable. […] Como pueden apreciar, no se trata de un texto inspirado en el mío sino una copia casi textual de mi artículo, que fue el resultado de discusiones y consultas que sostuve, como embajador del Perú ante las Naciones Unidas en Nueva York, con renombrados internacionalistas como los profesores Paul Kennedy, Samuel Huntington y Niall Ferguson”.

El diario reconoció que “el artículo que nos envió Alfredo para ser publicado con el título ‘Potencias sin poder’ consta de siete párrafos, todos los cuales han sido extraídos, con muy ligeros cambios, del más extenso original de De Rivero”, dándole un buen tirón de orejas al autor (“deberá tomar drásticas medidas antes de cualquier artículo que publique en el futuro”).

En el mismo número, Echenique publicó una carta diciendo que todo era una confusión: “mi secretaria ha hecho que, por error que yo lamento profundamente, ella envíe como mío el artículo ‘Potencias sin poder’, del embajador Oswaldo de Rivero, publicado en la revista Quehacer y que yo tengo en mi bibliografía, precisamente como texto de consulta debido a su alta calidad. Prueba de ello es, creo yo, que este artículo haya sido enviado sin mi nombre, a diferencia absoluta de todos los demás enviados, en exclusividad, al diario El Comercio“.

Pocos días después, Perú 21 encontró más plagios (entre ellos una copia casi textual del artículo de Jordi Urgell en La Vanguardia, “Fujimori no es la excepción”, publicado como “Todos vuelven” en El Comercio) y entrevistó a Bryce, quien declaró: “No sé cómo diablos pueden aparecer artículos de La Vanguardia (con mi nombre) en El Comercio. Estoy tan sorprendido como todo el mundo”.

Como respuesta, el diario lo desautorizó públicamente el 23 de marzo de 2007: “Debemos informar que todos los textos que recibimos de Alfredo Bryce Echenique llegan por un solo conducto, desde una dirección de correo plenamente identificada, y con el mismo formato conocido y con llamadas previas o simultáneas de él, su esposa o su secretaria, a la que atribuyó uno de los envíos incorrectos. No queremos dejar duda alguna sobre lo siguiente: es Alfredo Bryce Echenique quien debe asumir absoluta responsabilidad por las consecuencias de sus actos”.

Echenique renunció a sus colaboraciones (lo cual invalida uno de sus argumentos: si reaccionó tan rápidamente a un simple recuadro, ¿por que no había actuado de igual manera cuando se publicaron artículos bajo su nombre que él no había escrito? ¿Leía o no leía el diario donde colaboraba habitualmente?): “El recuadro publicado el día de hoy por el diario El Comercio es para mí simplemente inaceptable, ya que anteriormente yo había enviado un buen ejemplo de la manipulación a que están siendo sometidos mis artículos, de un tiempo a esta parte. Adjunté como prueba de ello, incluso, un artículo mío publicado con otro nombre en una publicación mexicana. Por otra parte, en las disculpas que he presentado al embajador Oswaldo de Rivero y a mis lectores, asumo con gran pena el error cometido en el envío de mis textos por mi secretaria y en mi falta de control al hacerse esos envíos, pero no asumo absolutamente nada más. Sin embargo, el recuadro publicado ayer por el diario El Comercio me ha hecho cambiar cien por ciento de opinión: abandono mis colaboraciones con el diario El Comercio, entre otras cosas, porque como decía Orson Welles, el periodismo es un oficio en el que hay muchas ostras, pero muy pocas perlas”.

El 12 de abril, además, envió una carta a varios medios extranjeros (El Mercurio de Chile, La Nación, Página/12 y Clarín de Argentina y El País, La Vanguardia, El Mundo y ABC de España) explicando que llevaba 40 años de publicar y “nadie en ninguna parte les ha puesto un solo ‘pero’ a esos textos, y mucho menos se ha dudado de su autoría”. Todo era una campaña montada con “tiempo, pericia, y, hasta diría, con minucia y paciencia” contra él y “otro escritor, muy amigo mío y de muy bien ganado prestigio internacional, en otro diario de Lima […] pues las acusaciones de plagio, en ambos casos, se asemejan como dos gotas de agua”.

De la lista preliminar de 11 plagios denunciados, Echenique sólo reconoció uno más: el 21 de junio le pidió disculpas por correo electrónico a José María Pérez álvarez, mostrándose “víctima de una campaña de satanización por diarios y periodistas de conocida trayectoria a favor del ex dictador” y diciendo que todo se debía al trabajo de “algún canalla” al que todavía no podía identificar.

Dos semanas después, en un reportaje de la revista Caretas (5 de julio de 2007), cambió radicalmente su postura, dando nombres a las borrosas figuras que invocaba (“ya no creo que sea [un complot] fujomontesinista. Sé quién lo paga. Morote, en concreto”) mientras descartaba los envíos equivocados que había usado como parte de su defensa (“para darme un poquito de importancia dije que fue mi secretaria […] Pero eso no es verdad, mi secretaria era yo”).

El comentario final de Bryce en Caretas (“yo creo que plagio y contagio son palabras sinónimas. Un plagio es un acto de admiración, de cariño”) convenció a la periodista y profesora Soledad de la Cerda de enviar sus descubrimientos (16 plagios más) a Perú 21: “Creo que si Bryce habría dicho: ‘yo cometí un error’, le habría mandado toda mi investigación a él”.

2. Aclaraciones, dudas, inquietudes

Primero pensé que todo era una conspiración para desprestigiar a Bryce o una inmensa broma planeada por él, consecuencia directa, supongo, de haber leído sus memorias que lo muestran como un hombre capaz de reírse de todo en el apogeo de los escritores “comprometidos”, empeñados en firmar manifiestos procastristas mientras él se emborrachaba; para estar más seguro corroboré personalmente todos los artículos que encontré en la primer lista de 11 plagios algunos sólo se pueden leer por suscripción y descubrí una serie de copias descaradas, casi infantiles, que muestran una torpeza increíble o la necesidad de ser descubierto.

Mi pregunta era y es: ¿por qué Echenique dejó tantas pistas a la vista? (a veces hasta el título es el mismo). Con el primer plagio que se descubriera, inmediatamente saltarían a la vista los otros. ¿Todo puede explicarse como el manotazo desesperado de un escritor que necesitaba entregar su trabajo en una fecha determinada? Es una opción posible, la más lógica de todas: Echenique tenía una fecha de entrega cerca (deadline me suena más que apropiada para definir ese momento de pánico) y copió literalmente textos ajenos, cambiando y borrando lo que podía comprometerlo, lo que demuestra una intención manifiesta detrás de cada plagio, no una simple torpeza de principiante inseguro intentando ganarse un lugar o el envío equivocado de una secretaria confundida.

Voy a dar el ejemplo que más me sorprendió por su malicia: ángel Esteban escribió el 7 de enero de 1996 un artículo llamado “Mi amigo Alfredo Bryce Echenique”; el 29 de noviembre del mismo año, Bryce Echenique publicó en La Nación, “Amistad, bendito tesoro”.

En los dos primeros párrafos de su artículo, Bryce escribe realmente el texto pero a partir de ese punto copia literalmente el artículo de Esteban: veamos un párrafo del original: “Julio Ramón Ribeyro, uno de los mejores cuentistas latinoamericanos de todos los tiempos, valoraba la amistad como lo duradero (por ejemplo, con Alfredo Bryce, los Escobar, el poeta Chariarse, etcétera), lo absoluto como el amor y el arte”; veamos la versión de Echenique: “Julio Ramón Ribeyro, uno de los mejores cuentistas latinoamericanos de todos los tiempos, valoraba la amistad como lo duradero, lo absoluto, como el amor o el arte”. había entre paréntesis y sigue de largo.

En otros plagios también agrega pequeñas modificaciones que invalidan su teoría del artículo enviado “accidentalmente”. Veamos “Las esquinas habitadas” (Galipress, 10/11/06) de José María Pérez: “Hace unos días, cuando el invierno empezaba a cornear los callejones y los parques y las plazas y los puentes, murió un indigente de cuarenta y tres años mientras dormía en el portal de una sucursal bancaria. Parece una canción de Sabina pero es una realidad tan constante en nuestras vidas, en nuestro mundo, que a veces pasa inadvertida. Vinieron esas noches heladas de invierno y una de ellas lo mató: lo remató”.

Echenique en “La tierra prometida” (El Comercio, 12/11/06): “Uno de esos días de Madrid en que el invierno empezaba a cornear los callejones y los parques y las plazas y los puentes, murió un individuo de 43 años mientras dormía en el portal de una sucursal bancaria. Parece una canción de Sabina, pero es una realidad tan constante en nuestras vidas, en nuestro mundo, que a veces pasa inadvertida. Vinieron esas noches heladas de invierno y una de ellas lo mató. O más bien lo remató”.

Otro ejemplo: “El declive del poder estadounidense” de Graham E. Fuller (La Vanguardia, 08/12/05): “Pero todo esto ha cambiado y lo ha hecho tan sólo seis meses después de la victoria electoral de George W. Bush hace un año. Resulta irónico que mientras los fracasos de Bush en casa resultan discretos en comparación con la magnitud de los sufridos en el exterior, los reveses y contratiempos internos han desempeñado un papel mucho más importante a la hora de hacer saltar la capa de teflón con que Bush se protegió tras los acontecimientos del 11-S”.

Bryce Echenique en “La decadencia del imperio americano” (El Comercio, 05/03/06): “Pero todo ha cambiado y lo ha hecho tan solo a los pocos meses de la victoria electoral de George W. Bush hace poco más de un año. Resulta irónico que los fracasos de Bush en casa, bastante discretos en comparación con la magni-tud de los sufridos en el exterior, hayan desempeñado un papel bastante más importante a la hora de hacer saltar el espeso muro de protección tras el cual se refugió Bush desde los acontecimientos del 11-S”.

“Tú ya sabes lo suficiente. Yo también lo sé escribió Sven Lindqvis. No es conocimiento lo que nos falta. Lo que nos falta es el coraje para darnos cuenta de lo que ya sabemos y sacar conclusiones.”

Y las conclusiones, una vez sacadas, no son buenas para Echenique porque las pruebas invalidan su argumento de Morote como conspirador: el primer plagio es del 96 y la pelea con Morote es de julio de 2006 (en los siguientes 16 plagios denunciados, hay cinco que, supuestamente, ocurrieron entre 2000 y 2005, cuando Morote todavía era amigo de Bryce, razón por la cual le mostró su libro inédito; sin contar la acusación de plagiar a su amigo Guillermo Niño de Guzmán que no pude checar personalmente además, según aclara El Comercio, los artículos eran enviados por “una dirección de correo plenamente identificada, y con el mismo formato conocido y con llamadas previas o simultáneas de él, su esposa o su secretaria”.

Es decir que cada artículo era aprobado por el propio Echenique, quien coordinaba su publicación con los editores. Conclusión: él sabía qué artículos estaban publicándose bajo su firma en el diario y no dijo nada al respecto: simplemente cobró por el trabajo ajeno.



La última excusa de Echenique, desechadas definitivamente la secretaria torpe y el complot fujimorista/morotista en su contra, explica el plagio como un mecanismo común entre escritores, argumento que lo dejaría limpio de culpa y cargo: si otros lo hicieron, ¿por qué yo no?: “Cervantes fue el gran plagiario de la historia, y Shakespeare fue un monstruo que se comió todo. No es el caso de estos artículos de porquería que citan ahora… el plagio es el más grande homenaje, y bueno, yo creo que plagio y contagio son palabras sinónimas. […] Un plagio es un acto de admiración, de cariño”.

“En la literatura no hay otra brújula escribió Tomás Eloy Martínez que la decencia. Pero tampoco hay impostura que permanezca impune para siempre. Los jurados son seres indefensos, finitos, falibles, pero el lector nunca lo es. Los audaces que olvidan la omnipotencia (y omnipresencia) del lector terminan siempre cayendo en el ridículo, que es un infierno del que nadie regresa”.

Primera lista de plagios denunciados:

Alfredo Bryce Echenique, “Rayuela, Cortázar y un Cronopio muy grande” (Crónicas Perdidas, 2001).
Original: Guillermo Niño de Guzmán, “Cortázar enormísimo cronopio” (Relámpagos sobre el agua, 1999).

Alfredo Bryce Echenique, “Amistad, bendito tesoro” (La Nación de Argentina, 29/11/96; El Comercio de Perú, 12/04/97).
Original: ángel Esteban, “Mi amigo Alfredo Bryce Echenique” (Ideal de Granada, 19/01/96).

Alfredo Bryce Echenique, “La decadencia del imperio americano” (El Comercio, 05/03/06).
Original: Graham E. Fuller, “El declive del poder estadounidense” (La Vanguardia, 07/12/05).

Alfredo Bryce Echenique, “La educación en ruinas” (El Comercio, 25/06/06).
Original: Herbert Morote, Pero, ¿tiene el Perú salvación?

Alfredo Bryce Echenique, “Londres busca detective” (El Comercio, 23/07/06).
Original: Carlos Sentis, “Londres busca detective” (La Vanguardia, 29/07/05).

Alfredo Bryce Echenique, “Tabaco y mujer” (El Comercio, 15/10/06).
Original: Eulalia Solé, “Uso social del tabaco” (La Vanguardia, 29/07/05).

Alfredo Bryce Echenique, “La tierra prometida” (El Comercio, 12/11/06).
Original: José María Pérez, “Las esquinas habitadas” (Galipress, 10/11/06).

Alfredo Bryce Echenique, “Los muertos más rentables del mundo” (El Comercio, 10/12/06).
Original: Nacho Parra, “25 años de una muerte que conmovió al mundo” (El Periódico de Extremadura, 08/12/05).

Alfredo Bryce Echenique, “Todos vuelven” (El Comercio, 18/02/07).
Original: Jordi Urgell, “Fujimori no es la excepcion” (La Vanguardia, 05/11/05).

Alfredo Bryce Echenique, “Potencias sin poder” (El Comercio, 18/03/07).
Original: Oswaldo de Rivero, “Potencias sin poder” (Quehacer, 12/05/05).

Los siguientes plagios fueron denunciados posteriormente por la periodista Soledad de la Cerda en el diario Perú 21 del 18 de julio de 2007:

Alfredo Bryce Echenique, “John Steinbeck, la voz de los oprimidos” (La Nación, 29/06/03).
Original: Juan Carlos Ponce, “John Steinbeck, el novelista de los oprimidos” (Jano, marzo de 2002).

Alfredo Bryce Echenique, “El verdadero Sartre” (El Mercurio, 12/05/06).
Original: Juan Carlos Ponce, “Sartre y la literatura” (Jano, noviembre de 2003).

Alfredo Bryce Echenique, “La locura” (Nexos, marzo de 2007).
Original: José María Pérez álvarez, “La locura” (Jano y Galipress, 2005).

Alfredo Bryce Echenique, “Cary Grant y el sueño americano” (La Nación, 04/07/04).
Original: Juan Soto y Carmen Lloret, “Cary Grant, un ícono del cine” (Jano, 2002).

Alfredo Bryce Echenique, “Un artista de los negocios” (La Nación, 02/03/03).
Juan Soto y Carmen Lloret, “Andy Warhol: El arte como negocio” (Jano, marzo de 2002).
Alfredo Bryce Echenique, “John Ford, la épica del western” (Nexos, julio de 2006).
Original: Blas Gil Extremera, “John Ford, la épica del western” (Jano, mayo de 2005).

Alfredo Bryce Echenique, “El envidioso Antonio Salieri” (El Mercurio, 01/11/01).
Original: Blas Gil Extremera, “El intrigante Antonio Salieri” (Jano, octubre de 2000).

Alfredo Bryce Echenique, “Culturas y civilizaciones” (El Comercio, 17/09/06).
Original: Cristóbal Pera, “Culturas y civilizaciones” (Jano, octubre de 2005).

Alfredo Bryce Echenique, “Las andanzas de ultratumba de William Blake” (El Universal, 23/11/02).
Original: Jorge de la Paz, “William Blake y los proverbios del infierno” (Revista de la ANUIES, 1986).

Alfredo Bryce Echenique, “PsicoWoody” (La Nación, 15/02/04).
Original: Benjamín Herreros Ruiz, “El psicoanálisis en el cine de Woody Allen” (Jano, marzo de 2002).

Alfredo Bryce Echenique, “El divorcio de Woody Allen” (Nexos, diciembre de 2004 y La Nación, 24/01/05).
Original: Albert Mallofré, “El divorcio de Woody Allen” (Jano, octubre de 2003).

Alfredo Bryce Echenique, “La enfermedad de la nostalgia” (El Comercio, 28/05/06).
Original: Luis M. Iruela, “La enfermedad de la nostalgia” (Jano, octubre de 2005).

Alfredo Bryce Echenique, “Contra las fotos de ataúdes con soldado dentro” (El Comercio, 31/07/05).
Original: Josep Pernau, “Contra las fotos de ataúdes con soldado dentro” (Jano, mayo de 2004).



Alfredo Bryce Echenique, “La angustia de Kafka” (El Comercio, 22/06/03).
Original: Juan Carlos Ponce, “La angustia de Kafka” (Jano, octubre 2001).

Alfredo Bryce Echenique, “1905, el año milagroso” (El Comercio, 16/10/05).
Original: Victoria Toro, “1905, el año milagroso” (Jano, abril de 2005).

También en México

En la revista mexicana Nexos, Bryce Echenique envió artículos plagiados en por lo menos ocho ocasiones. Hasta la edición de agosto, los editores de Nexos no han expuesto su posición. éstos son los textos publicados:

“El divorcio de Woody Allen”, núm. 324, diciembre 2004.
Original: Albert Mallofré, “El divorcio de Woody Allen” (Jano, octubre de 2003).

“Contra las fotos de ataúdes con soldado dentro”, núm. 338, febrero 2006.
Original: Josep Pernau, “Contra las fotos de ataúdes con soldado dentro” (Jano, mayo de 2004).

“1905, el año milagroso”, núm. 339, marzo 2006.
Original: Victoria Toro, “1905, el año milagroso” (Jano, abril de 2005).

“John Ford, la épica del western”, núm. 343, julio 2006.
Original: Blas Gil Extremera, “John Ford, la épica del western” (Jano, mayo de 2005).

“La enfermedad de la nostalgia”, núm. 344, agosto 2006.
Original: Luis M. Iruela, “La enfermedad de la nostalgia” (Jano, octubre de 2005).

“Cultura y civilizaciones”, núm. 346, octubre 2006.
Original: Cristóbal Pera, “Culturas y civilizaciones” (Jano, octubre de 2005).

“Tabaco y mujer”, núm. 350, febrero 2007.
Original: Eulalia Solé, “Uso social del tabaco” (La Vanguardia, 29/07/05).

“La locura”, núm. 352, abril 2007.
Original: José María Pérez álvarez, “La locura” (Jano y Galipress, 2005).

De la Redacción.

Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password