Rodrigo Ramírez

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Ex baterista de El Cerillazo y del Colectivo Musical Arterias

Por los reinos de la web

“La puerta se abre en el milenio que va a entrar, ni el Internet nos salvará de estar tan solos…” Fragmento de la canción “Bienvenidos,” escrita por Arturo Hernández, vocalista de El Cerillazo.

Alguna vez la comunicación se transportaba de boca en boca y recorría distancias enormes en tiempos que se medían en semanas o meses. Siglos después, los despertares mecánicos permitieron a las letras y al papel llevar la voz de los sucesos; con la electricidad surgió la radio, elemento nostálgico con sus miles y miles de watts de potencia, testigo recurrente de la historia de la primera mitad del siglo del 20; después la televisión y su capacidad de corromper lo incorruptible. Ahora Internet – que es voz, letra, sonido y video- es el océano en el que casi todos navegamos.

La Web, a diferencia de otros medios, no impone contenidos; en ella se proponen y la comunidad internauta simplemente los acepta o los rechaza. Un ejemplo de ello es la ya muy manoseada Iniciativa México: si ves televisión resulta inevitable “chutarte” los comerciales de Aguirre, Alatorre y compañía; para evitarlo tendrías que cambiar de canal y eso sucede poco, pero ello no significa que las decenas de millones de personas que vimos el anuncio de Javier Aguirre con su discurso “del México del sí se puede al México del sí se pudo”, bla bla bla… vayamos a visitar la página web de IMX y mucho menos que inscribamos una iniciativa.

Internet, aunque suene romántico, sí es más una comunidad, no es un medio de comunicación habitual. La interactividad hace mucha de la diferencia: a la Red no sólo vamos por noticias, por música o por información para tareas, también vamos por la conquista, por el chat, por el correo electrónico, por el divertimento, por el morbo, por el convivio. Quizá, como muchos dicen, Internet sigue siendo impersonal y frio; sin embargo, cientos de millones de personas dirán lo contrario.

Internet es todo sin ser nada. Para los hombres es nuestra novia santa y, a la vez, nuestra amante cortesana. Para las mujeres es el príncipe azul y el gigoló de sus noches de pasión. En la red reina la ambivalencia, la bipolaridad apagada de nuestras mentes aparece en automático, como si hubiéramos nacido con el driver que nos permite conectarnos, como Matrix a la inversa.

Los nicks son los títulos nobiliarios delante de hombres y mujeres anónimos, de quienes a veces nos enamoramos y de quienes podemos olvidarnos después de un click. Internet es la tierra virtual en que la mayoría seguimos siendo ciegos y, sin embargo, nos movemos en ella sin miedo del tropiezo.

Internet es el espacio de mayor densidad poblacional, es el país en el que todos somos inmigrantes y del que todos somos ciudadanos.

“Ya casi llegando a los setenta estar leyendo a mis hermanos en tiempo real y sin los medios en el medio, me emociona. Gracias!”

Eduardo Galeano sobre twitter, 30 de junio, twitter.

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