Cinque Terre

Fernando Mejía Barquera

Periodista y profesor-investigador de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México.

Política espacial de México

Hay dos acontecimientos por venir que los mexicanos solemos imaginar sin saber cuándo se harán realidad: el día en que nuestra selección de futbol gane el campeonato mundial y el día en que México coloque en órbita un satélite hecho aquí, con tecnología mexicana, lanzado desde el territorio nacional y con tripulación autóctona.

Actividad fundamental
Quién sabe cuál de las dos fechas llegará primero, pero en el caso de la actividad espacial el gobierno mexicano ha decidido, por fin, adoptar una política para impulsar la investigación científica y tecnológica del espacio aéreo, crear la infraestructura y los recursos técnicos y humanos suficientes para que el país logre, con el tiempo, autosuficiencia en este campo, donde su dependencia con respecto al exterior es muy acentuada y los esfuerzos mexicanos han carecido de un plan que les dé conjunción y objetivos comunes.

La investigación y la utilización del espacio aéreo son fundamentales para cualquier país. Mediante la percepción remota, preferentemente a través de recursos como los satélites y las sondas, es posible estudiar los climas, los fenómenos meteorológicos, los ecosistemas marinos y continentales, la actividad volcánica. El espacio aéreo es también, por supuesto, un ámbito privilegiado para las telecomunicaciones, tanto las comerciales como las de tipo social a cargo del Estado. Recientemente en México, el gobierno ha otorgado al espacio aéreo un lugar fundamental en las programas de seguridad a cargo de las fuerzas armadas; tal es la importancia asignada por el gobierno a este rubro que a partir de 2012 se pondrán en órbita tres satélites nuevos -los Mexsat 1, 2 y 3- dedicados a tareas vinculadas con la vigilancia y la seguridad.

Nueve objetivos
El pasado 13 de julio, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes publicó en el Diario Oficial de la Federación el “Acuerdo mediante el cual se dan a conocer las Líneas Generales de la Política Espacial de México”, documento que complementa al publicado el 30 de julio de 2010, a través del cual se constituyó la Agencia Espacial Mexicana (AEM). La AEM es el organismo público descentralizado que tiene a su cargo, según su decreto constitutivo, “formular y proponer al titular de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes las líneas generales de la Política Espacial de México, así como el Programa Nacional de Actividades Espaciales (y) ejecutar la Política Espacial de México, a través de la elaboración y aplicación del Programa Nacional de Actividades Espaciales”.

Durante prácticamente un año, la AEM realizó foros de consulta y mesas de trabajo con expertos en materia espacial -de México y de otros países- para delinear los elementos fundamentales de la Política Espacial de México. Existen ya, por lo tanto, una política en esa materia y el organismo que habrá de aplicarla. La política espacial de México buscará cumplir nueve objetivos:

1.Crear un marco institucional que coordine y fortalezca las capacidades y recursos “científicos, tecnológicos, educativos e industriales” que deberán conjuntarse para el desarrollo de la actividad espacial.
2.Dirigir las actividades espaciales hacia la “protección y seguridad de la población”.
3.”Desarrollar sistemas satelitales con infraestructura y tecnología propias” con el fin de “asegurar la soberanía nacional”, para lo cual habrá que “articular a los sectores público y privado” en las áreas de la actividad espacial.
4.”Establecer los criterios para el fomento de las actividades espaciales en México conforme a su impacto científico, social y económico”.
5.”Fomentar cadenas productivas que vinculen al sector industrial con los sectores académicos y de servicios para incrementar la competitividad de México (en esta área)”.
6. Lograr la “plena integración de México a la comunidad espacial mundial” mediante “la suscripción de acuerdos que beneficien las actividades espaciales y garanticen transferencias tecnológicas benéficas”.
7.”Estimular el crecimiento de una industria espacial auto-sostenible y con capacidad tecnológica competitiva en el ámbito mundial”.
8.”Promover la expansión y consolidación de una cultura del conocimiento espacial en la sociedad, principalmente en los niños y jóvenes de México”.
9.”Garantizar y preservar en la política espacial de México los valores relacionados con el desarrollo humano, la plena seguridad y la paz”.

50 años de experiencia

Ninguno de los objetivos incluidos en la Política Espacial de México tiene fechas precisas para lograrse. Se trata de lineamientos generales que permitirían ir alcanzándolos progresivamente. No se trata de que México consiga en un par de años enviar al espacio un satélite propio, diseñado y fabricado en nuestro país, sino de fortalecer una actividad espacial que permita en el futuro plantearse objetivos como ése. ¿Cuánto tiempo tardará en conseguirse? Dependerá de los recursos que se destinen para el efecto y la atención real que el Estado otorgue al proyecto. Lo peor que podría pasar es que, como ha ocurrido en otras épocas, el interés gubernamental por desarrollar una política que guíe la actividad espacial se diluya y el proyecto diseñado para tal fin se abandone y desaparezca.

La actividad espacial en México es, contra lo que pudiera suponerse, añeja. Desde finales de los años 50, en el siglo pasado, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, encabezada entonces por el ingeniero Walter Cross Buchanan, intentó poner en marcha un proyecto que permitiera el desarrollo autónomo de esa actividad. Eran los años de la puesta en órbita del satélite soviético Sputnik -lanzado al espacio en octubre de 1957- y se vivía en el mundo una suerte de euforia por la actividad espacial.

En 1960, cuando la URSS y Estados Unidos ya habían lanzado al espacio varios satélites, se realizó en México el primer intento de fabricar y lanzar un cohete propulsor. El secretario Buchanan organizó un equipo de ingenieros, entre los que destacaban Porfirio Becerril y Joaquín Durán, que tuvo a su cargo la fabricación de dos pequeños cohetes: el SCT-1 y el SCT-2, elaborados en un pequeño taller instalado en la colonia Portales, en el Distrito Federal. Ambos fueron lanzados desde el rancho La Begonia, propiedad de Walter Cross Buchanan, en el estado de Guanajuato, y su sistema de impulsión fue un motor de jet que se puso a trabajar con alcohol etílico como combustible y oxígeno como carburante.

El objetivo de esos lanzamientos era preparar las condiciones para que, en el futuro, México pudiera enviar al espacio sondas meteorológicas. El SCT-1 logró un vuelo de pocos segundos, pero el SCT-2 alcanzó una altura de 20 kilómetros y se mantuvo en el aire durante 180 de los 217 segundos que el equipo de ingenieros mexicanos había calculado. El 5 de octubre de 1960, El Universal, en una nota titulada “También México lanza su cohete”, relató el lanzamiento del SCT 2:
“La operación mediante la cual varios técnicos de la Secretaría de comunicaciones y Transportes, dirigidos por el ingeniero Walter Cross Buchanan, secretario del ramo, lograron el lanzamiento de un cohete de más de 200 kilogramos de peso, a una altura superior a los 20 kilómetros, fue calificada como felizmente llevada a cabo, por funcionarios de esa dependencia del Ejecutivo…;
Esta es la segunda ocasión en la que la SCT efectúa esta clase de experimentos”.

Política de Estado
Entusiasmado por los experimentos, el ingeniero Buchanan dispuso en 1962 la creación de la Comisión Nacional del Espacio Exterior (CONEE), con la idea de coordinar las tareas de investigación y uso del espacio aéreo. La CONEE firmó convenios con la UNAM y el Instituto Politécnico Nacional, así como con las secretarías de Agricultura y Ganadería, de Obras Públicas, del Patrimonio Nacional y de Recursos Hidráulicos, con el fin de realizar estudios a través de la percepción remota para lograr un mejor aprovechamiento y preservación de los recursos naturales. Asimismo, firmó acuerdos con el gobierno estadounidense para utilizar en ese mismo sentido la información transmitida por los satélites meteorológicos de ese país.

La CONEE, sin embargo, perdió presencia como organismo coordinador y en 1977 el gobierno de José López Portillo ordenó su desaparición. De entonces a la fecha, las actividades espaciales en México han carecido de una entidad coordinadora.

Existe en el país, desde 1962, investigación en materia espacial desarrollada por la UNAM a través de los institutos de Geografía, Geología, Ciencias del Mar y Limnología, Geofísica, y el de Investigaciones en Matemáticas Aplicadas y Sistemas, además de las facultades de Ciencias e Ingeniería. También existe en el Instituto Politécnico Nacional, principalmente en el terreno de las telecomunicaciones y satélites. En los años 90, la UNAM construyó y lanzó al espacio, en convenio con entidades rusas, dos pequeños satélites experimentales -UNAMSAT 1 y UNAMSAT B- y tiene en proyecto lanzar otro -el UNAMSAT III-, también desde Rusia, en noviembre de este año. El país cuenta asimismo con una industria aeroespacial dedicada principalmente a la manufactura de equipos -generalmente a través de empresas instaladas aquí por firmas extranjeras-, mantenimiento y reparación de aeronaves. Para 2010 se calculaba que existían en México aproximadamente 200 empresas en el rubro aeroespacial, en su mayoría ligadas a firmas extranjeras, que daban empleo a 27 mil personas.

No obstante, de acuerdo con Pierre Beaujean, gerente de control satelital de la empresa Satmex (Satélites Mexicanos S.A.), “la falta de recursos y la falta de visión en materia espacial han provocado que México tenga un retraso de 50 años en la industria satelital” comparado con las potencias del ramo, como Estados Unidos o Rusia, y de al menos 20 años con países del “tercer mundo”, como Brasil, que iniciaron hace tiempo el esfuerzo por desarrollar investigación y tecnología propia:

“Tenemos 20 años (de retraso) con países del tercer mundo como Brasil. Ellos han desarrollado bastantes cosas a nivel tecnológico y espacial, y con al apoyo que su gobierno ha hecho ya cuentan con un centro de lanzamiento y han desarrollado microsatélites. Los brasileños nos llevan una ventaja de 20 años. Pero Estados Unidos y Rusia entre 40 o 50 años de adelanto…; México se ve en la necesidad de realizar proyectos con otras naciones al no contar con los instrumentos básicos para poner en órbita un satélite…; Las fábricas de satélites están en Estados Unidos y en Rusia; nosotros tenemos que comprarles varios satélites, las inversiones son muy grandes. Además, para ponerlos en órbita requerimos de lanzadores extranjeros” (Milenio Diario, 23/04/2011).
Hay, como puede verse, un largo camino por recorrer. La creación de la Agencia Espacial Mexicana y el establecimiento de la Política Espacial en México podrían constituir, sin embargo, un intento serio para avanzar dentro de esta actividad. Esperemos que la AEM no corra con la misma suerte de su antecesora, la CONEE, y que la Política Espacial de México sea efectivamente, como dice el acuerdo del 13 de julio, “una política de Estado que trasciende coyunturas políticas y económicas”.

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