Cinque Terre

José Carreño Carlón

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Director de la División de Estudios Profesionales de la Universidad Iberoamericana y titular de la Cátedra Unesco/UIA.

Plagio en Reforma




El 30 de octubre Guadalupe Loaeza publicó en el diario Reforma un artículo titulado “Cristina K”, donde exploraba la biografía de la hoy presidenta electa argentina Cristina Kirchner. Se trataba de un plagio. Loaeza copió sin citar varios párrafos textuales de otro artículo original de Sandra Russo, publicado un día antes en el diario Página/12 de Argentina.

La difusión del texto plagiado provocó que días más tarde una lectora de Reforma (María Emilia Escobedo) enviara una carta de protesta donde señaló: “el artículo es una copia recortada del original, ni siquiera se preocupó por modificarlo un poco (incluso en términos como cartera=bolsa que en México no se usa) y es más lo copia sólo en algunos párrafos con lo que se pierde la continuidad del mismo (…) En algunos países este tipo de plagio es castigado de manera estricta, ¿en este caso va a pasar desapercibido algo de tal magnitud?”.

Loaeza no ha dejado de escribir para Reforma, a pesar de que reconoció el hecho en un nuevo artículo que tituló “Plagio diverticular” (publicado el 8 de noviembre). Ahí alegó que su comportamiento respondió a que padece una enfermedad que la tenía en cama: “No fue sino hasta cuando desperté de un sueño pesado (por los antibióticos) que me percaté que tenía nada más una hora y media para escribir mi texto del martes”.

Después, citó la carta con la que respondió a la lectora: “Es cierto, en esa ocasión abusé de la información de Sandra Russo, sin darle el crédito desde el inicio de la transcripción que hago de su artículo. Reconozco mi falta y le agradezco me la señale (…) No es justificación de ninguna manera, pero ese lunes hizo crisis una diverticulitis que tengo desde hace cerca de 12 días”.

“Eran cerca de las siete de la noche cuando me puse a buscar información acerca de Cristina K. Después de leer varias columnas de muchos diarios argentinos la que más me gustó fue la de Russo, pero para entonces ya eran casi las ocho de la noche y supuestamente debo entregar el texto a más tardar a las siete (…) Tontamente, transcribí la columna de la periodista de Página 12 sin ponerle comillas. Fue un error”.

La práctica se ha vuelto común para muchos analistas y periodistas, quienes roban el trabajo de otros autores y lo presentan como suyo con diversas excusas; un caso paradigmático de lo anterior es el escándalo por los varios textos que plagió el intelectual peruano Alfredo Bryce Echenique, quien al ser descubierto alegó haber realizado un “acto de admiración”.

“Cervantes fue el gran plagiario de la historia, y Shakespeare fue un monstruo que se comió todo. No es el caso de estos artículos de porquería que citan ahora… el plagio es el más grande homenaje, y bueno, yo creo que plagio y contagio son palabras sinónimas (…) Un plagio es un acto de admiración, de cariño” (ver etcétera, septiembre 2007).

Algo similar aludió Loaeza al decir que “Yo misma he sido víctima de plagio, lo que a mi manera de ver es muy halagador”.

Ya en el terreno de la ética, varios códigos deontológicos de la prensa en el mundo condenan el plagio, como es el caso del de la Unesco y la Carta de los Deberes Profesionales de los Periodistas Franceses.

Por su parte, el reconocido Adam Michnik así define el plagio, en su clásico decálogo para periodistas: “Nada puede ser tan vergonzoso como el plagio, que no es otra cosa que el robo de algo ajeno. El plagio no es sólo un golpe asestado a otra persona. El plagio es un atentado contra el sentimiento general de justicia. El plagio equivale a la aceptación de la corrupción en la vida pública y de la deshonestidad como método. El plagio equivale a la destrucción de la ética del periodismo, porque significa que quien lo comete está dipuesto a permitir cualquier deshonestidad”(etcétera, primera época, 4 de febrero de 1999 ).

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