Cinque Terre

Federico Cendejas Corzo

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Maestro en Literatura Mexicana Contemporánea, académico y comunicólogo

Los piratas, la historia detrás de la ficción

El personaje del pirata es bien conocido en la cultura popular. Existe una gran cantidad de libros (clásicos y contemporáneos) y películas del tema, basta con mencionar la famosa y multimillonaria saga de Disney, Los piratas del Caribe, que consta de cinco filmes (hasta ahora) que relatan la vida, obra y aventuras del capitán Jack Sparrow. En la literatura, el pirata aparece ya en la época clásica en algunas crónicas y documentos, pero la edad de oro de la piratería llegaría hasta los siglos XVI, XVII y XVIII con el imperialismo colonial de América. Dicha época ha dado pie a innumerables relatos, como la crónica de Los infortunios de Alonso Ramírez de Carlos de Sigüenza y Góngora, publicado en 1690, que podría considerarse como un antecedente de la nutrida literatura de piratas que floreció en el siglo XIX y principios del XX con el romanticismo, de la mano de autores tan aplaudidos como Emilio Salgari o el mismísimo Sir Arthur Conan Doyle, creador del célebre Sherlock Holmes, y su libro Historias de piratas.

Por supuesto que detrás de la gran estrella ficticia que representa el pirata, hay una historia que inspiró las famosas aventuras marítimas de este querido personaje, por ello me resultó interesante realizar una breve investigación al respecto que brinde un panorama general de uno de los personajes más famosos en la cultura, que, como suele pasar, es identificable por la mayoría de manera superficial, pero desconocido en su contexto histórico profundo.

Definición y ubicación espacial e histórica de la piratería colonial

Antes de iniciar con una caracterización histórica, antropológica o historiográfica de los piratas, es pertinente definir la actividad que realizaban estos personajes: la piratería. Pablo Montero, doctor en antropología, sostiene en el primer capítulo su libro Imperios y piratas que definir esta actividad de manera contundente es cosa difícil debido a que las consecuencias económicas, históricas y sociales de la piratería en el mundo, así como sus connotaciones positivas y negativas, alianzas con ciertos imperios y enemistad con otros, o las características heroicas y villanas de dichos personajes, casi imposibilitan su delimitación tanto histórica como conceptual. El autor tiene cierta razón, sin embargo una definición no pretende abarcar todos los ámbitos en los que incide un concepto, al contrario, nos brinda un acercamiento, vago, ambiguo y sobre todo general. Por ello, y de manera sencilla, Silva Miguens nos regala, a manera de argumentación deductiva, una definición que me parece simple, contundente, interesante y hasta divertida:

Desde el momento mismo en que los humanos comenzamos a producir bienes que consideraron propios y privados y esto determinó diferencias entre ellos, hubo quienes quedaron fuera de esos bienes y decidieron apropiárselos por la fuerza. Así surgieron los bandidos, bandoleros y salteadores que ponían temor a aquellos que transportaban riquezas por los caminos. A su vez, cuando algunos hombres descubrieron que podían viajar y transportar productos por el mar, se hicieron navegantes. Y cuando otros se dieron cuenta de que podían asaltar a esos navegantes, se volvieron piratas (Miguens, 2010: 15).

Los piratas, entonces, están relacionados con la navegación y su actividad criminal se dio en los mares. Existieron desde el principio del comercio marítimo, actividad que se remonta a las primeras civilizaciones del mar Mediterráneo, sin embargo fue hasta los siglos XVI, XVII y XVIII, tiempo de los de los grandes imperios europeos, que los piratas cobraron una relevancia social, económica y cultural:

[…] debemos identificar las características y variables de los grandes períodos: un siglo XVI de conquista y fortaleza incuestionada hispano-portuguesa con iniciales intervenciones de piratas relativamente independientes, un siglo XVII de crisis y decadencia metropolitana, frente a un sostenido desarrollo colonial, en el que ingresan como colonizadores en el espacio americano, nuevos protagonistas dominantes: holandeses, franceses e ingleses, en el cual las fuerzas piratas conformarán flotas navales al servicio de alguna de las potencias en general y España constituirá el enemigo común a vencer, y un siglo XVIII en el que el mapa colonial es compartido, las alianzas europeas son variables, Inglaterra logra desplazar a Holanda como poder naval mundial, y España iniciará, tardías y exitosas, aunque ineficientes reformas, que no lograrán impedir las independencias americanas de su propia área de dominio, las que siguieron el derrotero de las independizadas colonias inglesas (Montero, 2003: 87).

Miguens refuerza la caracterización contextual anterior y además brinda un juicio de valor acerca de la época colonial en América y su relación con la piratería:

Pero, de toda esta historia las mejores páginas pertenecen, sin duda, a los siglos XVI y XVII en que se dio la Edad de Oro de la piratería. Fue sobre las aguas calientes del Caribe donde se escribió el capítulo más característico de la historia de la pira tería. Más allá de la construcción de los estereotipos que la hicieron famosa, la piratería como hecho histórico no fue un fenómeno simple o de manifestaciones aisladas de los mercaderes errantes o una delincuencia organizada con intenciones de saqueos y riqueza fácil, ni la expresión romántica de aventureros buscando fama (Miguens, 2010: 16).

Además, Manuel Lucerna define a los piratas como grandes marineros y detalla su actividad criminal, centrada en asaltar los barcos mercantes que viajaban de las colonias a la metrópolis y apoyados por distintos gobiernos, sobre todo en pos de afectar el enorme poder español en América:

Piratas, bucaneros, filibusteros y corsarios fueron miembros de una familia europea de grandes marinos que se adueñaron de los océanos americanos durante la mayor parte de la Edad Moderna, colapsando el comercio regular de las metrópolis con sus colonias. Actuaron principalmente contra el Católico Rey de España, disputándose sus riquezas, pero también contra Su Graciosa y hasta contra Su Cristianísima Majestad, cuando Inglaterra y Francia lograron posesiones indianas, que era lo que a fin de cuentas perseguían […] Los piratas fueron así, en definitiva, un instrumento de dominación, empleado hábilmente por los gobiernos o compañías comerciales para romper el monopolio hispánico y poder establecer así sus propias colonias (Lucerna, 1992: 15).

De lo anterior, se concluye que la piratería fue una actividad criminal relacionada con el asalto marítimo, el contrabando y robo de mercancías de las colonias hispánicas con el objetivo de entorpecer las relaciones metropolitanas de España con América, y cuyo mayor auge fue durante los siglos XVII y XVIII de la edad moderna.

En este sentido, el pirata cobra un interesante papel en la literatura, el gran villano para algunos, el héroe para otros, y siempre un personaje relevante de las crónicas históricas, de los relatos de ficción tanto coloniales como posteriores, objeto de interés de propios y extraños, y el mayor de los infortunios de Alonso Ramírez, protagonista de la ya mencionada crónica titulada, precisamente, Los infortunios de Alonso Ramírez (1690) de Carlos Sigüenza y Góngora, famoso autor novohispano.

Repercusiones e incidencia de la piratería en la economía colonial

Queda claro que los piratas están directamente relacionados con la economía y que su actividad influyó de manera evidente en los procesos financieros coloniales y también en las políticas adoptadas por los diferentes gobiernos (tanto víctimas como victimarios) con respecto al comercio y al contrabando.

Las naciones enemigas de España encontraron en la piratería un gran negocio de fuerte impacto económico para el monopolio hispano:

El primer medio adoptado por las naciones marítimas septentrionales con el objeto de adquirir una parte de las riquezas del nuevo mundo, consistió en el ataque abierto sobre los bajeles españoles que regresaban de aquellos dorados. El éxito de los corsarios […] impuso gradualmente a los españoles, como medida protectora, el establecimiento de grandes flotes mercantes a largos intervalos y acompañadas de poderosos convoyes (Haring, 2003: 24).

Las políticas españolas de protección a sus mercancías no podían hacerse esperar, sin embargo el embate era muy difícil de contener. Silvia Miguens dice al respecto:

En un principio, los barcos iban y venían de acuerdo con sus intereses comerciales, pero la necesidad de defender las mercaderías españolas procedentes de América, tuvo su implacable argumento cuando Juan Florín, el pirata italiano al servicio de Francia, se apoderó de generosos obsequios robados que Cortés enviaba a España.

Viñeta: Milo Manara

Al año siguiente de este hecho se dictó la Real Provisión del 13 de junio de 1522 que adoptaba medidas protectoras para el tráfico indiano […] En 1526 se prohibió la navegación en solitario hacia América y en sucesivos años se dictaron otras normas de protección” (Miguens, 2010: 156).

C.H. Haring relata en su libro Los bucaneros de las Indias Occidentales en el siglo XVII que otra de las medidas de defensa española fue la elaboración y trazado de rutas estratégicas que permitieran el tránsito marítimo con mayor seguridad, las rutas llegaron incluso a tocar puertos en Asia y África (2003, 25).

El relato de Carlos de Sigüenza y Góngora, Los infortunios de Alonso Ramírez, nos da una probadita de la gran riqueza económica y mercantil que poseían los piratas y de todo aquello que solían transportar para el contrabando y el comercio ilegal. En voz de Alonso Ramírez, el autor menciona que aquellos piratas que lo tenían secuestrado llevaban a bordo: frutas y especias, seda de China y toda clase de ricos metales, ámbar almizcle, filigrana y oro “sin el resto de lo que para comerciar y vender en aquel reino había en la embarcación” (2002: 36 y 37).

Sin duda, la repercusión económica de las piratería fue una de las causas por las que recordamos a los bucaneros hasta nuestros días, y las expresiones actuales de contrabando y delincuencia mercantil emulan aquellas viejas prácticas en las que se ataca al poderoso por medios ilegales para llevarse una rebanada del gran pastel que está en manos de unos pocos.

Las mujeres piratas

Sin duda el tema de las mujeres piratas puede llegar a resultar apasionante, siempre la imagen de una mujer fuerte y poderosa, con grandes aspiraciones y, sobre todo, con ímpetus aventureros de viaje marítimo despierta la curiosidad y el interés. Henry Musnik, diserta al respecto:

No hay duda de que el número de mujeres piratas que han dejado huella en la historia es ridículo, si lo comparamos con la horda de bandidos del mar, que desde siempre han hostigando a los barcos mercantes. Pero todavía es más inaudito que tales malhechores, hombres que no temían ni a dios ni al diablo, aceptasen las órdenes y mandatos de ataque de quienes eran consideradas con desprecio (2007, 15).

Hoy puedo decir, sin temor a equivocarme, que el liderazgo femenino está más que demostrado y que la capacidad para cualquier actividad profesional o criminal no es cuestión de género, sin embargo, la época colonial no ofrecía las bondades de pensamiento a ese respecto que existen hoy en día (con sus tristes reservas, claro).

El mismo Musnik dice que existieron dos mujeres piratas que dejaron su nombre tatuado en los libros históricos y que por sus hazañas pasaron a la posteridad, llenas de maldad y astucia: las británicas Anne Bonney y Mary Read, navegantes habilidosas y líderes de sus embarcaciones, quienes son un claro ejemplo de que a la piratería también se sumaron las mujeres. Diversas fuentes aseguran que ellas se conocieron en la vida real y se hicieron grandes amigas e incluso amantes, aunque de eso no hay pruebas fehacientes.

Por el lado de la ficción también aparecen pocas mujeres, aunque existen ejemplos como la película “La pirata” (de título original: Cutthroat Island) de 1995, protagonizada por Geena Davis, que cuenta las travesías de la capitana Morgan Adams, hija del legendario pirata Henry Morgan. Por el lado de la literatura puedo recordar a Elena de Céspedes, protagonista de la novela La burladora de Toledo de Angelina Muñiz-Huberman y capitana del barco La burladora, que aparece en otro de los libros de la autora mexicana: Los esperandos, piratas judeoportugueses… y yo.

Conclusiones

Resulta interesante recordar que el pirata literario y cinematográfico tienen un antecedente histórico verídico, que respondió a un contexto específico e incidió en la economía, la cultura y la vida cotidiana de la sociedad colonial y que, como sucede en la actualidad, de ser figuras perseguidas y marginadas pasaron a ser seres respetados e incluso admirados por sus contemporáneos. Veo en la época actual su reflejo perfecto en los narcotraficantes, quienes son reales y están aquí y ahora, pero también han invadido la literatura, las salas de cine y la televisión y que se han convertido en unos verdaderos héroes de la cultura popular, a pesar de sus actividades criminales y violentas.

Justo esta breve investigación tiene el objetivo de refrescar en la memoria colectiva el conocimiento adquirido a lo largo de los años con respecto del tema y sobre todo, para generar una noción mucho más consciente de un personaje que ya no existe como tal en la realidad, pero sigue siendo verdadero en la ficción y está inserto en el imaginario colectivo de manera muy popular.

Seguramente el personaje del pirata seguirá llenando la cartelera y la escena literaria, por ello, el poder de su símbolo histórico no debe ser olvidado, ya que si nos sigue hablando como humanidad es porque conservamos aún mucho de él.


Bibliografía

Haring, C.H. (2003), Los bucaneros de las Indias Occidentales en el siglo XVII. Madrid: Renacimiento.
Lucerna Salmoral, Manuel (1992), Piratas, bucaneros, filibusteros y corsarios en América. Perros, mendigos y otros malditos del mar. Madrid: Editorial MAPFRE.
Miguens, Silvia (2010) Breve historia de los piratas. Madrid: Ediciones Nowtilus.
Montero, Pablo (2003), Imperios y piratas. México: Porrúa.
Musnik, H. (2007), Las mujeres piratas. Madrid: Renacimiento.
Navajas Josa, Belén (2003) “Piratas, corsarios, bucaneros, filibusteros y contrabandistas en la América Española (Siglos XVI, XVII y XVIII)” Universidad Francisco de Vittoria, España.
Consultado en agosto de 2018 en: http://recursos.ufv.es/docs/foro_revista_6.pdf. Sigüenza y Góngora, Carlos de (2002) [1690] Infortunios de Alonso Ramírez. México: Conaculta- Planeta, Joaquín Mortiz.

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