Jorge Meléndez Preciado

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Periodista

Periodistas, el estallido

Tumultuosa fue la manifestación del 7 de agosto. Ni los cálculos más optimistas pensaban que asistirían dos mil personas. Menos que nadie quisiera ser el protagonista. Hasta los más conocidos o divos supieron que la causa y las necesidades deberían ser lo prioritario y no ellos mismos. Aunque, lógico, hubo quienes concentraron los saludos, afectos y entrevistas. Seguramente el mayor, Miguel Ángel Granados Chapa, que no obstante sus problemas de salud estuvo con sus iguales.

El éxito se debe a quienes por Internet elaboraron la idea y lanzaron la convocatoria que recogieron una buena cantidad de medios audiovisuales, y algunos impresos. Lo que muestra, nuevamente, que no hay, en varios, noción de lo que realmente ocurre en estos difíciles momentos.

Entre los concurrentes se insistió que dónde estaban los dueños de algunos informativos. Creo que ocasionalmente hay necesidad de realizar acciones conjuntas- los bombazos contra Televisa, recientemente, muestran que nadie es impune-, pero resulta conveniente el que los periodistas, como gremio, acudamos a diferentes llamados para ir viendo de qué manera podemos enfrentar la violencia exterior, pero no se olvide que en infinidad de medios el reportero es poco evaluado, estimulado, respetado. Algo que debemos también discutir y enfrentar.

Con todo, la marcha aglutinó a compañeros que han luchado desde hace años por organizar a los tecleadores y lograr enfrentar a los poderes. Por ahí andaban miembros de la Unión de Periodistas Democráticos (UPD) que fue la única que condenó el ataque al Excélsior de Julio Scherer, en julio de 1976. Asimismo quienes organizaron la única movilización a la Secretaría de Gobernación anteriormente (en 1987, también de esa UPD).

En el primer caso, la oposición al golpe contra la libertad de expresión fueron más de cincuenta y el desplegado únicamente se publicó en Sucesos para todos, cuando el propietario era Gustavo Alatriste. En el segundo, fueron un poco más del número mencionado, pero el hecho fue tan espectacular entonces que hasta Manuel Bartlett recibió a una comisión; el resultado fue ningún cambio en la política de resolver los asesinatos de muchos, entre ellos Manuel Buendía.

Luego vendría la Fiscalía Especial a cargo de Miguel Ángel García Domínguez y el encarcelamiento de José Antonio Zorrilla Pérez, a quien trataron de liberar hace poco y una nueva acción de tres docenas de compañeros lo impidió.

De aquellos tiempos encontré, a Froylán López Narváez hoy en Reforma; José Reveles (El Financiero), Elías Chávez (director de La República del PRI), Francisco Ortiz Pinchetti (Libre en el Sur), Rogelio Hernández López (Casa del Periodista), Humberto Musacchio (Excélsior) y muchos otros que sería largo enumerar.

Todos estos y otros más iban junto con conocidos por la radio y televisión y el columnismo: Ricardo Rocha, Ricardo Alemán, Miguel Badillo y José Cárdenas, confundidos entre otros periodistas hoy muy sobresalientes pero más jóvenes.

Y, desde luego, los organizadores Elía Baltasar, Daniel Pastrana y Marcela Turati. Nadie, insisto, tuvo ni el menor asomo para hacer algo que les diera visibilidad más que la rescatada por su presencia y constatada por su trabajo, merecimientos y/o mayor exposición en público.

La libertad fue tal que los inconformes por la venta de las cooperativas: La Prensa y Excélsior, que llevan varios años en la pelea por sus reivindicaciones, distribuyeron un volantes contra Mario y Olegario Vázquez Raña, respectivamente.

Otro, Jorge Islas Negrete, acusaba a Roberto Femat Ramírez, de haber coartado su libertad de expresión “con lujo de violencia”.

Uno más reproducía varias posiciones de sindicatos de periodistas, una asociación internacional y la Revista Mexicana de Comunicación, donde se plasmaban varias inquietudes y demandas, entre las que se plantea un “mecanismo federal de protección a periodistas”.

Las repercusiones en los informativos fueron varias. Lo mismo considerando que dicha acción no tuvo ninguna importancia (Rafael Cardona, Manú Dornbierer y Carlos Ferreira) que otros planteado la necesidad de la colegiación de periodistas (Carlos Ramírez y el que esto escribe).

Pero muchos, en Internet, se han preguntado: ¿Qué sigue? Asunto no resuelto y ni siquiera esbozado. Creo que es momento, calmadamente y sin querer agotar un asunto que es difícil y problemático, hacer las reflexiones convenientes.

Vale la pena intentarlo para no quedarse en el “estallido”

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