Cinque Terre

Fedro Carlos Guillén

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Narrador, ensayista y divulgador de la ciencia.

Pepe el Toro es inocente

A lo largo de 63 películas Pedro Infante logró diversos prodigios que los televidentes mexicanos hemos podido constatar ad nauseum en el Canal de las Estrellas de siete a ocho de la noche. Durante su fecunda carrera El Torito sedujo bellas, se embriagó con tequila, caracoleó caballos y fue víctima de desgracias diversas entre las que destacan la composición de un vals ante Porfirio Díaz sólo para que unos europeos mamones lo acusaran de plagio, la muerte de un hijo achicharrado y el fallecimiento en sus brazos y calzando huaraches de María Félix (que no es poco cadáver).

No pienso asestarle, querido lector, las mamadencias que hemos escuchado con una tenacidad de cangrejo por parte de gente que considero esencialmente imbécil; frases como: “Pedro Infante vive en el corazón de los mexicanos” o “el ídolo de Guamúchil no ha muerto”, simplemente me causan profundos escalofríos y sudoraciones inguinales. En realidad prefiero concentrarme en el reciente aniversario luctuoso de don Pedro y la raja mediática que explotan unos señores que son creativos y se dedican a la mercadotecnia.

Me imagino una mesa redonda en cuyo perímetro se acoda gente de corbatita mirando al techo mientras en la pared hay una gráfica que refleja la caída de las ventas. De pronto uno de ellos propone “¿Y si hacemos un día del taco?”. El resto en lugar de decirle que no sea idiota, le aplaude y la maquinaria se echa a andar por lo que el resto se convierte en un mero trámite mediático donde Televisa pone a sus estrellas preferidas a masticar tres de buche en cadena nacional con el fin de llenar el Estadio Azteca con una turba poco lúcida y embolsarse algunos millones.

Algo similar pasó con la reciente conmemoración de la muerte de Martín Corona; estaba yo un día en posición de decúbito dorsal viendo la televisión cuando de pronto y a traición, me encontré con un enano vestido de tamarindo (me refiero a la fuerza pública, no a la planta) que cantaba con la trompi-ta parada. Entonces me enteré que Televisa se estaba encargando de organizar un magno homenaje a la memoria del actor sinaloense y todo se derrumbó.

Por medio de un muy bien aceitado engranaje la empresa televisora mostró su capacidad para entender los usos y costumbres de sus feligreses (el noble pueblo mexicano). Programó por 3 X 109 vez la gustada película Nosotros los pobres en la que se lleva a cabo el siguiente diálogo en el momento que un señor que es jorobado y recibe el comprensible apodo de “El camellito” es empujado y un tranvía le cercena ambas piernas: “Ya no siento las piernas” (camellito “¿Pos cuáles piernas camellito si ya no tienes? (transeúnte “¿qué voy a hacer? Jorobado y sin piernas” (camellito). Fin de la cita. Acto seguido Televisa realizó una campaña caracterizando a sus artistas estelares como algunos de los personajes que Infante representó (ver a César Bono vestido como el niño Tizoc es una experiencia equivalente a sortear los rápidos del Usumacinta) y remató con un espectáculo en la tierra natal de don Pedro que aparentemente resultó un fiasco. El acto final asociado a este montaje es la programación diaria de la madriza ejemplar que se están dando los descendientes por la posesión de un bien tan extraño como una cripta que ya apareció en una casa de subastas.

Este montaje coyuntural no es el primero ni será el último, seguramente pronto se armará el día de la mascota o el del vecino. ésa es la sagacidad de nuestros empresarios mediáticos y es muy probablemente la que nos merecemos los televidentes, así que no me queda nada más que esperar, esta vez muy atento para evitar sorpresas, la siguiente iniciativa, que seguramente recibiré con lágrimas en los ojos.

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