Cinque Terre

Emiliano Balerini Casal

Reportero

Paul Julian Smith: “No podemos decir que todas las novelas sean malas”

De visita en México para participar en el coloquio internacional “Las tres eras de la imagen: actualidad y perspectiva en los estudios visuales”, que se celebró del 18 al 21 de enero en la Biblioteca Vasconcelos de la ciudad de México, el especialista en televisión del Gradute Center de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, Paul Julian Smith habló para etcétera sobre los contenidos, la calidad y la competitividad que debe haber en el sector.

Autor de dieciséis libros sobre cultura latinoamericana y española, como Amores perros, Las leyes del deseo y Desire Unlimited: The Cinema of Pedro Almodóvar, así como unos 70 artículos, Smith analiza las diferencias que hay entre las telenovelas aspiracionales y las series de Canal 11, sin dejar de lado aquellos programas que hoy ocupan sus horas a la guerra contra el narcotráfico.

En su extensa trayectoria, ha sido investigador de grupos de comunicación audiovisual en Madrid y Guadalajara. Fue jurado en el Festival Internacional de Cine de Morelia (2009) y en el Certamen de Cine Latinoamericano patrocinado por Cinema Tropical en Nueva York (2011).

¿Qué cree que se debe hacer para tener una mejor televisión en México? ¿Qué herramientas deben emplear?

Hay modelos distintos. En Estados Unidos, por ejemplo, no hay televisión pública. Sin embargo, es de calidad y tienen una competencia feroz. En Reino Unido, de donde yo soy, tenemos la tradición de televisión pública como la BBC de Londres. La competencia entre la tradicional televisión pública y la comercial también ha funcionado muy bien. El problema en México ha sido el duopolio de Televisa y TV Azteca, que sigue dominando el mercado. Con ello, lo que pasa es que en México no se ha experimentado el crecimiento de la televisión que hemos vivido en otros países. De hecho Álvaro Cueva ha mencionado hace poco que “los mexicanos ven la televisión como en la época de los abuelos”.

¿Cuál debe ser el papel de los canales públicos frente a la televisión comercial en una sociedad como la mexicana?

Hay muchos casos de programas de calidad en la televisión comercial. Si nos remontamos a los años ochenta en Estados Unidos, la NBC ha querido tener públicos de calidad, sin importarles tanto los números y ratings. En esa época hicieron series muy buenas. Lo que hace falta es competencia, aún sin tener un sistema de televisión pública. En Reino Unido, por ejemplo, en los setenta solo había dos o tres canales: la BBC con dos señales y la televisión comercial con una, y funcionó muy bien porque la televisión nacional tiene que llegar a todo el público. No puede ser elitista. Debe educar. Aunque la BBC tiene buena reputación fuera de su país, siempre es polémica y no dejará de serlo. Hay países donde la presencia de un sistema fuerte de televisión pública ayuda a aumentar el nivel de calidad en los canales comerciales, y viceversa.

¿Cómo hicieron Reino Unido y Estados Unidos para generar competencia en la materia?

En Estados Unidos siempre fue plural, incluso desde que comenzó la radio solo había cuatro cadenas. El sistema británico es más paternalista. Ahí se tuvo el primer sistema de transmisión regular continua de televisión que fue antes de la Segunda Guerra Mundial, en los años treinta, aunque no llegó a mucha gente. En 1956 cambiaron el sistema e introdujeron los canales comerciales. En México, por lo que he leído, cuando pensaban en introducir el sistema televisivo, la influencia fue Estados Unidos. El problema es la falta de competencia. Aquí se imitó lo malo, no lo bueno de Estados Unidos.

¿Han mexicanizado el sistema estadounidense?

Sí, pero con una diferencia enorme: en México existe un duopolio. Actualmente se habla mucho de HBO, pero hay series de calidad en las Networks, que se suponen están atrasadas como sistema.

¿La competitividad televisiva depende de la voluntad política de los gobiernos?

En Estados Unidos no ha sido así. Eso lo ha hecho el mercado. En el caso de México, hacía falta la Reforma en Telecomunicaciones, porque de lo contrario el duopolio seguirá dominando. En el caso británico sí hubo una serie de cambios como la introducción de la televisión comercial. La novedad fue la producción independiente.

En términos de contenidos, ¿cómo se deben evaluar? ¿Quién los debe determinar? ¿Qué se debe programar en la televisión mexicana?

Los especialistas universitarios han estudiado mucho los aspectos de calidad: ¿Qué es la calidad? No hay una respuesta sencilla. Normalmente se dice que no hay calidad en todo lo que se programa. Depende del género. No es lo mismo la programación infantil que los reallitys. Hay una vertiente en los estudios académicos de televisión, donde las telenovelas, que para algunos son malas, reivindican a las mujeres. No en todos los países se da que los programas de prime time están orientados a las mujeres. Este es el caso México, porque las telenovelas tienen cerca de 70% de público femenino. Además, el investigador Guillermo Orozco ha hecho estudios en la Universidad de Guadalajara sobre cómo las mujeres ven las telenovelas, y la conclusión a la que ha llegado después de escucharlas es el título de una de ellas: “Yo no creo en los hombres”, de Televisa. Las mujeres no son tontas. La pregunta debe ser: “¿Cuáles son los placeres que experimentan al ver una telenovela?” y “¿Cómo usan la información que les llega de ellas?”. Sabemos que los espectadores son activos, no pasivos, y reelaboran lo que ven.

¿Cuáles son los placeres que experimentan las mujeres al ver una telenovela?

Las telenovelas muchas veces son de fantasía, pero también de reelaboración. No se quedan en el contenido patente, obvio. Es fuente de conversación entre madres e hijas.

¿Eso habla de una población mediocre, la cual elabora algunas de sus conversaciones a partir de series aspiracionales?

Sí. Claro. Pero insisto, no hablamos de mujeres tontas, porque ellas reelaboran lo que ven. Además, en México también hay una tradición de telenovelas experimentales, encabezadas por Argos. Me llama la atención que los mexicanos digan que las telenovelas son malas, cuando existen proyectos como el de Epigmenio Ibarra. No podemos decir que todas las novelas sean malas. Es como cuando tomas libro al azar de una biblioteca. Seguramente el libro será malo, porque la mayoría de las publicaciones que hay en el mundo son malas, sin embargo eso no significa que no exista Marcel Proust. Lo que me toca a mí es decir que sí hay contenidos buenos en México, incluso en el duopolio. Un ejemplo de lo anterior es la serie de TV Azteca, “Drenaje profundo”, la cual se la criticó sin hablar concretamente de su contenido. En México uno de los graves problemas es que se escribe más sobre las instituciones que sobre los contenidos, se habla más sobre Televisa y la historia de sus dueños. “Drenaje profundo” es una serie policiaca, donde aparecen la Policía Federal, muchas armas y mucho uniforme negro; generó tanta polémica que un estudio académico la calificaba como fascista. Pero sus críticos no habían visto la serie porque en el capítulo nueve o diez aparece el verdadero tema: Tlatelolco y la masacre estudiantil de 1968. Es una serie de corte político, pero para darse cuenta hay que ver todos los capítulos. Éste es problema de los estudios televisivos. Ver una película, en cambio, es facilísimo. “Drenaje profundo” es una serie del tipo norteamericana con 20 capítulos. En cambio, en los 200 que puede tener una telenovela seguramente hallaras algo interesante, pero no lo sabrás si no dedicas 200 horas de tu vida a mirar la televisión.

Con la declaración de guerra al narcotráfico en México, ha habido dos series de televisión que exaltan el trabajo del Ejército y la Marina, ¿qué opinión le merecen estos programas hechos en un momento en el que las fuerzas armadas han sido abiertamente cuestionadas por la sociedad civil y la prensa debido a su actuar en distintos casos?

No he visto esas series. A lo mejor tienen algo bueno en términos generales. Pero los contenidos son complejos. En el caso de “Drenaje profundo”, dio una vuelta de tuerca. No fue lo que parecía. Escribo más sobre casos que me interesan y conozco. En este caso me sorprendió mucho. Una serie no es mala solo porque la produce TV Azteca o Televisa o la dirige el hijo del productor, al contrario, puede estar muy bien hecha. Los valores de producción son importantes en la calidad. También es importante el equilibro entre la productora y la cadena. Argos, por ejemplo, ha trabajado con TV Azteca y ahora lo hace con Cadena tres. Un caso que he estudiado es el de la serie “Las Aparicio”, que es más del corte norteamericano, pero con una temática distinta por terminar con una boda lésbica. También se han puesto de moda las series que abordan el narcotráfico, como las telenovelas de Pablo Escobar, “La reina del Pacífico” y “El señor de los cielos”. Hace unos años se produjo una serie llamada “Más sabe el diablo”, muy tradicional y poco interesante, pero que abordaba el narcotráfico.

¿Es importante que se integren este tipo de series a la programación actual de la televisión?

Representan la innovación de nuevos formatos, como las series semanales del tipo norteamericano. Además abordan un tema muy difícil dentro del género de telenovela diaria. Hay que tener variedad. Actualmente hay otra novela sobre los amores de un cura, que parece sacada del siglo XIX. Es normal que exista mucha variedad en los contenidos de una televisora. Ahora, también hay formatos unitarios bastante anclados como “La Rosa de Guadalupe”. No he escrito sobre esta serie, pero aunque tiene un formato conservador en el que se invoca a la Virgen de Guadalupe todo el tiempo, aborda temáticas sociales interesantes. Son series educativas. He aprendido bastante sobre algunos problemas de México.

¿Por qué en México han funcionado más las telenovelas aspiracionales que las que abordan problemáticas sociales?

Este fenómeno ha disminuido. El público ha envejecido y pronto habrá una crisis al respecto. En Colombia, por ejemplo, hay un porcentaje más alto de telenovelas con tópicos sociales. Por lo general, México ha sido más conservador. Eso no significa que no haya contenidos más interesantes. Las series de Canal 11 son muy buenas. El rechazo a la televisión por parte de los intelectuales mexicanos no tiene sentido. Hay mucho cine y televisión malos, pero también existen buenos proyectos. Lo que hace falta en México es una mejor crítica sobre lo que representan los contenidos de la televisión.

¿Por qué se escribe tan poco sobre televisión?

Hay un desprecio generalizado. Si yo fuese mexicano supongo que me sentiría igual. Nada más porque la televisión es parte de la vida cotidiana se le ningunea. Pero, como dije, hay series como las de Canal 11 muy buenas. No tienen nada que ver con Televisa, son otra cosa. Por ejemplo: “Soy tu fan” supera bastante las comedias románticas del cine mexicano, como “Amor de mis amores”. Debemos valorar eso y prestar atención a lo que está sucediendo. En México, los prejuicios de antaño siguen dominando. En cambio, en Estados Unidos es normal decir que la tele es mejor que el cine. No se hace ninguna polémica por ello. Todos creemos que es así. En Colombia tienen una tradición muy buena de telenovela y series, incluso históricas. Esa es otra diferencia con México, aquí casi no hay ficción histórica. En España, por ejemplo, hay grandes contenidos de época. Desde los romanos hasta los años noventa. Y se pueden representar de diferentes formas. Con la crisis mucha gente se ha refugiado en estas series para recordar el pasado, pero también en esos programas hay comentarios camuflados sobre el presente.

¿México tiene público para series televisivas históricas?

La serie “Gritos de muerte y libertad”, de Televisa, sobre la Independencia, fue novedad y funcionó. Se dijo que era propaganda política, pero no fue así, porque lo que en realidad nos sugería era que la violencia era la base de la República Mexicana. Si bien tuvo sus momentos narrativos heroicos, no fue esa su intención.

¿En otros países de Latinoamérica también se escribe poco sobre los contenidos de televisión?

No conozco tantos casos. Sé de Álvaro Cueva, que diariamente da un seguimiento al tema aquí en México. En Colombia el trabajo de Jesús Martín Barbero es importante; y, en Guadalajara, Guillermo Orozco que además tiene el Observatorio Iberoamericano de la Ficción Televisiva (Obitel), el cual aborda el trabajo de ficción de varios países de América Latina, España y Estados Unidos.

En México se ha acusado de haber impuesto en la Presidencia de la República a Enrique Peña Nieto y su mujer Angélica Rivera. ¿Dónde radica realmente el poder de la televisión?

Esa es una cuestión institucional. A mí me toca analizar los contenidos porque lo otro se ha hecho mucho. El presidente actual de México no se encuentra en una posición muy buena. El apoyo de la televisión no le ha ayudado mucho. En España, es un poco semejante la situación. La Televisión Española (TVE) todavía está señalada por la relación que tuvo con Francisco Franco. Fue la televisión de la dictadura. Pero no podemos reducir sus contenidos a las cuestiones institucionales. De hecho, ellos son los que produjeron la serie de “Cuéntame cómo pasó”, la cual lleva 13 años. En México no hay nada parecido. Esta serie ha sido muy criticada en España por ser nostálgica. No es así. Hay un elemento nostálgico, pero también hay cosas muy duras. En México, en cambio, si no buscas en la televisión no encontrarás nada. Yo he encontrado en “Drenaje profundo” una serie política con toques sobrenaturales. Es una reflexión sobre la masacre de Tlatelolco en 1968. El tema es el motivo de la trama que se pregunta: ¿Quiénes son los que viven en el drenaje profundo? Son los sobrevivientes de la masacre. En este país sí se ha elaborado hasta cierto punto un comentario sobre la historia dramática que ustedes tienen, pero hay que buscar bien. Si uno empieza diciendo: ‘Televisa es mala”, no llegas a ninguna parte. Tienes que buscar un poco más. Hay dos vertientes de estudios Televisivos: uno reivindica la televisión ordinaria, muchas veces con enfoques feministas; y otro que habla de la televisión de calidad, conocida en Estados Unidos como HBO. Estoy un poco en contra de esta segunda vertiente, porque en lo comercial también hay programas interesantes.

¿Qué tan buena es la televisión latina en Estados Unidos?

Está vinculada al duopolio mexicano: Univisión y Telemundo. Hay telenovelas hechas en Miami que son trasnacionales. Lo que hace falta son telenovelas locales, nacionales. He visto poca ficción en español en Estados Unidos. Por otro lado, un caso interesante es “Jane, the Virgin”, serie colombiana, en inglés y con actores latinos. Hay un momento divertido en la serie, donde aparece el actor Jaime Camil, que personifica a un actor famoso en México y llega a Estados Unidos donde nadie le conoce, pero en uno de los capítulos alguien le pide que llene un formulario creyendo que le están solicitando un autógrafo, cuando no es verdad. En la serie, él juega a ser él mismo. Lo que se ve es la tensión entre los latinoamericanos.

¿Qué opina del éxito de Eugenio Derbez en Estados Unidos?

Es interesante. Estrenó su película “No se aceptan devoluciones” en Estados Unidos. El tema de la película habla de las relaciones transnacionales entre México y Estados Unidos. Su personaje, que se supone tiene 20 años en Los Ángeles y no habla una sola palabra de inglés, es interesante. Lo nuevo, en este caso, fue la distribución en Estados Unidos, y atraer a los latinos a las salas de cine para ver una película en español. Normalmente no se consume el cine latinoamericano de esta forma, y con tanta televisión en español, para que salir al cine. En este caso lo relevante es la influencia de la televisión en el cine.

¿La televisión empieza a influir en el cine?

Sí. Hay un cine televisivo, y una televisión cinematográfica como la de Canal 11. Es un nuevo paradigma. Es interesante que exista una televisión de calidad y un cine popular.

¿Hacia dónde puede ir este nuevo paradigma?

Se ha hablado mucho tiempo de convergencia de medios. Ya se ve en los contenidos. Se ha escrito de la influencia de la televisión de paga estadounidense aquí en México: las telecomedias norteamericanas en las comedias cinematográficas mexicanas.

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