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Mario A. Campos Cortés

Periodista y consultor macampos @ enteratehoy.com.mx

¿Para quién trabajan los medios?

¿Para quién trabajan los medios? Para los ciudadanos, naturalmente. ¿O no es verdad que algunas de las funciones del periodismo son darle voz a los que no la tienen, denunciar al poderoso y defender al desvalido? Al menos eso se entiende en muchos textos que describen a los periodistas como si fueran “caballeros con los hombres, galantes con las mujeres y tiernos con los niños”. Se aceptan las variantes pero el sentido será básicamente el mismo.

Sin embargo, si uno mira el contenido de muchos de los medios -y lo digo con la conciencia de no estar libre de pecado- descubrirá que en muchas ocasiones más que estar al servicio del ciudadano, y con la mira puesta en sus necesidades, la atención está colocada en el poder, cualquiera que sea su presentación, público o privado. Habrá quien señale que es natural pues mediosfera en su papel de vigilante, requiere estar atento a cada paso de los poderosos para documentar cualquier abuso. ¿Pero estamos haciendo eso?

Porque basta con abrir un diario o escuchar un noticiario para confirmar que no sólo son los actores políticos los que ocupan la mayor parte del espacio o del tiempo, sino que son sus temas los que son tratados con la mayor importancia. Dicho de otra forma: si realizamos un conteo sobre el origen de las noticias, quién de los tres actores será el que menos peso tiene: la clase política, los temas de los propios medios o las causas que salen de personas comunes.

La respuesta, apostaría con seguridad, sería la agenda ciudadana, hecho que tiene su razón de ser: es más fácil cubrir a una institución que a un ente abstracto llamado sociedad. La cobertura de las fuentes institucionales es mucho más previsible y sus temas probablemente afectarán a sectores amplios del público. En contraste, resulta más complejo andar por el mundo buscando temas “ciudadanos”, los cuales muchas veces tienen que ver con problemas muy concretos o cotidianos de tal suerte que su relevancia tenderá a ser muy local.

Este problema podría resolverse con la ayuda de las redes sociales. A través de esas herramientas -como Facebook o Twitter- los ciudadanos, al menos algunos de los que tienen acceso a esos espacios, pueden definir aquellos temas que van más allá de ser del interés de un pequeño grupo para convertirse en asuntos relevantes para la mayoría. Así, por ejemplo, surgió el movimiento contra el impuesto a Internet o la iniciativa de diversas organizaciones y ciudadanos a favor del recorte de gasto de los partidos políticos.

Temas que tal vez estaban en las sobremesas de muchas personas pero que adquirieron mayor visibilidad gracias a estos espacios. En éstos, además, las diferentes inquietudes o quejas se van descartando para ceder el paso a sólo aquellos asuntos que implican a un mayor número de personas. Este proceso permite a los periodistas retomar aquellos asuntos que tienen potencial. De esta forma, el periodismo se encuentra con otro insumo para integrar su agenda informativa.

Y cuando lo hace en serio, se encuentra con una alianza muy interesante porque el flujo habitual de la información se invierte: son los integrantes de la sociedad los que se ven reflejados en los medios. Dinámica que resulta positiva para los periodistas que así se hacen de un público leal que siente a los medios de su lado.

Naturalmente se trata de procesos complejos. Ni la sociedad identifica todos los temas relevantes ni se puede ignorar el conocimiento especializado que se supone tienen los periodistas para identificar tópicos de interés. Sólo se trata de destacar que en la actualidad los periodistas contamos con nuevas herramientas si queremos escuchar mejor a los ciudadanos. Habrá que ver quién las sabe utilizar mejor y qué efectos tendrá en el mercado de los medios en el mediano plazo.

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