Cinque Terre

Orquídea Fong

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Periodista/comunicóloga egresada de la UNAM.

Otra científica mexicana falsamente nominada al Nobel

Son muy pocos los periodistas mexicanos que están capacitados para distinguir entre un científico serio y uno que no lo es. El caso de Diana Quiroz es emblemático en ese sentido, ya que conjuntó todos los elementos que ejemplifican lo que no se debe hacer al realizar cobertura de temas científicos. O aparentemente científicos. Con todo y que este caso tuvo un desenlace correcto —al clausurarse su empresa fabricante de productos milagro—, no cambia en casi nada el desalentador panorama al que nos enfrentamos y, antes bien, lo empeora, ya que confunde al público respecto a la validez del conocimiento científico.

La función social de los periodistas es allegar a las audiencias información confiable, verificada, a partir de la cual puedan tomar decisiones clave para su bienestar. Los medios de comunicación no tienen claro que, en casos como este, dar crédito total a personas como Diana, sin el mínimo cuestionamiento, implica poner en riesgo la vida de la gente. El periodista Ángel Carrillo es el ejemplo perfecto, ya que no sólo creyó completo el relato de Diana, incluso publicó un artículo defendiéndola. Sea como sea, no cualquiera se abre paso para ir a la ceremonia del Nobel, escribió. Literalmente, un “haiga sido como haiga sido”.

Los periodistas, en general, le dan crédito a su entrevistado y se lavan las manos. Le dan voz, citan sus declaraciones y las dan por buenas, sin el mínimo cuestionamiento, porque no saben cómo cuestionar, qué preguntar ni cómo investigar. Y su poca objetividad sale por la ventana si en algún momento se pronuncian las palabras mágicas: “Premio Nobel”.

La doctora Tessy López, “nominada” al Premio Nobel

Hablaré ahora de un caso diferente, por mucho, al de la joven Diana Quiroz, pero con un punto en común. La doctora Tessy López es una investigadora de mucha trayectoria,bien documentada, especializada –ella sí– en el área de nanomedicina. A pesar de las abismales diferencias, de ella también dijeron los medios que fue nominada al Nobel. Pero dicha nominación nunca existió.

Lo grave es que ella misma avala esa confusión. Aunque ella de manera directa no se presenta como “nominada al Premio Nobel”, ha compartido desde sus redes sociales videos y notas que la llaman así. Y no lo desmiente. Con ello, da su aval. Y eso es una falta de ética.

Su currículum es largo e impresionante. Ha dirigido varios laboratorios de investigación y asegura ser la creadora de una “nueva rama de la ciencia: la nanomedicina catalítica”, por lo que ha recibido premios y reconocimientos internacionales. Ha desarrollado un gel para el tratamiento del pie diabético que evita el avance de la necrosis del tejido al eliminar las numerosas clases de bacterias que se alojan en las lesiones de quienes lo padecen. Los resultados de este tratamiento están debidamente publicados en la revista de la Facultad de Medicina de la UNAM. Quien lo desee, puede investigar su trayectoria. Al revisarla, encontrará un elemento llamativo. Junto a los múltiples logros, reconocimientos, publicaciones, la doctora menciona lo siguiente:

“Reconocida en la reunión COUNCIL for PARITY DEMOCRACY, UK.: ‘270 WOMEN active in NOBEL PRIZE Fields’. Como una de las 4 mujeres que pueden ser posibles Premio Nobel de Química”. Del foro se emitió la carta No. 103 “Extract from the writer’s 900 Birthdays of Distinguished Living Women”.

Tenemos que desmenuzar esto. Ya que este párrafo, a mediados del 2017, fue convertido por numerosos medios en: “Científica mexicana nominada al Premio Nobel”. “Mexicana cura el pie diabético y es nominada al Nobel” y muchos titulares por el estilo.

1.- No existen, como tal, las “nominaciones” públicas al Nobel. No de parte del comité de premiación. Lo que existen son las propuestas de diversas organizaciones de peso, que se pronuncian a favor de ciertas personas, lo cual no incide en la decisión de la Academia Sueca, como bien saben todos los que han presionado por años para que le den el Nobel de Literatura a Haruki Murakami, por citar sólo un ejemplo.

2.- Las nominaciones en las diversas áreas permanecen secretas. Lo que la Academia Sueca da a conocer es la lista de los ganadores. Nada más.

3.- La doctora López señala haber sido reconocida como una mujer “que puede ser posible Premio Nobel de Química”, debido a que trabaja en un “área de Premio Nobel”. Ella es una científica muy destacada, y sus aportaciones, desde mi punto de vista, son notables. Pero lo que cita no es una nominación. Es tan sólo una posibilidad.

4.- Y aquí el meollo: ¿Qué es el Council for Parity Democracy? Nadie parece saberlo a detalle. Ciertamente, no es una organización científica. Su opinión, por más que se vea bien en el CV de la doctora, no es de peso. Lo más que dijeron los medios, en 2017, fue que se trata de un “organismo con sede en Londres, Inglaterra, fundado en 1990, y que difunde las actividades de las mujeres en el mundo” (Periodicocorreo.com.mx). Una descripción muy ambigua.

Council for Parity Democracy (CPD)

Respecto a esta “organización británica”, quien guste realizar una somera exploración en la web se encontrará con lo siguiente:

1.- Su única cabeza visible es un editor, escritor y activista llamado Raymond Lloyd que, de acuerdo a los escasos documentos disponibles en Internet, se ha hecho presente en diversos ámbitos para incrementar la visibilidad de las mujeres. Así, ha trabajado para divulgar su contribución a la economía, la agricultura, la tecnología y la ciencia mediante “listas”, como él las llama. No evalúa la calidad del trabajo. Cito el documento publicado por el CPD titulado “Nota a las oficinas de acreditación de medios”, que señala que “Raymong Lloyd es editor de The Parity Democrat” y agrega que desde mediados de los ochenta ha sido “acreditado para numerosos congresos nacionales e internacionales, incluyendo la Conferencia Mundial de las Mujeres en Copenhague, Nairobi y Beijing, más de 50 congresos europeos… y la mayoría de las reuniones bancarias europeas desde 1990… cinco juegos paralímpicos y muchas reuniones de la ONU y sus agencias especializadas”. Con ello, se pinta un perfil claro sobre la naturaleza del trabajo de Lloyd.

2.- Su único sitio web se llama www.shequality.org y el dominio está abandonado.

3.- El nombre de la agrupación y el nombre del dominio indican que se interesa por la equidad de género. No es una agrupación científica, como señalé en el primer punto.

4.- Este organismo publica o publicaba un newsletter llamado “The parity democrat”. En un registro digital de la Biblioteca Nacional de Austrialia se encuentra una ficha hemerográfica de esta publicación mensual. La biblioteca cataloga la publicación bajo estos rubros: “Mujeres, actividad política, publicaciones periódicas, condiciones sociales, mujeres en la política”. No hay registro de que tenga un enfoque científico.

5.- Los escasos documentos emitidos por el CPD ponen en el centro de la actividad únicamente a Raymond Lloyd. No existen otros nombres asociados. La información que pude localizar apunta a que es esfuerzo de una sola persona.

6.- La propia doctora López no explica qué o quiénes están detrás del CPD y cita una “reunión” en la que se habla de 270 mujeres activas en el ámbito de los Premios Nobel. Sin embargo, no hay en la red ningún documento, minuta o fotografías sobre la supuesta reunión de 270 mujeres. Más bien, considerado lo que he dicho arriba, infiero que la doctora fue mencionada en una de tantas listas de mujeres destacadas que Lloyd elaboraba. Una de estas listas es la citada por la propia doctora López: “Extract from the writer’s 900 Birthdays of Distinguished Living Women”, es decir: “Extracto de la lista hecha por el escritor de 900 cumpleaños de distinguidas mujeres vivas”. ¿Una lista de 900 cumpleaños? En efecto. También existe una lista de cumpleaños de mujeres ya fallecidas.

7.- En las listas hechas por Lloyd se encuentran lo mismo la doctora Tessy López que Libertad Lamarque, mujeres destacadas, cada una en lo suyo.

El trabajo de Lloyd me parece perfectamente admirable. Visibilizar a las mujeres es algo necesario. Pero un activista en este rubro no es alguien facultado para determinar quién merece o no un Premio Nobel.

Como muestra, tenemos que en el documento “BANKNOTES and DISTINGUISHED WOMEN of HISTORY 1980-1997” (Billetes de banco y mujeres distinguidas en la historia), disponible en Scribd en el perfil de Mitar Miric y que recoge un discurso de Lloyd ante la International Bank Society. Éste señala que durante “30 años he tratado de influir en el diseño de las monedas y los billetes de banco”, con la finalidad de que la representación de las mujeres sea mayor.

Refiere también que en 1971 inició los esfuerzos para que desde la FAO de la ONU se emitieran monedas y estampillas representando a mujeres distinguidas relacionadas con la alimentación. ¿Esta persona tiene el peso necesario para “nominar” a alguien al Premio Nobel? Ciertamente no.

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La doctora Tessy López, por desconocimiento o por conveniencia, ha utilizado la mención del CPD para adornar su trayectoria, que es de por sí deslumbrante y no necesita semejante argucia.

La doctora ha permitido, además, que los medios de comunicación la presenten como “una guerrera” que a pesar de la enfermedad (ha sufrido cáncer y otras enfermedades) ha seguido adelante, encontrando la cura para el pie diabético. Muy pocos medios, entre ellos Crónica, han puesto el acento donde debe estar: en su labor científica.

Tessy López posee un laboratorio y un conjunto de consultorios en varias partes del país en donde fabrica, da consulta y vende el “nanogel”, el tratamiento para pie diabético. En su sitio web aclara que la cifra de $450 pesos que pide por el mismo no implica la comercialización del producto, sino una cuota de recuperación para poder seguir las investigaciones y ayudar a personas de escasos recursos. Incluso, señala que quien no pueda pagarlo, puede hacerlo saber para ayudarle.

La información disponible indica que el “nanogel” para tratar el pie diabético es efectivo, aunque en un par de entrevistas ella ha reconocido que no tienen suficiente evidencia, ya que únicamente ha podido tratar de manera completa a 300 personas.

En conversación con etcétera, Emiliano Ventura, egresado del Centro de Nanociencias y Nanotecnología (CnyN), consideró que la faceta preocupante de dicho producto es la falta de aprobación por parte de Cofepris. En cambio, en el 2014, el doctor Jorge Cueto sí obtuvo registro de parte de la Cofepris para su medicamento Pebísut, también dirigido al pie diabético.

Emiliano Ventura consideró que “la doctora López tiene muchísima investigación que la respalda, sin embargo, no es sobre el tema de nanogeles como tratamientos médicos, es sobre química y catálisis. Lo poco que tiene publicado sobre el tema de nanogeles como tratamiento está en medios que no son reconocidos por su rigor científico”, señaló.

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