Genaro Góngora Pimentel

Ministro de la Suprema Corte de Justicia, designado el 26 de enero de 1995, y cuyo periodo culminó el 30 de noviembre de 2009

Orígenes bíblicos del Poder Judicial

A todos nos interesa saber cómo es la impartición de justicia en México.

La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en el artículo 94 señala: “Se deposita el ejercicio del Poder Judicial de la Federación en una Suprema Corte de Justicia, en un Tribunal Electoral, en Tribunales Colegiados y Unitarios de Circuito y en Juzgados de Distrito…;

…; El Consejo de la Judicatura Federal determinará el número, división en circuitos, competencia territorial y, en su caso, especialización por materia, de los Tribunales Colegiados y Unitarios de Circuito y de los Juzgados de Distrito.

Mediante acuerdos generales establecerá Plenos de Circuito, atendiendo al número y especialización de los Tribunales Colegiados que pertenezcan a cada circuito. Las leyes determinarán su integración y funcionamiento.

El Pleno de la Suprema Corte de Justicia estará facultado para expedir acuerdos generales a fin de lograr una adecuada distribución entre las salas de los asuntos que competa conocer a la Corte, así como remitir a los Tribunales Colegiados de Circuito para mayor prontitud en el despacho de los asuntos, aquellos en los que hubiera establecido jurisprudencia o los que, conforme a los referidos acuerdos, la propia Corte determine para una mejor impartición de justicia. Dichos acuerdos surtirán efectos después de publicados…;”

Hay tres instancias dentro de un proceso judicial en México. Éstas resuelven las controversias que surgen. En la primera resuelve el juicio un Juez de Distrito; en la segunda deciden el juicio de amparo directo los magistrados de los Tribunales Colegiados y Unitarios de Circuito; y, por último, dependiendo de la materia y del grado de importancia del asunto, los Ministros de la Suprema Corte de Justicia.

¿Cómo se da esta estructura de impartición de justicia? La idea la tuvo el suegro de Moisés, Jetro, caudillo de un pueblo desarrollado y de considerable experiencia social.

Moisés llevó a Jetro junto a la fuente donde impartía la ley a su pueblo, que se agolpó en torno suyo desde las primeras horas de la noche.1

Mientras abandonaban juntos el lugar, su suegro le dice:

-Dime mi querido yerno- dijo a Moisés, dime, por qué razón te das tanta molestia; estarte sentado allí solo, con toda esa gente a tu alrededor desde la mañana hasta la noche…; ¿Para qué lo haces?-

Debo hacerlo -respondió Moisés-. El pueblo acude a mí para que juzgue entre ellos y sus vecinos y les muestre la justicia de Dios y sus divinas leyes.

-Pero mi querido amigo, ¿cómo puedes tener tan poco sentido práctico?- le reprochó Jetro- ¿Acaso es ése un modo de gobernar? ¿Acaso un gobernante debe matarse de esa manera, hacer todo solo? Estás tan agotado que da lástima verte, apenas si puedes ver, has perdido la voz, y tu pueblo está tan cansado como tú. Ese no es modo de hacerlo. No puedes seguir haciendo todo por ti mismo, (…)

(…;) Mira en torno tuyo -le dijo-, busca entre tu pueblo a hombres rectos y juiciosos, que gocen de buena reputación, y confiéreles el cargo de jueces sobre un número determinado de gente, entre mil, cien, cincuenta y diez, déjalos que impartan justicia conforme a los principios que tú les hayas enseñado. Sólo cuando se trate de un asunto muy grave deberán acudir a ti.

Tú no necesitarás siquiera estar al tanto de nada. Así lo hacemos nosotros, y seguramente te facilitará las cosas.

Yo no tendría este voluminoso abdomen ni hubiera podido hacerte esta visita de haber pensado que debía saber cuanto sucede entre mi gente, como tú lo haces ahora.

Pero es que los jueces aceptarán presentes -respondió Moisés sombrío- y darán la razón a los impíos. Por que los obsequios hacen ciegos a los hombres y hacen fracasar la causa de los justos.

-Sí, ya lo sé replicó Jetro-. Y bien que lo sé. Pero tendrás que soportar un poco eso…; con tal de que impere una justicia relativa y haya ley y orden, aunque los obsequios y las prebendas compliquen un poco las cosas.

Tú ves, aquellos que aceptan prebendas son gente ordinaria, pero después de todo, también el pueblo es ordinario, y por eso acepta y le agrada lo ordinario.

Por otra parte, si un hombre recibe un fallo injusto debido a que el Juez de entre diez personas ha sido venal, puede seguir el trámite rutinario, y acudir al juez de entre cincuenta, de entre cien, de entre mil personas. Este último es el que recibe mayor cantidad de dádivas, y en consecuencia tiene una mente más despejada, y por lo tanto dará siempre el fallo justo; siempre que el litigante no se haya cansado primero (…;)”

Es cierto, no se puede concentrar tal poder de justicia a un solo hombre u hombres; se requiere un sistema judicial, además de un órgano encargado de vigilar el funcionamiento de tales jueces, magistrados y ministros.

El órgano encargado de dicha vigilancia en el sistema judicial de México es el Consejo de la Judicatura Federal.

No hay desarrollo ni democracia sin un sistema judicial eficiente, pues el sistema judicial es el que en última instancia reconoce, actualiza y protege los derechos de los agentes políticos, económicos y sociales.

Nota

1 Véase: Las tablas de la ley, MANN, Thomas, México, D.F, Editorial Andres Bello, p.168.

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