Jesús Olguín

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Médico cirujano

Optimismo

Alguien muy querido refería una frase de José Saramago: “los únicos interesados en cambiar el mundo son los pesimistas, porque los optimistas están encantados con lo que hay”.

Según la Real Academia de la Lengua Española, un optimista es la “persona que propende ver y juzgar las cosas de la manera más favorable” y, en contraparte, la pesimista es aquella “que propende ver y juzgar las cosas de la manera más desfavorable”.

Sin duda Saramago es controversial, no fácil de entender y colmado de razón siempre que lo logras captar. Bajo esa frase del escritor portugués,¿dónde quedaríamos los habitantes de este planeta o de este país?, ¿dónde estaríamos según la Real Academia de la Lengua Española?

Ver o juzgar las cosas de manera favorable o desfavorable sería un acto necesario siempre que estuviéramos dispuestos a hacer algo para mejorar, por cambiar las acciones y los hechos para un mejor final; catalogarnos como optimistas o pesimistas puede ser la detección de un estado anímico prolongado o transitorio es poco objetivo y depende mucho de nuestras expectativas cumplidas o de nuestras frustraciones.

Parece ser que las personas más optimistas tienden a tener mejor humor, son más perseverantes y exitosos e, incluso, tienen un mejor estado de salud. De hecho, una de las referencias más frecuentes en la literatura cientifica es que aquellas personas que poseen altos niveles de optimismo y esperanza (ambos tienen que ver con la expectativa de resultados positivos en el futuro y con la creencia en la propia capacidad de alcanzar metas) tienden a salir fortalecidos y a encontrar una mejoría personal en situaciones traumáticas y estresantes, lo que en psicología se asume como “la ganancia del conflicto”.

La principal diferencia que existe entre una actitud optimista y su contraparte radica en el enfoque con que se aprecian las cosas: empeñarnos en descubrir inconvenientes y dificultades nos provoca apatía y desánimo, que por lo general ya estaban ahí. El optimismo supone hacer ese mismo esfuerzo para encontrar soluciones, ventajas y posibilidades.

Ser optimista o pesimista puede definirse como una característica disposicional de personalidad que media entre los acontecimientos externos y la interpretación personal de los mismos. De acuerdo a ello, quienes hoy investigan las características del optimismo se detienen en dos cuestionamientos: ¿el optimismo es la actitud que nos guía a la felicidad más contundentemente?, ¿es una cualidad innata o podemos aprenderla?

Los científicos responden a la primera cuestión afirmando que las personas optimistas son más felices por mirar el mundo con mejores ojos. En cuanto a la segunda cuestión, se establecen muchas más dudas que certezas. Muchos pensadores, como el fundador de la psicología positiva Martin Seligman, afirman que hasta las personas más cínicas son capaces de aprender optimismo y mejorar sus vidas.

Lo importante es remarcar que mientras el pesimista se siente impotente ante la adversidad, el optimista considera a los golpes de la vida como desafíos temporarios y reversibles.

Habría que destacar que una de las cualidades de la depresión (endógena o exógena) es el pesimismo. Un cuadro clínico bien estudiado e identificado actualmente puede mejorarla en poco tiempo y de manera notable con medicamentos antidepresivos que actúan como magia.

Me gustó la frase de José Saramago, me deja la sensación de que en el mundo hace falta más “gente pesimista que quiera cambiar el entorno” porque no les gusta lo que están viendo, les agrede lo que estamos viviendo, les queda la duda de si su optimismo tiene un dejo de conformismo o indiferencia y porque lo evidente es que las cosas no marchan bien.

Cuestión de enfoques…

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