Cinque Terre

María Cristina Rosas

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Profesora e investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

Obama y las grandes esperanzas

Foto: Reuters/Shanon Stapleton

Los pronósticos se cumplieron. Tras una intensa guerra mediática entre Barack Obama, Sarah Palin y John McCain, el primero con su compañero de fórmula, Joseph Biden, resultó vencedor en los comi-
cios del pasado 4 de noviembre con lo que los demócratas regresarán a la Casa Blanca a partir del próximo 20 de enero. El Congreso de Estados Unidos también será demócrata en las dos cámaras, situación que no se veía desde 1995: en el Senado, el 111 Congreso, que estará en funciones del 6 de enero de 2009 al 3 de enero de 2011, tendrá 55 (de 100) senadores demócratas; en tanto, en la Cámara de Representantes, 256 escaños (de 475) serán ocupados por los legisladores de ese instituto político. Se trata, en pocas palabras, de un carro completo, explicable por los aciertos en la campaña de Obama Biden, de los legisladores demócratas en sus respectivas demarcaciones y por los errores de la dupla McCain Palin.

La victoria de Obama tiene varias lecturas: el candidato del cambio (¿suena conocido?) aprovechó una serie de desaciertos, tanto de la administración de George W. Bush, como de su adversario republicano, John McCain, destacando el sentimiento de hartazgo imperante en diversos sectores de la sociedad estadounidense en torno a la guerra en Irak y, por supuesto, la recesión económica. Al igual que en la campaña de William Clinton en los comicios de 1992, la debacle económica hizo estragos en la campaña presidencial republicana, razón por la que George Bush padre no se pudo reelegir. En 2008, muchos estadounidenses, al ver dañado su poder adquisitivo, decidieron darle el beneficio de la duda a Obama, pese a su juventud e inexperiencia política. Contrario a lo expresado por Felipe Calderón, en el sentido de que el voto hispano sería decisivo en los comicios presidenciales recién concluidos en el vecino país del norte, es necesario reconocer que el voto de los wasp (white, anglo, saxon, protestant) favoreció al candidato demócrata (sin negar que efectivamente muchos de los hispanos que sí pueden votar apoyaron a Barack Obama). Es evidente que sin el apoyo de los intereses corporativos y los del complejo militar industrial, Obama no habría podido lograr la victoria. En este sentido, muchos de los votos registrados en favor de Obama, fueron efectivamente votos de reprobación a la gestión de George W. Bush y a la posibilidad de una continuidad a sus políticas por parte de John McCain (percepción un tanto errónea en la medida en que McCain, pese a su postura en favor de la guerra en Irak, mantiene importantes diferencias con la administración Bush).

También es cierto que en estos comicios, donde la Internet jugó un papel fundamental (trátese de la recaudación de fondos para la campaña de Obama, como también en la transmisión de los discursos, entrevistas y debates entre los candidatos), el abstencionismo decreció, y las nuevas generaciones (las que han crecido usando la red, los blogs y el correo electrónico de manera cotidiana) ejercieron su derecho ciudadano, mostrando una copiosa participación en las urnas en los días previos al 4 de noviembre. Así, el empleo de las nuevas tecnologías favoreció al candidato más joven, con el que muchos de los electores de las nuevas generaciones, se identifican, en contraste con la imagen de senectud de McCain.

¡No me ayudes, comadre!
Los republicanos ayudaron, con sus errores, a los demócratas. Para empezar, la elección de la gobernadora de Alaska, Sarah Palin, como compañera de fórmula de John McCain, fue muy desafortunada. En un primer momento, parecía una decisión adecuada: la frustración que generó a muchos seguidores de la senadora Hillary Clinton el hecho que no fuera ella la candidata presidencial por el Partido Demócrata, dejaba aparentemente en el limbo una cantidad nada despreciable de votos que naturalmente los republicanos se esmeraban por acaparar. Así, la elección de una mujer además joven y guapa para la Vicepresidencia, en una hipotética administración de McCain, parecía un paso natural. Sin embargo, a Sarah Palin le faltaban tablas y nunca convenció. Los mismos republicanos evitaban que Palin tuviera encuentros frecuentes con los medios por considerar simple y llanamente, que la mujer no daba el ancho. Además, las encuestan revelaban que para una amplia mayoría de los electores, la gobernadora de Alaska era prácticamente desconocida.

Pero en la política, los vacíos rápidamente son llenados por otros actores, y ante la ausencia de la verdadera Sarah Palin en los medios, y frente la expectativa que se tenía en torno a lo que diría (y cómo se vería), aparecieron las falsas Sarah Palin, encarnadas, entre otras, por Tina Fey, o bien, por la comediante neoyorquina Sara Benincasa. De repente, la red estaba repleta de parodias sobre la señora Palin diciendo las cosas más absurdas (pero, ojo, que sí son de su autoría) como, por ejemplo, que podía ver Rusia desde su casa, o que el cambio climático es un mito, sin dejar de lado su propuesta de que el creacionismo fuera enseñado en las escuelas (en abierto rechazo a la teoría de la evolución), o su membresía en la National Rifle Association.

Uno de los episodios más lamentables y que mostró las carencias políticas de Sarah Palin fue la pesada broma que los comediantes quebequenses Audette y Sebastian Trudel, del programa de radio The Avengers, le hicieran días antes de las elecciones: Audette Trudel se hizo pasar por el presidente francés Nicolás Sarkozy en una llamada telefónica que atendió el equipo de campaña y posteriormente la mismísima Sarah Palin. En la conversación del falso Sarkozy con la verdadera Palin, aquél, con un inglés exageradamente afrancesado, usó nombres falsos para referirse a políticos cnadienses (como el Primer Ministro Stef Carse, en lugar de Stephen Harper) sin que la gobernadora de Alaska se diera cuenta. Afirmando que Carla Bruni, su esposa, es muy buena en la cama, Trudel preguntó a Palin si estaba al tanto de un video pornográfico llamado Naylin Palin. La interrogada seguía sin darse cuenta de que todo era una broma, hasta que luego de seis minutos de plática, el propio Trudel se lo reveló.

La guerra sucia
Tanto los republicanos como los demócratas echaron mano de rumores infundados para debilitar al adversario. Se recuerda, por ejemplo, a propósito de Barack Obama, su presunta profesión del islam. En el contrataque, mucho se escuchó que John McCain, de 72 años, padece un cáncer terminal, dejando entrever la posibilidad de que, de ser Presidente, no concluiría su mandato, por lo que Sarah Palin ocuparía la vacante y, puesto que ésta mujer carece de experiencia, ética y principios (recuérdese que el Informe Blanchpower dado a conocer el pasado 10 de octubre, reveló que en su condición de gobernadora de Alaska, Palin abusó de su poder al cesar al Comisionado de Seguridad Pública del Estado, Walt Monegan, porque éste se negó a despedir al cuñado de la gobernadora, Mike Wooten), no era deseable que los republicanos, o al menos, esta clase de republicanos, llegaran a la Casa Blanca.


Las convicciones religiosas de Obama dieron mucho de qué hablar. En su libro The Audacity of Hope, Obama explica que su padre, de pequeño, profesó el islam, pero que en su adultez optó por el ateísmo. Asimismo, el suegro de Obama es descrito por éste como un personaje que nunca encontró útil a la religión. Con todo, el ahora Presidente electo afirma ser cristiano y fue bautizado en la Iglesia Trinitaria Unida de Cristo en 1988.

Otro rumor, aún vigente, fue la posibilidad de que Obama sufriera un atentado, sobre todo por su condición de afroestadounidense. Con más de 500 amenazas de muerte que presumiblemente ha recibido Obama desde su precandidatura, hasta el descubrimiento, a finales de octubre pasado, de un plan neonazi para asesinarlo, el Renegado (nombre con el que el Servicio Secreto estadounidense bautizó a Obama) tendría que andarse con cuidado. Nadie querría que muriera en el cargo. Aunque, a diferencia de la dupla McCain-Palin, si una vez en la Casa Blanca Obama sufriera un atentado, la vacante sería cubierta por Joseph Biden, un experimentado legislador que, si bien carece de carisma, es reconocido por ser el segundo Senador más pobre en el Congreso, dado que su fortuna personal es limitada, situación que lo hace ver, a diferencia de Palin, como honesto y honorable.

Foto: Reuters/Johngress

Así las cosas, los demócratas lograron revertir la mala prensa republicana, incluyendo los ataques orquestados por la influyente Fox News, la cual no sólo insistió en la posibilidad de que Obama fuera asesinado, sino que incluso se burló de ese escenario. Claro que, como de costumbre, el hijo desobediente de la cadena Fox, Los Simpson, hizo su parte para apoyar a Obama en el ahora célebre episodio de noche de brujas transmitido el 2 de noviembre, que en su primer tercio muestra a Homero Simpson queriendo votar por Obama, mientras la máquina le acredita los intentos de voto a John McCain.

Las grandes esperanzas
En diversas partes del mundo se produjeron festejos tras conocerse la victoria de Barack Obama en los comicios presidenciales del 4 de noviembre. Incluso personajes como Fidel Castro y Hugo Chávez se expresaron favorablemente en torno a este suceso. Su juventud, su frescura y su eslogan de campaña son factores que contribuyen a verlo como gestor de un gran cambio en la política de Estados Unidos. Hay grandes expectativas en torno al gobierno que encabezará a partir del próximo 20 de enero.

Sin embargo, es posible que las grandes esperanzas en torno a Obama se diluyan rápidamente. Para empezar, la crisis económica, aun cuando no se convierta en una recesión de larga duración, ocupará toda la atención de su administración, por lo menos en 2009 y parte de 2010. Hay que reconocer que como candidato no pudo ofrecer un plan económico creíble para enfrentar este desafío, pero en descargo de Obama vale la pena recordar que tampoco McCain fue capaz de ofrecer opciones ante esta crisis.

Es positivo que a lo largo de su campaña, Obama se pronunciara en favor de la cooperación internacional y del combate a la pobreza a escala planetaria. Sin embargo, ante la recesión económica, los recursos disponibles para la cooperación al desarrollo serán escasos, y antes que combatir la desigualdad en el mundo, Obama querrá atender la pobreza que aqueja a diversos sectores de la sociedad estadounidense (para mayor información, en The Audacity of Hope, el ahora Presidente electo destina siete de los nueve capítulos del libro a los problemas internos de EU, y de ellos, cuatro específicamente a temas como la raza, la religión, las oportunidades y la familia; frente a uno en el que detalla la confrontación entre demócratas y republicanos y uno más al mundo más allá de nuestras fronteras). ¿Será la política exterior de la administración de Obama un tema marginado? En tiempos de recesión los países se tornan aislacionistas y proteccionistas y no parece que Estados Unidos vaya a ser la excepción.

Con todo, hay un tópico de relaciones internacionales en torno al cual Obama ya dejó en claro lo que quiere hacer. Él afirma que es prioritario combatir el terrorismo y destruir a la red de al-Qaeda. Afganistán es un país mencionado de manera recurrente por Obama, en esta cruzada antiterrorista. Por lo mismo, ha sugerido que el retiro de las tropas estadounidenses de Irak le permitirá desplegarlas nuevamente en Afganistán.

Asimismo, un Congreso dominado por los demócratas tenderá naturalmente al proteccionismo y se opondrá al libre comercio, lo que presagia que a Obama le será difícil negociar y/o ratificar tratados de libre comercio, o incluso contribuir a la conclusión satisfactoria de las negociaciones de la Ronda de Doha al amparo de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

¿Y México dónde queda? El presidente Calderón felicitó a Obama por su victoria, y lo invitó a visitar el país. Sin embargo, es posible que se produzcan cambios en el gabinete presidencial mexicano, debido a los abiertos contactos que destacados miembros del PAN mantuvieron con la campaña de McCain, amén de que la orientación político-ideológica del gobierno mexicano no encaja del todo con la de Obama. Será necesario, por lo tanto, enviar a Washington a alguien que pueda hacer click con los demócratas. Por si fuera poco, México estará en el Consejo de Seguridad de la ONU en el período 2009-2010, por lo que temas espinosos como Afganistán, Corea del Norte, Irán y otros más, estarán en la mesa, con posibles confrontaciones entre la política exterior mexicana y la de EU.

El cambio es bueno y, siendo optimistas, el gobierno de Barack Obama hará diversas modificaciones en la política interna y externa de Estados Unidos. Sin embargo, esas modificaciones responderán al proyecto de nación delineado históricamente en la Unión Americana, en torno al cual han trabajado tanto republicanos como demócratas. Así, las grandes esperanzas podrían diluirse rápidamente. Pero, mientras llega el 20 de enero, ¡salud por la victoria de Barack Obama!

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