Leyla Méndez

Nuevas formas de exhibición

Después de correr el riesgo de endeudarse poniendo en juego todo, hasta el patrimonio personal, donde las medidas de inversión con apoyos gubernamentales o con el sistema de coproducción privada no alcanza más que para cubrir los gastos de la producción y los salarios del crew o equipo de trabajo que va desde el jefe de tramoya hasta el director; las películas en los países ibero y latinoamericanos siguen siendo una odisea en su creación.

Las películas tienen un ciclo vital de producción, distribución y exhibición, sin embargo este ciclo se queda a la mitad o es muy parca la etapa final. Una vez terminadas las cintas y después de haber pasado por el enorme esfuerzo que significa reunir los recursos para filmar y tener las condiciones mínimas para contar las diversas historias que van desde lo fantástico hasta la crítica de los regímenes políticos imperantes en América Latina; la difusión y exhibición de los filmes no es de lo mejor.

Aunque parezca reiterado señalar que no existe comparación en la inversión de las películas ibero y latinoamericanas con la industria norteamérica y que hay una franca desigualdad, los números sí hacen la diferencia, los estadounidenses gastan entre 35 y 250 millones de dólares por producción, en las que se incluyen grandes campañas de difusión, mientras que el cine producido en España, México, Brasil, Argentina y Colombia se gastan entre 4.5 y 12.5 millones de dólares en el mejor de los casos.

Estas películas tienen una salida mínima de 100 a 200 copias para exhibirse y el proceso de difusión, aún con una breve campaña de comunicación, se hace de boca en boca. La concurrencia a los festivales internacionales de cine ayuda a que los medios de comunicación las signen en notas y entrevistas, pero el público de las cintas se ubica en pequeños sectores de la población (casi siempre clase media ilustrada), durando en los cines de dos a tres semanas, aunque a veces existan excepciones de hasta diez semanas. El tiempo en exhibición permite la recuperación de la inversión y es ahí donde las películas tienen la posibilidad de convertirse en un negocio redituable y hacer que muchas familias puedan vivir de esta actividad que cumple con fórmulas económicas en su diseño.

La diferencia en la inversión de las producciones hechas por Hollywood y las realizadas por los países iberoamericanos no quiere decir que falte oficio o exista mala calidad en su realización, muy al contrario, en éstos países han emergido diversos directores y productores con una formación y una sensibilidad digna de ser estudiada a profundidad, tenemos películas que han sido adquiridas en sus derechos para hacer remakes, sobre todo en el cine norteamericano pero además existe una nueva fórmula de contratación de actores y actrices de habla hispana que permite una identificación con los públicos que tiene el propio cine norteamericano. Estos actores trabajan por contrato y prosiguen con su carrera en otros países o en sus producciones locales.

España cuenta con una legislación cinematográfica que protege en su exhibición a sus películas; pero en México aún con el mandato explícito del artículo 14 de la Ley Federal de Cinematografía, existe un déficit de proyecciones del cine mexicano en las diversas cadenas de exhibición. Dicho artículo señala de manera expresa que: “la producción cinematográfica nacional constituye una actividad de interés social, sin menoscabo de su carácter industrial y comercial, por expresar la cultura mexicana y contribuir a fortalecer los vínculos de identidad nacional entre los diferentes grupos que la conforman. Por tanto, el Estado fomentará su desarrollo para cumplir su función de fortalecer la composición pluricultural de la nación mexicana, mediante los apoyos e incentivos que la Ley señale”.

El tema, no es simple, pues requiere de una revision legislativa para que se cumpla el sentido de protección de nuestro cine, como lo hacen todas las industrias mundiales, pero además requiere iniciar un análisis de la viabilidad de nuevas formas de exhibición que van más allá de las salas y que va dirigido al público que no asiste a ellas. En España se ha iniciado un debate digno de considerarse para México y toda la industria cinematográfica de los países latinoamericanos. El gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero impulsó en 2009 la Ley de Economía Sostenible la cual contempla una norma antidescargas. El cabildeo con la comunidad cultural fue llevado a cabo por la Ministra de Cultura, Ángeles González Sinde, la cual tuvo su consenso, en este 2011, con las dos fuerzas políticas más importantes representadas en el Senado Español: el Partido Socialista Obrero Español y el Partido Popular (aún con sus críticas), aprobando por una mayoría la nueva legislación. Mejor conocida como Ley Sinde, esta nueva norma prohibe las descargas por Internet de las películas ubicadas en diversos sitios web y criminaliza a los usuarios en su consumo personal. Los objetivos de ésta ley son evitar la piratería y proteger la propiedad intelectual. Los usuarios de la web han señalado que dicha reforma vulnera la libertad de expresión y no está claro qué se penalizará o qué no. Las decisiones de la Comisión de Propiedad Intelectual serán de acuerdo a las denuncias que ésta tenga y tendrá la potestad de determinar si hay falta o no; la intervención de los jueces es limitativa puesto que ratifica el fallo de la Comisión. Finalmente, los usuarios de la web españoles hicieron una denuncia que proviene de filtraciones de WikiLeaks; la Ley Sinde se realizó con el lobby de las compañias audiovisuales estadounidenses para proteger su Copyright.

Con una comunidad cinematográfica que diverge entre la Ley Sinde y una propuesta por tomar en cuenta los intereses de los usuarios de Internet, el presidente de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de España, el cineasta Alex de la Iglesia quien dimitió en su encargo en la entrega de los premios Goya 2011, inició un debate que antes no se había dado en la comunidad cinematográfica: ¿constituye una alternativa de exhibición las películas en la web?, ¿es libertad de todo ser humano acceder a las películas en la web?

En éste sentido coincido plenamente con Alex de la Iglesia cuando dice que la web es lo de hoy. El derecho a la información y al entretenimiento libre en la web constituye una necesidad para el ser humano. No se trata de la comercialización o de la piratería que se gesta por delincuentes, se trata de cómo nos comunicamos en la actualidad, es necesario tener otras alternativas para que más públicos accedan a las creaciones cinematográficas.

En su discurso en la entrega de los premios Goya 2011 señala atinadamente al respecto: “Internet no es el futuro como algunos creen. Internet es el presente, es la manera de comunicarse, compartir información, entretenimiento y cultura que utilizan cientos de millones de personas.

Internet es parte de nuestras vidas y la nueva ventana que nos abre la mente al mundo.

A los internautas no les gusta que les llamen así, ellos son ciudadanos, son sencillamente gente; público que hemos perdido; no va al cine porque está delante de un ordenador, quiero decir claramente que no tenemos miedo a Internet, porque es la salvación de nuestro cine, sólo ganaremos al futuro si somos nosotros los que cambiamos, adelantándonos con propuestas imaginativas, creativas, aportando un nuevo modelo de mercado que tenga en cuenta a todos los implicados, autores, productores, distribuidores, exhibidores, páginas web, servidores y usuarios.

Se necesita una crisis, un cambio para poder avanzar hacia una nueva manera de entender el negocio del cine, tenemos que pensar en nuestros derechos, por supuesto, pero no olvidar nunca nuestras obligaciones, tenemos una responsabilidad moral para con el público, no se nos puede olvidar algo esencial: hacemos cine porque los ciudadanos nos permiten hacerlo y les debemos respeto y agradecimiento”.

Este mensaje nos hace reflexionar a todos los que tenemos alguna relación con el cine en México. ¿Las salas cinematográficas otrora pertenecieron al Estado mexicano y ahora a tres compañías, son la única alternativa para que sean consumibles? Me parece que no, tendremos que tener mucha imaginación para que desde los sistemas de produción de las películas, las redes sociales y los diversos servidores en la web puedan verse todas las películas nacionales e internacionales.

No queremos ni cineastas, ni ciudadanos, ni a una Jammie Thomas, mujer de Minéapolis que en su privacidad descargó 24 canciones y fue multada con 1.92 millones de dólares (80 mil dólares por tema) o eMule un francés de 55 años, que descargó de Internet 12 mil 591 canciones, 426 películas y 16 series completas, condenado a 2 meses de prisión que no deberá cumplir por no tener antecedentes, pero sí a pagar una multa de 33 mil euros.

La penalización por acceder a la información, debe ser un tema para discutir nuevamente con una legislación clara y a favor de los intereses de los creadores de la industria audiovisual y de sus públicos.

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