Nuestros griegos y sus modernos

La poesía erótica de la Grecia clásica es intensa y diversa. Los brillantes ejemplos de ello son muchos en la Antología palatina, unos son auténticos, otros no tanto. Sin embargo, todos nos hablan de una liberalidad y tolerancia que nos deben asombrar; pues dejan ver lo que Michel Foucault plantea en su Historia de la sexualidad: que nuestra época es quizá la más puritana y represiva de la historia, la que menos sabe lidiar con las fuerzas oscuras del deseo y de la sexualidad desbocada, ya que incluso hemos perdido mucho del sentido del humor ante estos casos.


Ahora, para cerrar nuestro recorrido por esa lejana colección de poemas, revisemos algunos ejemplos de los poemas que allí se le atribuyen a Luciano de Samósata, un escritor griego, sí, pero de nacionalidad romana; aunque mucho deja sospechar que en realidad son producto de otra pluma, como éste:


“Tres putas chambeadoras te hacen ofrenda de estos juguetes, / Cipris dichosa, cada una por su respectiva labor, / Eufro ofrece por sus nalgas rotundas éste, Clío este otro / por la forma lícita, la tercera Atis por el cielo de su boca. / Por ellos envía a la primera los beneficios, señora, del goce sodomita, / a la segunda los femeninos y a la tercera los demás”.



Veamos a continuación este epigrama de Rufino, un poeta del siglo primero antes de nuestra era:


“Entre ellas riñeron Ródope, Melite y Rodoclea: / ‘De las tres, ¿cuál tiene el más poderos muslo?’ / Y juez me eligieron; como diosas, admirables, / quedaron desnudas de pie, rociadas en néctar. / Y de Ródope brillaba el centro de los muslos venerable, / cual rosas, abierto por un fuerte céfiro… / Mas el delicado centro de Rodoclea era igual que cristal, / cual en un templo una imagen recién labrada. / Pero, conociendo claramente los sufrimientos de Paris por el juicio, / juntas a las tres como inmortales en seguida coroné”.


No sólo la sodomía sería uno de los elementos que hacen del erotismo griego algo más liberal de lo que conocemos hoy a través de parodias tan infantiles como los juegos sexuales de la literatura de masas (el ejemplo más claro es la infame y boba saga 50 Sombras de Grey). O la avaricia de doble moral que recurre a la sodomía para no perder la virginidad valorada como himen.


Otra constante es la libertad del deseo que no se encierra entre dos personas; romper la jaula del dualismo (aunado al binarismo sexual de hombre-mujer) hace de la lírica griega algo mucho más subversivo de lo que actualmente se tolera en muchos espacios y en la opinión pública.


El poliamor, como se ha definido a la acción de evitar“los sufrimientos de París”, queda explícito cuando Rufino nos describe que Ródope, Melite y Rodoclea, las coronó con el néctar blancuzco del deseo. Y lo que termina redondeando el espíritu de esta poesía erótica son su realismo en la imágenes y su jovialidad en la expresión. No cabe duda de que el mejor erotismo es el que desemboca en buenas carcajadas y no en puros pujidos y con caras de estar en misa.

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